domingo, 18 de julio de 2021

NOVENA A SAN PANTALEÓN, MÁRTIR

NOVENA EN REVERENTE CULTO DE SU PROTECCIÓN, CONSAGRA LA DEVOCIÓN AFECTUOSA DE SUS DEVOTOS AL CELESTIAL GLORIOSO MÉDICO, INVÍCTO Y ESCLARECIDO MÁRTIR DE CRISTO SAN PANTALEÓN

Dispuesto por un secular, su tierno amartelado devoto, natural de esta Ciudad de Puebla de los Ángeles, y el más reconocido a su Paternal Patrocinio

Con Licencia del Ordinario en Puebla de los Ángeles, por la Viuda de Miguel de Ortega. Año de 1745

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Soberano Omnipotente Dios, Criador y Conservador mío, que, en el Augustísimo e Inefable misterio de la Trinidad Santísima, te adoro, uno en Esencia y Trino en Persona. Yo Señor, la más vil de todas las criaturas, te doy infinitas gracias por el especial beneficio que me hiciste, dándome a conocer su inmensa grande, por la cual, creyendo, como firmemente creo, en todos los demás misterios que cree y confiesa tu querida esposa, la Iglesia, en cuya fé eh vivido, y protesto vivir y morir como fiel cristiano, te suplico Padre amoroso, me concedas el perdón de todos mis pecados,  de los cuales me arrepiento con todo mi corazón, por ser ofensas contra tu bondad infinita, digna siempre de ser amada. Yo propongo Señor, la enmienda de ellos, y espero en tu misericordia infinita, que por los méritos de tu Sagrada Pasión y Muerte, y los de tu Madre María Santísima, Señora nuestra, me lo has de perdonar, y juntamente por la intercesión de tu querido Siervo y amado Señor mío San Pantaleón, dándome tu gracia, y también te pido Señor, extiendas tu piedad a la Suprema Cabeza de la Iglesia, el Romano Pontífice, a nuestros gobernantes, y a los presbíteros y Obispos, para que consigan triunfos contra los herejes, por la conversión de los infieles al gremio de la Santa Iglesia, por los cautivos, para que permanezcan firmes en la fé, por los que están en pecado mortal, para que salgan de él, y por las Santas Almas del Purgatorio, para que se vayan a gozar eternamente en la Gloria. Amén.

 

 

DÍA PRIMERO

ORACIÓN

Oh gloriosísimo e invencible mártir de Cristo, venerado Padre mío San Pantaleón, que alumbrado del Espíritu Divino, despreciando la ciencia de la medicina, a que había encaminado la paternal obediencia, y aun antes de recibir el sagrado bautismo, pagando las sagradas primicias a la católica fé, resucitaste (invocando el dulce nombre de Jesús) a un tierno niño, a quien la maligna ponzoña de una serpiente, había quitado la vida, quedando está muerta a el dulce imperio de tu voz, con que duplicasteis tan portentoso milagro. Yo te suplico, amabilísimo Santo mío, me alcances de la divina misericordia, una fé tan viva, que resucitándome con la penitencia a la vida de la gracia, consiga, no solo el efecto milagroso de reformar mis costumbres, sino el matar la venenosa serpiente del pecado, para que, con tan glorioso triunfo, y lleno de confianza, alcance por su intercesión el favor que espero en esta novena, a la mayor honra de Dios, y juntamente la conversión de los pecadores, para que fortalecidos con la gracia, te veamos en la Celestial Patria de la Gloria. Amén.

Tres Padres nuestros, Aves Marías y Glorias, y luego lo siguiente:

 

 

GOZOS

Pues sois médico especial

noble, ilustre, y muy famoso

R/: Oh, San Pantaleón glorioso

líbranos de todo mal.

 

En Nicomedia nacido,

pensáis en la juventud,

como volver la salud

El que la había perdido:

Del mismo así raudal

fuisteis después caudaloso.

 

Retórico y excelente,

y filósofo también,

anheláis al sumo bien

de todos los bienes fuente:

A infinito eternal

os llegasteis venturoso.

 

A la fe del Salvador

por Hermolao pasáis

en la que al instante halláis

la medicina mejor:

De la fuente bautismal

dais el licor prodigioso.

 

Para más aprovechar,

siendo ya antes exquisito,

cada día más perito,

subís en el medicar:

Dais la salud corporal,

al devoto fervoroso.

 

Como tanto os distinguisteis

brillando en la medicina,

de sanidad oficina,

d todo el mundo os abristeis:

Benéfico, liberal,

muy útil, y provechoso.

 

Del que es Autor de la vida,

y Señor de la salud,

Jesucristo en la virtud,

la muerte dejáis rendida:

Así dais vida inmortal

a muchos y muy gustoso.

 

De Hermolao en la figura,

con Jesús a vuestro lado,

os halláis muy consolado,

y muy lleno de dulzura:

En las penas el caudal

tenéis de eterno reposo.

 

Cuando en todos los tormentos

Jesucristo os acompaña

no os alteran de vil saña

los más fieros instrumentos:

Del Tirano, en cada cual

triunfáis siempre victorioso.

 

De sanidad tenéis don,

y no solo de garganta;

de la cabeza a la planta

siempre y en cualquier ocasión:

Mas puro vos que el cristal,

más lúcido, más lustroso.

 

No solamente curáis

todas las enfermedades,

sí que, en todas las edades,

de las mismas preserváis:

Ya en la Patria Celestial

eternamente gozoso.

 

De bienes sois mineral

en todo maravilloso,

R/: Oh San Pantaleón glorioso,

líbranos de todo mal.

 

L/: Ruega por nosotros ¡Oh Pantaleón glorioso!

R/: Para que seamos dignos de las promesas de Cristo

 

ORACIÓN: Te suplicamos, oh Dios Omnipotente, nos concedas, por la intercesión del siempre milagroso médico Pantaleón, que tú usaste como señal de paz para tu Iglesia, al hacer brotar llena de hojas y frutos la planta seca de olivo donde lo torturaron, la paz para nuestra conciencia, la de nuestras familias, nuestra Patria y el mundo entero y por esa gloriosa sangre que año a año se licua en secular milagro me concedas la gracia (pídase aquí la gracia que se desea obtener). Que yo de mi parte prometo visitarlo en su Iglesia y ofrecerle un generoso óbolo. Así sea.

 

 

DÍA SEGUNDO

ORACIÓN

Amabilísimo Protector mío San Pantaleón, que fortalecido ya con el Sagrado Bautismo, y alistado en la Sagrada Milicia, imitando a tu Divino Maestro, resplandeció más aquilatada tu fé, pues invocando con ella su dulcísimo nombre, diste la vista a un ciego, poniéndole como celestial médico, las manos en los ojos, cuyo beneficio aun a costa de muchos tesoros, no había conseguido, logrando a el mismo tiempo con tan portentoso milagro, le bautizaste Eustorgio tu Padre, ruégote piadosísimo divino Médico, que aplicando las manos a los ojos de mi alma, le infundas la indefectible vista de mi Dios, y que con ella, aborreciendo al mundo, y dando de manos a los deleites y pasatiempos caducos, agradezca a su bondad infinita, el inestimable beneficio de la Redención, con cuyo saludable remedio, no solo nos previno el antídoto para el pecado, sino que nos hizo hijos y herederos de la gloria, con tanta piedad, que además de su infinito amor, nos dejó en tus admirables virtudes, una firmísima confianza de alcanzar por ellas el favor que le pedimos en esta novena, a su mayor gloria, como también el alivio y descanso en sus penas las Santas Almas del Purgatorio, para que en tu compañía, gocen de la indefectible luz de la gloria. Amén.

 

 

DÍA TERCERO

ORACIÓN

Amantísimo y prodigioso devoto mío, San Pantaleón, que celestialmente inflamado tu generoso espíritu, en testimonio de ser Jesucristo el único Dios verdadero, puesto en presencia del inicuo emperador Maximiano, concertaste con los sacerdotes de los ídolos, que traído allí un paralítico, el que en nombre de su Dios le sanase, sería tenido por el Dios verdadero, lo cual, oído por ellos, hicieron sobre el enfermo sus falsas ceremonias, quedando como antes estaba, y tú, a vista de inmune concurso, tomándole de la mano, e invocando con fé viva el dulce Nombre de Jesús, le hiciste levantar, libre del accidente, convirtiendo con esto a muchos gentiles a la fé católica: suplícote, benignísimo Padre mío, que por tus grandes merecimientos, me alcances de Dios nuestro Señor, gracia para vencer las tentaciones de la carne, y que invocado el dulce Nombre de Jesús, me levante sano de la lepra de la culpa, consiguiendo lo mismo todos los pecadores, que paralíticos de la contagiosa enfermedad de la culpa, gimen arrojados en el duro pesado lecho del desamparo, para que alentados con tu eficaz patrocinio y adornados de la gracia, consigamos el favor de esta novena, a mayor honra de Dios, y que alcancen de su piedad Divina. Amén.

 

 

CUARTO DÍA

ORACIÓN

Pacientísimo y tierno amante mío San Pantaleón, que ciego de cólera aquel malvado rey, y movido de la envidia de sus falsos sacerdotes, te mando volver a su presencia, discurriendo rendirte con amenazas a la superstición de sus ídolos, de quienes no solo te burlaste, sino que, aceptando con ánimo verdaderamente generoso, el ser arrojado en una caldera de plomo derretido, merecisteis que tu Divino Maestro Jesús, en forma visible, te confortase, como te lo había prometido, apareciéndosete en la figura de tu Maestro Hermolao, de cuya mano habías recibido el Sagrado Bautismo, sacándote ileso de la voracidad del fuego, quedando el tirano atónito a tanto prodigio y a ti, más firme en la verdad infalible de nuestra católica fé: ruégote amorosísimo Santo mío, me alcances de la infinita bondad de mi Dios, fortaleza de ánimo, para que cuando me vea sumergido en la infernal caldera de los vicios y pecados, merezca ver a mi lado a mi dulcísimo Jesús, confortándome y ayudando a mi flaqueza, para que libre del voraz incendio de mis apetitos, logre por tu intercesión, la gracia que pido en esta novena. Amén.

 

 

DÍA QUINTO

ORACIÓN

Constantísimo y valeroso soldado de Cristo, tutelar mío San Pantaleón, cuyo imperturbable valor, movió a aquel cruel Maximiano a que te arrojasen al mar, colgando al cuello una piedra, de cuyo inminente peligro, en medio de las encrespadas olas, te libertó como a otro San Pedro, tu mismo Maestro Jesús, sacándote ileso a la espaciosa rivera: yo te suplico, piadosísimo Santo mío, me implores una incontrolable fortaleza, para que viéndome arrojado al impetuoso mar de las pompas y vanidades mundanas, y atada al cuello la piedra de mis culpas, vuelva confiado en la infinita bondad de mi Dios, pidiéndole socorro y ayuda en mis necesidades, y que despreciando las vanas riquezas que ofrece el siglo engañoso, merezca salir libre a la espaciosa rivera de la gracia, consiguiendo por tu intercesión, lo que deseo en esta novena, a honra de Dios y gloria tuya. Amén.

 

 

DÍA SEXTO

ORACIÓN

Invictísimo y esforzado amparador mío San Pantaleón, que nuevamente encendido en iras el insolente Maximiano, y admirado de tu imponderable constancia, mandó te arrojaran, cual otro Daniel, en las garras de las fieras, para que, viéndote despojo cruel de sus enojos, triunfaste victorioso de tu fortaleza, y tú, nuevamente encendido en el Divino Amor, y confiado en su divina asistencia, le pediste socorro, con el cual, vencida la natural fiereza de las bestias, no solo te dejaron libre, sino que, humillándose como apacibles corderos a tus pies, cantaste valeroso la victoria: suplícote mártir gloriosísimo de mi alma, me alcances de la poderosa mano de Dios, aquella valentía de espíritu que tu conseguiste, para que, saliendo libre de los formidables tigres y leones de mis culpas, las borre de suerte que triunfe de ellas, arrojándolas a mis pies y consiguiendo la victoria de mi mismo, mediante tu patrocinio merezca la gracia que en esta novena te pido, si es para gloria de Dios y honra tuya. Amén.

 

 

DÍA SÉPTIMO

ORACIÓN

Celosísimo e integrísimo defensor de la fé, y mártir ilustre de la católica Iglesia, amado mío San Pantaleón, que añadiendo inventivas a su crueldad el impío Maximiano, dispuso para más atormenta tu sagrado cuerpo, una perfecta rueda, sembrada de aceradas puntas, para que fuertemente atado a ella, te despedazasen desde la eminencia de un monte, pensado con sacrílego enojo, ser este el último despique de sus iras, que no logró su crueldad por la poderosa mano de tu asistente Jesús, pues desatando milagrosamente de aquella espantosa máquina, quedaste libre, y muchos de los gentiles al impetuoso desempeño de la rueda, miserablemente destrozados: Ruégote misericordiosísimo Padre mío, me alcances de la infinita misericordia de Dios, que cuando por mi suma miseria, me vea elevado en el fragoso monte de la vanidad y soberbia, y atado a la inconstante rueda de los terrenos y caducos deseos de esta vida, entonces apliques tus manos, desatándome de la máquina aparente a que nos inclina la soberbia y vanagloria, para que libre de tan poderosos enemigos, y esforzado de tu amparo, reciba en mi alma el rocío de la gracia, con el favor que solicito en esta novena, siendo del mayor agrado de mi Dios y bien de mi alma. Amén.

 

 

DÍA OCTAVO

ORACIÓN

Oh Nobilísimo, Sagrado mártir y tierno devoto mío San Pantaleón, Roca invencible a tantos y tan terribles tormentos, como los que maquinó contra tu inocente vida el pérfido Maximiano, cuya sedienta rabia, aun no satisfecha, mandó te azotasen con inhumano rigor, y que después degollado y quemado tu sagrado cuerpo, con los de Hermino y Hermócrates, tus hermanos, fuesen en desechas cenizas, destrozo invencible del viento, sin que a tan rigurosos martirios desmayase su siempre vigoroso aliento, como que tenías por objetos de tus dichas, la verdadera fe que ya profesabas: Suplícote, Sagrado Benjamín de mi amor, me recabes de mi Jesús amoroso, un ánimo dispuesto a padecer los crueles azotes de las injurias y agravios, que a cada paso nos ofrece el mundo, llevando con resignación humilde, los ultrajes y afrentas de los soberbios y poderosos, como las sufrió la mansedumbre de nuestro amoroso Redentor Jesús, perdonando a nuestros enemigos, y rogando a su piedad, por todos aquellos que nos aborrecen, y alcanzándonos por tu mano el favor que pido en esta novena, a mayor Gloria de Dios y honra tuya. Amén.

 

 

DÍA NOVENO

ORACIÓN

Fidelísimo y Esclarecido mártir San Pantaleón, ejemplo de la paciencia y dechado sin igual de la constancia, que después de tantas fatigas, en la austeridad de tus penas, vomitando en infernales llamas de odio aquel inicuo rey, y por último desahogo a sus crueldades, mandó te atasen con duros cordeles a el seco tronco de una oliva, para que allí entregando el cuello a los filos del cuchillo, te admirasen siempre victorioso, pues implorando el Divino Auxilio, te concedió el cielo, por el oráculo de una voz, que de allí en adelante ya no te llamaran Pantaleón, sino Pantalemón, que se interpreta: Misericordia, la cual conseguían todos  los que por tu intercesión la buscan y después, aun permanente en la oliva, animando tu mismo a los verdugos, ejecutaron la cruel sentencia del degüello, brotando tu garganta, en vez de sangre, un mar de leche, celebrada del cielo con repetidos portentos, pues la oliva a un mismo tiempo, descolló en verdes ramas, sazonados frutos, heroglíficos con que hizo el cielo la salva a tus virtudes: Ruégote amabilísimo Santo mío, me alcances de mi dulcísimo Jesús, un valor heróico, para vivir martirizado con la memoria de su Sagrada Pasión y muerte, y que entregando sin temor el cuello a la dura cuchilla de la parca, no brote en mi la venenosa sangre de la culpa, sino la blanca leche de la gracia, para que, después de mi vida, quede en el mundo patente la eficacia de tu patrocinio, como quedó tu preciosa sangre en una sedoma en la Ciudad de Ravelo en Nápoles, repitiéndose cada año el prodigio de volverse líquida en el día de tu martirio, con la cual Dios obró innumerables milagros, no olvidándote Santo mío, del estado de la Iglesia Católica, y su cabeza, por la exaltación de nuestra Santa Fé, y conversión de los infieles y herejes a ella, por los que están en pecado mortal, el alivio y descanso de las almas del purgatorio, y alcánzanos el fruto de esta novena, siendo del agrado de Dios y que después de esta vida, merezcamos verte en la gloria. Amén. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

ANOTACIONES

Al hablar sobre la piedad popular, es referirnos a aquellas devociones que antaño se hacían en nuestros pueblos y nuestras casas, cuando se...