domingo, 31 de julio de 2022

NOVENA EN HONOR A SANTA ANA

NOVENA EN HONOR A SANTA ANA, MADRE DE LA VIRGEN MARÍA

Adaptación de la Novena publicada en Valencia en el siglo XVIII por un devoto de Santa Ana; los Gozos son de autoría del Padre Fray Antonio Garcés y Maestre OP. Tomada de UT QUIS FIDELES INVENIATUR.

  


NOVENA EN HONOR A SANTA ANA, 

MADRE DE LA VIRGEN MARÍA

Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

  

ADORACIÓN A LA SANTÍSIMA TRINIDAD Y ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Adórote, bendígote y alábote, Santísima e Individua Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero, en quien espero, y a quien amo sobre todas las cosas, a quien adoro, venero y reverencio, con toda mi alma, potencias y sentidos, vida y corazón. Me pesa una y mil veces haber ofendido a mi Dios. Confiado en tu divina bondad, espero alcanzar de tu misericordia el perdón de mis pecados, y la gracia de la perseverancia final, para que después de esta vida mortal, merezca mi alma gozar eternamente de ti en la gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

 

DÍA PRIMERO - 17 DE JULIO

PRIMER GOZO: SER ESCOGIDA PARA SER MADRE DE LA MADRE DE DIOS

Considera, alma mía, cuán grande sería el gozo que tuvo Santa Ana, cuando después de tan larga y conocida esterilidad, tuvo celestial revelación de que sus oraciones eran oídas, y que por tanto sería madre de la mejor hija que hubo en el mundo. ¿Has visto un campo, después de un largo y triste invierno, reverdecer en la primavera tan vistoso que parece estarse riendo y recibiendo alegría? ¿Pues cual no sería el gozo de aquella dama, cuando, en el invierno de su edad, conoció que ella reverdecería fecunda a pesar de su esterilidad envejecida? ¡Cómo alabaría al Altísimo! ¡Cómo le ofrecería ya desde entonces el fruto de su vientre! ¡Cómo se olvidaría ya de su oprobio, que el cielo remediaba con tal fruto de bendición y santidad! Sería la madre de la Santísima Virgen María, ¡Ella sería su hija! Admitid, santa gloriosa, mi alegría por vuestro gozo. Hacedme participante de él, alcanzando fecundidad también a mi alma, fecundidad en buenas obras y en el servicio a Dios Nuestro Señor.

  

PRIMERA VIRTUD: FE ADMIRABLE

Pondera, alma mía, cuán firme y segura la Fe de la gloriosa Santa Ana. No sólo creyó todos los misterios divinos revelados a su pueblo, sino también la revelación del ángel que, de parte de Dios, le anunció la hija que de sus entrañas -hasta entonces estériles- había de nacer. La experiencia de tantos años hacía parecer imposible la promesa y perder la esperanza de verla cumplida. Pero esta hija de Adán creyó, y con Fe viva, nada dudó. Esta Fe sí que fue como el grano de mostaza; por eso de ella nació el más hermoso árbol: María Santísima, en cuyos ramos y brazos no descansaron sólo los ángeles del cielo, sino el mismo Dios de los ángeles cuando se hizo hombre. Aviva, alma mía, tu Fe, y júntale buenas obras para que no sea una Fe muerta. Si es poca, ayudad, Santa gloriosa, mi Fe, para que sea tal que mueva montañas.

 

Rezar un Credo, Padre Nuestro y Ave María. Luego decir 3 veces: “Santa Ana, socorred a los miserables”.

 

ORACIÓN PARA PEDIR LA GRACIA QUE SE DESEA OBTENER

Gloriosísima Señora Santa Ana, madre de la Madre de Dios, poderosa intercesora nuestra y refugio seguro de los que a vos recurren. Yo me gozo en tu honor. Estimo que sea tanta vuestra excelencia, tan sublime vuestra dignidad, y vuestro poder tan admirable, que no puedan dejar de ser también entrañas de piedad y misericordia las vuestras, pues engendraron a la Madre de Misericordia. Por eso recurro a Vos, confiado, pidiéndoos de todo corazón me recibáis bajo vuestro amparo. Alcanzadme Fe viva, Esperanza firme y Caridad perfecta, pureza de alma y de cuerpo, devoción cordial a vuestra santísima hija: la Virgen María Señora Nuestra, deseo eficaz de servir a Dios, dolor muy verdadero de haberle ofendido y propósito de enmienda. Haced que este propósito me acompañe hasta la hora de mi muerte, y en ella alcanzadme victoria contra las tentaciones del demonio y la gracia de la perseverancia final. También os pido que empeñéis vuestra especial intercesión para que consigáis la merced que de vos pretendo en esta novena. [Pedir aquí la gracia que se desea]

  

Mostrad, Santa gloriosa, la eficacia de vuestro patrocinio en procurar el buen despacho de mis peticiones. No atendáis a lo poco que yo merezco, sino a lo mucho que vos podéis. Favorecedme con aquella misma instancia con que pedíais al Señor el remedio de vuestra esterilidad. Por aquel gozo con que entendisteis ser vuestra oración oída, oíd ahora mis oraciones. Por aquella confianza y autoridad de madre de la que lo había de ser del mismo Dios, interceded ante vuestra hija santísima. ¿Qué le podéis vos pedir que no tenga buen despacho de parte de Ella? ¿Y qué memorial vuestro puede Ella presentar a su Hijo, vuestro Nieto Santísimo, a que Él no quiera convenir? ¡Qué falta, pues, gloriosa Santa Ana, sino que vos queráis interceder!, pues ¿para qué os hizo Dios tan poderosa sino para remedio de los atribulados que acuden a vuestro amparo? Valedme pues, Santa poderosísima, que en vos confío. Valedme para crédito de vuestro poder, para honra de vuestra Hija y de Nuestro Señor Jesucristo, vuestro Nieto. Valedme para que vuestro nombre sea cada más conocido y acudan a vos todos aquellos que tanto necesitan de vuestro amparo. Bien sé que no merezco vuestro valimiento, pero será ilustre misericordia vuestra atender a mis súplicas sin haber en mí merecimiento. Y espero, que luego de ayudado por vuestra intercesión, os sepa vivir agradecido. Amén.

 

GOZOS PARA HONOR DE SANTA ANA

   

Dulce madre de María,

Amorosa protectora:

Ahora y en la última hora,

Sed, Ana, abogada mía.

   

La Suprema Trinidad,

La llena de bendiciones.

Benditas las oraciones,

Que alaban la gran bondad.

Su amor encanta, enamora,

Al que en su piedad confía.

Ahora y en la última hora,

Sed, Ana, abogada mía.

   

Ana, “Gracia” significa,

Según enseña la Glosa;

Su alma feliz y dichosa

Con gracias Dios magnifica:

Su Hija le es honradora,

Tesoro, y Tesorería.

Ahora y en la última hora,

Sed, Ana, abogada mía.

  

A María diste el ser,

Y los naturales dones;

Y buenas inclinaciones

De piadosa en proteger:

De amorosa Defensora,

Con ternura y melodía.

Ahora y en la última hora,

Sed, Ana, abogada mía.

    

En las Entrañas cerrada

Llevaste a María rosa;

Os dio Santidad hermosa,

Como olor, flor ocultada:

La diste leche, Señora,

Tres años de noche y día.

Ahora y en la última hora,

Sed, Ana, abogada mía.

  

Vuestra hija muy amada,

En el templo presentaste.

Con ella a Dios aplacaste,

Y su justicia enojada.

Tú serás mi bienhechora,

Mi dulce bien y mi guía.

Ahora y en la última hora,

Sed, Ana, abogada mía.

  

Con sólo este don precioso,

Ofrecisteis más a Dios,

Su padre Joaquín y vos,

Que todo justo glorioso.

Más que todos atesora,

Gracia y santidad María.

Ahora y en la última hora,

Sed, Ana, abogada mía.

  

Es Nieto Jesús querido,

Es Joaquín amado Esposo,

San José Yerno dichoso,

Yo vuestro favorecido:

Os alaba, y os venera

Mi gratitud, Madre mía.

Ahora y en la última hora,

Sed, Ana, abogada mía.

    

A una leve insinuación,

De su Madre Limosnera,

María su Tesorera

Lo hace con admiración:

Ahora que en el Cielo mora,

¿Lo que pide negaría?

Ahora y en la última hora,

Sed, Ana, abogada mía.

     

Cuanto Santa Ana desea

A favor de sus amantes,

Su Nieto Jesús cuanto antes

Decreta luego: “Así sea”:

Sednos vos la intercesora,

Sed nuestra eterna alegría.

Ahora y en la última hora,

Sed, Ana, abogada mía.

 

Santa Ana, por vuestro amor,

Conseguidnos en la muerte,

Gracia, paz y buena suerte,

Por María, vos y el Señor.

Pues sois la consoladora,

En la última agonía.

Ahora y en la última hora,

Sed, Ana, abogada mía.

  

Tenedme siempre en memoria,

En la celestial morada.

Mi alma está enamorada,

De vos que estáis en la gloria.

Mi amor que suspira y llora,

Quiere haceros compañía.

Ahora y en la última hora,

Sed, Ana, abogada mía.

   

Dulce madre de María,

Amorosa protectora:

Ahora y en la última hora,

Sed, Ana, abogada mía.

  

℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Ana.

℞. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

        

ORACIÓN

Omnipotente y misericordioso Dios, que proporcionando siempre a los hombres los medios de salvación y de consuelo, llenasteis de tanta gracia, dulzura y suavidad los nombres de Jesús, María y José, Joaquín y Ana, a favor de los que, por reverencia a tan soberanos nombres, los pidiesen el remedio de sus necesidades y consuelo en sus aflicciones: Os suplicamos rendidos que a todos los que con Fe, amor y devoción, invocaren tan augustos nombres, les concedáis en esta vida los dulces consuelos de tu divina gracia, y en la otra reciban el Cielo como premio. Por Cristo Señor Nuestro. Amén.

  

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.


DÍA SEGUNDO

SEGUNDO GOZO: CONCEBIR A LA VIRGEN SANTÍSIMA

Considera, alma mía, cuál sería el gozo de Santa Ana en aquella dichosa hora en que, en su vientre, a un tierno cuerpecito de niña se unió la santísima alma de la Señora concebida sin pecado original. ¡Cómo llenaría Dios de júbilo y de gozo a Santa Ana en aquel punto, en el cual la hizo concha de tan preciosa perla, y sagrario de tan venerable y santa reliquia! ¡Con qué inefable consolación bañaría el Cielo a Santa Ana, cuando empezó a rayar la aurora del Sol de Justicia! ¡Oh, qué secretos y qué misterios en el vientre de Ana! Tesoro guardado por los ángeles y admirado por los más soberanos espíritus. ¡Y cómo es posible que tan altos misterios, dejasen de redundar grandes afectos en la santa, y que con tan gran tesoro, dejase ella de participar de esas riquezas! Alégrome, Santa gloriosa, de vuestra gran ventura. Vos sois aquélla a quien el Artífice Soberano escogió para vaso de honra excelsa, pues encerráis la más pura criatura entre las humanas, únicamente Ella preservada de la mancha del pecado. Alcanzadme gracia del Señor, y que alegre de servirle, huya de adquirir en mi alma cualquier género de culpa.

 

SEGUNDA VIRTUD: ESPERANZA FIRME

Pondera, alma mía, cuán segura e invencible fue la esperanza de esta gloriosa santa. Los años iban pasando como las olas, más todas quebraban en el risco firme de su esperanza en Dios, nunca vacilante. Por eso vio tan bien logrado el fruto de esta confianza, porque la tuvo en Dios tan segura. Esperaba fruto de su vientre, y tuvo tal fruto cual no lo esperaba. Como la flor de su esperanza, ni con las tempestades del tiempo, ni con los imposibles humanos, llegó a caer, por eso fructificó admirablemente. ¿Quién dijera que la despreciada, estéril e infecunda, había de tener fecundidad tan bien lograda? Lo cierto es que puede mucho ante Dios la esperanza firme en su bondad y misericordia. En Vos, Señor, únicamente confío, por más que el mundo y el demonio eternamente se opongan. Sois Dios y Padre, habéis de tener misericordia. Os lo pido por los merecimientos e intercesión de la gloriosísima Santa Ana.


DÍA TERCERO

TERCER GOZO: SU FELIZ PARTO

Considera, alma mía, el inefable gozo que tendría la señora Santa Ana en su feliz parto, en el cual dio el mundo, no a Isaac: sonrisa de su madre Sara, sino a la Virgen María, alegría del mundo entero. Si en el nacimiento del Bautista se alegraron muchos, según la promesa del ángel, ¡cuántos más se alegrarían en el nacimiento de la Santísima Virgen, y cómo este gozo cubriría a la felicísima madre, Santa Ana! Ella fue sin duda el monte que destiló dulzura, porque de ella salió la dulcísima Virgen María, a quien la Iglesia llama “dulzura nuestra”. Si todas las madres, como dice Cristo, se olvidan de sus dolores luego del nacimiento de sus hijos, y se alegran porque ha nacido un hombre, cuál no sería el gozo de esta madre admirable, viendo nacer de sus entrañas a aquella niña, de la cual había de nacer en el mundo el Hombre Dios. Sea para bien, dichosa madre, Santa Ana, el suceso felicísimo de vuestro parto. Para bien nuestro y de todo el mundo, pues estamos en obligación de honraros, gracias a vos tenemos a María. A honra de tan célebre y deseado nacimiento de la Emperatriz de cielo y tierra, hacedme la merced de que sea participante de vuestro gozo, loando al Altísimo en agradecimiento por haberos otorgado las peticiones que os tengo encomendadas.


TERCERA VIRTUD: CARIDAD ARDIENTE PARA CON DIOS

Pondera, alma mía, cuán ardiente fue la Caridad y el amor de nuestra santa. Veíase tan obligada con los favores celestiales, que no podía su espíritu dejar de amar al autor de ellos. Veíase madre de la que había de serlo del Amor Perfecto, y no podía dejar de emplear en el amor a Dios todos sus afectos. Por eso su gozo y toda su alegría venían a parar en loores al Altísimo, en darle honra y gloria por todo, y en engrandecer su Santo Nombre. ¡Oh, cómo es cierto que sólo en Dios hay verdadera alegría, y sólo los que aman a Dios de todo corazón viven consolados! Las alegrías del mundo vienen siempre llenas de pesares, porque en el mundo no hay alegría verdadera. Sólo quien ama a Dios de todo corazón, lo tiene lleno de alegría, porque Dios es su fuente y su perenne manantial. ¡Os amo, Dios mío, de todo corazón! Y si aún no os amo de todo corazón, Vos, por la intercesión de Santa Ana, concededme vuestro amor, un amor grande, fervoroso y ardiente, un amor que me posea, que me inflame y me consuele. Amén.


DÍA CUARTO

CUARTO GOZO: EN LA RECREACIÓN O TRATO CON SU HIJA

Considera, alma mía, el inefable gozo que tuvo Santa Ana en la recreación con María, en pasar momentos con su santísima hija. ¡Qué alivio y alegría en el trato con aquella niña, cuya conversación buscaban los mismos ángeles, suspensos y admirados! ¡Qué ventura tan hermosa, el recibir obsequios de madre, de parte de la niña que es servida por los celestiales espíritus como su señora! ¡Oh, dichosa familia, y bienaventurada Santa Ana! Las otras santas son conocidas, o por las espadas, o por los instrumentos de sus martirios: A Santa Ana se le conoce por tener en sus brazos y llevar de la mano a María Santísima. ¡Oh cuánto me alegro, santa gloriosa, de que sea tan digno de honor el báculo de vuestra vejez, y tan sublime el cetro de vuestro poder, ya que tenéis de vuestra mano a la Señora del Universo! Pídele que Ella me tenga de su mano, y que juntamente con vos, interceda en mi favor delante del Altísimo.

   

CUARTA VIRTUD: CARIDAD COMPASIVA CON EL PRÓJIMO

Pondera, alma mía, cómo no sólo a su benditísima hija sustentó la gloriosa Santa Ana de su propia sustancia, sino también a los pobres y necesitados, con los cuales gastaba la tercera parte de su hacienda. Ella fue la mujer que abrió libremente las manos a los mendigos, y dio a los pobres el mismo cuidado que a los domésticos, porque las larguezas de sus limosnas convertían en domésticos a los extraños. Tuvo tantas veces en su regazo, y llevaba a su pecho, a la que había de ser Madre de misericordia, que no podía dejar de pegarse a su corazón el fuego de la Caridad y ser caritativa. Había recibido tan abundantes gracias y dones del Señor, que no era mucho que agradeciese a Dios los beneficios, en haciendo el bien a los pobres. También yo, gloriosa Santa Ana, soy pobre, y necesito de vuestro patrocinio. Vos ahora sois más poderosa aun y comprensiva. Por limosna os pido que remediéis y despachéis la comisión, la gracia que os tengo encomendada.


DÍA QUINTO

QUINTO GOZO: EN LA PRESENTACIÓN EN EL TEMPLO

Considera, alma mía, cuál no sería el gozo de Santa Ana cuando presentó en el templo a su santísima hija a la edad de tres años. Si no fuera tal madre, muy excesiva pena sentiría al quitar de sí una hija de tanto agrado, y tan dotada de bienes de gracia y de naturaleza. Mas no fue así con nuestra santa, pues si bien sentía el apartamiento de criatura e hija tan amable, con todo, mayor era el gusto de dedicarla a Dios, como lo había prometido. Sabía que Dios estima lo que se le da, no con tristeza y necesidad, sino con alegría, y mucho alegrábase de tener don tan excelente para ofrecer a Dios. Cuál sería, pues, el júbilo de su corazón, cuando veía con qué gracia y ligereza subía su bendita hija los escalones, las quince gradas del Templo, con la admiración del sacerdote. Cuál su consolación, viendo cómo aquella pequeña y casta tórtola, escogía ya desde entonces para sí un nido junto a los altares del Señor. Más tarde, vendría Ella misma a ofrecer, el día de su purificación, a su preciosísimo Hijo, Jesucristo. Las prendas que ya desde entonces campeaban en aquella niña la admiración del sacerdote y de los ministros, el agrado que con tal don era recibido por el Altísimo, y los sublimes misterios que en aquella ocasión tenían principio, eran eficaces motivos para un superior júbilo en el corazón de Santa Ana. Y tú, alma mía, ya que no tienes don tan excelente para ofrecer a Dios, aprende a dedicarte con todas tus potencias a su servicio, como quien sirve a buen Señor.

    

QUINTA VIRTUD: ORACIÓN CONTINUA Y FERVOROSA

Pondera, alma mía, cómo la gloriosa Santa Ana fue continua y fervorosa en el santo ejercicio de la oración, como ni lo fue esa otra madre, la de Samuel, por más que su fervor fuese notado por el Sumo Sacerdote. Baste decir, que por oraciones continuas alcanzó del Señor el remedio de su esterilidad, en una hija tal como la Virgen María. Por eso la dedicó luego al Templo, en donde la niña se diese toda a la oración y a las alabanzas divinas. Quiso, con la oración de su hija, suplir y ayudar a la suya, para que fuese mejor aceptada. Ella, entretanto, habiendo antes hecho un templo de su casa, consideraba frecuentemente los misterios que en ella se obraban, ordenados a la Redención del género humano, pues en aquella sagrada casa nació la que debía ser Madre del Redentor del mundo. Oh, cómo la consideración de ciertos secretos, que es creíble le fuesen revelados, elevaría su espíritu a alabar a Dios, porque la hizo participante, y tan próximamente llegar a tan altos misterios. Oh tú, alma mía: ¿Qué haces que ya no das frutos, y crees y veneras todos estos pasados misterios? Considéralos y medítalos frecuentemente, o con la Santísima Virgen en el templo de Dios, o con Santa Ana en tu casa. Concluye tu oración pidiendo a la santa que en la suya, se acuerde de la necesidad que padeces y que le tienes recomendada.

 

DÍA SEXTO

SEXTO GOZO: MORIR EN LOS BRAZOS DE SU HIJA

Considera, alma mía, cuan excesivo sería el gozo de Santa Ana, quien según graves autores afirman, murió en los brazos de su santísima hija. No es creíble que tan buena hija faltase a su madre en aquella hora, ni que Dios negase a tan buena madre la consolación de morir en los brazos de su hija. ¿Cómo huirían lejos de aquella casa los demonios, estando allí la Virgen, Nuestra Señora? De lejos, y de bien lejos, verían los hechos, por ser apartados por la virtud divina. Veis aquí la ventura de Santa Ana: Ser asistida en los brazos de la Santísima Virgen en aquella hora. Santa Ana tenía derecho a este favor por ser la madre de María. Por eso, santa mía, vos sois abogada para la buena muerte, porque vos, felicísima, ya tuvisteis esa dicha. Vuestra alma se vio primero en el cielo del seno de María, antes de bajar al seno de Abrahán, y esperar que se abriesen los Cielos luego de la muerte de Cristo. Oh, si yo pudiera morir con la misma muerte de esta santa matrona. Ojalá mis novísimos fuesen semejantes a los suyos.

  

SEXTA VIRTUD: CASTIDAD CONYUGAL

Pondera, alma mía, cómo fue perfecta la castidad conyugal de Santa Ana, matrona ejemplarísima. Ella fue, aquella en quien descansaba confiado el corazón de su esposo. Así fue conveniente para que la Virgen de las Vírgenes, María, tuviese por madre una persona no menos casta que Ella. Por eso Santa Ana mereció ser la tierra del cultivo de la más cándida azucena de pureza que se dio en nuestra tierra. Por eso también mereció al morir y salir de este mundo, ser confortada con el virginal olor de este lirio que tuvo a su lado. Santa Ana nunca deseó fecundidad con otro fin que el de la mayor gloria del Altísimo. Nunca, ni entre los oprobios de la esterilidad, hubo algo que manchase en lo más mínimo la pureza de su proceder. ¿Cuál no sería aun mayor su pureza luego, al nacerle su benditísima hija, cuando los rayos de la pureza de María reverberaban en el cristal de su alma? ¡Oh virtud de la pureza, cómo agradas al Altísimo! ¡Oh, castidad matrimonial bien guardada, cómo te asemejas a una virginal pureza! Alcanzadme, gloriosa Santa Ana, esta delicadísima virtud, ya que sois la madre de la Reina de las vírgenes. Pegad a mi alma el olor de esta virtud, para que yo, en vuestra casa, donde nació la Virgen más pura, pueda al menos ser un esclavo deseoso de seguirla y de imitarla, para que merezca la dicha de ver a esta soberana Señora después de muerte, ya que no puedo antes de ella.


DÍA SÉPTIMO

SÉPTIMO GOZO: VER POR PRIMERA VEZ A SU NIETO, NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Considera, alma mía, cuán incomparable sería el gozo de Santa Ana cuando por primera vez vio a su nieto benditísimo, fuese aún en vida (como lo sientan graves autores), fuere después de su muerte cuando Nuestro Señor bajó al seno de Abraham. Dice Aristóteles que entre abuelos y nietos acostumbra naturalmente ser más excesivo el amor. Yo no puedo decir que Nuestro Señor amara más a Santa Ana que a su Madre, o que Cristo haya sido más amado por su abuela, Santa Ana, que de su Madre Santísima. Pero de cualquier manera, bien se ve el grandísimo amor de Santa Ana hacia Jesús. ¡Llamar “nieto” al mismo Dios, y oír de su boca el amoroso nombre de “abuela”! ¡Oh ternura, oh consolación! Suponiendo que Santa Ana haya visto a su nieto luego de la Cruz, cómo parecería ya un Cielo abierto, aquella subterránea cárcel del Limbo de Abrahán con la visita del alma del Redentor. Cuando en el día de la Resurrección, con la confianza de abuela, ella tocase las llagas de sus pies y de sus manos, y bebiese en la dulzura de su costado, ¡cómo daría entonces por bien empleado el tiempo del oprobio de su esterilidad, y la aflicción de su esperanza dilatada! Era Cristo el ardiente deseo, o el deseado incesante, no sólo de los collados eternos, sino de todas las gentes, y por eso fue necesario que Él, ¡hasta de su abuela, Santa Ana!, fuese deseado como una prolongada esperanza. Más por fin, llegó el día, y la esperanza se convirtió en realidad, la pena en júbilo y la aflicción en gozo: El nacimiento del Redentor. Mil parabienes os doy, matrona santa, por vuestra buena fortuna. Y ya que estáis tan favorecida, como próxima a vuestro Nieto santísimo, acordaos de los que a vos recurren, y emplead vuestro poder en amparar a vuestros devotos.

  

SÉPTIMA VIRTUD: PACIENCIA INVICTA

Pondera, alma mía, la invicta paciencia de Santa Ana, no sólo en los trabajos ordinarios, que es fuerza acompañen a una madre de familia, sino muy particularmente en las angustias de su esterilidad. La esterilidad era en aquel pueblo el mayor oprobio, porque como se esperaba que de aquella nación nacería el Hijo de Dios, si alguna casada era infecunda, se la tenía por reprobada por Dios, pues ella era entonces excluida de las que podían dar a luz al Mesías. Por eso, el mismo Sumo Sacerdote, después de advertir la infecundidad de nuestros santos casados, no quiso admitir sus ofrendas, por ser provenientes de personas a quienes parecía que Dios reprobaba. Mirad los juicios de los hombres cómo son falsos y falaces. Los hombres desprecian a Ana como reprobada de Dios, y ella es la escogida por el mismo Dios. Ahora padeced, matrona santa, que ya vendrá el día en que los hombres que ahora os desprecian, esos mismos admirarán vuestra ventura, y conocerán que por vuestra paciencia habéis merecido gloria tan excesiva. Ayudadme, santa mía, a padecer con conformidad, y a sujetar mi juicio y mi voluntad a las disposiciones divinas, que por caminos que parecen muy diversos, nos llevan derecho a los fines que intentan.


DÍA OCTAVO

OCTAVO GOZO: SUBIR AL CIELO CON CRISTO

Considera, alma mía, cuán grande sería el gozo y la alegría de la Señora Santa Ana, y cuán su gloria sin medida, cuando su alma bienaventurada subía al Cielo en compañía de su santísimo Nieto. En el día de la Ascensión, llevó Cristo consigo, como fruto de sus victorias, a los cautivos que del seno de Abrahán había rescatado. Los más seguirían su triunfal carroza como siervos, pero ¿quién duda que haría el Señor especial honra a su abuela felicísima en aquel día? José era virrey en Egipto, y Jacob un pobre pastor. Quiso José que sus hijos, nietos de Jacob, venerasen con respeto al santo y viejo abuelo. ¡Y cómo es posible, y creíble, que Cristo Redentor se olvidase de las atenciones que Él encomienda a hijos y nietos, y se olvidase de darlas a su abuela! Por eso, los Cantares preguntan quién es la venturosa alma que sube de este mundo, recostada sobre su amado. O como reza una leyenda sobre su nieto: ¿Quién ha de ser sino el alma de nuestra gloriosa santa, la que reclinada en su amoroso Nieto, sube triunfante al Empíreo? Bienaventurada santa, que subís con tanta gloria, dadme licencia para que celebre vuestra alegría, y con vivas aclamaciones, siga en espíritu vuestro triunfo. Y ya que con él, dice la Escritura, repartió vuestro Nieto santísimo dones a los hombres, encaminad para mí los que yo necesito, especialmente los que os tengo recomendados.

  

OCTAVA VIRTUD: HUMILDAD PROFUNDA

Pondera, alma mía, cuán profunda fue la humildad de nuestra santa. Era descendiente de la casa real de David, y se trataba a sí misma como persona muy común. Tenía dones muy especiales de Dios Nuestro Señor, y soportaba, con conocimiento profundo de su vileza, la opinión que corría en el pueblo de que era reprobada del mismo Dios. ¿Veis aquí por qué el Señor la levantó a tan alta gloria, y cómo abatió a los soberbios? Por eso, Dios se allegó tan cerca de nuestra santa, que se hizo no sólo pariente suyo, sino su mismo Nieto. Bien se cumplió en ella, aquello de que los humildes son ensalzados, porque, por su humildad, nuestra santa fue exaltada y elevada al Cielo junto al mismo Cristo. Oh, poder grande de la humildad, que atraéis a Dios hacia el humilde, siendo Dios tan alto. Y levantáis al humilde hasta Dios, siendo el hombre tan bajo. Y tú, alma mía, ¿de qué te ensoberbeces a vista de tanta humildad? Si un monte tan elevado como Santa Ana, se abate tanto delante de Dios y de los hombres, el polvillo rastrero de la tierra que eres tú, ¿cómo presume subir y levantarse? Ayudad, santa humildísima, éste mi propio conocimiento, el de mi nada, para que de allí pase a mis acciones, y no venga yo a perder por la soberbia vuestro favor y patrocinio, y menos aun el de Dios.


DÍA NOVENO 

NOVENO GOZO: ESTAR EN EL CIELO CON TODA SU FAMILIA

Considera, alma mía, la gloria y el gozo grande que tendría la señora Santa Ana en el Cielo, al verse en él con toda su familia: Allí tiene a su esposo San Joaquín, a su hija la siempre Virgen María con su esposo San José, y a su nieto Jesucristo. En esto, se verifica bien que la generación de los rectos y de los justos será bendita. Dichosa casa de la tierra, que no era otra cosa sino la casa de Dios y la puerta del cielo (“domus Dei et porta cœli”), por donde salieron tantos que entraron al Cielo. Oh, ¡cómo será la gloria de Santa Ana en el Cielo, dentro de toda esta Sagrada Familia! ¡Cómo será de hermosa esta casta generación con la claridad de su gloria! ¡Cuánto querría yo ver esta celestial y santa constelación de estrellas místicas, todas juntas, y todas de la mayor magnitud, dentro de las cuales está el mismo Sol de Justicia! ¡Qué luces, qué resplandores de gloria y de júbilo, serán los que reverberan de unos hacia otros! También yo quisiera, gloriosa santa, pertenecer de algún modo a vuestra Sagrada Familia, a lo menos bajo el título de siervo. Yo me dedico y consagro desde hoy a servir en tan buena casa. Recibidme ya desde ahora. Y en la hora de mi muerte, introducidme en esta dichosa mansión de la gloria, de la que vos ahora gozáis por toda la eternidad.

 

NOVENA VIRTUD: MORTIFICACIÓN Y PENITENCIA RELIGIOSA

Pondera, alma mía, cómo la gloriosa Santa Ana fue rigurosa en su mortificación y penitencia. Cuántas y cuán continuas son las ocasiones en que una madre de familia, en el gobierno de sus cosas domésticas y en el trato con los extraños, encuentra motivos para sentir y para inmutarse. Pues en todas estas cosas, se mortificó de tal modo nuestra santa, que como escriben los Santos Padres, ella fue siempre irreprensible. Y fuera de esto, dice san Vicente Ferrer que sus ayunos eran muy frecuentes, sus vigilias muy continuas, no pocas sus visitas al Santo Templo de Jerusalén con los pies descalzos desde Nazaret. ¿Qué no tendrá esta vida de atribulada y miserable? Pero lo cierto es que, de este modo y por este camino, consiguió toda esa gloria que hemos ponderado. Tal mortificación y penitencia fueron el arado que, abriendo la tierra de su cuerpo, lo prepararon para sembrar en él simiente de tan gloriosa felicidad: María. No se consigue premio grande, sin trabajo grande. Quien más se mortifica en esta vida, logra mayor bienaventuranza en la otra. ¡Oh, feliz campo! Yo me acomodo en él. Esto es, ahora he de mortificarme por el breve tiempo de la vida presente, para después descansar en él por los interminables espacios de la eternidad. Vos, santa gloriosa, ayudadme con vuestra intercesión, para que el amor propio no pueda más que este propósito que tengo, y que me importa más que todo.

  

NOVENA A SAN JOAQUÍN

Novena dispuesta a solicitud de un cordialisimo devoto Franciscano de este Glorioso Santo, y a expensas de una afectuosísima devota de dicho Santo Patriarca San Joaquín, impresa en Murcia en la Oficina de Antonia Ramírez, viuda de Felipe Teruel, entre 1781 y 1799.

MODO DE HACER LA NOVENA

Como el fin principal de esta Novena mira a implorar, o impetrar de Dios algún beneficio, forzoso es disponerse de modo que no se haga indigno de alcanzarle, porque es temeridad y arrojo pedir favores a quien se desagrada y ofende. Por eso el primer paso de esta Novena ha de ser examinar la conciencia, y el que reconociere en sí grave culpa, purificar su Alma por el Sacramento de la Penitencia, para que reconciliado con Dios, esté dispuesto a que su Majestad y su Santo Abuelo le favorezcan. Y siempre en cualquier acontecimiento será muy laudable que a lo menos un día de la Novena, no deje de confesar y comulgar. Asimismo ha de pedir con total resignación en la Divina voluntad, no deseando sino lo que fuere más gloria de Dios, y utilidad de su alma. Con eso confiado puede esperar, si lo que pide es conforme a estos fines, no dejará de lograrlo. Y si alguna vez no alcanzare lo que solicitaba, esté cierto que no le convenía, y que no será frustrada su petición, pues el Santo en lugar de ella le alcanzará otra cosa que le sea más útil.

Para más obligar al Santo Patriarca, cada día proponga imitar una de sus virtudes, y ponga cuanto cuidado pudiere en cumplir con puntualidad lo que ofreciere, siendo su principal empleo, en aquel día, ejercitar la virtud que le toca, y este es el mayor servicio que puede hacer al Santo. Asimismo, cada día, acuérdele al Santo uno de sus mayores gozos, y por él le puede pedir, le haga la merced que solicita. Finalmente, no se olvide que, como dice San Bernardo, pedir riquezas, dignidades, honras, y otros bienes de esta calidad, que son propios del mundo, las más veces, es a instancias del amor propio, y así es menester purificar la intención y dirigirla bien a Dios, para que no le desagrade. Con estos avisos puede dar principio a su Novena, en la forma que se sigue, valiéndose de las oraciones aquí puestas, o de las que le dictare su devoción.
 


DEVOCIÓN Y NOVENA DEL GLORIOSO PATRIARCA SEÑOR SAN JOAQUÍN, 
ABUELO DE JESUCRISTO Y PADRE DE LA SERENÍSIMA VIRGEN MARÍA 
NUESTRA SEÑORA
 
Puesto de rodillas (si no lo impidiere alguna indisposición) delante de la Imagen del Santo, se persignará con devoción, y levantando el corazón a Dios, diga:
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios, y Hombre verdadero, Criador, y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido, y propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta; y ofrezco mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita, me los perdonaréis por los merecimientos de vuestra Sangre y Pasión, y me daréis gracia para enmendarme, y para perseverar hasta la muerte. Amén Jesús.
   
ORACIÓN A SAN JOAQUÍN
PARA TODOS LOS DÍAS
Gloriosísimo Patriarca San Joaquín, que entre todos los Santos del Cielo fuisteis privilegiado y escogido para una dignidad tan suprema, como ser Padre de la más Divina Aurora, de la más preciosa Perla, de la más fragrante Flor, de la más lucida Estrella; y en fin, de la más hermosa y pura criatura, María Santísima, Madre de pecadores y Reina de los Ángeles. Gózome con todo el afecto de mi corazón, de que Dios te hiciese tan dichoso y feliz, señalándote por Padre de la que escogió para Madre suya, y por Abuelo del Verbo Divino, vestido de nuestra naturaleza humana. Por eso considerando tu gran poder en esa Corte Celestial, donde así el Nieto, como la Hija, te miran con la estimación debida a tu dignidad y excelencia, y las Angélicas Jerarquías por su respeto te veneran y sirven. Yo miserable pecador afligido en este valle de lágrimas, con esta enfermedad, trabajo o desconsuelo (según fuere) que al presente me congoja, recurro a las aras de tu piedad, con firme esperanza de que seré socorrido, y así te ofrezco el obsequio de esta Novena, corta dádiva para quien tanto merece. Ruégote que la recibas con agrado, atendiendo al amor con que te invoco, y merezca yo que me seas Abogado ante el Trono de la Divina Clemencia.

Patriarca glorioso, Santísimo Joaquín, humildemente te ruego, que si lo que en esta Novena pido es para gloria de Dios, honra tuya y bien de mi alma, interpongas tu autoridad con la Majestad Divina, y alcances del Todopoderoso me lo conceda, en el modo que para Él sea más agradable, y para mí más útil; y si no, te pido con instancia, que en lugar de esta petición, logre yo lo que más conduce para el bien de mi alma, que es lo que principalmente deseo. Padre mío, Abogado y Protector mío, atiende a la confianza con que te invoco. Recibe el piadoso sacrificio de mis ruegos, no deseches la triste amargura de mi necesidad; y pues en el mundo fuisteis atribulado, padeciendo desconsuelos y aflicciones, compadécete de quien en las suyas te llama. Consuélame, piadosísimo y amado Padre, para que logrando este beneficio, sea perpetuo mi reconocimiento. Esto te suplico por el amor que tuviste a tu Santísima Hija, para que asistido de tu protección Soberana, viva como quien sabe que ha de morir, y en aquella triste hora no me olvides, para que asistido de tu favor, alcance perseverancia final en la gracia, que me lleve a gozar a tu amorosa compañía, en la gloria. Amén.

Aquí rezará tres Padre nuestros, tres Ave Marías, y tres Gloria Patri, a los tres inefables gozos del Santo. El primero, de haber sido escogido para Abuelo del Hijo de Dios Humanado. El segundo, de haber sido elegido para Padre de la Madre del mismo Dios. Y el tercero, por ser entre todas las criaturas (después de la Santísima Virgen), el más conjunto en parentesco a la Beatísima Trinidad. 
       
DÍA PRIMERO
Ruégote, Patriarca Santo mío, que concedáis mi petición en el modo que te tengo significado, por el gozo grande que tuviste cuando el Arcángel San Gabriel serenó la tempestad de tus lágrimas, anunciándote la Concepción Inmaculada de la Santísima Virgen, y mandándote que volvieses a la compañía de tu Esposa. Y para más obligarte propongo en este día imitar tu pureza, guardando mi alma de toda mancha, y procurando apartar de mí todos los pensamientos menos puros, acciones y palabras menos decentes; mortificando los sentidos, y apartando todas las ocasiones que conociere pueden ser ruina de mi alma, retardando el cumplimiento de mi palabra, en la imitación de esta virtud Angélica, la cual confío conseguir por tu intercesión soberana y favor de la Divina gracia. Amén.
   
GOZOS EN HONOR A SAN JOAQUÍN
   
Pues de nuestro Salvador,
Sois el Santo más valido:
Socorred, Joaquín querido,
A quien os pide favor.
 
De Reyes, Sangre y Nobleza,
Nazaret os concedió,
Que el Verbo Divino unió
A su infinita grandeza.
¡Oh qué admirable fineza!
Para vos sublime honor:
Socorred, Joaquín querido,
A quien os pide favor.
 
Fuisteis, cual Sol refulgente,
Desde la primera edad,
Singular en Santidad,
En Virtudes eminente:
De Dios, como llama ardiente,
Os abrasaba el amor:
Socorred, Joaquín querido,
A quien os pide favor.
 
Por larga infecundidad
Padecisteis irrisiones,
Afrentas y mil baldones,
Con grande conformidad
Honró Dios tanta humildad
Con daros la Hija mejor:
Socorred, Joaquín querido,
A quien os pide favor. 
   
Ana pura es vuestra Esposa,
José Justo, amado Yerno;
MARÍA, candor eterno,
Hija vuestra, toda hermosa,
De santidad prodigiosa,
Madre digna del Señor:
Socorred, Joaquín querido,
A quien os pide favor.
 
De toda gracia fecundo
Sois feliz el mejor Padre,
Como vuestra Hija la Madre,
Que hubo jamás en el mundo:
Sois Patriarca sin segundo,
A todos muy superior:
Socorred, Joaquín querido,
A quien os pide favor.
 
MARÍA a Dios ofreciste,
Noble don y más precioso,
Que fuera de Dios, dichoso
Ofrecer a Dios pudiste,
De bien tanto os deshiciste,
De vos mismo vencedor:
Socorred, Joaquín querido,
A quien os pide favor.
 
Con vuestro fruto bendito
A la Iglesia dais aumento,
Más que cuantos (¡oh portento!)
Justos hay en su distrito;
Y perdió Luzbel maldito
Con su insolente furor:
Socorred, Joaquín querido,
A quien os pide favor.
    
De sí misma por deudora
Tenéis a la Virgen Madre,
La querida de Dios Padre,
De todos Reina y Señora,
De sus Padres honradora,
Que es el Empeño mayor:
Socorred, Joaquín querido,
A quien os pide favor.
    
Libró cabal Dispensera
A vos su Padre y modelo,
Y único de Dios Abuelo,
La gracia en valor primera;
De otra suerte no cumpliera
Con las leyes del primor:
Socorred, Joaquín querido,
A quien os pide favor.
 
JESÚS Nieto liberal,
Por tanta Prenda y talento,
Y grande merecimiento,
Os dio gloria Celestial,
Después de la Maternal,
Cualquiera le es inferior:
Socorred, Joaquín querido,
A quien os pide favor.
 
Con júbilo y alegría,
Por tan altas excelencias,
Os tributan reverencias
Ana, José, y MARÍA,
También JESÚS nuestra guía,
Insigne y raro esplendor:
Socorred, Joaquín querido,
A quien os pide favor.
    
¿Cuál será vuestro poder,
Pues se os rinden los mejores
Y más excelsos Señores
Que en el Cielo puede haber?
Feliz quien al fenecer
Os tendrá por valedor:
Socorred, Joaquín querido,
A quien os pide favor.
 
Pues de nuestro Salvador
Sois el Santo mas valido:
Socorred, Joaquín querido,
A quien os pide favor.
 
Antífona: Alabemos al varón glorioso en su generación, porque el Señor le dio la bendición sobre todas las naciones y confirmó su Testamento sobre su cabeza.

℣. Su posteridad será poderosa en la tierra.
℟. La generación de los justos será bendita.

ORACIÓN
Oh Dios, que preferiste ante todos tus Santos al bienaventurado San Joaquín para ser el Padre de la Madre de tu Hijo: concédenos te suplicamos, que cuantos veneramos su Fiesta podamos gozar siempre de su patrocinio. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

DÍA SEGUNDO
Amantísimo Patriarca, en quien mi necesidad busca el alivio: Humildemente te ruego que te compadezcas de este pobre desvalido, y en el modo que sea más útil para mi alma cumplas mi petición, por aquel aventajado gozo que tu alma tuvo cuando volviendo a Jerusalén hallaste en la Puerta Dorada a la Santísima Ana tu Esposa, y participándote el aviso del Cielo que había tenido, en la conformidad de las dos revelaciones, creció la seguridad y el contento. Y para más obligarte, propongo en este día imitar aquella conformidad grande que tuviste siempre con la voluntad Divina, procurando, a ejemplo tuyo, estar muy resignado en el gusto y voluntad de Dios, para aceptar sin repugnancia cuanto de mí dispusiere, y en lo próspero y adverso alabarle y servirle. Amén.
  
DÍA TERCERO
Espejo de toda Santidad, en quien Dios puso lo más esmerado y perfecto de las virtudes, a las Aras de tu piedad llego afligido, y en ellas ofrezco este corazón, que más te ama, aprecia y estima: Ruégote con toda instancia favorezcas los deseos que te manifiesto, por el incomparable gozo que sentiste cuando tu Amantísima Esposa dio a luz el Cielo animado de María Santísima, y viste nacida dentro de tu misma casa la que había de ser Templo y morada del Espíritu Santo, llenándote de alegría espiritual, con las perfecciones y gracias de tan bellísima criatura. Y para más obligarte, propongo en este día imitar la viva Fe con que diste crédito a las palabras de Dios, sin poner duda en tan altos y soberanos Misterios. Por lo cual, cuanto sea de mi parte procuraré estar siempre firme, sin descaecer un punto, en cuanto cree, confiesa y enseña la Santa Iglesia Católica Romana, aun en lo que yo no entiendo ni alcanzo. Amén.

DÍA CUARTO
Dichosísima criatura, y verdaderamente el más feliz de los hombres, a las puertas de tu piedad llama un desvalido a quien las miserias de esta vida han puesto en grande aflicción. Suplícote, Santísimo Patriarca mío, me socorras en este trance, por el crecido gozo que sintió tu Alma, viendo en tus brazos repetidas veces la dulce prenda que tenía embelesados los Coros de los Serafines y envidiosos a todos los Patriarcas antiguos. Y para más obligarte, propongo imitar este día la profunda humildad con que, en medio de tantas honras, viviste reconocido a Dios, de quien con aventajada luz reconocías dimanar tan incomparable favor. Y así a ejemplo tuyo, estaré rendido y sujeto a todas las criaturas, por clamor de mi Criador. Amén.

DÍA QUINTO
Piadoso Padre mío, hoy te invoco con segura confianza, porque la experiencia de tus favores eficazmente me persuade que no me negarás lo que te ruego, y así te pido que concedas lo que te suplico, por el excesivo consuelo y gozo que recibiste cuando, llevando a presentar al Templo tu amada Hija, viste el fervor con que sin ayuda de nadie, subió presurosa las gradas del Templo y como mansísima Paloma voló al nido Sagrado en que supo ejercitar tan elevadas virtudes. Y para que con más gusto me favorezcas, propongo imitar este día la gran Religión con que ofreciste a Dios esta prenda y cuidaste de su Templo Santo, dándole la tercera parte de tu hacienda para su adorno y sustento de los Sacerdotes. Y a ejemplo tuyo procuraré, según alcanzaren mis fuerzas, asistir con toda devoción al Santo Templo, al Santo Sacrificio de la Misa, al Rezo Santo, así de obligación, como de devoción, y a todo lo que sea de la mayor decencia del culto Sagrado. Amén.

DÍA SEXTO
Celestial Abogado mío, a quien confiado invoco en mis mayores tribulaciones y trabajos, humildemente te ruego, por el crecido gozo que recibiste con la gustosa noticia de los alegres Desposorios de tu Hija amada, y mucho más cuando llegaste a conocer que entre todas las Mujeres había sido escogida para Madre del Verbo Humanado, que en sus purísimas entrañas, por obra del Espíritu Santo, había concebido. Por este gozo te pido que me favorezcas, dándome el consuelo que hoy te ruego. Y para más obligarte propongo imitar la firme esperanza con que viviste sin desfallecer en tus mayores aflicciones, esperando en la Divina piedad, que había de consolarte. Así yo, a ejemplo tuyo, desconfiando de las criaturas del mundo y de mí propio, pondré únicamente mis esperanzas en Dios. Amén.

DÍA SÉPTIMO 
Consuelo de los afligidos, en quien hallan alivio todos los que padecen tribulaciones, hoy a instancias de mi necesidad, te busco para que ejercites tu grande piedad con este pobre desconsolado. Ruégote que me seas propicio, atendiendo compadecido a mi aflicción, por aquella alegría que recibiste con el milagroso parto de la Reina de los Ángeles, conociendo su perpetua Virginidad, y como era conocida y publicada por Madre del Hijo Unigénito de Dios, viendo celebrada esta dignidad incomparable de tu Hija Santísima, así de los Coros de los Ángeles, como de los Reyes, Pastores y Justos. Y para más obligarte a que me favorezcas, propongo imitar la invicta paciencia con que sufriste tantas y tan penosas tribulaciones, a cuyo ejemplo haré cuanto mis flacas fuerzas dieren lugar, para sufrir con paciencia las amarguras de esta triste vida, llevando con igualdad de ánimo las mortificaciones que me causaren las criaturas, y abrazando con gusto la Cruz que Dios me enviare. Amén.

DÍA OCTAVO 
Clementísimo y piadoso Joaquín, único Asilo de mis esperanzas, en quien después de Dios las pongo confiado, asísteme en este trabajo que te manifiesto, alcanzándomelo resignado, te pido, por la suma felicidad que gozaste cuando en la hora terrible de la muerte no experimentaste sus agonías, porque asistido de Jesús, María y José, con las caricias y regalos de tan Divinas Personas, se convirtió en gozo y consuelo la penalidad y amargura de aquel trance, y entregando el alma en manos de quien la creó, fue depositada en el seno de los Justos. Y porque me oigas más atento, propongo imitar la pronta obediencia con que supiste obedecer la voluntad Divina, sin apartarte un punto de la observancia de su Santa Ley. Así yo, siguiendo tus pisadas, estaré siempre vigilante y atento a cumplir con las obligaciones de mi estado, y con todo lo que conociere ser del agrado de Dios. Amén.

DÍA NOVENO
Alivio de todos los que padecen, Puerto seguro de los que en el tempestuoso mar de este inundo navegan, busco en ti el descanso de mis fatigas, por lo cual afectuosamente te ruego que serenes la tempestad que me congoja, concediéndome este favor que te pido, por el inefable gozo que tuviste, tienes y tendrás por toda la eternidad , viendo a la misma que tú engendraste Coronarse por Reina de los Cielos, y colocada en Trono sublime, al lado de la Beatísima Trinidad, ser obedecida de las Jerarquías Angélicas, y de toda aquella Corte Soberana que por atención y respeto de tan Soberana Hija, a ti también honra y estima. Y en cambio del beneficio que espero, propongo imitar tu ardiente caridad y aquel amor de Dios tan puro que siempre reinó en tu corazón enamorado: no admitiendo en el mío otro dueño, ofreciéndosele desnudo de todo afecto de criaturas. Así lo espero cumplir con el Soberano amparo de tu poderosa intercesión. Amén.

ANOTACIONES

Al hablar sobre la piedad popular, es referirnos a aquellas devociones que antaño se hacían en nuestros pueblos y nuestras casas, cuando se...