viernes, 18 de enero de 2019

DEVOCIÓN A LOS CINCO MAYORES DOLORES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA




DEVOCIÓN A LOS CINCO MAYORES DOLORES
QUE TUVO LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA


Dedicada a la Santa Imagen de Nuestra Señora de los Dolores de la Parroquia de Texcoco, Ciudad de México.



El Ilustrísimo y Dignísimo Sr. arzobispo de México, Dr. Dn. Pelagio Antonio de Labastida y Dávalos, concedió 80 días de indulgencia, a quien devotamente rezare estas oraciones.


MODO DE OFRECERLOS

PRIMERO
Señor mío Jesucristo: yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora, la Virgen María, cuando le profetizo Simeón, que te habían de quitar la vida, por este dolor te pido conocimiento y contrición de mis culpas.



SEGUNDO
Señor mío Jesucristo: yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora, la Virgen María, cuando te perdió tres días, por este dolor te suplico remisión de mis pecados.
Padre nuestro, Ave María.


TERCERO
Señor mío Jesucristo: yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora, la Virgen María, cuando hoyó que te había preso y atado, por este dolor te pido las virtudes que por el pecado perdí.
Padre nuestro, Ave María.



CUARTO
Señor mío Jesucristo: yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora, la Virgen María, cuando te vió crucificado, por este dolor te pido el don de gracia, y antes de mi muerte tu cuerpo en comida.
Padre nuestro, Ave María.



QUINTO
Señor mío Jesucristo: yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora, la Virgen María, cuando te vio poner en el sepulcro, por este dolor te pido verte en mi muerte, asistiéndome con los auxilios necesarios de tu gracia, para que así, me recibas en los gozos de la vida eterna. Amén.
Padre nuestro, Ave María.



¡Oh Sangre de mi Jesús!
¡Oh remedio universal!
Líbranos de todo mal
Por ser vertida en la cruz.


DEPRECACIÓN

Lleno de confianza y fe,
Vengo a tus plantas, Señora,
Que, aunque alma soy pecadora,
Eres mi madre, y bien sé,
Que consuelas al que llora.

Por eso te busco a ti,
Para que calmes mi pena,
Porque eres, María, tan buena,
Que te dolerás de mí,
Tu que de gracias estas llena.

Si a ti mis ojos levanto,
Si dolorosa te miro,
De mi alma sale un suspiro,
Y me arranca tierno llanto,
Ese tu sufrir que miro.

Y me colma de la ventura.
La dulcísima esperanza,
De que su remedio alcanza
Quien te invoca en su amargura,
Quien te pide en su confianza.

 Que hagas de mi compasión,
Te pido, pues, madre mía,
Que remedies, María,
Mis penas y mi aflicción,
De tu hijo por la agonía.

Por su sangre, que vertida
Fue en el Gólgota sangriento,
Por su heroico sufrimiento,
Mira madre, condolida,
Las miserias que lamento.

Por las tres necesidades
Mayores que padeciste,
Después que examine viste
Por mis atroces maldades
Al hijo que al mundo diste.


Por tu horrible desconsuelo,
Por tu amarga soledad,
Por tanta calamidad,
Como en ti aglomeró el cielo,
¡María!... ten piedad de mí.

Si invoco tu santo nombre,
Si como a Madre te llamo,
Si en mi pesar a ti clamo,
Predilecta del Dios hombre
¿Atenderás mi reclamo?

Si lo atenderás, Señora,
Y cambiara en alegría,
La aflicción y pena mía,
Porque eres la protectora,
De todo el que en ti confía.

Me voy y en tus manos dejo
Mi suerte y mi vida entregada,
Llevándome, Madre amada,
No el pesar de que me quejo
Sino mi alma consolada.
Se rezan siete Aves Marías…


ORACIÓN
¡Oh Dulcísima María, Madre de Misericordia! ¡Oh dulce esperanza de los pecadores! ¡Oh eficaz atractivo de nuestra voluntad! ¡Oh María ¡Oh Reina! ¡Oh Señora! ¡Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos! Recibe estas siete aves Marías, en memoria de tus dolores santísimos, y por ellos te pido que, en el trance y agonía de mi muerte, cuando, ya viciados los  sentidos, ya turbadas las potencias, ya quebrantados los ojos, ya perdida el habla, ya levantado el pecho, ya postradas las fuerzas y cubierto el rostro con el sudor de la muerte, me halle luchando con el terrible final parasismo, cercado de enemigos innumerables que procuran mi eterna condenación y esperan que salga mi alma para acusarla de tantas culpas que eh cometido, ante el tribunal de Dios, allí, querida de mi alma, allí, única esperanza mía, allí, poderosísima Madre de los Dolores, allí amorosísima Reina, allí, vigilantisima Pastora, allí, María, (Oh, que dulce nombre) allí, María, ampárame, allí defiéndeme, allí asísteme como Pastora a sus ovejas, como madre a sus hijos, como reina a sus humildes vasallos, aquel es el punto de donde depende la salvación o condenación eterna, aquel es el horizonte que divide el tiempo de la eternidad, aqueo que es el instante en que se pronuncia la fatal sentencia que ha de durar para siempre, pues si me faltas entonces ¡dulcísima abogada mía! Si me fallas entonces, ¿Qué será de mi alma cuando cuantas culpas eh cometido? No me dejes en aquel peligro, no te retires en aquel trance, acuérdate que, si Dios te eligió para madre suya, fue para que fueses medianera entre Dios y los hombres, y por lo tanto debes ampararme en aquella hora, y porque entonces podre no tener fuerzas ni sentidos para llamarte, desde ahora como si ya estuviera en la última agonía, te llamo, desde ahora te invoco, y desde ahora me acojo a tu poderosa intercesión. A la sombra de tu amparo me pongo para liberarme de los merecidos rigores del Sol de justicia, Cristo, y desde ahora, como si yo agonizara, invoco tu dulcísimo y Santísimo Nombre, y esto que ahora digo le guardo para aquella: María, María, querida de mi alma, consuelo de mi corazón, en tus manos encomiendo mi espíritu, para que por ellas pase al tribunal de Dios, donde intercedas por mi alma pecadora. En ti pongo mi esperanza, en ti confío, en ti espero. Yo, ya voy a expirar, misericordia, madre del alma, misericordia, misericordia, misericordia. Amén.




jueves, 3 de enero de 2019

NOVENA AL DULCE NOMBRE DE JESÚS








NOVENA EN HONOR DEL DULCÍSIMO NOMBRE DE JESÚS

COMPUESTO POR EL V. P. M. Fr. ANTONIO GARCÉS
de la Orden de Predicadores, Ex- Provincial de la Provincia de la Corona de Aragón, Predicador del Número del Rey, y Misionero Apostólico

Tortosa, 1866


ORACIÓN PARA TODOS LOS DIAS

¡Oh buen Jesús! ¡Oh piadosísimo Jesús! ¡Oh Jesús, Hijo de María Santísima! Lleno de piedad, y misericordia, según ella, mirad a mi Alma. ¡Oh clementísimo Jesús! Humildemente os ruego, que, por vuestra preciosísima Sangre, que derramaste por mí, me laves con ella las mánchas de mis culpas. Mirad buen Jesús, a mi miserable Alma, que sin Vos está perdida, pero confiada a vuestros pies, pidiendo misericordia, invocando el nombre de Jesús, al que está vinculada. ¡Oh Dulcísimo nombre de Jesús! Nombre dulce. ¡Oh nombre de Jesús! Nombre deleitable. ¡Oh nombre de Jesús! Que fortaleces a las Almas ¿Qué cosa es Jesús sino Salvador? Ea, pues, misericordiosísimo Jesús, por tu Santísimo nombre, sálvame; no permitas se condene mi Alma, a quien criaste, y con tu preciosa Sangre redimiste. Mirad, Señor, en mi todo lo que es de Vos, y arrojad de mi Alma todo lo que os disgusta. Usad conmigo de piedad por vuestro Dulcísimo nombre, para lograr ser feliz cuando me juzgues. ¡Oh Dulcísimo Jesús! Salud para los que creen en tí, consuelo de los que á tí llegan afligidos. ¡Oh Dulcísimo Jesús! Hijo de María Santísima, avivad mi fé, fortaleced mi esperanza, encendedme en la caridad, hacedme humilde, y casto, y de lodos modos virtuoso, para que pueda perfectamente amarte, en todo servirte, en solo tí gloriarme, y que, con mi Alma, corazón, potencias, y sentidos alabe continuamente el nombre de Jesús en esta vida, y después eternamente con los Ángeles en la Gloria.



DIA PRIMERO

¡Oh Nombre de Jesús! Nombre admirable. Por eso exclama David, diciendo: O Señor cuan admirable es tu nombre: Venerante los Ángeles, ámenle los Serafines, conociendo su grandeza. Y el Apóstol San Pablo dice: Que, al nombre de Jesús, todas las Criaturas doblan las rodillas, en el Cielo, en la Tierra, y en el Mismo. Y aun el mismo Cristo, estando para morir en la cruz, según San Bernardo, inclinó la cabeza, haciendo reverencia a su Dulcísimo nombre de Jesús, que tenía sobre sí escrito. Ea, pues, Señor, dadme a conocer las excelencias de este Dulcísimo nombre, para amarle, bendecirle, y reverenciarle
con todas mis potencias y sentidos, para que pueda decir con San Bernardo: No reine en mí, sino el amor al Dulcísimo nombre de Jesús. Todo me desagrada, como decía de sí este Santo, si no suena el nombre de Jesús. Jesús en mi lengua, celestial almíbar: Jesús en mis oídos, melodía sagrada del Cielo: Jesús en mi corazón, consuelo celestial. Para moverá las Almas a que le tengan devoción, mandó vuestro siervo San Gregorio Papa en el Concilio Lugdunense, que se incline la cabeza al oír el nombre de Jesús, concediendo Indulgencias a los que
lo ejecuten con devoción. Y yo, deseando alabar, y bendecir al Santísimo nombre de Jesús, os ordeno, piadosísimo Señor, a este fin este Novenario, saludándoos cinco veces, en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone Jesús, vuestro Dulcísimo nombre.



Alegría de las almas
es Jesús, gloria suprema,
dulzura de los sentidos,
del corazón dulce néctar.
Padre nuestro, ave María.

¡Oh suma bondad de Dios!
En el nombre de Jesús,
fuente viva de piedad,
nuestro amor, consuelo, y luz.
Padre nuestro Ave María.

Con el nombre de Jesús
se endulza el Alma, y la lengua,
más que con la miel, y azúcar,
con solas sus cinco letras.
Padre nuestro, Ave María.

Para todos es Jesús
firme esperanza, y clemencia,
y suma su gran bondad,
que a los justos saborea.
Padre nuestro, Ave María.

Sed, pues, Jesús nuestro gozo,
sed nuestro futuro premio,
y sed también nuestra gloria
eternamente en el Cielo.
Padre nuestro, Ave María.


Después, alentando cuanto pudiere la esperanza, pedirá a su Divina Majestad el favor, que desea conseguir:


GOZOS

¡Oh Jesús! mi dulce amor,
¡o Jesús! dulce renombre,
¡o Jesús! por vuestro nombre,
perdonad al pecador.

A ocho días de nacido,
Jesús, tu sangre derramas,
y entonces Jesús te llamas;
piedad ofreciendo herido:
Tu sangre así lo ha pedido,
como la de Abel rigor.

El infierno, tierra, y cielo,
siempre que á Jesús se nombra,
aquel de temor se asombra,
y estos explican consuelo:
De rodillas en el suelo
rinden culto a vuestro amor.

Como escudo poderoso
contra el soberbio Luzbel,
el Arcángel San Miguel
usó este nombre glorioso:
Este en la cruz amoroso
os aclamó vencedor.

¡O Jesús! Pastor Divino,
es vuestro nombre el cayado,
y encamináis al errado,
como a Pablo en el camino:
O como al grande Agustino
le ilustró vuestro favor.

San Pablo, Apóstol Sagrado,
este nombre pronunció
tres veces, y lo mostró
con un prodigio no usado:
Tres saltos dió en el tablado
su cabeza con fervor.

A Ignacio martirizado
el pecho el Tirano abrió,
y en él de Jesús halló
el nombre impreso, y dorado:
¡O mérito bien pagado!
con este premio de amor.

Jesús por vuestra bondad,
concedednos, que al morir
logremos que al morir,
o Jesús, Jesús, piedad.
Y al oír la suavidad,
demos muestras de dolor.

¡O Jesús! mi dulce amor,
o Jesús! dulce renombre,
o Jesús! por vuestro nombro,
perdonad al parador.


Sea alabado el Nombre de Jesús por lodos los siglos en el Cielo, y en la tierra de todas las Criaturas.

ORACIÓN

¡O Buen Dios! que quisiste, que vuestro Hijo redimiese al Linage Humano, poniéndole por nombre Jesús: os suplicamos humildemente por vuestra piedad,
que amemos tiernísimamente a Jesús, venerando su Santísimo nombre, y que después continuemos sus alabanzas en la gloria Amen.





SEGUNDO DÍA

¡Oh Padre amantísimo! Dulcísimo Jesús en cuya invocación afianzan nuestras almas vuestra Divina piedad. Por vuestro Dulcísimo nombre ablandad nuestros corazones, pues siendo a modo de aceite, ablanda y luce, que por eso dijo San Bernardo que es la luz encendida y medicina espiritual, luz que alumbra al pecador, alimento que fortalece la debilidad de nuestras almas, medicina que cura las llagas de nuestras culpas. logremos pues por vuestro santísimo nombre de Jesús, luz para que conociendo por medio de ella vuestra suma bondad, la amemos; sea también vuestro Santísimo nombre manjar sabroso, para poder decir con San Bernardo. Toda comida es desabrida: si no fuere sazonada con la dulce memoria del amabilísimo nombre de Jesús, y logremos por efecto de la devoción a este Dulcísimo nombre el alabarle, y bendecirle, en agradecimiento a sus piedades, a cuyo fin ordeno este Novenario, saludándoos cinco veces en veneración de las cinco letras, de quienes se compone el Dulcísimo nombre de Jesús.


DIA TERCERO

¡Oh Bondad infinita de Dios! Antes como oculta, pues os nombráis, el Dios de las venganzas, el Dios guerrero; pero lo mismo fue enviar al Mundo la Trinidad Santísima el Dulcísimo nombre de Jesús en el día de la Circuncisión; que parece se ocultó la Justicia Divina, para dar lugar a la misericordia, que resplandeciese con la luz del aceite de este Dulcísimo nombre, convirtiéndose los Divinos rigores en piedades. Y aun por eso dijo San Pablo, que la Sangre de Jesús clamaba mejor, que la de Abel; porque si la de Abel pedía justicia, la que Jesús derramó en el día de la Circuncisión, clamaba al Padre Eterno, pidiendo misericordia. Pero qué mucho, si era en el día, que el Cielo le puso por nombre Jesús, en quien está depositada la piedad y clemencia. Ea, pues, Dulcísimo Jesús, no pida vuestra preciosísima Sangre, derramada por mis culpas, justicia contra mi Alma; así lo confío de vuestra misericordia, la cual imploró por vuestro Dulcísimo nombre de Jesús. Y en agradecimiento a lo mucho, que os debo, deseo alabaros, y bendeciros, a cuyo fin ordeno este Novenario, saludándoos cinco veces, en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone Jesús, vuestro Dulcísimo nombre.


DIA CUARTO

¡Oh Amor Divino! Que quedaste depositado como en prenda, para dar a las Almas tu Gloria, si la pidieren por la invocación del Dulcísimo nombre de Jesús; pues, como piadosamente dice San Buenaventura: Él que desee subir al Cielo, invoque el Dulcísimo nombre de Jesús; que se salvará. Por eso en cierta ocasión, el Demonio que poseía el Cuerpo de un hombre, dijo a Cristo: ¿Por qué Jesús Nazareno antes de tiempo has venido a atormentarnos? Mandándole callar su Divina majestad, le dijo: enmudece. Cómo si dijera el Señor a los Demonios: Me pedís alivió de los tormentos invocando mi nombre de Jesús, callad, porque tu nombre no se ha de oír, sino Cuando Haya de usar de piedad; y como vosotros no habéis de lograr alivio, porque así está determinado, enmudeced, no me llaméis Jesús. Confiamos nos seréis piadoso por la invocación de vuestros Dulcísimo nombre Jesús, librándoos del infierno, y de su camino, que es el de los vicios. Y en agradecimiento a lo mucho que os debo, deseo alabaros, y bendeciros, á cuyo fin ordeno este Novenario, saludándoos cinco veces, en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone Jesús, vuestro Dulcísimo nombre.



DIA QUINTO

¡O Nombre de Jesús, nombre admirable! De quien dice Santo Tomás de Aquino, que lo llamó así el Profeta Isaías, porque en virtud del nombre de Jesús, haría Dios todas las cosas, ahuyenta Jos Demonios, y cura todas las enfermedades del Alma, y cuerpo. Y San Bernardino de Sena dice, que, para arrojar a los Demonios del Cielo, se valió el Arcángel San Miguel del nombre de Jesús, y al
oírlo los Demonios, huyeron hasta el Infierno. Ea, Dulcísimo Jesús, pues disteis tanta virtud a vuestro Santísimo nombre, concededme, que, al invocarle, huya el Demonio de mí, dejándome con más libertad suelto de la cadena de la esclavitud del pecado, para caminar con pasos de ternura á Vos, mi sumo bien, a quien debo, y deseo amar. Y en agradecimiento a lo mucho, que os debo, deseo alabaros, y bendeciros, y al nombre de Jesús piadoso, a cuyo fin ordeno este Novenario saludándoos cinco veces, en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone Jesús, vuestro Dulcísimo nombre.




DIA SEXTO

Oh Dulcísimo Jesús! Cuando deben los cristianos a la luz amabilísima de vuestro Santísimo nombre. Se entristece alguno, dice el Padre San Bernardo, ponga en su corazón luego el amor al Dulcísimo nombre de Jesús, y sé deshará él nublado de cualquiera tentación. ¿Cáete alguno en pecado, camina desenfrenada al lago del infierno, ha llegado a desesperar de la misericordia de Dios? ¿Acaso, si invoca el nombre de Jesús, no respirará en la confianza en la divina misericordia? Ea, que sí, dice el Santo. ¡Oh Dulcísimo nombre de Jesús! En ti confiamos, que nos serviréis de escudo contra los divinos enojos, nos seréis lenitivo, que alivie nuestros dolores, como enseña San Bernardo. Sednos también, como dice el mismo Santo, sagrado aceite, que encienda nuestras almas en el fuego del divino amor. Y en agradecimiento a lo mucho, que os debo, deseo alabaros, y bendeciros, a cuyo fin ordeno este Novenario, saludándoos cinco veces, en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone Jesús, vuestro Dulcísimo nombre.



DIA SEPTIMO

¡Oh Divino Pastor! Que recogéis a las Almas, como á ovejas perdidas, con el cayado amable de Jesús, vuestro Dulcísimo nombre; y aun por eso el Apóstol San Pablo, persiguiendo á los cristianos, logró la dicha de que Vos le detuvieseis en el camino, saliéndole al encuentro, con solo decirle: Yo soy Jesús Nazareno, a quien tu persigues, y al oír el Dulcísimo nombre de Jesús, cayó en tierra postrado, humilde, y rendido, sujetándose a Vos en todo, por cuyo motivo, fue después tan amante, en agradecimiento a este Dulcísimo nombre, que decía estaba dispuesto, por amor al nombre de Jesús, a padecer trabajos, azotes, y la muerte; y aun los Apóstoles iban gozosos a padecer desprecios delante de los Gentiles, por amor a este Dulcísimo nombre de Jesús, en atención, de que les era piedra imán, que los había llevado en pos de su Divino Maestro. Ea, pues, Señor, concededme un amor tiernísimo a vuestro Dulcísimo nombre de Jesús, para que me recojáis por medio de esta devoción, como Pastor Divino, al amparo de vuestra clemencia, y esté defendida el Alma del lobo infernal del Demonio; y en agradecimiento a lo mucho que os debo, deseo alabaros, y bendeciros, a cuyo fin ordeno este Novenario, saludándoos cinco veces en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone Jesús, vuestro Dulcísimo nombre.



DIA OCTAVO

¡Oh Nombre de Jesús! Torre de fortaleza, como dice el Espíritu Divino en los Proverbios. Fortaleza grande es, Señor, vuestro Dulcísimo nombre de tal manera, que huye el demonio de las almas, que están armadas con el escudo de este amabilísimo nombre, Jesús. Y aun San Bernardo observa, que el demonio se apoderó de Judas, por no haberse valido del nombre de Jesús, cuando dijo a los judíos: Que me queréis dar, ¿y yo os lo entregaré? Repara el Santo, que no dijo: Yo os entregaré á Jesús, porque al haberle nombrado, le hubiera dado el nombre de Jesús luz, para conocer su yerro, y convirtiéndote, le habría vuelto al Rebaño del Colegio Apostólico; y conforme a esto, dico San Eutimio, que está lejos de desesperar quien invoca el nombre de Jesús. ¡Oh nombre de Jesús! arma fuerte contra Luzbel, con cuyas cinco letras como David con las cinco piedras rindió al Gigante, rinden también las Almas a los Demonios, habiendo aprendido este modo de vencerlos de los Apóstoles, que dijeron a la Majestad de Cristo: Señor, hasta los Demonios se nos sujetan en vuestro nombre. Ea, pues, amantísimo Jesús, a vuestro nombre Dulcísimo nos acogemos como á torre de refugio, contra el Demonio; y para vencerlo, sintiéndonos de él convalido, enfervorizad nuestro corazón, cuando digamos: Dulcísimo Jesús, sed para mí, Jesús; y en agradecimiento a lo mucho que os debo, deseo alabaros, y bendeciros, a cuyo fin ordeno este Novenario, saludándoos cinco veces, en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone vuestro Dulcísimo nombre.



DIA NOVENO

¡Oh Dulcísimo Jesús! Padre amabilísimo, que vinisteis al mundo, para enseñar a las almas a caminar al cielo con vuestro ejemplo. Quisisteis al morir en la cruz tener sobre la almohada de la Corona de Espinas el nombre de Jesús, para enseñar a las almas, que vuestro Dulcísimo nombre, como Celestial aceite, da luz en aquella hora, para librar a las Almas del escollo de la desesperación, como la hacia el Gigante Coloso, dando por las noches luz, para guiar las naves, ¡que andaban entre escollos por el Mar. Logró este favor el Aposto! San Pablo, pues al cortarle el Gentil la cabeza, dio tres saltos en tierra, diciendo: Jesús, Jesús, Jesús, después de cortada. Y de San Ignacio Mártir, dice San Bernardino de Sena, que murió enamoradísimo de este nombre, repitiéndole muchas veces, sin temer a los Leones, ni tormentos de los Gentiles. Pero que mucho, si después de muerto, le encontraron en el corazon el nombre de Jesús, impreso con letras de oro. Y de San Palo consta, que lo repetía muchas veces, pues en sotas sus Epístolas se numeran más de doscientas y diez y seis. Ea, pues, dulcísimo Jesús mío, para lograr a la hora de mi muerte consuelo, fortaleza, y dulzura al invocar entonces el Dulcísimo nombre de Jesús, enfervorizad mi Alma, y corazon, para que frecuentemente repita en mi vida el amabilísimo nombre de Jesús; quisiera
nombrarlo con la dulzura que María Señora Nuestra. En agradecimiento a lo mucho, que os debo, deseo alabaros, y bendeciros, a cuyo fin ordeno este Novenario, saludándoos cinco veces en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone Jesús, vuestro Dulcísimo nombre.





miércoles, 2 de enero de 2019

TRIDUO AL ALMA DE MARÍA SANTÍSIMA






TRIDUO AL ALMA DE MARÍA SANTÍSIMA

Cuya imagen milagrosa se venera en Miacatlán, Moleros, México.


Tiene concedidos 240 días de indulgencia p. r cada palabra de las contenidas en esta Devoción del Alma Santísima de la Virgen María, por el Ilmo. Sr. D. Fr. fosé María de Jesús Belaunzarán.



ORACIÓN A LA BEATÍSIMA TRINIDAD
Trinidad Beatísima, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, tres Personas distintas y un solo verdadero Dios, que siendo en tí mismo esencialmente feliz, quisiste por un impulso de tu amable voluntad, salir ad extra, para comunicar a tus criaturas tus divinas perfecciones, más o menos conforme a la nobleza de su ser: yo te doy infinitas gracias porque con singular cuidado y predilección pusiste tus ojos al eterno en María Santísima, escogiéndola desde entonces de entre todas las criaturas para hacerla tu Hija primogénita, tu Madre y Esposa dilectísima; y como á tal, la colmaste de dones y gracia tan abundante, que excediese en ella no sólo a todos los Santos, sino también a todos los ángeles. Conociendo, pues, Señor, que es gloria tuya el honrar esta criatura privilegiadísima, me postro delante de tu soberana presencia; y después de darte infinitas gracias por la perfección de tu divino ser, te las doy también por las perfecciones casi infinitas de la Alma Santísima de María, suplicándote por ella me concedas la gracia de imitar en lo posible sus altas virtudes, que así me asemejaré a tí, que eres mi Dios único y verdadero, mi Criador y mi Padre, a quien deseo servir por toda la eternidad. Amen.


Tres Ave Marías en honra del Alma Santísima de María, y luego la siguiente:


DIA PRIMERO
¡Oh Alma purísima! ¡Oh Alma Santísima! ¡Oh Alma gloriosisima de mi Señora la Virgen María Soberana Madre de Dios! Yo te alabo, yo te bendigo, yo te glorifico, Alma excelsa, espíritu nobilísimo, que, del divino corazón, encendido y abrasado en amor, saliste por su boca como aliento, como respiración, no sólo para animar el cuerpo más hermoso, más inmaculado» más puro de cuantos ha criado Dios, sino para ser respiración, aliento y vida de todo el linaje humano. Yo te alabo mil veces, Alma regia, espíritu principal, criado por el Omnipotente Señor para dominar en la tierra y en el cielo, para reinar sobre todo lo visible e invisible: mil y mil veces te bendigo, Alma únicamente escogida, sola, perfecta, paloma candidissima do los agrados, de las complacencias, de las caricias de Dios: amada singularmente sobre todas las doncellas, sobre todas las esposas y sobre todas las reinas. Yo, admirado, adoro tu grandeza, Alma excelsa, capaz tú sola de engrandecer al Señor. Bendita seas eterna e inmensamente, que como tú sola te pudiste conocer, pudiste, por los labios de tu santísimo cuerpo, pronunciar estas admirables palabras: "Mi alma engrandece a Dios"
Una Salve a María Santísima.


DEPRECACIÓN
Reina de los cielos, alegría de los ángeles, honra y fiesta de las vírgenes, principio de la vida, puerto, de la eterna gracia, alegría del cielo, gozo de la tierra, concha escogidísima que destila fragancia del divino amor, paraíso ameno de sagrados deleites, tálamo florido del Divino Esposo, sala ilustre y resplandeciente, palacio del Emperador celestial, glorioso lecho y olorosísimo reclinatorio de la Santísima Trinidad. Muéstrame a Jesús, bendito fruto de tu virginal vientre: alcánzame un corazón semejante al suyo: negóciame perdón de todos mis pecados, espíritu bueno, gracia saludable, perfecta mortificación de mis pasiones, que sea perpetuo esclavo de Jesús y el más humilde siervo suyo. Rígeme, ampárame, defiéndeme ahora, siempre, y en la hora de mi muerte. En ella muéstrame tu muy alegre presencia. Consuélame con tus blandos ojos y con tu vista resplandeciente. Dile en aquella hora a mi alma: Yo, la Madre de Dios, a quien amaste y en quien esperaste, hablaré é intercederé por tí. Hazme, Señora mía, cierto entonces de la bienaventuranza, para que confiado en tí acabe la carrera de mi vida, guiándome para la eterna que gozas en el cielo. Amen.


JACULATORIA
Soberana Reina hermosa,
Hija del Eterno Padre,
Do Dios Hijo, digna Madre,
Del Santo Espíritu Esposa:
En mi vida peligrosa,
Miserable y transitoria,
Pues hago de tí memoria
Y tu Concepción bendigo,
Líbrame del enemigo
Y hazme digno de tu gloria.


Dios te salve, María, concebida sin culpa original: Dios te salve, Divina y tierna Madre, Reina de los ángeles y de los hombres, única esperanza de los pecadores; después de tu Santísimo Hijo, remedio de nuestros males, nuestra paz, nuestra alegría, nuestra buena Madre, nuestro consuelo y nuestra vida. Dios te salve, arca del Nuevo Testamento, trono más precioso que el oro más puro, en que se sentó el verdadero Salomón, Cristo Señor nuestro; árbol de la vida que lleva el fruto de la salud, fuente de agua clara, que riega con su corriente toda la superficie de la tierra; arco iris, señal cierta de nuestra paz y de nuestra reconciliación con Dios. En tí, Divina y tierna Madre, admiro con incomparables ventajas la fe de los patriarcas, la caridad de los apóstoles, la fortaleza de los mártires, la constancia de los confesores, el candor y pureza de las vírgenes y la santidad de todos los bienaventurados. Tú, peregrina Madre, eres la candelera de oro macizo, adornado con los siete dones del Espíritu Santo: tú el altar santo en donde Jesús, víctima inocente, se ofrece a su Padre por la salud de los hombres: tú la rosa de Jericó; tú la torre de David; tú la puerta del
cielo; tú el tabernáculo, la casa, el templo de Dios; tú . . .. pero ¿a dónde voy, Divina María, cuando los ingenios más elevados se han quedado cortos en alabarte? ¿Qué elogio podrá decir de tí mi tosca lengua, cuando el mismo Omnipotente que te crió tan pura, exclama: ¡Qué hermosa eres, amada mía, y en tí no hay la menor mancha! Alábote, pues, Madre preciosísima, tú mismo Autor, mientras yo, lleno de confianza, porque eres la distribuidora de todas las gracias del Redentor, te suplico me alcances de. su Divina Majestad el perdón de mis pecados, auxilios eficaces para huir del vicio y practicar las virtudes, y por fin una santa muerte, con la que merezca ir a bendecir y alabarte eternamente en la gloria. Amen.


CUARTETOS
A NUESTRA SEÑORA LA VIRGEN MARIA
ES SU CONCEPCIÓN INMACULADA

¡Virgen, Madre de Dios! ¡Reina del mundo!
De querubes y arcángeles Señora,
Oye el acento de dolor profundo
Con que la tierra tu favor implora.

Tú que el Santo Cordero alimentaste
En tu seno feliz, vuelve tus ojos
A este mundo en que humana vegetaste,
A este valle de lágrimas y enojos.

Tú que el palacio azul de las estrellas
Dichosa habitas con tan gran fortuna,
Y por trono a tus pies triunfante huellas
El óvalo esplendente de la luna.

Por tí nuestra esperanza resucita,
Y no hay consuelo que en tu amor no encuentre.
Santa Madre de Dios ¡tú eres bendita,
¡Y bendito es el fruto de tu vientre!

¡Salve, salve mil veces, peregrina
¡Y bienaventurada bienhechora!
¡Oh Reina de las vírgenes divina!
¡Oh Santa de los ángeles Señora!

Si sois reguladora de mi suerte,
Al término feliz de mi existencia,
Bendeciré pacífico mi suerte,
Sin dudas que desgarren mi conciencia.

Desarma con tu amor de Dios la mano
Que rayo vengador sobre mí apresta,
No dejes que su brazo soberano
Descargue sobre mí su ira funesta.

Porque á tí te ama Dios, Inmaculada,
Y soy feliz si sois mi intercesora,
¡Oh Reina de las vírgenes sagrada!
¡Oh Santa de los ángeles Señora!


DIA SEGUNDO
En ti, en tí, Alma sublime, Alma grande, Alma Santísima, Alma hermosísima; en ti, soberano, excelso, sublimísimo espíritu, resplandece, reluce, aparece toda la grandeza de Dios. Ignora quién es Dios, no conoce cuál y cuánta es la grandeza de Dios quien no te conoce a tí, quien no admira lleno de reverente espanto lo que hizo, lo que puso, lo que obró su magnificencia en tí. En tí, Alma admirable, crió Dios Todopoderoso un mundo especialísimo para sí. Si la tierra es escabel de sus soberanas plantas, tú eres la silla de su asiento, el tálamo de su regocijo, el lecho de su descanso. Tú eres el mar inmenso, el insondable piélago de gracias en quien entran y se refunden copiosas avenidas de dones, de excelencias, de prerrogativas y de perfecciones. Tú eres el aire que sólo recibe todas las iluminaciones divinas, y a todos las comunica. Tú eres el cielo del cielo, y en tí son más innumerables los dones que en el cielo las estrellas. Tú eres el verdadero sol en quien puso Dios su tálamo, y tú eres el mejor empíreo que solas abarcas, comprendes, recibes y gozas más gloria que todo el resto de aquella celestial patria, En tí sola es más bella la guirnalda de la santa virginidad, que en todo el coro purísimo de las Vírgenes: en tí es más lúcida la laureola del magisterio, que en todo el coro sapientísimo de los Doctores: en tí es más preciosa la corona del martirio, que en todo el triunfal coro y escuadrón de los Mártires. Tú, como Reina de los Apóstoles, de los Patriarcas, Profetas, Mártires,
Confesores y Vírgenes, y también de todos los coros y jerarquías angélicas, con superior o incomparable eminencia, gozas las gracias, excelencias y prerrogativas de todos; y todos los cortesanos del cielo, ángeles y hombres, adorando en tí, Alma Santísima, la sublimidad casi infinita de tu gloria, postran, rinden, arrojan a las plantas de tu sacratísimo y gloriosísimo Cuerpo las coronas de la suya. Otras mil veces mil, y otros mil millones de veces, te alabo, te bendigo, te ensalzo, te glorifico, Alma gloriosísima, Alma deificada, Alma sobre todas las de los Santos, y sobre todos los angélicos espíritus llena de Dios: te doy, te rindo, te tributo cuantas alabanzas, cultos y adoraciones te dan todos los bienaventurados, ángeles y hombres, y cuantas te darán por toda la eternidad. Bendígate Dios que te crió, Alma bellísima, que sólo Dios puede dignamente bendecirte: bendígate el Padre Eterno, Alma perfectísima de su primogénita Hija; bendígate Dios Hijo, Alma purísima de su Santísima Madre; bendígate Dios Espíritu Santo, Alma hermosísima de su dulcísima Esposa: engrandece tu Alma Santísima a Dios en la tierra y en el cielo, y por toda la eternidad. Amén.
Una Salve a María Santísima.




DIA TERCERO
Alégrate y regocíjate, Espíritu sublime, en Dios, salud tuya y gloria tuya; y desde ese solio que gozas, superior a todos los celestiales espíritus, inclina esos tus ojos misericordiosísimos a este valle de lágrimas: conviértelos y ponlos en el alma infelicísima de este pobre y miserable pecador, que en tí, vida, dulzura, esperanza y abogada, tiene puesta toda su confianza de que le has de mostrar, después de este destierro, a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Ea, pues, dulcísima María, cielo nuevo, tierra nueva, firmamento y tabernáculo de Dios, templo y casa suya, atrio y tálamo de su gloria, arca del testamento, urna de oro purísimo, maná y vara de Aaron, vellocino de Gedeón misterioso, puerta cerrada de Ezequiel, ciudad santa de Sion, sol, luna y estrella matutina, aurora y luz hermosa de la gracia y de la gloria, monte y fuente cristalina de los huertos, azucena de los valles, desierto y tierra de promisión fertilísima, que manas leche y miel; estrella venturosa de este mar proceloso de miserias: no desdeñes, dulcísima María, mis súplicas; oye benigna mis clamores; recibe piadosa estas mis tibias alabanzas; preséntalas, Madre mía dulcísima, ante el acatamiento divino del que como á Hija, como á Madre y como á Esposa, siempre se empeña en honrarte: avócate mi causa, y toma desde hoy por tu cuenta el librarme del tempestuoso mar de mis pasiones y de las grandes aflicciones que me causan mis espantosos crímenes y delitos: no perezca, no, Madre mía, en aquel tremendo juicio que le espera, quien deposita en tí sus confianzas; antes, purificado y limpio por la gracia merecida por tu intercesión poderosa, por tí y contigo alabe y glorifique a su Dios eternamente en la gloria. Amen.
Una Salve a María Santísima.



ANOTACIONES

Al hablar sobre la piedad popular, es referirnos a aquellas devociones que antaño se hacían en nuestros pueblos y nuestras casas, cuando se...