domingo, 27 de septiembre de 2026

VISITA MENSUAL AL ALTAR DE LA DOLOROSA

 


VISITA MENSUAL AL ALTAR DE LA VIRGEN DOLOROSA

Santísima Virgen, afligida madre mía, ¡María! A vos, que sois la madre de mi Señor, la reina del mundo, la abogada, la esperanza, el refugio de los pecadores, recurro hoy yo, que soy el más miserable de todos. Os adoro, oh gran Reina, y os agradezco cuántas gracias me habéis hecho hasta ahora, especialmente por haberme librado del infierno, tantas veces por mí merecido. Yo os amo, Señora amabilísima, y por el amor que os profeso, os prometo querer serviros siempre y hacer cuanto pueda para que seáis amada también por los demás. Yo pongo en vos todas mis esperanzas; acogedme bajo vuestro manto, vos, Madre de misericordia. Y ya que sois tan potente con Dios, libradme de todas las tentaciones, u obtenedme fuerza para vencerlas hasta la muerte. Madre mía, por el amor que tenéis a Dios, os ruego que me ayudéis siempre, pero más en el último instante de mi vida. No me dejéis hasta que me veáis ya salvo en el cielo para bendeciros y cantar vuestras misericordias por toda la eternidad. Así lo espero, y así sea.


Si las circunstancias lo permiten, añádase la Corona, o bien el piadoso ejercicio en honor del Corazón Doloroso de María.

W

ORACIÓN A MARÍA DOLOROSA

¡Oh afligida Madre! ¡Oh corazón virginal todo sumergido en las llagas adorables de vuestro Hijo!, acoged con agrado esta breve memoria de sus penas en unión con vuestros dolores. Presentad a Jesús este pequeño obsequio, y dad valor a mis oraciones con vuestra materna intercesión.

Os ruego, oh Madre pía, que bendigáis desde el Cielo el alma mía.

STABAT MATER PARA LOS DÍAS DE LA SEMANA

 


PLANCTUS B. M. V. 

(Llanto de la Santísima Virgen María)


PRIMERA PARTE

Para el domingo, lunes y jueves  


Estaba la Madre dolorosa

junto a la Cruz, llorosa,

mientras pendía el Hijo.

Cuya alma gemebunda,

atribulada y doliente,

fue atravesada por la espada.

¡Oh, qué triste y afligida

estuvo aquella bendita

Madre del Unigénito!

Ella, que se condolía y sufría,

Madre piadosa, mientras veía

las penas de su glorioso Hijo.

¿Qué hombre no lloraría

si viese a la Madre de Cristo

en tan horrendo suplicio?

¿Quién no se entristecería

al contemplar a la Madre de Cristo

dolida junto a su Hijo?

Por los pecados de su pueblo

vio a Jesús en los tormentos

y sometido a los azotes.

Cuando el cuerpo muera,

haz que al alma le sea concedida

la gloria del Paraíso.  



SEGUNDA PARTE

Para el martes y viernes  


Estaba la Madre dolorosa

junto a la Cruz, llorosa,

mientras pendía el Hijo.

Vio a su dulce Hijo

morir desolado,

mientras entregaba el espíritu.

¡Ea, Madre, fuente de amor!

hazme sentir la fuerza del dolor,

haz que llore contigo.

Haz que mi corazón arda

en el amor a Cristo Dios,

para que a Él le sea agradable.

Santa Madre, haz esto:

graba profundamente las llagas del Crucificado

en mi corazón.

De tu Hijo herido,

que tanto se dignó padecer por mí,

comparte conmigo las penas.

Haz que yo llore piadosamente contigo,

que me conduela del Crucificado

mientras yo viva.

Cuando el cuerpo muera,

haz que al alma le sea concedida

la gloria del Paraíso.  



TERCERA PARTE

Para el miércoles y sábado  


Estaba la Madre dolorosa

junto a la Cruz, llorosa,

mientras pendía el Hijo.

Estar contigo junto a la Cruz

y unirme a ti

en el llanto deseo.

Virgen insigne entre las vírgenes,

no me seas ya amarga,

haz que llore contigo.

Haz que lleve la muerte de Cristo,

hazme partícipe de su Pasión

y que venere sus llagas.

Haz que sea herido con sus llagas,

que me embriague con la Cruz

y con la Sangre de tu Hijo.

Para no ser abrasado por las llamas,

por ti, Virgen, sea yo defendido

en el día del Juicio.

Cristo, cuando tenga que salir de este mundo,

concédeme llegar por tu Madre

a la palma de la victoria.

Cuando el cuerpo muera,

haz que al alma le sea concedida

la gloria del Paraíso.  


℣. Ruega por nosotros, Virgen dolorosísima.

℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.  

OREMOS

Interceda por nosotros, te rogamos, Señor Jesucristo, ahora y en la hora de nuestra muerte, ante tu clemencia, la Bienaventurada Virgen María, tu Madre, cuya alma santísima fue traspasada por la espada del dolor en la hora de tu Pasión. Por ti, Jesucristo, Salvador del mundo, que con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. ℟. Amén.  


-Rezaremos un Padre Nuestro, Ave María y Gloria en honor a los siete Santos Fundadores, a fin de que, así como fueron en la tierra los primeros promotores de esta devoción tan grata a María, nos sean también ante Ella eficaces protectores. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.  


-Recitaremos una Salve en honor a la Santísima Virgen de los Dolores por todos nuestros Benefactores vivos y difuntos, y por todos aquellos que frecuentan o desean frecuentar esta santa devoción.  

Salve Regina  


Invocaremos finalmente el patrocinio de nuestra Señora de los Dolores por la conservación del Reinante Sumo Pontífice, por todas las necesidades de la Santa Iglesia y por todos nuestros intereses, tanto espirituales como temporales. Diciendo tres veces:  


℣. Virgen dolorosísima, ruega por nosotros.


℣. Con su piadosa prole

℟. Nos bendiga la Virgen María dolorosa

MÉTODO SERVITA DE LA CORONA DE LOS SIETE DOLORES

 


DEL ORIGEN Y DE LAS VIRTUDES SINGULARÍSIMAS DE LA

CORONA DE LOS SIETE DOLORES

DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Los siete primeros Bienaventurados Fundadores de la Orden de los Siervos de María, deseando que todos los fieles participaran de las singularísimas gracias que la gran Madre de Dios derrama desde el Cielo con mano generosísima sobre aquellos que son piadosamente devotos de sus Dolores, por divina inspiración eligieron siete de los principales, para proponerlos a la meditación pública, y la titularon: Corona de los siete Dolores de la Santísima Virgen María. Esto no carece de misterio: en primer lugar, porque a dichos siete Dolores parece que se reducen todas las demás penas de María; en segundo lugar, porque según el sentir de San Gregorio y San Agustín, el número siete denota universalidad y, por tanto, comprende todos los demás sufrimientos de la Santísima Virgen. Contiene esta Corona una septena de siete septenarios, cada uno de los cuales se compone de un Padrenuestro y siete Avemarías, y en ella se meditan por su orden los siete principales dolores de María.  


Un ejemplar de esta Corona se conserva en Todi, donde se venera como una preciosa reliquia dejada por San Felipe Benicio, fiel custodio y celoso propagador de la Orden y de las devociones instituidas por los siete Bienaventurados Fundadores en honor de María Santísima de los Dolores.  


El uso de la mencionada Corona es antiquísimo por su institución, y el hecho de que se haya mantenido y acrecentado hasta nuestros días por la piedad de los fieles —quienes han comprobado de manera tan provechosa lo propicia que es la Virgen María en sus necesidades—, ha llevado a los Sumos Pontífices no solo a aprobarla, declarando la devoción de los Dolores de María Santísima propia y especial de la Religión de sus Siervos, sino también a confirmarla y promoverla aún más, enriqueciéndola en diversas épocas con abundantes tesoros espirituales, como se verá en su lugar.  


La misma divina Madre se complació enormemente con este obsequio, obrando pronto estupendos prodigios para recompensar a las almas devotas de sus Dolores, como puede verse en el libro titulado: «Breve noticia del Hábito y Corona de los Siete Dolores de María Virgen del p. Pecoroni.»  


MÉTODO PARA REZAR LA CORONA DE LOS SIETE DOLORES

DE MARÍA VIRGEN

como se practica en las iglesias de la Orden de los Siervos de María


ACTO DE CONTRICIÓN QUE SE PUEDE ANTEPONER A LA RECITACIÓN DE LA CORONA

En presencia de Vuestra Majestad, adorable Jesús mío, humillado y prostrado, ¡cuánto me confundo al considerar vuestra infinita bondad y mis graves pecados! Reconozco y confieso que sois el único y verdadero Dios de mi alma, digno por tanto de ser infinitamente amado; e yo, ingrato e insensato, lejos de haberos amado, os he maltratado y ofendido con innumerables culpas. ¡Ah, ojalá hubiera perecido mil veces antes que haberos disgustado una sola vez, amabilísimo Jesús mío! Piedad os pido y perdón, os lo suplico de todo corazón; y como pecador arrepentido y afligido, no tardaré en volver a vuestro amorosísimo seno mediante la Confesión Sacramental; así, con vuestra ayuda, protesto que, igual al dolor de haberos ofendido en el pasado, es mi firme propósito no volver a ofenderos en el futuro. Escuchadme por vuestra sola piedad, Dios mío, escuchadme por el mérito de los crueles dolores de vuestra amatísima Madre, en memoria de los cuales me dispongo a rezar la presente corona.  


Y vos, piadosísima Virgen, Madre de misericordia y refugio de los pecadores, tras el suspirado perdón de mis culpas, alcanzadme de vuestro Hijo la gracia de obtener el fruto de las santas indulgencias que vuestra corona concede, en remisión de las atrocísimas penas debidas a mis pecados. Así sea.  


Veni, Sancte Spiritus, reple tuorum corda fidelium, et tui amoris in eis ignem accende.


℣. Emitte Spiritum tuum et creabuntur.

℟. Et renovabis faciem terrae.

℣. Memento congregationis tuae.

℟. Quam possedisti ab initio.

℣. Domine exaudi orationem meam.

℟. Et clamor meus ad te veniat.

℣. Dominus vobiscum.

℟. Et cum spiritu tuo.  


OREMUS  

Mentes nostras, quaesumus Domine, lumine tuae claritatis illustra, ut videre possimus quae agenda sunt, et quae recta sunt agere valeamus. Per Christum Dominum nostrum. ℟. Amen.  


Queridísimos hermanos y hermanas, ahora haremos nuestros habituales ejercicios espirituales, meditando devotamente los siete Dolores que la Bienaventurada Virgen María padeció en la vida y muerte de su caro y amado Hijo y Salvador nuestro.  


Con profunda humildad meditaremos el primer Dolor, que fue cuando la Bienaventurada Virgen Madre de Dios, habiendo presentado a su único Hijo en el Templo en brazos del anciano San Simeón, este le dijo: «Este será como una espada que traspasará tu alma»; lo cual denotaba la pasión y muerte de Jesucristo nuestro Señor.

-Un Padrenuestro y siete Avemarías, etc.  


El segundo Dolor de la Bienaventurada Virgen fue cuando tuvo que huir a Egipto por la persecución del cruel Herodes, que impíamente buscaba matar a su amado Hijo.

-Un Padrenuestro y siete Avemarías, etc.  


El tercer Dolor de la Bienaventurada Virgen fue cuando, en el tiempo de la Pascua, tras haber estado con su Esposo San José y con su amado Hijo Jesús Salvador en Jerusalén, al regresar a su pobre casa lo perdió, y durante tres días enteros suspiró por la pérdida de su único Amado.

-Un Padrenuestro y siete Avemarías, etc.  


El cuarto Dolor de la Bienaventurada Virgen fue cuando se encontró con su dulcísimo Hijo, que llevaba una pesada Cruz sobre sus delicados hombros camino del Monte Calvario para ser crucificado en ella por nuestra salvación.

-Un Padrenuestro y siete Avemarías, etc.  


El quinto Dolor de la Bienaventurada Virgen fue cuando vio a su divino Hijo alzado sobre el duro madero de la Cruz, derramando sangre por todas partes de su santísimo Cuerpo.

-Un Padrenuestro y siete Avemarías, etc.  


El sexto Dolor de la Bienaventurada Virgen fue cuando su querido y amado Hijo, herido en el pecho tras su muerte y desclavado de la Cruz, fue depositado, tan cruelmente muerto, en su purísimo regazo.

-Un Padrenuestro y siete Avemarías, etc.  


El séptimo y último Dolor de María Virgen, Señora y Abogada particular de nosotros, sus siervos y miserables pecadores, fue cuando acompañó el Santísimo Cuerpo de su Hijo a la sepultura.

-Un Padrenuestro y siete Avemarías, etc.  


Diremos ahora tres Avemarías en reverencia a las lágrimas que la Bienaventurada Virgen derramó en sus Dolores, para impetrar por medio de su llanto el perdón de nuestros pecados.

-Tres Avemarías, etc.  


Terminada la Corona, se reza el Llanto de la Bienaventurada Virgen, o sea, el Himno Stabat Mater.

  

ORACIÓN

A MARÍA SANTÍSIMA DE LOS DOLORES

Ya que, ¡oh piadosísima Virgen, Madre de misericordia!, la Pasión de Vuestro Hijo estuvo siempre unida a vuestros crueles dolores; y en memoria del más áspero y cruel de ellos, que fue cuando lo visteis con vuestros propios ojos clavado en la Cruz entregar su espíritu al Padre, os suplicamos, como Piadosa Abogada de los pecadores, que nos asistáis en nuestras últimas agonías con el mismo entrañable afecto con el que asististeis a la crudelísima muerte de vuestro dulcísimo Hijo. Y porque tal vez en aquel trance la lengua esté trabada y perdida la habla, y no podamos llamarlo e invocarlo con la boca, protestamos desde ahora para entonces que, mediante vuestro patrocinio, queremos invocarlo para nuestra defensa con el corazón y con la voz, mientras os saludamos de rodillas diciendo:  

-Dios te salve, Reina y Madre de misericordia…


Cuando se omita la anterior oración, se dirá la siguiente: 

Meditaremos con especial afecto a la Santísima Virgen al pie de la Cruz, presente en la muerte de su Unigénito Hijo, rogándole por su amorosa asistencia en nuestras últimas agonías, para que todos obtengamos una buena y santa muerte.  


SÚPLICA A LA VIRGEN DOLOROSA POR UN ENFERMO

 


ORACIONES A LA VIRGEN DOLOROSA POR UN ENFERMO

I. Reina de los Mártires y piadosa Madre María, por aquella espada de dolor que traspasó vuestra alma cuando os fue predicha por Simeón la pasión y muerte acerbísima de vuestro Hijo, haced que el enfermo por quien os rogamos no sea más afligido por los males en el cuerpo, para mayor bien y provecho de la salud de su alma. 

-Ave María.  


II. Reina de los Mártires y piadosa Madre María, por aquel dolor indecible que sufristeis al tener que huir precipitadamente a Egipto con el Niño Jesús, conceded la gracia al enfermo que os encomendamos, a fin de que vuestra presencia ponga en fuga y disipe los humores desordenados del cuerpo, y redunde siempre en consolación y salud también para su espíritu. 

-Ave María.  


III. Reina de los Mártires y piadosa Madre María, por aquel acerbo dolor que probó vuestro amantísimo Corazón cuando durante tres largos días anduvisteis en busca de vuestro extraviado Jesús; haced que nuestro enfermo halle finalmente en Vos la perdida salud del cuerpo, unida siempre a la del alma. 

-Ave María.  


IV. Reina de los Mártires y piadosa Madre María, por aquel intenso dolor que tolerasteis al ver a vuestro Jesús cargado ignominiosamente y oprimido por la pesadísima Cruz sin poder darle socorro; movedos ahora que podéis a aliviar benigna a nuestro enfermo y libradlo ya del insoportable peso de la enfermedad que le aflige. 

-Ave María.  


V. Reina de los Mártires y piadosa Madre María, por el inestimable dolor que sufristeis contemplando a vuestro Jesús traspasado de manos y pies sobre el infame patíbulo, y la Sangre preciosa que de ellos brotaba a torrentes; ¡ah!, mirad con ojos de madre las penosas angustias que atormentan a nuestro enfermo, y, reprimiendo los humores destemplados del cuerpo, promoved, junto con la eficacia de esa Sangre Divina, la salud de su alma. 

-Ave María.  


VI. Reina de los Mártires y piadosa Madre María, por aquel amarísimo e incomprensible dolor que experimentasteis cuando, descolgado de la Cruz, recibisteis a vuestro caro Prenda en vuestro adorable regazo; acoged entre vuestros brazos amorosos al enfermo que os presentamos, para que, en vista de los largos espasmos que lo atormentan, le restituyáis benigna aquella calma tanto interna como externa que en vuestro regazo infaliblemente se halla.

- Ave María.  


VII. Reina de los Mártires y piadosa Madre María, por el último e inexpresable dolor que redujo vuestro corazón a la extrema desolación, al no poder al menos desahogaros con el llanto sobre los despojos exangües de vuestro Bien entregado al Sepulcro; ¡ah!, haced que cesen ya nuestras lamentaciones por la ineficacia de los remedios del arte médica a favor de nuestro enfermo, y que, obtenida mediante vuestra eficacísima intercesión la curación de sus males, podamos rendiros todas las debidas y afectuosas gracias, tanto en el tiempo como en la eternidad en el Paraíso. 

-Ave María.  


℣. Ruega por él, Virgen dolorosísima.

℟. Para que sea digno de alcanzar las promesas de Cristo.  


OREMUS

Interveniat pro hoc famulo tuo, quaesumus Domine Jesu Christe, nunc, et in hora mortis suae apud tuam clementiam Beata Virgo Maria Mater tua, cujus sacratissimam Animam in hora tuae Passionis doloris gladius pertransivit. Qui vivis et regnas in saecula saeculorum. Amen.  


℣. Nos cum Prole pia.

℟. Benedicat Dolorosa Virgo Maria.

domingo, 20 de septiembre de 2026

CORONACIÓN DE LA VIRGEN DOLOROSA

 


CORONACIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA DOLOROSA
o sea
DEVOTO OBSEQUIO QUE DEBE RENDIRSE A MARÍA SANTÍSIMA DESPUÉS DE LA RESURRECCIÓN DE SU HIJO  

En el día del Sábado Santo, al caer la tarde, en las iglesias de la Orden de los Servitas de María se suele practicar la solemne Coronación de la Virgen Dolorosa, para conmovernos de gozo con ella, la cual, según se cree piadosamente, fue visitada en primer lugar por su Hijo Jesús resucitado.  
Esta Coronación tuvo su origen en Florencia por obra de los Siete Fundadores de la citada Orden, quienes la practicaron por primera vez en el año 1239, y posteriormente se extendió a toda la Orden por decreto de los mismos Siete Fundadores.  
Antes de la reforma del Misal Romano ordenada por San Pío V, por privilegio especial concedido por Calixto III a la misma Orden, se practicaba dicha función por la tarde del Sábado Santo con el canto de la Misa y con las mismas muestras de júbilo que se emplean en la mañana del mismo día, en que, según el rito de la Iglesia, se celebra la Resurrección del Señor.  

A excepción de la Misa cantada, también en la actualidad se practican los mismos ritos y se distribuyen las flores bendecidas al pueblo, que en multitud acude a tan tierna función.  

En dicha circunstancia se rezará la siguiente Oración, que se podrá repetir en los Sábados y Domingos del año, especialmente en el tiempo de Pascua.  

ORACIÓN
Cesad, oh Virgen gloriosa y Madre amabilísima, de afligiros más. Habéis llorado bastante; es tiempo ya de enjugar las lágrimas. Vuestro divino Hijo ha resucitado. Hélo aquí, contempladlo. Él es todo majestad, todo paz, todo decoro y hermosura en su semblante, en sus llagas, en su alma santísima y en sus purísimos miembros. Él ha vencido a la muerte, ha sojuzgado al infierno y ha destruido la culpa. La milicia celestial, las huestes de los Padres liberados del Limbo, el escuadrón de sus seguidores, las devotas mujeres y la creación entera aplauden la triunfante resurrección del hombre Dios; por tanto, mucho más debéis alegraros Vos, que sois su Madre. Recibid, pues, junto con las felicitaciones comunes, también las mías. Y en este día de tanto júbilo, os ruego me alcancéis la gracia por mí tan suspirada, de romper las duras cadenas del pecado y del mundo, de vencer las tentaciones del enemigo infernal y de resurgir a la vida espiritual del alma y al amor de vuestro divino Hijo Jesús y de Vos, mi dulcísima Madre.  

Regina Caeli laetare, alleluia:
Quia quem meruisti portare, alleluia,
Resurrexit sicut dixit, alleluia,
Ora pro nobis Deum, alleluia.  

℣. Gaude et laetare, Virgo Maria, alleluia.
℟. Quia surrexit Dominus vere, alleluia.
  
OREMUS
Deus, qui per Resurrectionem Filii tui Domini nostri Jesu Christi mundum laetificare dignatus es; praesta, quaesumus, ut per ejus Genitricem Virginem Mariam, perpetuae capiamus gaudia vitae. Per eumdem Christum Dominum nostrum. ℟. Amen. 
 
(Se rezarán las Letanías de la Santísima Virgen, etc.)  

HORA DE GUARDIA A LA VIRGEN DE LA SOLEDAD

 


HORA DE GUARDIA A MARÍA SANTÍSIMA AL PIE DE LA CRUZ EN SU SOLEDAD

DESPUÉS DE LA MUERTE DE SU HIJO  


EJERCICIO DEVOTO

Para practicarse en público o en privado, desde las 21 hrs. del Viernes Santo hasta las 16 hrs. del Sábado Santo, y en todos los viernes del año por el espacio de una hora, o de media hora, para acompañar a María Santísima en su tristísima soledad.


A LOS DEVOTOS DE MARÍA DESOLADAs

Entre los muchos y atroces dolores sufridos por María Santísima en la pasión y muerte de su Divino Hijo, el más intenso y profundo, y el menos conocido y venerado por los fieles, fue cuando se vio privada incluso de la querida despojo de su cuerpo. El haberlo visto ensangrentado, lacerado, difunto; el haberlo acompañado con la Magdalena y con las otras piadosas mujeres al sepulcro, fue para Ella, no cabe duda, un doloroso martirio; pero el no tenerlo ya ante sus ojos de ninguna manera puso el colmo a sus dolores, y la dejó verdaderamente desolada. En el tiempo, pues, que transcurre entre la sepultura de Jesucristo y su gloriosa Resurrección, en el cual la amorosa Madre está privada de su presencia visible, es preciso compadecerla, manteniéndonos en su compañía para darle algún alivio.  

Porque si a una madre terrenal que ha tenido la desgracia de perder a un hijo se procura darle consolación y alivio haciéndole compañía entre sus más angustiosos suspiros, ¡cuánto más un devoto de María, y de María Dolorosa, deberá procurar dar consuelo a esta Madre desolada, y hacerle consoladora compañía en esta hora de tanto luto y tristeza para Ella!  

Esta tierna devoción fue por primera vez practicada en un monasterio del Reino de Nápoles. Se propagó luego por otras ciudades y provincias, y en Roma fue solemnemente introducida en 1815, como todavía se practica, en la Iglesia Parroquial de San Marcelo de los Siervos de María, por el celo del piadosísimo Cardenal Odescalchi, tenerísimo devoto de María Dolorosa.  

Para animar siempre más a los Fieles a practicar este piadoso e interesante ejercicio, la Santa Memoria de Pío VII lo ha enriquecido de espirituales tesoros, contenidos en el elenco de Indulgencias.

  

INVITACIÓN

Sobre aquel frío y duro pedrusco,

que oculta al Hijo amado,

fijo el corazón, inmaterial la mirada,

permanece la Madre a suspirar.

De María que languidece y gime,

ya dividida de su Bien,

¡oh almas fieles, al dolor y las penas,

venid, venid a consolar!  


ACTO DE CONTRICIÓN

Oh Dios de infinita misericordia, heme aquí humildemente postrado a vuestros pies, lleno de confusión por mi enorme temeridad e ingratitud cometida contra vuestra Majestad y Bondad infinita con mis pecados. Conozco demasiado bien haber sido yo aquel malvado que ha dado la muerte más despiadada a mi querido Jesús. ¡Oh, qué profunda herida he hecho con mis faltas a su amable Corazón! Piedad de mí, Señor, que con lágrimas en los ojos os pido perdón. Sí, estoy verdaderamente resuelto a no ofenderos nunca más. Y Vos, oh María, Madre mía, por aquella que os fue encomendada por vuestro Hijo antes de morir, implorad misericordia para mí, y dignaos permitir que os haga compañía mientras os encontráis privada de vuestro amado Hijo, a fin de que llore con Vos y no vuelva más a traspasar con mis pecados el amabilísimo Corazón vuestro y el de vuestro Hijo. Así sea.  


JACULATORIA

Madre mía desolada, no quiero dejaros sola llorando en vuestra soledad; no, quiero haceros compañía con mis lágrimas. Quiero llorar con Vos vuestros dolores y los de mi difunto Redentor.  


MEDITACIÓN PRIMERA

María Desolada junto al sepulcro de su Hijo  

Contempla, alma mía, a tu Madre desolada junto al sepulcro en el que ha sido encerrado su querido Hijo. Una piedra ha separado al Hijo de la Madre. ¡Ay, cuánto está Ella por esto afligida! Mírala con qué afecto tiene fijos los ojos en aquel sepulcro, en el que ve cerrada la ensangrentada despojo de su Unigénito, a quien poco antes había tenido en su seno. Era un consuelo, aunque dolorosísimo, tenerlo aun muerto entre sus brazos. Pero ahora está de Él separada, y ya no lo contempla. ¡Oh, cuántas veces lo habrá llamado; y: «Hijo —habrá dicho—, dulcísimo Hijo, haz sentir tu voz a tu doliente Madre...»! Pero Él ya no responde. 

Se vaga con el triste pensamiento dentro de aquel monumento; y ahora se detiene en la cabeza traspasada por las espinas, ahora en el cuerpo lacerado y desgarrado, ahora en las manos, ahora en los pies perforados por los clavos; y finalmente, cual doliente paloma en la caverna, se detiene entre las ruinas, en el Corazón amoroso de la prenda querida de sus entrañas, y allí unida a Él, en su interior desahoga todo su afán... Detente tú también, alma mía, en el Corazón de Jesús junto con tu Madre, y con Ella llora la ingratitud mostrada a aquel Corazón amabilísimo con tus pecados.  


COLOQUIO

¡Oh cara Madre María, qué compasión me dais al veros tan afligida llorar junto al sepulcro de vuestro Jesús! ¡Ah, cuánto me pesa no hallar motivo para daros algún consuelo; antes bien, siento el reproche de haber sido yo la causa de tantas penas vuestras! Pero si algún consuelo pueden daros las lágrimas de un corazón contrito: heme aquí, oh Madre, que ayudado por Vos, de buena gana las derramo a vuestros pies; y Vos dignaos recogerlas y ponerlas en el Corazón de vuestro Hijo, que no desprecia, sino que acepta con agrado el corazón contrito y humillado, y así por vuestra intercesión obtengan estas lágrimas de mi Jesús el perdón de mis pasadas extravíos.  

-Se dirán siete Avemarías con el Gloria Patri y la primera parte del Stabat Mater.  


¡Ah! Vosotros que por el camino

pasando me observáis,

decidme si halláis

dolor semejante al mío.

A la vista de la Tomba,

que encierra a mi Amado,

desfallecer me siento en el pecho

por la amargura del corazón.  



MEDITACIÓN SEGUNDA

María, al volver a su casa, pasa de nuevo por el Calvario  

Sigue, alma mía, a tu doliente Madre que, acompañada por Juan y por las otras piadosas mujeres, encamina sus pasos desde el sepulcro para regresar a su Casa. ¡Oh, qué acerbo desprendimiento ha sido este! Ella en el viaje se ve obligada a volver a ver aquellos lugares donde ha padecido su Hijo, y donde ha muerto... Hela aquí en el Calvario... ¡Ay de mí, qué angustia y dolor se renueva en su tristísimo Corazón a la vista de aquel monte, y al ver todavía en él enhiesta la Cruz, penosísimo lecho donde vio expirar a su Hijo! Ve aún su preciosa sangre empapando la tierra y bañando la Cruz. ¡Qué funestísimos pensamientos vuelven a su mente: la bárbara crucifixión, la amarga bebida dada a su Jesús, los insultos y ultrajes lanzados contra Él, la penosísima agonía, sus últimas palabras y, particularmente, aquellas con las que, por su infinita bondad, mostró su tierno Corazón pidiendo perdón al Padre por los pecadores, y su encendidísima caridad hacia nosotros, por la cual nos la dejó por Madre, y el ardentísimo deseo de padecer más por nuestra salud, expresado en aquel Sitio! Y finalmente los últimos momentos y la muerte del objeto para Ella más caro.  

¡Ah, qué llena de afanes, qué tristes memorias se renuevan en su apasionado Corazón! ¡Mírala en el rostro cuánto está dolorida, y cómo con reverencia al pie de aquel precioso Madero postrada lo adora, y llorando lo abraza!... Detente, alma mía, al pie de la Cruz con María, y con Ella estrecha entre tus brazos ese dulce prenda de tu salvación, y llora la muerte que en esta Cruz has dado tú al Hijo de María con tus culpas.

  

COLOQUIO

Afligidísima Madre, ¡ay, qué pena me da el veros así languidecer al pie de la Cruz, y más pena me da porque allí os he recibido por Madre, y vos me habéis aceptado por hijo! Pero ¡qué hijo, oh Madre, qué hijo habéis recibido! Me estremezco de solo pensarlo. ¡Ah! Movedos a piedad de mí, que me siento traspasado el corazón por el dolor de haberme hecho tan indigno de tal Madre. Detesto aquellos momentos en los cuales me he apartado de Vos y de vuestro Hijo con mis pecados; y Vos uníos al Corazón de vuestro Jesús para pedir perdón por mí al Eterno Padre, y haced que con vuestra intercesión yo de buena gana tome de su mano aquellas tribulaciones que su bondad se digne enviarme, para que así a Vos, Dolorosa, me asemeje, y al Crucificado mi Señor; e imitando la paciencia de la Madre y del Hijo, sea hecho digno de recibir el premio en la otra vida.  

-Siete Avemarías y la segunda parte del Stabat Mater.  


Al monte de la mirra,

al collado del incienso

regreso; y aquí pienso

en quien marchitó mi bella flor.

Cruz, de la cual pendiente

con las venas desgarradas

estuvo el inmenso Bien,

te adoro y te estrecho al Corazón.  



MEDITACIÓN TERCERA

María desolada en su casa  

Entra, alma mía, en la casa donde está tu Madre María, sumergida en lágrimas y dolor. ¿Cuánta pérdida ha sufrido en esta pequeña casa? ¡Ah, que todo en un momento lo ha perdido, perdiendo al Hijo! Pero ¿dónde?... No en casa, sino sobre un patíbulo. ¡Oh noche funestísima!... Penetra en aquella alma apasionada, y ves en esa noche por cuántos penosos objetos está traspasada. Reconoce el duro lecho donde reposaba Jesús, y mucho se entristece. Se le presenta la mesa en la que juntos se sentaban, y allí se abandona casi muerta de aflicción. Se detiene en aquel lugar donde arrodillado el Hijo dirigía fervorosas oraciones al Padre en la noche por nuestra salud, y allí cae desmayada... Si mira la casa se aflige, porque no ve a Jesús. Vuela con el pensamiento al sepulcro, y allí lo descubre, pero desgarrado y muerto; y allí de nuevo gimiendo en su Corazón se detiene. No hay objeto que la conforte, no hay entre sus seres más queridos quien la consuele. Todo es luto, todo es llanto...  

Detente, alma mía, un poco en esta Casa con tu Madre, junto con el amado discípulo Juan y las otras piadasas mujeres, y mira si puede resistir tu corazón al verla tan desolada. Llora tú también con Ella, ve con Ella en busca de su Jesús, y haz de tal modo que le des consolación, si te es concedido volver a hallarlo vivo por la gracia para habitar en tu corazón.  


COLOQUIO

Amorosísima Madre, ¡ah, al veros tan angustiada en vuestra Casa, sin tener ya a vuestro Hijo, me siento languidecer de dolor! Para consolaros de algún modo quisiera deciros que vinisteis a buscarlo a mi corazón... Pero ¿cómo queréis hallarlo, si vos misma no me lo conducís con vuestra materna piedad? ¡Ah, que yo lo he perdido por mis culpas! Ahora reconozco mi exceso y el daño que me he hecho a mí mismo. ¡Ah, María, única esperanza mía después de Jesús, haced que vuelva con su gracia el mío Dios a este corazón; movedlo vos con aquella espada que traspasa el vuestro! Haced que deteste y enmiende mis culpas, y sea este el fruto de la compañía que os he hecho en vuestra desolación, para que, arrepentido de corazón, obtenga el perdón, haga en esta vida la penitencia, sea por vos asistido en este exilio para no volver más a pecar, y en el momento de mi muerte os tenga a Vos y a vuestro Hijo asistiendo a mi lecho, y repitiendo dulcemente Jesús y María, expire en paz entre vuestros brazos mi alma, y sea esta llevada a gozar de Dios por toda la eternidad. Así sea.  

-Siete Avemarías y la tercera parte del Stabat Mater.  


Heme aquí acogida en la casa

del Hijo de adopción,

mas mi desolación

no es por eso menor.

Sufro si escucho o hablo,

sufro si muevo la mirada,

y al no ver al Hijo

todo es hiel para mi corazón.  


CONCLUSIÓN

Antes de separarme de Vos, Madre mía desolatísima, aquí os dejo y os entrego mi corazón contrito y humillado, y os ruego ahora y siempre que me deis vuestra santa Bendición. Bendecidme, pues, como a hijo vuestro, y que vuestra materna Bendición me asista en vida y en la muerte, y me acompañe al Paraíso.  


¡Ah! Acepta, oh Madre afligida,

nuestro llanto por compañero,

y hacia nosotros entretanto se vuelva

tu materna piedad.

Vuelve a mí piadosa la mirada,

oh divina Madre afligida,

y por la sangre de tu Hijo

dame lugar en tu corazón.

Aunque reo, soy hijo yo también,

nací en el seno de tus penas;

¡ah! Acógeme, y a nuestro Dios

por mí le hable tu dolor.  


A vos, oh Virgen Madre, que jamás fuisteis tocada por mancha alguna de culpa ni actual ni original, encomiendo y confío la pureza de mi corazón. Amén.


Cien días de Indulgencia concedidos por el Reinante Sumo Pontífice a quien rece devotamente la dicha Oración

jueves, 11 de junio de 2026

NOVENA A LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS DE GRANADA

 



NOVENA DE MARÍA SANTÍSIMA DE LAS ANGUSTIAS


PATRONA DE LA CIUDAD Y REINO DE GRANADA


Por un devoto de María Santísima.

En Granada:

 Con las licencias necesarias.Por Nicolás Moreno.


APROBACIÓN DEL PADRE DON SALVADOR GARCÍA TALAVERANO

De la Congregación de San Felipe Neri de Granada, Maestro en Filosofía, Examinador Sinodal de este Arzobispado y Prepósito que ha sido diversas veces de dicha Congregación y de la de Málaga.

Habiendo visto, por orden del Señor Don Miguel de Carmena, del Consejo de Su Majestad, Oidor de la Cancillería de esta Ciudad de Granada y Juez Privativo de Imprentas de este Reino, una Novena de María Santísima de las Angustias, Patrona de la Ciudad y Reino de Granada, a expensas de un devoto de dicha Santísima Imagen, no le he hallado reparo alguno que pueda impedir su impresión. Antes bien, la considero muy útil para avivar la devoción de tan sagrado simulacro y para despertar en los fieles la memoria tan oportuna, y aún necesaria, de la Pasión de Nuestro Redentor y compasión dolorosa de su Santísima Madre y Señora Nuestra; y que nada contiene que desdiga de los dogmas católicos, ni que se oponga a las regalías de Su Majestad el Rey Nuestro Señor. Así lo siento, salvo mejor parecer, etc. 

Granada, y febrero 8 de 1761.

Salvador García Talaverano


Mediante la aprobación arriba dada, doy licencia para que se imprima.

Carmena.


EXHORTACIÓN 

Para mejor alcanzar de Dios lo que cada cual pidiere por medio de María Santísima, se ha de hacer al principio de esta Novena una confesión bien hecha, y el día último se ha de volver a confesar y recibir el Santísimo Sacramentado del Altar. También en cada uno de los días de la Novena se ha de procurar hacer, en reverencia de los Dolores de Nuestra Señora, alguna mortificación de los sentidos, como ayuno, etc., o cualquiera obra de misericordia, como la limosna, etc.

Estando en presencia de alguna imagen de María Santísima, y hecha la señal de la Cruz, se dice todos los días el Acto de Contrición siguiente:


ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, os amo de todo corazón, y porque os amo, me pesa de haberos ofendido. ¡Oh Bondad infinita! ¡Quién siempre os hubiera agradado con pensamientos, palabras y obras! Yo, Dios mío, propongo, ayudado de vuestra divina gracia, nunca más pecar, apartarme de toda ocasión de culpa y hacer una buena confesión de todas las que he cometido. Espero, Señora, en vuestra infinita misericordia, que mirando a vuestros méritos santísimos y a mi corazón contrito, me habéis de perdonar y dar gracia para vivir y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.


ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Purísima Señora, Virgen Santísima y Madre del Unigénito Hijo de Dios hecho Hombre; Madre la más dolorida de todas las madres y Señora la más afligida de todas las mujeres: yo, humildemente postrado a vuestros sagrados pies, os suplico que, si el favor que os pido en esta Novena es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma, me lo alcancéis de su divina liberalidad y clemencia; y si no, enderezad mi petición para que en todo se cumpla lo que fuere del mayor agrado divino y bien de mi alma. Amén.

-Aquí se rezan siete Padrenuestros y siete Avemarías gloriados.


PRIMER DÍA 

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que estuvisteis viendo azotar tan cruelmente a vuestro Hijo Santísimo, donde cada azote era para vuestro amante corazón una aguda espada de dolor que lo penetra y traspasaba; siendo cada herida que hacían los sayones en Jesús, manyas más que la pena hacía en vuestro angustiado interior. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, que yo viva resignado en la voluntad de Dios, y que consiga un total aborrecimiento a toda culpa, para que, fortalecido con tan santa meditación, viva siempre como quien ha de morir. Y también, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma.


-Ahora se le pide a María Santísima lo que cada cual necesite, teniendo manya confianza en la Señora.



ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS A CRISTO SEÑOR NUESTRO

Jesús mío y amor mío crucificado por mí, no permitáis, Señor, que ningún hombre se condene, sino que todos con su buena y cristiana vida cooperen a vuestros santísimos designios. Estos son: que todos se salven, conozcan vuestra bondad sin límite y lo que padecisteis para que todos consiguieran el fin para el que fueron criados; y a quienes pusisteis a la sombra de vuestra Santísima Madre como a hijos de sus dolores y adoptados entre sus lágrimas al pie de la Cruz, yo os suplico, Redentor mío, me deis gracia para que mi vida sea siempre ajustada a vuestros divinos mandamientos, y me concedáis una buena muerte por vuestra santísima muerte; principalmente a los que juntos celebramos esta Novena en agradecida memoria de las Angustias de vuestra dulcísima Madre y Abogada nuestra. Amén.



DÍA SEGUNDO

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que viendo a vuestro Santísimo Hijo Jesús tan llagado con los azotes, visteis también que como a rey fingido lo coronaban de espinas, le ponían una frágil caña por cetro, y que con malas palabras y peores acciones lo despreciaban, de modo que el Señor estaba siendo el oprobio de los hombres y el desprecio de la plebe. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, por este vivísimo dolor que padeció vuestro corazón, que me alcancéis gracia para que yo, despreciando toda vanidad y soberbia, consiga una humildad perfecta. Con ella podré conocer lo malo que soy y lo manyo que debo a mi Dios y Redentor, y mortificar mis potencias y sentidos por su amor. Y también, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.


DÍA TERCERO

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen, Madre de Dios, que anegada en penas fuisteis en seguimiento de vuestro amantísimo Hijo Jesús, el cual, como un verdadero Isaac, caminaba al Monte Calvario con la Cruz a cuestas; cargado de prisiones, descalzo, vilipendiado por la gente y conducido entre facinerosos escribas, fariseos y verdugos. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, por este tan penetrante dolor que sintió vuestra afligidísima alma, y por el aumento de esta vuestra pena cuando, encontrándoos en la Calle de la Amargura, derramaron vuestros ojos tantas lágrimas por ver en tal estado a vuestro amado Hijo; que me alcancéis de Dios un corazón contrito de mis pecados, y que yo camine siempre por el camino de los divinos mandamientos, despreciando todo humano respeto. Y también, Señora, os suplico me concedáis lo que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.


DÍA CUARTO

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que habiendo llegado al Monte Calvario, estuvisteis con invencible fortaleza viendo desnudar a vuestro Santísimo Hijo Jesús para enclavarlo en la Cruz, y lo estuvisteis viendo enclavar de pies y manos; cuyo dolor hizo tanto eco en vuestro dulce corazón, que quedasteis al primer golpe del martillo como muerta por el excesivo dolor con que de nuevo se traspasó vuestro espíritu. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, por esta pena que sentisteis, que me alcancéis una pureza de vida que sea agradable a los divinos ojos. Y para que así sea, concededme, Señora, que mientras la Divina Providencia me tuviere en este mundo, abrace yo, desnudo de apetitos y de pasiones, la cruz de la mortificación, como el camino seguro del Cielo; y también, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.


DÍA QUINTO

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que perseverando constante junto al árbol de la Cruz, viendo a vuestro Santísimo Hijo Jesús que ya estaba para expirar, os atravesaron el corazón aquellas palabras tan dulces para nosotros y tan tristes para Vos: yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, por estos tan acerbos dolores, que yo imite vuestras virtudes para que Vos me admitáis por hijo adoptivo vuestro. Y también, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.


DÍA SEXTO

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que al pie de la Cruz estabais oyendo tantos vituperios, injurias y blasfemias como le decían a vuestro Santísimo Hijo Jesús, y con que lo ultrajaban sus enemigos; siendo cada palabra descompuesta un penetrante cuchillo que, al paso que lastimaba vuestros purísimos oídos, con mayor dolor hería vuestro santísimo corazón. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, por esta pena tan continuada que padecisteis, que me alcancéis gracia para que yo refrene mi lengua, absteniéndome de toda palabra descompuesta, ya de indecencia, ya de murmuración, maldición o de cualquier otro modo que sea ofensivo a Dios; acordándome frecuentemente de que he de dar cuenta a Su Majestad aún de una palabra ociosa, por pequeña que sea. Y también, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.


DÍA SÉPTIMO 

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que, fijos vuestros purísimos ojos en vuestro Santísimo Hijo Jesús, estabais observando que, fatigado por la violencia de las agonías de la muerte, se apagaba aquella vida de donde procede toda vida; se eclipsaban sus divinos ojos y, últimamente, inclinando su cabeza, lo visteis morir, muriendo por consiguiente todo vuestro consuelo, sin que con la muerte del Redentor del mundo se acabase el encono y mala voluntad de sus enemigos. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, que me alcancéis de vuestro Santísimo Hijo una buena muerte por su santísima muerte, y que yo viva como querría haber vivido en aquella hora; en la que os ruego encarecidamente, Madre y Abogada mía, no me desparéis, sino que hagáis que sea dulce, santa y preciosa en los ojos de Dios. Y también, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.


DÍA OCTAVO

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que habiendo visto agonizar y morir a vuestro Santísimo Hijo Jesús, visteis que José y Nicodemo, varones justos, bajaron de la Cruz su sacrosanto cadáver; y Vos, después de recibir en vuestras manos aquellos sangrientos despojos de la muerte en la Corona y los Clavos, recibisteis también en vuestros brazos, como en depósito, el cuerpo de vuestro Unigénito, sirviendo vuestro regazo de funesto solio a tanta Majestad. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, por esta pena tan aguda para vuestro corazón, que yo medite con fruto y aprovechamiento de mi alma en la Sagrada Pasión de nuestro Redentor Jesús. También, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.


DÍA NOVENO

ORACIÓN 

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que, habiendo contemplado en el cadáver de vuestro Santísimo Hijo Jesús todas las heridas y tormentos de su Pasión, finalmente ayudasteis Vos misma a amortajarle para que fuese enterrado; a lo que asististeis con inexplicable dolor y amargura, por quedar ya en una triste y penosa soledad. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, por este tan profundo dolor, que me alcancéis un vivo arrepentimiento de mis culpas y de mi poco cristiana vida, para ser contado en el número de los predestinados; y para conseguirlo, a Vos, piadosísima Señora y Abogada mía, me acojo. Rogad, Reina Soberana, por mí, para que goce yo por una eternidad de mi Dios y Redentor. También, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.





ANOTACIONES

Al hablar sobre la piedad popular, es referirnos a aquellas devociones que antaño se hacían en nuestros pueblos y nuestras casas, cuando se...