domingo, 20 de septiembre de 2026

CORONACIÓN DE LA VIRGEN DOLOROSA

 


CORONACIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA DOLOROSA
o sea
DEVOTO OBSEQUIO QUE DEBE RENDIRSE A MARÍA SANTÍSIMA DESPUÉS DE LA RESURRECCIÓN DE SU HIJO  

En el día del Sábado Santo, al caer la tarde, en las iglesias de la Orden de los Servitas de María se suele practicar la solemne Coronación de la Virgen Dolorosa, para conmovernos de gozo con ella, la cual, según se cree piadosamente, fue visitada en primer lugar por su Hijo Jesús resucitado.  
Esta Coronación tuvo su origen en Florencia por obra de los Siete Fundadores de la citada Orden, quienes la practicaron por primera vez en el año 1239, y posteriormente se extendió a toda la Orden por decreto de los mismos Siete Fundadores.  
Antes de la reforma del Misal Romano ordenada por San Pío V, por privilegio especial concedido por Calixto III a la misma Orden, se practicaba dicha función por la tarde del Sábado Santo con el canto de la Misa y con las mismas muestras de júbilo que se emplean en la mañana del mismo día, en que, según el rito de la Iglesia, se celebra la Resurrección del Señor.  

A excepción de la Misa cantada, también en la actualidad se practican los mismos ritos y se distribuyen las flores bendecidas al pueblo, que en multitud acude a tan tierna función.  

En dicha circunstancia se rezará la siguiente Oración, que se podrá repetir en los Sábados y Domingos del año, especialmente en el tiempo de Pascua.  

ORACIÓN
Cesad, oh Virgen gloriosa y Madre amabilísima, de afligiros más. Habéis llorado bastante; es tiempo ya de enjugar las lágrimas. Vuestro divino Hijo ha resucitado. Hélo aquí, contempladlo. Él es todo majestad, todo paz, todo decoro y hermosura en su semblante, en sus llagas, en su alma santísima y en sus purísimos miembros. Él ha vencido a la muerte, ha sojuzgado al infierno y ha destruido la culpa. La milicia celestial, las huestes de los Padres liberados del Limbo, el escuadrón de sus seguidores, las devotas mujeres y la creación entera aplauden la triunfante resurrección del hombre Dios; por tanto, mucho más debéis alegraros Vos, que sois su Madre. Recibid, pues, junto con las felicitaciones comunes, también las mías. Y en este día de tanto júbilo, os ruego me alcancéis la gracia por mí tan suspirada, de romper las duras cadenas del pecado y del mundo, de vencer las tentaciones del enemigo infernal y de resurgir a la vida espiritual del alma y al amor de vuestro divino Hijo Jesús y de Vos, mi dulcísima Madre.  

Regina Caeli laetare, alleluia:
Quia quem meruisti portare, alleluia,
Resurrexit sicut dixit, alleluia,
Ora pro nobis Deum, alleluia.  

℣. Gaude et laetare, Virgo Maria, alleluia.
℟. Quia surrexit Dominus vere, alleluia.
  
OREMUS
Deus, qui per Resurrectionem Filii tui Domini nostri Jesu Christi mundum laetificare dignatus es; praesta, quaesumus, ut per ejus Genitricem Virginem Mariam, perpetuae capiamus gaudia vitae. Per eumdem Christum Dominum nostrum. ℟. Amen. 
 
(Se rezarán las Letanías de la Santísima Virgen, etc.)  

HORA DE GUARDIA A LA VIRGEN DE LA SOLEDAD

 


HORA DE GUARDIA A MARÍA SANTÍSIMA AL PIE DE LA CRUZ EN SU SOLEDAD

DESPUÉS DE LA MUERTE DE SU HIJO  


EJERCICIO DEVOTO

Para practicarse en público o en privado, desde las 21 hrs. del Viernes Santo hasta las 16 hrs. del Sábado Santo, y en todos los viernes del año por el espacio de una hora, o de media hora, para acompañar a María Santísima en su tristísima soledad.


A LOS DEVOTOS DE MARÍA DESOLADAs

Entre los muchos y atroces dolores sufridos por María Santísima en la pasión y muerte de su Divino Hijo, el más intenso y profundo, y el menos conocido y venerado por los fieles, fue cuando se vio privada incluso de la querida despojo de su cuerpo. El haberlo visto ensangrentado, lacerado, difunto; el haberlo acompañado con la Magdalena y con las otras piadosas mujeres al sepulcro, fue para Ella, no cabe duda, un doloroso martirio; pero el no tenerlo ya ante sus ojos de ninguna manera puso el colmo a sus dolores, y la dejó verdaderamente desolada. En el tiempo, pues, que transcurre entre la sepultura de Jesucristo y su gloriosa Resurrección, en el cual la amorosa Madre está privada de su presencia visible, es preciso compadecerla, manteniéndonos en su compañía para darle algún alivio.  

Porque si a una madre terrenal que ha tenido la desgracia de perder a un hijo se procura darle consolación y alivio haciéndole compañía entre sus más angustiosos suspiros, ¡cuánto más un devoto de María, y de María Dolorosa, deberá procurar dar consuelo a esta Madre desolada, y hacerle consoladora compañía en esta hora de tanto luto y tristeza para Ella!  

Esta tierna devoción fue por primera vez practicada en un monasterio del Reino de Nápoles. Se propagó luego por otras ciudades y provincias, y en Roma fue solemnemente introducida en 1815, como todavía se practica, en la Iglesia Parroquial de San Marcelo de los Siervos de María, por el celo del piadosísimo Cardenal Odescalchi, tenerísimo devoto de María Dolorosa.  

Para animar siempre más a los Fieles a practicar este piadoso e interesante ejercicio, la Santa Memoria de Pío VII lo ha enriquecido de espirituales tesoros, contenidos en el elenco de Indulgencias.

  

INVITACIÓN

Sobre aquel frío y duro pedrusco,

que oculta al Hijo amado,

fijo el corazón, inmaterial la mirada,

permanece la Madre a suspirar.

De María que languidece y gime,

ya dividida de su Bien,

¡oh almas fieles, al dolor y las penas,

venid, venid a consolar!  


ACTO DE CONTRICIÓN

Oh Dios de infinita misericordia, heme aquí humildemente postrado a vuestros pies, lleno de confusión por mi enorme temeridad e ingratitud cometida contra vuestra Majestad y Bondad infinita con mis pecados. Conozco demasiado bien haber sido yo aquel malvado que ha dado la muerte más despiadada a mi querido Jesús. ¡Oh, qué profunda herida he hecho con mis faltas a su amable Corazón! Piedad de mí, Señor, que con lágrimas en los ojos os pido perdón. Sí, estoy verdaderamente resuelto a no ofenderos nunca más. Y Vos, oh María, Madre mía, por aquella que os fue encomendada por vuestro Hijo antes de morir, implorad misericordia para mí, y dignaos permitir que os haga compañía mientras os encontráis privada de vuestro amado Hijo, a fin de que llore con Vos y no vuelva más a traspasar con mis pecados el amabilísimo Corazón vuestro y el de vuestro Hijo. Así sea.  


JACULATORIA

Madre mía desolada, no quiero dejaros sola llorando en vuestra soledad; no, quiero haceros compañía con mis lágrimas. Quiero llorar con Vos vuestros dolores y los de mi difunto Redentor.  


MEDITACIÓN PRIMERA

María Desolada junto al sepulcro de su Hijo  

Contempla, alma mía, a tu Madre desolada junto al sepulcro en el que ha sido encerrado su querido Hijo. Una piedra ha separado al Hijo de la Madre. ¡Ay, cuánto está Ella por esto afligida! Mírala con qué afecto tiene fijos los ojos en aquel sepulcro, en el que ve cerrada la ensangrentada despojo de su Unigénito, a quien poco antes había tenido en su seno. Era un consuelo, aunque dolorosísimo, tenerlo aun muerto entre sus brazos. Pero ahora está de Él separada, y ya no lo contempla. ¡Oh, cuántas veces lo habrá llamado; y: «Hijo —habrá dicho—, dulcísimo Hijo, haz sentir tu voz a tu doliente Madre...»! Pero Él ya no responde. 

Se vaga con el triste pensamiento dentro de aquel monumento; y ahora se detiene en la cabeza traspasada por las espinas, ahora en el cuerpo lacerado y desgarrado, ahora en las manos, ahora en los pies perforados por los clavos; y finalmente, cual doliente paloma en la caverna, se detiene entre las ruinas, en el Corazón amoroso de la prenda querida de sus entrañas, y allí unida a Él, en su interior desahoga todo su afán... Detente tú también, alma mía, en el Corazón de Jesús junto con tu Madre, y con Ella llora la ingratitud mostrada a aquel Corazón amabilísimo con tus pecados.  


COLOQUIO

¡Oh cara Madre María, qué compasión me dais al veros tan afligida llorar junto al sepulcro de vuestro Jesús! ¡Ah, cuánto me pesa no hallar motivo para daros algún consuelo; antes bien, siento el reproche de haber sido yo la causa de tantas penas vuestras! Pero si algún consuelo pueden daros las lágrimas de un corazón contrito: heme aquí, oh Madre, que ayudado por Vos, de buena gana las derramo a vuestros pies; y Vos dignaos recogerlas y ponerlas en el Corazón de vuestro Hijo, que no desprecia, sino que acepta con agrado el corazón contrito y humillado, y así por vuestra intercesión obtengan estas lágrimas de mi Jesús el perdón de mis pasadas extravíos.  

-Se dirán siete Avemarías con el Gloria Patri y la primera parte del Stabat Mater.  


¡Ah! Vosotros que por el camino

pasando me observáis,

decidme si halláis

dolor semejante al mío.

A la vista de la Tomba,

que encierra a mi Amado,

desfallecer me siento en el pecho

por la amargura del corazón.  



MEDITACIÓN SEGUNDA

María, al volver a su casa, pasa de nuevo por el Calvario  

Sigue, alma mía, a tu doliente Madre que, acompañada por Juan y por las otras piadosas mujeres, encamina sus pasos desde el sepulcro para regresar a su Casa. ¡Oh, qué acerbo desprendimiento ha sido este! Ella en el viaje se ve obligada a volver a ver aquellos lugares donde ha padecido su Hijo, y donde ha muerto... Hela aquí en el Calvario... ¡Ay de mí, qué angustia y dolor se renueva en su tristísimo Corazón a la vista de aquel monte, y al ver todavía en él enhiesta la Cruz, penosísimo lecho donde vio expirar a su Hijo! Ve aún su preciosa sangre empapando la tierra y bañando la Cruz. ¡Qué funestísimos pensamientos vuelven a su mente: la bárbara crucifixión, la amarga bebida dada a su Jesús, los insultos y ultrajes lanzados contra Él, la penosísima agonía, sus últimas palabras y, particularmente, aquellas con las que, por su infinita bondad, mostró su tierno Corazón pidiendo perdón al Padre por los pecadores, y su encendidísima caridad hacia nosotros, por la cual nos la dejó por Madre, y el ardentísimo deseo de padecer más por nuestra salud, expresado en aquel Sitio! Y finalmente los últimos momentos y la muerte del objeto para Ella más caro.  

¡Ah, qué llena de afanes, qué tristes memorias se renuevan en su apasionado Corazón! ¡Mírala en el rostro cuánto está dolorida, y cómo con reverencia al pie de aquel precioso Madero postrada lo adora, y llorando lo abraza!... Detente, alma mía, al pie de la Cruz con María, y con Ella estrecha entre tus brazos ese dulce prenda de tu salvación, y llora la muerte que en esta Cruz has dado tú al Hijo de María con tus culpas.

  

COLOQUIO

Afligidísima Madre, ¡ay, qué pena me da el veros así languidecer al pie de la Cruz, y más pena me da porque allí os he recibido por Madre, y vos me habéis aceptado por hijo! Pero ¡qué hijo, oh Madre, qué hijo habéis recibido! Me estremezco de solo pensarlo. ¡Ah! Movedos a piedad de mí, que me siento traspasado el corazón por el dolor de haberme hecho tan indigno de tal Madre. Detesto aquellos momentos en los cuales me he apartado de Vos y de vuestro Hijo con mis pecados; y Vos uníos al Corazón de vuestro Jesús para pedir perdón por mí al Eterno Padre, y haced que con vuestra intercesión yo de buena gana tome de su mano aquellas tribulaciones que su bondad se digne enviarme, para que así a Vos, Dolorosa, me asemeje, y al Crucificado mi Señor; e imitando la paciencia de la Madre y del Hijo, sea hecho digno de recibir el premio en la otra vida.  

-Siete Avemarías y la segunda parte del Stabat Mater.  


Al monte de la mirra,

al collado del incienso

regreso; y aquí pienso

en quien marchitó mi bella flor.

Cruz, de la cual pendiente

con las venas desgarradas

estuvo el inmenso Bien,

te adoro y te estrecho al Corazón.  



MEDITACIÓN TERCERA

María desolada en su casa  

Entra, alma mía, en la casa donde está tu Madre María, sumergida en lágrimas y dolor. ¿Cuánta pérdida ha sufrido en esta pequeña casa? ¡Ah, que todo en un momento lo ha perdido, perdiendo al Hijo! Pero ¿dónde?... No en casa, sino sobre un patíbulo. ¡Oh noche funestísima!... Penetra en aquella alma apasionada, y ves en esa noche por cuántos penosos objetos está traspasada. Reconoce el duro lecho donde reposaba Jesús, y mucho se entristece. Se le presenta la mesa en la que juntos se sentaban, y allí se abandona casi muerta de aflicción. Se detiene en aquel lugar donde arrodillado el Hijo dirigía fervorosas oraciones al Padre en la noche por nuestra salud, y allí cae desmayada... Si mira la casa se aflige, porque no ve a Jesús. Vuela con el pensamiento al sepulcro, y allí lo descubre, pero desgarrado y muerto; y allí de nuevo gimiendo en su Corazón se detiene. No hay objeto que la conforte, no hay entre sus seres más queridos quien la consuele. Todo es luto, todo es llanto...  

Detente, alma mía, un poco en esta Casa con tu Madre, junto con el amado discípulo Juan y las otras piadasas mujeres, y mira si puede resistir tu corazón al verla tan desolada. Llora tú también con Ella, ve con Ella en busca de su Jesús, y haz de tal modo que le des consolación, si te es concedido volver a hallarlo vivo por la gracia para habitar en tu corazón.  


COLOQUIO

Amorosísima Madre, ¡ah, al veros tan angustiada en vuestra Casa, sin tener ya a vuestro Hijo, me siento languidecer de dolor! Para consolaros de algún modo quisiera deciros que vinisteis a buscarlo a mi corazón... Pero ¿cómo queréis hallarlo, si vos misma no me lo conducís con vuestra materna piedad? ¡Ah, que yo lo he perdido por mis culpas! Ahora reconozco mi exceso y el daño que me he hecho a mí mismo. ¡Ah, María, única esperanza mía después de Jesús, haced que vuelva con su gracia el mío Dios a este corazón; movedlo vos con aquella espada que traspasa el vuestro! Haced que deteste y enmiende mis culpas, y sea este el fruto de la compañía que os he hecho en vuestra desolación, para que, arrepentido de corazón, obtenga el perdón, haga en esta vida la penitencia, sea por vos asistido en este exilio para no volver más a pecar, y en el momento de mi muerte os tenga a Vos y a vuestro Hijo asistiendo a mi lecho, y repitiendo dulcemente Jesús y María, expire en paz entre vuestros brazos mi alma, y sea esta llevada a gozar de Dios por toda la eternidad. Así sea.  

-Siete Avemarías y la tercera parte del Stabat Mater.  


Heme aquí acogida en la casa

del Hijo de adopción,

mas mi desolación

no es por eso menor.

Sufro si escucho o hablo,

sufro si muevo la mirada,

y al no ver al Hijo

todo es hiel para mi corazón.  


CONCLUSIÓN

Antes de separarme de Vos, Madre mía desolatísima, aquí os dejo y os entrego mi corazón contrito y humillado, y os ruego ahora y siempre que me deis vuestra santa Bendición. Bendecidme, pues, como a hijo vuestro, y que vuestra materna Bendición me asista en vida y en la muerte, y me acompañe al Paraíso.  


¡Ah! Acepta, oh Madre afligida,

nuestro llanto por compañero,

y hacia nosotros entretanto se vuelva

tu materna piedad.

Vuelve a mí piadosa la mirada,

oh divina Madre afligida,

y por la sangre de tu Hijo

dame lugar en tu corazón.

Aunque reo, soy hijo yo también,

nací en el seno de tus penas;

¡ah! Acógeme, y a nuestro Dios

por mí le hable tu dolor.  


A vos, oh Virgen Madre, que jamás fuisteis tocada por mancha alguna de culpa ni actual ni original, encomiendo y confío la pureza de mi corazón. Amén.


Cien días de Indulgencia concedidos por el Reinante Sumo Pontífice a quien rece devotamente la dicha Oración

jueves, 11 de junio de 2026

NOVENA A LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS DE GRANADA

 



NOVENA DE MARÍA SANTÍSIMA DE LAS ANGUSTIAS


PATRONA DE LA CIUDAD Y REINO DE GRANADA


Por un devoto de María Santísima.

En Granada:

 Con las licencias necesarias.Por Nicolás Moreno.


APROBACIÓN DEL PADRE DON SALVADOR GARCÍA TALAVERANO

De la Congregación de San Felipe Neri de Granada, Maestro en Filosofía, Examinador Sinodal de este Arzobispado y Prepósito que ha sido diversas veces de dicha Congregación y de la de Málaga.

Habiendo visto, por orden del Señor Don Miguel de Carmena, del Consejo de Su Majestad, Oidor de la Cancillería de esta Ciudad de Granada y Juez Privativo de Imprentas de este Reino, una Novena de María Santísima de las Angustias, Patrona de la Ciudad y Reino de Granada, a expensas de un devoto de dicha Santísima Imagen, no le he hallado reparo alguno que pueda impedir su impresión. Antes bien, la considero muy útil para avivar la devoción de tan sagrado simulacro y para despertar en los fieles la memoria tan oportuna, y aún necesaria, de la Pasión de Nuestro Redentor y compasión dolorosa de su Santísima Madre y Señora Nuestra; y que nada contiene que desdiga de los dogmas católicos, ni que se oponga a las regalías de Su Majestad el Rey Nuestro Señor. Así lo siento, salvo mejor parecer, etc. 

Granada, y febrero 8 de 1761.

Salvador García Talaverano


Mediante la aprobación arriba dada, doy licencia para que se imprima.

Carmena.


EXHORTACIÓN 

Para mejor alcanzar de Dios lo que cada cual pidiere por medio de María Santísima, se ha de hacer al principio de esta Novena una confesión bien hecha, y el día último se ha de volver a confesar y recibir el Santísimo Sacramentado del Altar. También en cada uno de los días de la Novena se ha de procurar hacer, en reverencia de los Dolores de Nuestra Señora, alguna mortificación de los sentidos, como ayuno, etc., o cualquiera obra de misericordia, como la limosna, etc.

Estando en presencia de alguna imagen de María Santísima, y hecha la señal de la Cruz, se dice todos los días el Acto de Contrición siguiente:


ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, os amo de todo corazón, y porque os amo, me pesa de haberos ofendido. ¡Oh Bondad infinita! ¡Quién siempre os hubiera agradado con pensamientos, palabras y obras! Yo, Dios mío, propongo, ayudado de vuestra divina gracia, nunca más pecar, apartarme de toda ocasión de culpa y hacer una buena confesión de todas las que he cometido. Espero, Señora, en vuestra infinita misericordia, que mirando a vuestros méritos santísimos y a mi corazón contrito, me habéis de perdonar y dar gracia para vivir y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.


ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Purísima Señora, Virgen Santísima y Madre del Unigénito Hijo de Dios hecho Hombre; Madre la más dolorida de todas las madres y Señora la más afligida de todas las mujeres: yo, humildemente postrado a vuestros sagrados pies, os suplico que, si el favor que os pido en esta Novena es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma, me lo alcancéis de su divina liberalidad y clemencia; y si no, enderezad mi petición para que en todo se cumpla lo que fuere del mayor agrado divino y bien de mi alma. Amén.

-Aquí se rezan siete Padrenuestros y siete Avemarías gloriados.


PRIMER DÍA 

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que estuvisteis viendo azotar tan cruelmente a vuestro Hijo Santísimo, donde cada azote era para vuestro amante corazón una aguda espada de dolor que lo penetra y traspasaba; siendo cada herida que hacían los sayones en Jesús, manyas más que la pena hacía en vuestro angustiado interior. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, que yo viva resignado en la voluntad de Dios, y que consiga un total aborrecimiento a toda culpa, para que, fortalecido con tan santa meditación, viva siempre como quien ha de morir. Y también, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma.


-Ahora se le pide a María Santísima lo que cada cual necesite, teniendo manya confianza en la Señora.



ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS A CRISTO SEÑOR NUESTRO

Jesús mío y amor mío crucificado por mí, no permitáis, Señor, que ningún hombre se condene, sino que todos con su buena y cristiana vida cooperen a vuestros santísimos designios. Estos son: que todos se salven, conozcan vuestra bondad sin límite y lo que padecisteis para que todos consiguieran el fin para el que fueron criados; y a quienes pusisteis a la sombra de vuestra Santísima Madre como a hijos de sus dolores y adoptados entre sus lágrimas al pie de la Cruz, yo os suplico, Redentor mío, me deis gracia para que mi vida sea siempre ajustada a vuestros divinos mandamientos, y me concedáis una buena muerte por vuestra santísima muerte; principalmente a los que juntos celebramos esta Novena en agradecida memoria de las Angustias de vuestra dulcísima Madre y Abogada nuestra. Amén.



DÍA SEGUNDO

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que viendo a vuestro Santísimo Hijo Jesús tan llagado con los azotes, visteis también que como a rey fingido lo coronaban de espinas, le ponían una frágil caña por cetro, y que con malas palabras y peores acciones lo despreciaban, de modo que el Señor estaba siendo el oprobio de los hombres y el desprecio de la plebe. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, por este vivísimo dolor que padeció vuestro corazón, que me alcancéis gracia para que yo, despreciando toda vanidad y soberbia, consiga una humildad perfecta. Con ella podré conocer lo malo que soy y lo manyo que debo a mi Dios y Redentor, y mortificar mis potencias y sentidos por su amor. Y también, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.


DÍA TERCERO

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen, Madre de Dios, que anegada en penas fuisteis en seguimiento de vuestro amantísimo Hijo Jesús, el cual, como un verdadero Isaac, caminaba al Monte Calvario con la Cruz a cuestas; cargado de prisiones, descalzo, vilipendiado por la gente y conducido entre facinerosos escribas, fariseos y verdugos. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, por este tan penetrante dolor que sintió vuestra afligidísima alma, y por el aumento de esta vuestra pena cuando, encontrándoos en la Calle de la Amargura, derramaron vuestros ojos tantas lágrimas por ver en tal estado a vuestro amado Hijo; que me alcancéis de Dios un corazón contrito de mis pecados, y que yo camine siempre por el camino de los divinos mandamientos, despreciando todo humano respeto. Y también, Señora, os suplico me concedáis lo que os pido en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.


DÍA CUARTO

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que habiendo llegado al Monte Calvario, estuvisteis con invencible fortaleza viendo desnudar a vuestro Santísimo Hijo Jesús para enclavarlo en la Cruz, y lo estuvisteis viendo enclavar de pies y manos; cuyo dolor hizo tanto eco en vuestro dulce corazón, que quedasteis al primer golpe del martillo como muerta por el excesivo dolor con que de nuevo se traspasó vuestro espíritu. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, por esta pena que sentisteis, que me alcancéis una pureza de vida que sea agradable a los divinos ojos. Y para que así sea, concededme, Señora, que mientras la Divina Providencia me tuviere en este mundo, abrace yo, desnudo de apetitos y de pasiones, la cruz de la mortificación, como el camino seguro del Cielo; y también, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.


DÍA QUINTO

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que perseverando constante junto al árbol de la Cruz, viendo a vuestro Santísimo Hijo Jesús que ya estaba para expirar, os atravesaron el corazón aquellas palabras tan dulces para nosotros y tan tristes para Vos: yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, por estos tan acerbos dolores, que yo imite vuestras virtudes para que Vos me admitáis por hijo adoptivo vuestro. Y también, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.


DÍA SEXTO

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que al pie de la Cruz estabais oyendo tantos vituperios, injurias y blasfemias como le decían a vuestro Santísimo Hijo Jesús, y con que lo ultrajaban sus enemigos; siendo cada palabra descompuesta un penetrante cuchillo que, al paso que lastimaba vuestros purísimos oídos, con mayor dolor hería vuestro santísimo corazón. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, por esta pena tan continuada que padecisteis, que me alcancéis gracia para que yo refrene mi lengua, absteniéndome de toda palabra descompuesta, ya de indecencia, ya de murmuración, maldición o de cualquier otro modo que sea ofensivo a Dios; acordándome frecuentemente de que he de dar cuenta a Su Majestad aún de una palabra ociosa, por pequeña que sea. Y también, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.


DÍA SÉPTIMO 

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que, fijos vuestros purísimos ojos en vuestro Santísimo Hijo Jesús, estabais observando que, fatigado por la violencia de las agonías de la muerte, se apagaba aquella vida de donde procede toda vida; se eclipsaban sus divinos ojos y, últimamente, inclinando su cabeza, lo visteis morir, muriendo por consiguiente todo vuestro consuelo, sin que con la muerte del Redentor del mundo se acabase el encono y mala voluntad de sus enemigos. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, que me alcancéis de vuestro Santísimo Hijo una buena muerte por su santísima muerte, y que yo viva como querría haber vivido en aquella hora; en la que os ruego encarecidamente, Madre y Abogada mía, no me desparéis, sino que hagáis que sea dulce, santa y preciosa en los ojos de Dios. Y también, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.


DÍA OCTAVO

ORACIÓN

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que habiendo visto agonizar y morir a vuestro Santísimo Hijo Jesús, visteis que José y Nicodemo, varones justos, bajaron de la Cruz su sacrosanto cadáver; y Vos, después de recibir en vuestras manos aquellos sangrientos despojos de la muerte en la Corona y los Clavos, recibisteis también en vuestros brazos, como en depósito, el cuerpo de vuestro Unigénito, sirviendo vuestro regazo de funesto solio a tanta Majestad. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, por esta pena tan aguda para vuestro corazón, que yo medite con fruto y aprovechamiento de mi alma en la Sagrada Pasión de nuestro Redentor Jesús. También, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.


DÍA NOVENO

ORACIÓN 

Angustiadísima Virgen y Madre de Dios, que, habiendo contemplado en el cadáver de vuestro Santísimo Hijo Jesús todas las heridas y tormentos de su Pasión, finalmente ayudasteis Vos misma a amortajarle para que fuese enterrado; a lo que asististeis con inexplicable dolor y amargura, por quedar ya en una triste y penosa soledad. Yo os suplico, amada Madre de Dios y Virgen Santísima de las Angustias, por este tan profundo dolor, que me alcancéis un vivo arrepentimiento de mis culpas y de mi poco cristiana vida, para ser contado en el número de los predestinados; y para conseguirlo, a Vos, piadosísima Señora y Abogada mía, me acojo. Rogad, Reina Soberana, por mí, para que goce yo por una eternidad de mi Dios y Redentor. También, Señora, os pido me concedáis lo que os suplico en esta Novena, si ha de ser para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.





lunes, 25 de mayo de 2026

NOVENA A LA VIRGEN DOLOROSA PARA OBTENER UNA BUENA MUERTE

 


NOVENA A MARÍA SANTÍSIMA DE LOS DOLORES, PARA LOGRAR BUENA MUERTE

Con Licencia: En Madrid

En la Imprenta de Blas Román, Plazuela de Santa Catalina de los Donados.

MODO DE HACER LA NOVENA

En todo tiempo viene bien este gratísimo obsequio a nuestra Señora, para obtener lo que se desea en cualquiera pretensión de alma, o para bien del cuerpo. Más el propio tiempo es desde el jueves quinto de Cuaresma, hasta el viernes sexto, que es el día propio de los DOLORES. El día que empieza, o a lo menos el que se acaba, se ha de confesar y comulgar, aunque en ambos será razón ejecutarlo. Todos los días de ella se ha de leer por espacio de media hora algún libro espiritual, y sea de la Pasión de Cristo, o Dolores de Nuestra Señora, quien los tuviere; o ya que no se hagan penitencias especiales, dense a lo menos limosnas, y visítense los altares después de la Misa, que ha de oírse cada día: y las muchas indulgencias, que por la visita de altares se ganan, y mucho más en Cuaresma, aplíquense por las Santas Ánimas más devotas de los Dolores. Será esta limosna espiritual de gran conducencia, para que la Señora Dolorosísima nos alcance lo que pedimos; y por la compasión de los tormentos del Hijo, y dolores acerbísimos de la Madre, sea en su Novena el mayor esmero de sus devotos huir cuanto en divertimientos, conversaciones, empleos, y mucho más paseos, festines, etc. puede ser ocasión de ofensa divina, aunque no sea grave, y el examen de la conciencia antes de acostarse; y quien se habituare a hacerle de hora a hora, hallará un gran provecho para su alma, y será ese el obsequio más agradable a nuestra Señora para oírnos, y favorecernos. La meditación estos días debe ser el dolor que toca, según la distribución que de ellos se hace en la segunda oración, que es la que solamente se diferencia, y empieza siempre: Tristísima y Dolorosísima Virgen María. 

El Eminentísimo Señor Cardenal Arzobispo de Toledo concedió cien días de indulgencia a cualquiera persona que hiciere esta santa Novena; y hecha con verdadero afecto, es medio admirable, según lo contestan innumerables favores, y sucesos portentosos, para conseguir de MARÍA Santísima lo que se desea, y más para lo que más importa, y más desea su Majestad en nosotros, que es la mudanza de vida, y una buena muerte. Para esta, y en ocasiones de mayor aflicción, o de algún empeño arduo, será muy del agrado de la Señora la Novena de los sábados, siguiendo el mismo método de los nueve días siguientes.

En presencia de una imagen de María Santísima se dirá:

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador y Redentor mío: por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, como a bondad infinita, me pesa, Señor; pésame mi Dios, de haberos ofendido, por ser Vos quien sois, y propongo firmemente, con vuestra divina gracia, de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofensa vuestra, y de confesarme enteramente de todas las mías. Por vuestra Madre afligidísima con tantos penetrantes cuchillos en su corazón, como he cometido culpas contra Vos, perdonadme, Señor, que yo espero en vuestra infinita misericordia, que por sus dolores santísimos me habéis de admitir a vuestra gracia, y me la habéis de dar para enmendarme, y para perseverar en vuestro santo servicio, y en el de vuestra Madre Dolorosísima, y mi Señora, hasta la muerte. Amén.


ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS 

Dolorosísima y Purísima Virgen MARÍA, Madre del mejor Hijo, y la más afligida de todas las madres del mundo; postrándome a vuestros pies, os ruego humildemente, Señora, que si este favor que pido ha de ser para gloria de Dios y bien de mi alma, me le alcancéis de su divina piedad; y si no, que se haga en todo su santísima voluntad.


DÍA PRIMERO 

ORACIÓN

Tristísima y Dolorosísima Virgen MARÍA, mi Señora, que siguiendo los pasos a vuestro Unigénito Hijo, mi Señor Jesucristo, con la Cruz a cuestas por la calle de la Amargura, llegasteis al Monte Calvario, adonde os convidó, como a monte de mirra, el Espíritu Santo: abrazad, Señora, juntos todos los dolores que os esperan, y ofrecedlos al Eterno Padre, padecidos en el cuerpo de vuestro Hijo, y puestos en vuestro corazón, para que se ablande la dureza del mío. Y alcanzadme el favor que pido en esta Novena, si ha de ser para gloria suya, y bien de mi alma.Soberana Virgen María, y mi amantísima Madre, y de todos los pecadores, que tenéis en el ara de la Cruz a vuestro Unigénito Hijo: ofrecedle al Eterno Padre en agradable sacrificio, para el remedio de los hombres, y satisfacción entera y superabundante de sus culpas, y pedidle, Señora, que mire a su Hijo crucificado, y a Vos amantísima Madre suya; y se duela de los infieles y herejes, y los traiga al gremio de su Santa Iglesia. Señor mío Jesucristo crucificado, no permitáis que se condene alma alguna, pues nos pusisteis debajo del amparo y protección de vuestra Madre amantísima, como hijos de sus dolores, nacidos entre sus lágrimas, principalmente, Señor, los que estamos juntos haciendo esta su santa Novena, en agradecido recuerdo de sus dolores: y publicamos a pesar del infierno ser hijos y esclavos suyos, señalados con sus lágrimas, y bañados con vuestra sangre, para que en la hora de nuestra muerte nos recibáis como hijos suyos. Amén.


SALUTACIÓN A LAS SANTÍSIMAS LLAGAS


AL DEL PIE IZQUIERDO

Salúdote, oh Santísima Llaga de mi Señor Jesucristo, y os pido, Señor, por ella me perdonéis cuanto os he ofendido con todos mis pasos y movimientos.

-Padre nuestro y Gloria Patri.


AL DEL PIE DERECHO

Salúdote, oh Santísima Llaga de mi Señor Jesucristo, y os pido, Señor, por ella, me perdonéis cuanto os he ofendido con todas mis acciones y palabras.

-Padre nuestro y Gloria Patri.


A LA DE LA MANO IZQUIERDA

Salúdote, oh Santísima Llaga de mi Señor Jesucristo, y os pido, Señor, por ella me perdonéis cuanto os he ofendido con mi vista y demás sentidos.

-Padre nuestro y Gloria Patri.


A LA DE LA MANO DERECHA

Salúdote, oh Santísima Llaga de mi Señor Jesucristo, y os pido, Señor, por ella me perdonéis cuanto os he ofendido con el mal empleo de mi memoria, entendimiento y voluntad.

-Padre nuestro y Gloria Patri.


A LA DEL SANTÍSIMO COSTADO

Salúdote, oh Santísima Llaga de mi Señor Jesucristo, y os pido, Señor, por ella que así como fue herido vuestro corazón con el hierro de la lanza, y el de vuestra Madre Dolorosísima con el cuchillo de su dolor, así penetren el mío vuestras soberanas luces, para siempre amaros y nunca más ofenderos, queriendo antes morir que pecar. Amén.

-Padre nuestro y Gloria Patri.


ORACIÓN DE SAN FRANCISCO JAVIER

Domine Jesu Christe, Deus cordis mei, per quinque illa vulnera, quae in Cruce, & per innumera, quae in Passione tibi nostri amor inflixit: miserere quaesumus, & subveni famulis tuis, quos pretioso Sanguine redemisti, & deduc nos in vitam aeternam. Amen.


Traducida:

Dios de mi corazón, y mi Señor Jesucristo, por las cinco llagas que en la Cruz, y por las innumerables que en la Pasión os imprimió nuestro amor: os pedimos, que según vuestra misericordia favorezcáis a los que redimisteis con vuestra preciosa sangre, y nos conduzcáis a la vida eterna. Amén.



DÍA SEGUNDO

ORACIÓN 

Tristísima y Dolorosísima Virgen María, mi Señora, que puesta en pie delante de la Santa Cruz, en que estaba crucificado vuestro Unigénito Hijo, mi Señor Jesucristo, le mirabais padecer y agonizar por los pecados del mundo: volved, Señora, esos purísimos ojos vuestros bañados en lágrimas, y miradme para compadeceros de mí, viendo cuál me tiene la culpa; y alcanzadme de vuestro Hijo crucificado misericordia, y el favor que os pido, si ha de ser para su gloria, y bien de mi alma. Amén.


DÍA TERCERO

ORACIÓN 

Tristísima y Dolorosísima Virgen María, mi Señora, a quien vuestro Unigénito Hijo, antes de espirar, hizo Madre del género humano en cabeza del virgen Juan, para que miraseis a los hombres como hijos nacidos de vuestros dolores, adoptados por el amor of de Jesús, y encomendados a vuestro cuidado: recibidme por hijo, Madre dulcísima, y encaminad a Dios mis palabras, obras y pensamientos; y alcanzadme de vuestro Hijo Santísimo este favor que os pido, si ha de ser para gloria suya, y bien de mi alma. Amén.


DÍA CUARTO

ORACIÓN 

Tristísima y Dolorosísima Virgen María, mi Señora, que entre la muchedumbre de escribas y fariseos que rodeaban a vuestro Unigénito Hijo, mi Señor Jesucristo, oíais aquellas afrentosas palabras, injurias y blasfemias con que baldonaban su divina inocencia, y le visteis espirar con aquella sonora voz: purificad, Señora, mis labios para que yo le desagravie con amor; y oíd los suspiros de mi corazón, que dicen que es mi Dios y Señor, suma santidad, suma bondad, suma inocencia y suma verdad; y alcanzadme de su misericordia este favor que os pido, si ha de ser para gloria suya, y bien de mi alma. Amén.


DÍA QUINTO

ORACIÓN 

Tristísima y Dolorosísima Virgen María, mi Señora, que después de haber entregado el espíritu al Eterno Padre en la Cruz vuestro Unigénito Hijo, mi Señor Jesucristo, cuando parecía haberse acabado los tormentos, visteis a un soldado levantar la lanza y romper su Santísimo Costado, hiriendo el amante corazón del crucificado difunto, quedando abierta la puerta para la salvación de los hombres: bañadme, Señora, en esa sangre y agua; entradme por esa puerta a la eternidad de la gloria; y alcanzadme de Dios este favor que os pido, si ha de ser para gloria suya, y bien de mi alma. Amén.


DÍA SEXTO

ORACIÓN 

Tristísima y Dolorosísima Virgen María, mi Señora, que al pie de la Santa Cruz estabais viendo desclavar a vuestro Unigénito Hijo, mi Señor Jesucristo, y recibisteis en vuestras manos la corona de espinas y los clavos bañados en su sangre preciosísima: poned, Señora, esas punzantes espinas sobre mis ojos; esos agudos clavos sobre mi corazón, para que yo sienta algo de lo mucho que sentisteis, y vaya a la parte en vuestros dolores, aborreciendo más que la muerte la culpa que fue causa de tantos males; y alcanzadme de vuestro Hijo, con el perdón de todas las mías, este favor que os pido, si ha de ser para mayor gloria suya, y bien de mi alma. Amén.


DÍA SÉPTIMO

ORACIÓN 

Tristísima y Dolorosísima Virgen María, mi Señora, que después de haber adorado y besado la corona y clavos de vuestro Hijo, recibisteis en vuestros delicados virginales brazos su Santísimo Cuerpo: mirad, Señora Dolorosísima, esas heridas que abrió la crueldad; mirad esa sangre que cuajó el aire; mirad ese cuerpo bellísimo que formó el Espíritu Santo, ya tan desfigurado a rigores: regadle, Señora y Madre mía, con vuestras lágrimas, y compadeceos de mí, miserable pecador, para que, arrepentido de haberos ocasionado tanto dolor y haber puesto así a vuestro Hijo y mi Señor, se deshaga mi corazón en llanto; y alcanzadme este favor que os pido, si ha de ser para mayor gloria de Dios, y bien de mi alma. Amén.


DÍA OCTAVO

ORACIÓN 

Tristísima y Dolorosísima Virgen María, mi Señora, que anegada en lágrimas, con ellas lavasteis el cuerpo tan afeado de vuestro Unigénito Hijo, mi Señor Jesucristo; le aplicasteis su divino rostro a vuestro rostro purísimo; le ungisteis y amortajasteis para conducirle al sepulcro, donde con él dejasteis vuestro amantísimo corazón: dadme, Señora, licencia para que yo vaya como criado, el más humilde de vuestra familia, acompañando el entierro de mi Señor; y para que nunca me aparte de su sepulcro el dolor de mis culpas, que le han puesto en él; y alcanzadme de su bondad este favor que os pido, si ha de ser para mayor gloria suya, y bien de mi alma. Amén.


DÍA NOVENO

ORACIÓN 

Tristísima y Dolorosísima Virgen María, mi Señora, ya queda vuestro Unigénito Hijo, mi Señor Jesucristo, sepultado, y Vos, Señora, os volvéis sola, sin la luz de vuestros ojos, y sin la vida de vuestro corazón. Todos los espíritus del Cielo os acompañen, oh María Dolorosísima, que a mí me pesa de haberos dado tantos quebrantos con mis culpas: yo he sido, Madre amantísima, el malhechor, yo el cruel homicida; yo con ellas he quitado la vida a vuestro Hijo dulcísimo. A vuestros pies me postro porque me valga toda vuestra piedad, aun habiendo sido tan cruel contra Vos; en vuestra suma misericordia confío, para esperar por los dolores mismos que yo os he ocasionado, el perdón que no merezco. Propongo, Señora y Madre mía afligidísima, firmemente la enmienda; y empezar nueva vida, para que me valga vuestro sagrado, y por él lograr en vuestra compañía la eterna, con este favor que os pido, si ha de ser para mayor gloria de Dios, y bien de mi alma. Amén.


ORACIÓN PARA OFRECERSE POR ESCLAVOS

Señora y Madre Dolorosísima, con humildísimo rendimiento me postro a vuestros sagrados pies, y adoro vuestro amantísimo corazón, herido con tantos penetrantes cuchillos como fueron vuestros santísimos dolores: a cuya veneración me consagro desde hoy, suplicándoos que os dignéis de admitirme por esclavo en una Congregación tan dichosa, que tiene por fin una buena muerte. Así lo espero, Dolorosísima Madre; y para lograrla, me ofrezco a serviros con todas mis potencias y sentidos, con la confianza de que, por vuestros dolores y la Pasión de vuestro Santísimo Hijo, he de lograr perdón de mis pecados, y tener entrada en el Cielo, para ser participante en la felicidad eterna de aquella gloria singular con que Dios premia a los que sirven y veneran a su Madre Dolorosa. Amén.


LAUS DEO


NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE ÁFRICA DE CEUTA

 




NOVENA DE NUESTRA SEÑORA DE ÁFRICA
Patrona y especial protectora de la ciudad de Ceuta, antemural de España.

Sacada por segunda vez a la luz por la devoción de Don Joseph Díaz de Paredes, capellán del segundo batallón del Regimiento de Infantería de España y capellán de la Santísima Virgen.

Impreso en Barcelona, en la imprenta de Juan Piferrer, en la Plaza del Ángel, año 1735.

APROBACIÓN 
del Reverendísimo Padre Maestro Agustín de Castejón, de la Compañía de Jesús.
Por comisión del Señor Doctor Don Cristóbal Damasio, Vicario de la Villa de Madrid, etc., he visto un Novenario dispuesto para promover la devoción de Nuestra Señora de África, cuya imagen se venera en la Santa Iglesia Catedral de la ciudad de Ceuta. No solo no contiene cosa alguna disonante a la pureza de la fe y las buenas costumbres, sino que excita y enciende los corazones para amar y servir a la Santísima Virgen. Por lo cual juzgo que será muy del agrado y obsequio del Hijo y de la Madre que se entregue a la estampa. Este es mi parecer, salvo, etc.

En el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús de Madrid, a 15 de julio de 1723.
Agustín de Castejón.

LICENCIA DEL ORDINARIO
Nos, el Doctor Don Cristóbal Damasio, Inquisidor Ordinario y Vicario de esta Villa de Madrid y su partido: Por la presente, y por lo que a Nos toca, damos licencia para que se pueda imprimir una Novena a Nuestra Señora de África que se venera en la Catedral de la ciudad y presidio de Ceuta, compuesta a devoción del Licenciado Don Benito de San Martín, capellán de la Santísima Imagen y natural de la misma ciudad; por cuanto, habiéndose examinado, parece que no contiene cosa que se oponga a nuestra Santa Fe Católica y buenas costumbres.
Hecho en Madrid a 17 días del mes de julio de 1723.

Doctor Don Cristóbal Damasio.
Por su mandado, Sebastián de Herrero.


MODO DE HACER LA NOVENA
Postrados a los pies de María Dolorosa, delante de una imagen suya (si puede ser), hecha devotamente la señal de la cruz, se dirá con fervoroso y entrañable afecto el Acto de Contrición al pie de la letra, tal como lo enseña el catecismo. Acabado este, se dirá la oración siguiente, la cual se repite en todos los días de la Novena después del Acto de Contrición:

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dolorosísima Virgen María, dignísima y verdadera Madre del Unigénito del Padre hecho hombre por nuestro amor en tus purísimas entrañas; postrado humilde y confiadamente a tus pies sacratísimos, te pido y ruego, Señora y Madre mía dulcísima, que si el favor y merced que deseo lograr de tu piadoso corazón en esta Novena ha de ser para gloria de Jesús, tu Hijo crucificado, y bien de mi alma, me lo alcances de su bondad piadosísima; y si no, me concedas lo que tú, segurísima y bondadosa esperanza mía, conocieres ser más conforme a la divina voluntad.

DÍA PRIMERO
Dolorosísima María, único y poderoso asilo de mi corazón y alma, que para dar principio a la Pasión de tu Hijo Jesús, y después de la Cena e institución del Sacramento del Altar, sentiste en tu amoroso y tierno corazón la penetrante herida con que te traspasaron las lágrimas y dulces afectos cariñosos con que se despidió de tu amable compañía, pidiéndote, como verdadero e hijo tuyo, licencia para ir a padecer por nosotros los pecadores: por el inexplicable y vivísimo dolor que sentiste en esta despedida, te suplico me apartes y dividas de todos los afectos que en esta vida mortal me puedan apartar de tu dulce compañía en el cielo; y que me alcances el favor que os pido en esta Novena, si ha de ser para gloria de Dios, tuya, y bien de mi alma.
-Aquí se rezarán tres Avemarías en reverencia a las almas santísimas de tu Hijo y tuyas, y se prosigue hablando con su Majestad la siguiente Oración:

ORACIÓN
Poderosísima Virgen María, fiel y cariñosa Madre de los hijos de la Iglesia que viven en los presidios y países de África: pues con tanta razón eres llamada en los cielos y en la tierra Madre de la Fe y de la Santa Iglesia, triunfadora siempre de la gentilidad, secta mahometana y herejías; por reverencia y amor a aquella sangre preciosísima que Jesús tomó de tu purísimo corazón y entrañas, te pido, divina Africana mía, nos alcances del poder de tu Hijo (que puso y dejó en tus manos la conversión verdadera) la reducción a la fe de todos los herejes y gentiles, la defensa victoriosa contra los bárbaros de este tu presidio y ciudad de Ceuta, el arrepentimiento de las culpas y la perseverancia en gracia de todos sus moradores y soldados tuyos que asisten a su defensa, y a mí la gracia que te suplico en esta Novena. Amén.

DÍA SEGUNDO
Dolorosísima María, mar amargo de penas donde entraron a derramar sus corrientes todos los ríos de los dolores e injurias de tu Hijo Jesús; por aquel dolor agudísimo que atravesó tu espíritu al saber que tu amado Hijo había sido entregado por el traidor Judas con un beso de paz en el Huerto de Getsemaní, y que habiendo sido atado como malhechor fue desamparado de sus discípulos: te suplico, Madre mía, que por las oraciones y sudor de sangre de tu Hijo en el Huerto, aprisiones mi alma y corazón con las ataduras del amor de tu Hijo y tuyo, para que así, siempre prisionero en esta vida, logre la libertad en la eterna; y también te suplico me concedas la gracia que pido en esta Novena, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

DÍA TERCERO
Dolorosísima María, teatro el más lastimoso de las penas, lágrimas y dolores, que no obstante el inmenso peso de su rigor, seguisteis con espíritu magnánimo e invencible las huellas de la Pasión de tu Hijo, llorando con inconsolable llanto la bofetada que sufrió humilde en casa de Anás, las irrisiones y escarnios en la de Caifás, y el encierro inhumano en el calabozo aquella noche: te pido, Señora y Madre mía, por el imponderable dolor que ocasionó en tu corazón el puñal tres veces sangriento de tus dolores y penas, que arraigues en el mío un verdadero amor y caridad hacia todos mis prójimos y una invencible paciencia en todos los trabajos de esta vida, para lograr tu perpetua vista y compañía en la eterna; y también te suplico la gracia que pido en esta Novena, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

DÍA CUARTO
Dolorosísima María, inaccesible abismo de lágrimas y amarguras, que después de una noche tan prolija de tormentos de tu Hijo, le visteis salir a las calles públicas llevado ignominiosamente como malhechor por los sayones y verdugos, lastimado y aprisionado con sogas y cadenas, y lleno su hermosísimo rostro de salivas inmundas y asquerosas hasta el Pretorio de Pilatos, donde le visteis y oísteis ser objeto de las calumnias y acusaciones de la ingrata Jerusalén: por aquel dolor tan penetrante y vivo que estampó en tu corazón vista tan lastimosa y tierna, te pido selles en el mío hasta morir la imagen de tu Hijo Santísimo, así dolorido y afeado por mi amor, para que esta celestial amargura me preserve siempre de la corrupción de mi alma. Y también te suplico concedas la gracia que solicito en esta Novena, si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

DÍA QUINTO
Dolorosísima María, escollo inmutable y peregrino donde quiebran su furor todas las olas del diluvio de los dolores y penas sin hacer mella en la invencible constancia de tu corazón: por el profundísimo dolor que dividió tu espíritu hasta el último fondo del sentimiento al ver a tu Santísimo Hijo Jesús burlado por Herodes y su ejército, vestido ignominiosamente con el traje y librea de loco e insensato, y pospuesto a Barrabás: te pido humildemente vistas a mi alma hasta la muerte con la túnica y estola blanca de la divina gracia, teñida con la sangre del Cordero Jesús, tu Hijo; y también te suplico la gracia que deseo en esta Novena, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

DÍA SEXTO
Dolorosísima María, centro anchuroso a donde caminan y descansan todos los ríos de las penas y tormentos, y de donde salen todas las corrientes caudalosas para llenar las almas de todos los santos; por los vehementísimos dolores que sentiste imponderables en tu tierno corazón y espíritu al descargar la justicia del Eterno Padre el rigor de nuestras culpas con cinco mil y más azotes sobre el delicado cuerpo de tu Hijo: te pido humildemente, Madre mía, riegues mis potencias y sentidos con las lluvias de esa sangre, y con la que a arroyos derramasteis de sangriento llanto con el dolor de mis culpas y compasión a las innumerables heridas y llagas de tu Hijo, para que así, regada la tierra de mi corazón con la sangre de tu inocente Abel, dé el fruto de buenas obras y virtudes que tú deseas y me pides; y también te suplico consiga la gracia que pido en esta Novena, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

DÍA SÉPTIMO
Dolorosísima María, celestial esfera y elemento donde viven y respiran todas las especies de dolores, cuyo número innumerable, después de Dios, solo te es conocido a ti; por aquel dolor y océano de amarguras que sentiste en los senos más profundos de tu corazón al ver coronar de espinas penetrantes, y vestir de ignominiosa púrpura y cetro al mejor Salomón, Jesús, que viste de hermosura al cielo y la tierra; y por el que también sentisteis al ver llevar a tu inocente hijo Isaac con la dura y pesada cruz a cuestas, arrastrado, caído y afrentado con la compañía de dos ladrones, cegando sus hermosos ojos con la tierra y polvo que le arrojaban, e hiriendo sus oídos con execrables injurias y blasfemias: te pido, Madre mía, de tu divino y hermoso Nazareno, auxilio y fortaleza para llevar las cruces de esta vida, y también la gracia que deseo en esta Novena, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

DÍA OCTAVO
Dolorosísima María, celestial tesoro y depósito de todos los tormentos y penas de la pasión de tu Hijo, espejo purísimo donde reverberan sus amarguras, sus congojas, sus lágrimas, sus tristezas, sus desamparos y agonías: por aquellas tres dolorosísimas horas en que al pie de la Santa Cruz bebió tu sediento y amante espíritu de aquel destrozado árbol de la vida todas las aguas de su Pasión y muerte, clavado tu corazón en la cruz con los mismos clavos con que visteis le puso en ella la impiedad de los judíos: te pido, Madre mía, me alcances de tu crucificado Hijo Jesús gracia eficacísima para vivir y morir crucificado al mundo en la cruz de mi Redentor; y también te suplico la gracia que deseo en esta Novena, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

DÍA NOVENO
Dolorosísima María, impenetrable abismo donde se recogieron los diluvios de la Pasión y muerte del Hijo del Eterno Padre, después de que a tu vista le viste con voz clamorosa entregar su espíritu en las manos de su piedad y misericordia: por aquel dolor dolorosísimo que traspasó las amorosas telas de tu corazón con el impío golpe de la lanza que penetró el de tu difunto Hijo, y que te redujo a la soledad más desabrida y triste, siendo universal la borrasca de tus penas al ver ya difunto al Divino Nazareno, a quien tienes ante tu vista en el regazo y seno de tus brazos protectores (recibiendo en ellos ríos de sangre que brotan de estas sangrientas llagas y de su cuerpo sacratísimo): te suplico me alcances la gracia que pido en esta Novena, si es para gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

sábado, 23 de mayo de 2026

NOVENA A LA VIRGEN DE LA ABUNDANCIA

 


NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LA ABUNDANCIA

Venerada en el Convento de pobres Madres Capuchinas de la Villa de Agullent.

Ordenada por una religiosa de esta Comunidad:


CON APROBACIÓN ECLESIÁSTICA

MODERNAS GRÁFICAS GUTENBERGALICANTE


PRÓLOGO AL PIADOSO LECTOR

Es ya muy sabido que la Santísima Virgen María es el amparo seguro de los que a Ella recurren. No en vano la Comunidad de Madres Capuchinas de la católica Villa de Agullent ha confiado en el auxilio de la bendita Madre de Jesús con el consolador Título de Nuestra Señora de la ABUNDANCIA; puesto que hallándose muy necesitadas y empeñadas por ser sumamente pobres y sin recursos materiales por pertenecer a una orden mendicante; y estando muy subidos los comestibles, para subvenir a la vida, la madre Abadesa prometió con fé a la Santísima Virgen de la ABUNDANCIA, que si podía salir de deudas, sin faltar a las necesidades de su pobre Comunidad, haría celebrar la Novena y una Misa cantada con sermón; cuya gracia no se hizo esperar de la generosidad de la Santísima Virgen: puesto que, en el primer año de su Trienio ya pudo devolver lo prestado, y recibió después, de los bienhechores muchas limosnas, con las que pudo remediar y atender las necesidades de las religiosas. 

Mas no sólo se ha mostrado generosa en lo humano y material la excelsa Madre de Dios, sino en lo que es más, en lo espiritual; porque se han visto muy claras las gracias extraordinarias que ha dispensado a esta Comunidad, que agradecida, se complace en venerarla con el glorioso y hermosísimo Título de la ABUNDANCIA, ya que sobreabunda en toda clase de gracias espirituales y corporales, y se digna derramarlas con generosidad sobre cuantos a Ella recurren seguros de alcanzarlas.Por esto estas humildes religiosas, entusiastas amantes e hijas predilectas de María, le han compuesto y dedicado esta pequeña Novena, que si no es tan hermosa y sublime como ellas desearían, es por incapacidad, no por falta de amor y cariño a su buena Madre y excelsa Bienhechora.


ADVERTENCIA

La Novena de Nuestra Señora de la ABUNDANCIA, aprobada y bendecida por la Autoridad Eclesiástica de este Arzobispado de Valencia, en 9 de Febrero de 1923, puede hacerse en cualquier tiempo del año, según las necesidades lo reclamen. Procure cada uno estar en estado de gracia de Dios y recibir los Santos Sacramentos, si es posible, los nueve días o al menos, al empezar o terminar la Novena.


Por la señal…


ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

¡Dulcísimo amor mío! Porque sois la suma bondad, belleza infinita y santidad por esencia, me pesa tanto de haberos ofendido, que quisiera Señor, morir de dolor. Ayudadme, Jesús mío con vuestra divina gracia, para que jamás os ofenda. Amén Jesús.


ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh Dios omnipotente y eterno! que te has dignado preparar con la sobreabundancia de tus misericordias el cuerpo y el alma de la gloriosa e inmaculada Virgen María, para que sea Templo sacratísimo de tu augustísima Majestad, Madre purísima del Verbo divino encarnado, y refugio seguro de todos los necesitados; concédenos cuanto te pedimos, ya que tenemos la dicha y honra de glorificarla en este novenario con la consoladora advocación de Nuestra Señora de la ABUNDANCIA, merezcamos por la imitación de sus virtudes cantar en su compañía tus divinas alabanzas, en el Cielo. Amén.


DÍA PRIMERO

Consagrado a honrar a María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA, como dignísima Madre de Dios y de los hombres.

CONSIDERACIÓN 

I.—María ha sido preparada desde la eternidad, para ser digna Madre de Dios, y asociada a la grande obra de la clemencia divina, realizada por el Verbo encarnado en sus purísimas entrañas, de redimir al mundo. ¡Qué dignidad y qué gloria! ¡Qué respeto, qué admiración y qué alabanzas deben tributarle todas las criaturas!

II. — María Santísima ha recibido de Dios un corazón piadosísimo por haber sido constituida Madre tiernísima de todos los hombres. ¡Oh! ¡Cuánto nos ama! ¡Cuánto debemos amarla nosotros! ¡Y cuán grande confianza debe inspirarnos siempre su maternal generosidad!


ORACIÓN

¡Oh Inmaculada Virgen María Nuestra Señora de la ABUNDANCIA! Con sumo respeto nos postramos en vuestra presencia para veneraros como Madre dignísima de Dios, y con singular gozo, os invocamos para que nos socorráis y amparéis como tierna Madre nuestra. En Vos, Señora, colocamos toda nuestra esperanza y no dudamos que por vuestra intercesión y por los méritos de vuestro dulcísimo Hijo, nuestro Padre celestial, nos concederá cuanto pedimos y nos abrirá un día las puertas del cielo. Amén Jesús.


TRES PETICIONES PARA TODOS LOS DÍAS

Petición 1.ª ¡Madre mía! Por la infinita alegría que inundó vuestra purísima alma, en la Encarnación del Hijo de Dios, os pedimos, Señora, para toda la Comunidad o familia, el don del santo silencio con la caridad fraterna y todas las demás virtudes.

-Dios te salve, María, Virgen purísima antes del parto, llena eres de gracia etc…


Petición 2.ª ¡Reina mía! Por la alegría inmensa que inundó vuestra purísima alma, al ver por primera vez a Jesús e imprimir en su frente divina el casto beso de vuestros purísimos labios, os pedimos Señora, para toda la Comunidad o familia, el cumplimiento de las Constituciones o deberes con la abnegación de la propia voluntad.

-Dios te salve, María, Virgen purísima en el parto, llena eres de gracia…


Petición 3.ª ¡Dulce esperanza mía! Por el sumo gozo que sintió vuestro purísimo Corazón al ver resucitado a vuestro santísimo Hijo, y ser reclinada por Él sobre su amante pecho; os pedimos, Señora, para toda la Comunidad o familia, la fiel observancia de la santa regla y obligaciones aún en las cosas más menudas con la práctica de todas las virtudes y la perseverancia final en el amor y servicio de Dios Nuestro Señor.

-Dios te salve, María, Virgen purísima después del parto, llena eres de gracia etc... y Gloria etcétera…

(Pídase ahora la gracia particular que se desea)


JACULATORIA. — Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra: socorrednos y amparadnos ahora y en la hora de nuestra muerte.

OBSEQUIO.. — Hacer muchos actos de fé y rogar a Dios por las necesidades de la Iglesia.


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Acordaos, ¡oh nuestra Señora de la ABUNDANCIA! del poder sin límites que el Padre Eterno os ha conferido sobre todo lo creado. Llenos de confianza en vuestros merecimientos, venimos a implorar vuestra protección. ¡Oh soberana Señora de la ABUNDANCIA! A vos, que sois la Tesorera y depositaria de todas nuestras gracias, os suplicamos, Señora, nos socorráis en todo lo necesario para que podamos vivir según las Reglas o deberes que hemos profesado, sin los afanes de los trabajos materiales; y únicamente nos preocupemos en amar y servir a vuestro Hijo y a Vos, Señora. Amén Jesús.

-Un Credo al Niño Jesús


GOZOS

Pues queréis ser venerada

De estas pobres Capuchinas,

¡OH VIRGEN DE LA ABUNDANCIA

SED DE TODAS LA ALEGRÍA!


El Título de ABUNDANCIA

Os cae, Virgen, muy bien;

Por llevar en vuestros brazos

Al que en los cielos y tierra

Tiene riqueza infinita.

Al que creó todo ser.


Vos cuidáis como una Madre

De aquesta Comunidad,

Procurando no nos falte

El sustento material,

Ni el pasto espiritual.

Que proporcionáis Vos misma


Os mandan hacer pintar

Por disposición divina,

Por una doncella humilde,

Que en pinturas no entendía:

Y quisisteis que os sacara

Con tanta gracia que admira.


Ya que sois tan buena Madre,

Os pedimos nos concedas

Paz y unión en abundancia

Y alegría verdadera,

Y nos quites la afición

A las cosas de esta vida.


En Vos ponemos, Señora,

El corazón, vida y alma,

Pues con tal Madre y tal Hijo,

No nos puede faltar nada.

Dadnos la perseverancia,

En la caridad divina.


Sois Vos espléndida aurora,

De los cielos hermosura,

Fuente de gracia y dulzura,

Del mundo Corredentora.

De Agullent habéis de ser

Especial Señora y guía.


PUES OS MOSTRÁIS TAN AMABLE

CON ESTAS POBRES MONJITAS

OH VIRGEN DE LA ABUNDANCIA

SED DE TODAS LA ALEGRÍA


V. Ora pro nobis etc

R. Ut digni eficiamur


OREMUS

Grátiam tuam, quæsumus Domine, méntibus nostris infunde; ut qui, Angelo nuntiante, Christi Filii tui incarnatiónem cognovimus, per passiónem ejus et crucem ad resurrectiónis glóriam perducamur. Per eúmdem Christum Dominum nostrum. Amén.


DÍA SEGUNDO

Consagrado a honrar a María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA, como Reina y modelo de Pureza

CONSIDERACIÓN

I. - María desde los primeros pasos de su vida, consagró a Dios su virginidad; y fué su pureza e integridad corporal y espiritual, que admiró a los Cielos y aventajó a los mismos Ángeles. Por conservar intacto el lirio de su pureza virginal hubiera renunciado a la misma dignidad de Madre de Dios. ¡Oh! Y ¿cómo nos enseña a amar y practicar esta angelical virtud! ¡Cuán grande es la dicha y la gloria de las almas vírgenes y puras.

II.—La pureza virginal de María junto con la profunda humildad y demás heróicas virtudes que embellecieron su alma, agradó tanto a Dios, que la escogió para Madre suya, obrando en Ella uno de los prodigios más grande de su Omnipotencia, cual fué juntar la virginidad más perfecta con la divina maternidad. ¡Bendito sea el Señor, que así ha enriquecido y sublimado a María¡ Y bendita sea esta Virgen Inmaculada e incomparable.


ORACIÓN

¡Oh Inmaculada Virgen María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA! Vos sois, Señora, el único lirio inmaculado del Jardín de Dios-Trino, cuya celestial fragancia alegra los Cielos y la tierra y cuya hermosura atrajo a vuestro virginal seno al Unigénito del Padre. Concédenos a todos los que te obsequiamos en esta Novena un amor grande a la santa pureza del cuerpo y del alma, y ayudándonos a alcanzarla y conservarla, velando atentamente sobre nosotros y sobre nuestros pensamientos, palabras y acciones, para que tengamos la dicha de ser participantes de la misma gloria que gozáis en el cielo. Amén-Jesús.

JACULATORIA. — Bendita sea la santa e Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María. (300 días de indulgencia).

OBSEQUIO. —Ofrece hoy tu corazón a María, pero adornado de un ramillete de actos de virtudes, que irás practicando todo el día.


DÍA TERCERO

Consagrado a honrar a María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA, como Madre de la Divina Gracia.

CONSIDERACIÓN

I.—María, es, principalmente Madre de la divina gracia; porque es Madre de Jesucristo, Hijo de Dios, en el cual y por el cual han sido hechas todas las cosas; fuente y origen de todo bien, y con el cual nos ha dado el Eterno Padre, juntamente todos sus tesoros y todas sus gracias. ¡Cuanto debemos a esta benditísima Virgen! ¡Cuánto debemos amarla y honrarla!

II. — María es el acueducto por donde Dios comunica a los hombres todas sus gracias. Su divina Majestad ha querido que todas las gracias nos vengan por medio de su amantísima Madre. ¡Qué consuelo para nosotros, pobres y desvalidos! ¡Con qué confianza y con cuanto fervor debemos llamar cada día y cada hora a las puertas de su misericordia, para alcanzar el remedio de todas nuestras necesidades y la vida y salvación de nuestras almas!

ORACIÓN

¡Oh Inmaculada Virgen María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA!Venimos hoy, Señora, llenos de confianza a Vos que sois Madre de la divina gracia y de la misericordia, vida, dulzura y esperanza de los miserables, pobres y necesitados.Dignáos inclinar vuestros oídos benignísimos hacia nosotros; haced que el celestial rocío de la divina piedad vivifique nuestros corazones; hablad al Corazón amabilísimo de Jesús en favor de todos los pecadores, y abridnos en fin a todos para siempre las puertas del Cielo. Amén Jesús.

JACULATORIA. —¡Oh María, Madre de la divina gracia y fuente de toda piedad! Defendednos de nuestros enemigos y amparadnos en la hora de nuestra muerte.

OBSEQUIO. — Oír la santa misa y, si se puede comulgar sacramental o espiritualmente en honra de la Santísima Virgen.


DÍA CUARTO

Consagrado a honrar a María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA, como asiento de la Sabiduría.

CONSIDERACIÓN

I.—María, es la criatura más rica en dones celestiales, en gracias y en virtudes. Es la más santa, la más sublimada y la más agradable a Dios, de todas las criaturas. Es un espejo clarísimo de las divinas perfecciones, y modelo de la más elevada santidad. ¡Oh! Y ¿cómo glorifica al Señor más que todas las otras criaturas juntas! ¡Bendi-Page 1618to seais para siempre, oh Altísimo Señor, que tantas maravillas habéis obrado en la Virgen María!

II. — María fué constituida verdadero Trono y silla de la Sabiduría increada, cuando el Verbo divino se encarnó en sus purísimas entrañas y reposó en su virginal corazón. María alcanza de Dios para las almas el conocimiento de los divinos misterios y las hace llegar a la visión beatífica de Dios. Sin María las almas permanecerían siempre en tinieblas. ¡Oh Maestra Soberana! iluminadnos, enseñadnos la ciencia de la salvación y llevadnos a la patria de la verdadera luz y de la eterna claridad.

ORACIÓN

¡Oh Inmaculada Virgen María Nuestra Señora de la ABUNDANCIA! Recurrimos en este día a Vos, que sois la Maestra soberana de todos los hombres, y os suplicamos humildemente, Señora, que ahuyentéis las tinieblas de nuestra ignorancia, y nos iluminéis con los resplandores de la verdadera sabiduría, para que busquemos de veras en ella nuestra verdadera felicidad, que consiste en servir siempre a nuestro divino Salvador Jesús en esta vida, guardando bien su ley santísima para llegar, como por su misericordia y vuestra intercesión lo esperamos, a gozar de su divina presencia y alabarle con Vos eternamente en el Cielo. Amén-Jesús.

JACULATORIA. —¡Oh María! Enseñadnos la verdadera sabiduría, que consiste en amar a Dios de veras para salvar nuestras almas.

OBSEQUIO. —Visitar a Jesús Sacramentado con frecuencia y evitar las visitas y tertulias, en las que hay peligro de ofender a Dios.


DÍA QUINTO

Consagrado a honrar a María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA, como Puerta del Cielo.

CONSIDERACIÓN

I. — María es la Puerta del Cielo, porque el rey de la Gloria, al tomar posesión de su castísimo seno, la constituyó en abogada y guía nuestra que nos acompañe durante nuestra peregrinación y nos introduzca en el Cielo, abriéndonos Ella las puertas del celestial paraíso. ¡Cuán grande honor debemos tributarla!

II. — María es también Puerta del Cielo, porque con el ejemplo de sus virtudes nos enseña el medio único de entrar en el Cielo, porque solamen-Page 1820te por Ella conocemos a Jesús, Hijo de Dios y Salvador del mundo; y porque, según San Bernardo, nadie se salva sino por María. ¡Cómo debemos imitarla y hacernos dignos de su protección! ¡Oh María, Madre mía! Si soy vuestro verdadero devoto, estoy seguro de alcanzar mi eterna salvación.

ORACIÓN

¡Oh Inmaculada Virgen María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA!Os suplicamos, Señora, que llenéis nuestro corazón de fervorosos y eficaces deseos de ir al Cielo, que nos hagáis imitadores de vuestras virtudes, y constantes hasta la muerte en el amor y servicio de vuestro divino Hijo; y en fin, que al salir nuestra alma de este mundo, la recibáis Vos, ¡oh piadosísima Madre! la presentéis en el tribunal del Juez supremo, la defendáis de sus enemigos, y la introduzcáis en las eternas moradas del paraíso. Amén.

JACULATORIA. —¡Oh María! No me abandonéis nunca hasta verme salvo en el Cielo.

OBSEQUIO. —Hacer alguna limosna a los pobres y desprenderse de alguna cosa a que esté apegado el corazón.


DÍA SEXTO

Consagrado a honrar a María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA, como Refugio de los pecadores.

CONSIDERACIÓN

I.—María es verdadero Refugio de pecadores, porque Dios le ha dado el poder de dispensar las divinas misericordias a quien quiere, como quiere y cuando quiere. Ningún pecador se pierde por grandes que sean sus pecados, si la santísima Virgen le protege. ¡Dichosos nosotros, pecadores, si acudimos de todo corazón a buscar en la protección de esta nuestra amantísima Madre, el perdón de todas nuestras culpas y el remedio de nuestras necesidades!

II. — María cumple perfectamente este oficio consolador de Refugio de pecadores, pues Dios le ha dado un corazón tan benigno y compasivo, que no sabe ni puede dejar de socorrer prontamente a cualquiera que le invoca con verdadero deseo de enmendarse. Se apresura a socorrernos y aun muchas veces se adelanta a nuestras súplicas como tierna y cariñosa Madre. ¡Oh Reina de la Misericordia! Vos sois nuestra esperanza, nuestro Refugio, nuestro consuelo y remedio y toda nuestra alegría.

ORACIÓN

¡Oh Inmaculada Virgen María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA!Acordaos, Señora, que jamás se ha oido decir que vos hayáis desamparado a ningún pecador que invocó vuestra protección. Llenos de confianza, alegría y de consuelo, nosotros también nos postramos en vuestra presencia soberana, y os suplicamos ¡oh dulce y único Refugio nuestro! que nos saquéis del abismo de nuestras miserias y nos alcancéis de vuestro divino Hijo la gracia, la esperanza en su divino favor y la constancia en su santo servicio. Amén Jesús.

JACULATORIA. —¡Oh María! Vuestro corazón piadosísimo sea mi Refugio, mi esperanza y remedio y toda mi alegría.

OBSEQUIO. — Hoy se tendrá especial cuidado en mortificar las pasiones y sentidos; sobre todo la lengua y la vista.


DÍA SÉPTIMO

Consagrado a honrar a María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA, como Auxilio de los cristianos.

CONSIDERACIÓN

I.—María santísima es Auxilio de los cristianos porque es Reina, y como tal ha recibido un poder muy grande para cumplir este altísimo cargo. María es la que defiende a la Iglesia de todos sus enemigos, y la que vela sin cesar por la exaltación de la santa Fe Católica. ¡Cuán gloriosas victorias ha alcanzado y alcanza cada día! ¡Con qué tierna solicitud vuela a defender a la Iglesia santa y a salvarla de los peligros! ¡Oh invicta Capitana del pueblo cristiano! Salva también ahora a la Iglesia y humilla a todos sus enemigos.

II.—María, no solamente es Auxilio de la Iglesia sino de todos y de cada uno de los cristianos. Su cualidad de reina y madre nuestra, enciende en su compasivo corazón un vehementísimo celo de la salvación de todos sus vasallos e hijos. Nunca deja de acudir en defensa de los que la invocan. Su amor maternal está siempre vigilante por todos y cada uno. Con sólo invocar su dulcísimo Nombre, tiemblan y huyen nuestros enemigos. ¡Oh, con cuánto amor y gratitud debemos corresponder a los desvelos de tan buena Madre!

ORACIÓN

¡Oh Inmaculada Virgen María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA!Vos sois, Señora, aquella misteriosa e inexpugnable Torre de David, en la cual Dios haPage 2224puesto innumerables escudos de gracias eficaces, para que con ellas salvéis a todos vuestros hijos y verdaderos devotos. Sin Vos, ¡oh Reina sapientísima y poderosísima! no sabemos ni podemos ni pelear ni vencer. Ayudadnos, y alcanzaremos gloriosa victoria de todos nuestros enemigos y la corona de gloria en el Cielo, en donde eternamente agradecidos cantaremos vuestras misericordias y las divinas alabanzas por todos los siglos de los siglos. Amén.

JACULATORIA. —¡Oh María! Ven en nuestro auxilio, socórrenos pronto en nuestras necesidades, porque si nó pereceremos.

OBSEQUIO. —Ayunar hoy en honra de la santísima Virgen, o hacer otra mortificación, según se pudiere.


DÍA OCTAVO

Consagrado a honrar a María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA, como Reina de los Ángeles.

CONSIDERACIÓN

I. — María fué desde la eternidad destinada por el Altísimo para ser Reina de los Ángeles. Y asíPage 2325estos soberanos espíritus la sirvieron y asistieron fidelísimamente durante su vida mortal en la tierra. ¡Gocémonos de esta gloria de nuestra benditísima Madre, y aprendamos de los santos Ángeles a venerarla y servirla con todo nuestro afecto y fidelidad constante!

II. — María fué exaltada en el cielo sobre todos los coros de los ángeles. Todos aquellos soberanos espíritus se alegraron íntimamente de verla en trono de tanta gloria, a la derecha de su divino Hijo, y la bendicen con entusiasmo y la obedecen con puntualidad. ¡Oh Reina soberana! También nosotros queremos bendeciros, veneraros y obedeceros siempre.

ORACIÓN

¡Oh Inmaculada Virgen María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA!Os damos mil parabienes por vuestra exaltación en el Cielo sobre todos los Coros de los Ángeles. Oh clementísima Reina; enviad a esos espíritus soberanos que son vuestros vasallos fidelísimos, a defender la santa Iglesia; a su Cabeza visible, a todos los Obispos y Sacerdotes, religiosos de uno y otro sexo y cada uno en particular. Haced, Señora, que con los santos Ángeles cantemos todos vuestras glorias eternamente. Amén-Jesús.

JACULATORIA. —¡Oh María gloriosa, Reina de los Ángeles! Defended a la santa Iglesia nuestra madre, y destruid el poder de todos sus enemigos.

OBSEQUIO. —Rezar la corona angélica (nueve Ave Marías), y hacer detenidamente examen de conciencia.


DÍA NOVENO

Consagrado a honrar a María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA, como Reina de todos los Santos.

CONSIDERACIÓN

I.—María ha merecido ser Reina de todos los Santos, porque recibió todas las gracias y aún más gracias que todos los Santos juntos; porque tuvo las virtudes de todos los Santos y con mucha más perfección que todos y cada uno de ellos; porque su dignidad, sus méritos, su poder y su gloria es superior a la de todos ellos; y porque todos los Santos han recibido la gracia y la gloria por medio de esta celestial Reina y amabilísima Madre.

II. —María, el día de su gloriosa Asunción aPage 2527los Cielos, recibió la Corona de Reina universal de todas las criaturas. El Padre la coronó como a su Hija predilecta, con la corona de omnipotencia; el Hijo, como a su Madre purísima, con la corona de la sabiduría, y el Espíritu Santo, como a su fidelísima Esposa, con la corona del amor. Desde entonces ejerce un imperio universal en el cielo, en la tierra y en los abismos. Todos los moradores de la celestial Jerusalén se felicitan de ser sus vasallos y obedecerla en todo; y la misma beatísima Trinidad se complace en la gloria y hermosura de esta incomparable Reina. Alegrémonos también nosotros de ser sus humildes siervos, procurando servirla y honrarla fielmente en esta vida, para que nos haga participantes de la gloria en el Cielo. Amén-Jesús.

ORACIÓN

¡Oh Inmaculada Virgen María, Nuestra Señora de la ABUNDANCIA!Sois la Reina gloriosísima de todos los Santos y de todas las criaturas. Vuestra hermosura, Señora, alegra la ciudad de Dios, y vuestra piedad y clemencia consuela a todos los mortales. Admitidnos para siempre por vuestros vasallos, reinad como única Señora en nuestro entendimiento y en nuestra voluntad, defendednos de todos nuestros enemigos; libradnos de todos los peligros y llevadnos a vuestro reino inmortal, dondePage 2628con los Ángeles y Santos os glorifiquemos y ensalcemos por todos los siglos de los siglos. Amén.

JACULATORIA. —¡Oh María, Reina de toda la Creación! Defiéndenos y sálvanos, pues queremos ser vuestros siervos.

OBSEQUIO. —Hacer una dolorosa confesión y comulgar con particular fervor; procurando pasar el día en santo recogimiento según la Ley de Dios.


ACTO DE CONSAGRACIÓN

¡Oh María, Reina clementísima, abogada y refugio de los mortales! Llenos de confianza, acudimos a Vos en este último día del Novenario que bajo el Título de Nuestra Señora de la ABUNDANCIA, os hemos dedicado, para demostraros nuestro eterno reconocimiento por las mercedes que nos habéis concedido y atendido tan maternalmente a todas nuestras necesidades. Desde ahora para siempre nos consagramos a Vos y ponemos en vuestras soberanas manos nuestras almas y cuerpos, todas nuestras esperanzas y consuelos; todas nuestras penas y miserias esperando nos seguiréis siempre socorriendo en esta vida para que alcancemos la eterna gloria. Amén-Jesús.

JACULATORIA. —¡Oh María, Madre de la divina clemencia y Reina de la Misericordia! Defiéndenos Tú de nuestros enemigos, y protéjenos en la hora de la muerte. Dadnos, ¡Oh Nuestra Señora de la ABUNDANCIA!, ahora y entonces, vuestra bendición, como prenda segura de que nos la da vuestro divino Hijo que vive y reina por todos los siglos de los siglos. Amén-Jesús.

-Una Salve por la conversión de los pecadores y salvación de tus devotos.


ANOTACIONES

Al hablar sobre la piedad popular, es referirnos a aquellas devociones que antaño se hacían en nuestros pueblos y nuestras casas, cuando se...