viernes, 31 de enero de 2020

NOVENA A LA SANTA CRUZ




NOVENA EN CULTO Y REVERENCIA
DE LA
SANTÍSIMA CRUZ DE CRISTO

Con licencia de la autoridad eclesiástica
Guatemala. 1930

Por: Miguel Morales 


MODO DE PRACTICARLA
Puestos de rodillas delante de alguna imagen de Cristo Crucificado, te persignarás y dirás lo siguiente:

ACTO DE CONTRICCIÓN
Misericordiosísimo Dios y Señor mío, y la más vil de vuestras criaturas, postrado ante vuestro divino acatamiento, y arrepentido de mi mala vida, digo con todas las veras de mi corazón, que me pesa de haberte ofendido solo por ser quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, solo porque sois digno de ser amado y servido. Propongo con vuestra gracia confesar todos mis pecados y nunca más ofenderos. ¡Oh quien siempre os hubiera amado! Pequé Dios mío, ten misericordia de mí.


DIA PRIMERO
Desde el ara de la Cruz,
Un cordero te convida,
Alma, que, a su imitación,
Si lograr quieres la vida
Le sigas por su pasión.

ORACIÓN
¡Oh Santa Cruz, oh ara en que se celebró el sacrificio más agradable ante el divino acatamiento, oh instrumento escogido desde ab eterno para celebrar en ti el sacrificio del mejor cordero Jesús, para rescate de nuestras almas, y remedio contra el mortal veneno del pecado! Yo humildemente te adoro y pido a Nuestro Señor Jesucristo se digne de darme su gracia para que, abrazándome con la Cruz de mi estado, le siga en esta vida con toda resignación, para que por ella merezca irle a gozar eternamente en la gloria. Amén.



DIA SEGUNDO
Comió el árbol vedado
Adán, y nos dio la muerte,
Más en el árbol sagrado
De la Cruz, Dios nos ha dado
Vida, gracia y feliz suerte.

ORACIÓN
Salúdote, árbol de la vida, plantado en medio del paraíso, con el que no se encontraron nuestros primeros padres, el cual en medio de la tierra donde (como dice David) se obró nuestra salud, dio el fruto virginal con que quitó la acedia que había causado el fruto del otro, que los primeros hombres, engañados de la serpiente comieron, regando con el fecundísimo riego de la preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, por quien suplico a su Eterno Padre me abrace con el árbol de la Cruz de la penitencia, para que, haciéndola verdadera de mis pecados, merezca conseguir el fruto saludable de la divina gracia.
Se rezan 5 padres nuestros, aves marías y glorias en reverencia de las cinco llagas de Cristo.



DIA TERCERO
Si quieres, alma, dar fruto,
Y cual vara florecer,
Empeño propio ha de ser
Con la vara de la Cruz
Ir prontamente a Jesús.

ORACIÓN
Adorote Santísima Cruz, adorote vara del mejor Moisés Cristo, porque si con ella se obraron tales prodigios, que pusieron en pasmo a todo el mundo, y anegó la soberbia de los encantadores de Egipto, fueron figura de las maravillas que la Cruz ha obrado en el mundo, confundiendo la humana sabiduría, espantando y atemorizando los enemigos de la religión, y sacando dulzura y suavísimo regalo y refrigerio de la dureza de la penitencia, dándonos paso para la vida eterna, por lo cual pido y suplico  a mi Señor Jesucristo, obre en mi alma las maravillas de su gracia, para que, viviendo en esta vida debajo de la vara de su santa ley, logre seguro paso a la vida eterna.
 Se rezan 5 padres nuestros, aves marías y glorias en reverencia de las cinco llagas de Cristo.



DIA CUARTO
Para esperar del diluvio
Acogida has de tener,
En la Cruz, arca sagrada,
Si quieres no perecer,
Si vida eterna te agrada.

ORACIÓN
¡Oh arca soberana! Mejor que aquella que por mandato de Dios fabricó el gran Patriarca Noé, para que él y los suyos se librasen de la común plaga del diluvio, en la cual el linaje humano fue reparado de la común pérdida y la indignación de Dios. ¡Oh Santísima Cruz! ¡Oh excelentísima arca, que en ti fuimos todos los hijos de Adán libres de la mayor plaga, que es el cautiverio del demonio y redimidos de la culpa! Yo postrado te adoro y reverencio, y con profunda humildad pido Dios Nuestro Señor se digne darme su gracia para que, siempre asido al arca de la Santa Cruz, navegue hasta llegar al seguro puerto de la gloria.
 Se rezan 5 padres nuestros, aves marías y glorias en reverencia de las cinco llagas de Cristo.


DIA QUINTO
Iris de paz es la Cruz,
Y la Cruz, es el consuelo
Del que por la Cruz camina
Y en llevar la Cruz se afina,
Y por la Cruz sube al Cielo.

ORACIÓN
Amantísimo Padre y Señor mío, haciendo yo memoria del buen olor que os causó el sacrificio del Patriarca Noé, que le empeñaste la palabra de no anegar más el mundo, que en testimonio de ellos pondría un arco en las nubes de varios colores, siendo testigo para vuestra Majestad, y consuelo de los hombres. Yo, la más vil de vuestras criaturas, os presento en este día, el hermosísimo iris de la Santa Cruz, para que viéndole adornado con el sacrificio de vuestro Unigénito Hijo, y hermoseado con los colores de su santísima humanidad y sangre preciosísima, por ella os dignéis perdonar mis pecados, y darme vuestra gracia, para con ella saber ofreceros un agradable sacrificio, viviendo según vuestra santa ley, y mortificando mis pasiones a la sombra del arco de la Santa Cruz, y por ella caminar hasta veros en la celestial patria.
Se rezan 5 padres nuestros, aves marías y glorias en reverencia de las cinco llagas de Cristo.


DIA SEXTO
Báculo fuerte y seguro
Es la Cruz, alma querida,
Para aquel resignado,
Solo atiende, solo mira
Seguir con ella a su amado.

ORACIÓN
Adorote, Cruz santa, báculo fortísimo, en que se sustenta nuestra santa fé, figurada en aquel báculo con que David venció al gigante soberbio. Así pues, Cristo nuestra vida arrimado al báculo de su Cruz, con la fuerza de sus llagas venció al príncipe de las tinieblas, dándonos ejemplo de humildad y paciencia, para que con ella venzamos nuestra soberbia, y con la Cruz de la mortificación de nuestras pasiones, no dejando de la mano el báculo de las buenas obras, vivamos ajustados a sus santos mandamientos, y que sustentados con el báculo de la Santa Cruz nos libre de caer en culpa, para que mediante su gracia le vayamos a gozar a su eterno reino.
 Se rezan 5 padres nuestros, aves marías y glorias en reverencia de las cinco llagas de Cristo.


DIA SÉPTIMO
Del cristiano pueblo es
La Cruz señal y divisa
Y del infierno terror,
Tal es la Cruz que suaviza
De penitencia el horror.

ORACIÓN
Dulcísimo Jesús de mi alma, infinitas alabanzas os doy, por la señal santa de la Cruz que disteis a los cristianos por divisa de nuestra santa fé, y para señal y defensa nuestra. ¡Oh Cruz preciosa! ¡oh Cruz peregrina! ¡oh Cruz admirable! Yo con todo el afecto de mi corazón te adoro, te venero, reverencio y doy infinitas gracias a mi Señor Jesucristo, porque nos dio esta santa señal o insignia, para defensa de los enemigos, para remedio de los males, para arma fuerte contra las astucias del demonio y consuelo de nuestras almas. ¡Oh Cruz! Enriquecida con el tesoro de la sangre de mi Jesús y Señor, a quien humildemente pido me de gracia para corresponder a las obligaciones de mi estado, y que, compareciendo ante su divina Majestad con esta señal en aquel día tremendo del juicio, merezca oír aquella dulce palabra: Venid benditos de mi Padre, poseed el reino aparejado para vosotros desde el principio del mundo.
Se rezan 5 padres nuestros, aves marías y glorias en reverencia de las cinco llagas de Cristo.


DIA OCTAVO
Por la escala de la Cruz
Al cielo subir pretende,
Que la escala de Jacob,
Según Agustín entiende,
La Cruz santa figuró

ORACIÓN
Hermosísimo Dios y Señor mío, infinitas alabanzas os doy, porque con tanto amor para remedio de nuestras miserias, os dignasteis darnos a vuestro Hijo Unigénito Jesús, para que como Maestro nos enseñara el camino para el Cielo, subiendo por la escala de la Santa Cruz, la cual fue figurada en aquella que vió el patriarca Jacob en aquel mismo sueño, por donde subían y bajaban los Ángeles. Así pues, vuestro Unigénito subiendo a la escala de la Cruz, nos enseñó le imitemos y que dejando los afectos terrenos, cual ángeles subamos al cielo por esta escala, cumpliendo los divinos preceptos y obligaciones de nuestro estado, ejercitándonos en obras de fé, esperanza y caridad, amando a Dios y a nuestros prójimos, y especialmente a nuestros enemigos, y haciendo obras de penitencia, pongamos nuestros corazones en el cielo, para que con especial deseo solicitemos seguir por esa escala a nuestro soberano Maestro, hasta lograr verle en su reino, donde en compañía de los nueve coros angélicos, eternamente le cantemos: Santo, Santo, Santo.
 Se rezan 5 padres nuestros, aves marías y glorias en reverencia de las cinco llagas de Cristo.


DIA NOVENO
Jesús para librarte,
De Cruz la muerte escogió,
¡Oh que fineza! ¡Oh que amor!
Que de la vida el Autor,
La vida por ti perdió.

ORACIÓN
Señor mío Jesucristo, infinitas gracias y alabanzas os doy, por haber querido morir en la Cruz para libertad universal de los mortales. ¡Oh Jesús de mi vida, y lo que os debo! Pues escogiste la mas ignominiosa muerte cual lo era la de la Cruz, pues los romanos solo a los esclavos daban semejante castigo, y por el Espíritu Santo estaba promulgada maldición a cualquiera que fuese puesto en ella, más después que os dignasteis de escogerla por reclinatorio, para dormir por nuestro amor en ella el sueño de la muerte, y de ungirla con vuestra preciosa sangre, quedó tan autorizada, quedó tan atrás aquel riquísimo reclinatorio que el Rey Salomón hizo, quedando hecha divisa del pueblo cristiano. ¡Oh Cruz Santa!  Tú eres arma fuerte contra todos nuestros enemigos, destrucción de todos los vicios, principio de nuestra santificación, medio de nuestra reconciliación y paga de nuestra redención. Adórote árbol fecundísimo, plantado en medio del paraíso, arca que nos libra del diluvio de las culpas, iris que puso paz entre Dios y el hombre, leña que se abrazó en el sacrificio del obedientísimo Isaac, báculo con que el patriarca Jacob pasó el Jordán, escala por onde se sube al cielo, cama donde el mismo Jacob cruzados los brazos, mejoró a los nietos Efraín y Manasés, Vara de Aarón, que hincada en la tierra floreció y dio fruto, vara de Moisés con que se obraron tantas maravillas, madero que echado en las amargas aguas de Marath, las convirtió en dulces, preciosa llave de Cruz, con que se nos abrieron las puertas de la gloria. Y finalmente tu eres de donde nos vino, como dice San Buenaventura, la filiación de los hijos de María Santísima, cuando le dijo el Señor: Mujer, veis ahí a tu Hijo. ¡Oh Cruz Santa! Por ti me reciba, el que en ti me redimió. ¡Oh dueño de mi alma! ¡Oh ida de mi vida! ¡Oh dulcísimo Jesús! Humildemente te pido por el aumento de la santa Iglesia Católica, paz entre los príncipes y gobiernos cristianos, victoria contra los infieles y herejes, conversión de ellos al gremio de nuestra religión, descanso a las almas del purgatorio, y que todos logremos mediante los méritos de tu santísima pasión, los frutos que están encerrados en el madero santo de la Cruz, para que, muriendo en tu gracia, tengamos la feliz dicha de irle a ver eternamente a tu gloria. Amén.  
 Se rezan 5 padres nuestros, aves marías y glorias en reverencia de las cinco llagas de Cristo.




ORACIÓN
¡Oh Santísima Cruz! ¡Oh inocente y piadoso cordero! ¡Oh pena grave y cruel! ¡Oh pobreza de Cristo mi Redentor! ¡Oh llagas muy lastimadas! ¡Oh corazón traspasado! ¡Oh sangre de Cristo derramada! ¡Oh muerte de Cristo amarga! ¡Oh dignidad de mi Dios, digna de ser reverenciada! Ayúdame, Señor, para alcanzar la vida eterna en la hora de mi muerte. Amén.

Adórote Santa Cruz
Puesta en el monte calvario,
En ti se puso Jesús
Para dar eterna luz,
Y librarnos del contrario.

LAVS DEVS
Con licencia de la Autoridad de Guatemala, Palacio Arzobispal
15 de marzo 1924

martes, 28 de enero de 2020

SIETE MIÉRCOLES A LA VIRGEN DEL CARMEN



DEVOCIÓN DE LOS SIETE MIERCOLES
DESPUÉS DE PASCUA
EN HONOR DE LA SANTÍSIMA VIRGEN DEL MONTE CARMELO


Es de creer que nunca sintió la Virgen María tan lleno su corazón de alegría, mientras estuvo en esta vida, como en los días de la Resurrección de su Hijo. Siendo pues propio de un corazón amante alegrarse en la dicha del objeto amado ¿Cómo no se han de alegrar los devotos del Carmen, Religiosos y Terciarios en el tiempo de Pascua, cuando su amorosa Madre fue consolada y llena de gozo por la Resurrección de su Hijo? El mejor modo, pues, de alegrarse con María es consagrarle los siete miércoles, meditando y rezando sus gozos, pidiéndole alguna gracias, que, como días de alegría, todo lo concederá.
Los gozos que van a continuación, son los que se rezan en Roma, en la Iglesia de Santa María Traspontina.


ACTO DE CONTRICCIÓN
Señor mío, Jesucristo, Dios y hombre verdadero, me pesa de todo corazón haberte ofendido; propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de pecado, confesarme y cumplir la penitencia. Te ofrezco, Señor, mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados. Amén.


PRIMER MIÉRCOLES
PRIMER GOZO
Me alegro con vos ¡Oh Virgen gloriosísima María, Madre de Dios! Por aquel contento que tuviste, cuando conocida vuestra inefable pureza, fuisteis escogida para ser Madre del Verbo Eterno y Esposa del Espíritu Santo, dignidad tan sublime, que, exaltada ahora en el cielo, y excediendo con ella a todos los espíritus bienaventurado, llevaís Vos sola con ella mayor gloria de la que gozan todos los Santos, unidos en el Paraíso. Os suplico yo vuestro devoto ¡Oh Reina, Madre y Hermosura del Carmelo! Que intercedáis con vuestro celestial Esposo e Hijo Jesús, para que me conceda el perdón de mis pecados y su divina gracia, a fin de que con ella se haga mi alma digna de la pureza de los ángeles y quede perpetuamente desposada con el Eterno Señor.

SEGUNDO MIÉRCOLES
SEGUNDO GOZO
Me alegro con vos ¡Oh Virgen gloriosísima María, Madre de Dios! Por aquel contento que tuviste, cuando, habiendo dado a luz a vuestro divino Hijo Jesús, no manchasteis la pureza de vuestro espíritu, antes bien de una manera admirable fue acrecentada, con la cual resplandecéis ahora con tanto esplendor en el paraíso, que ilumináis a todos aquellos soberanos espíritus. Os suplico yo vuestro devoto ¡Oh Reina y Hermosura del Carmelo! Que me alcancéis de vuestro Inmaculado Señor, la gracia con la cual jamás pierda mi alma el candor de la inocencia.


TERCER MIÉRCOLES
TERCER GOZO
Me alegro con vos ¡Oh Virgen gloriosísima María, Madre de Dios! Por aquel contento que tuviste, cuando, habiendo dado a luz a vuestro Divino Hijo Jesús, recibisteis con el las adoraciones y ofrendas de los reyes del Oriente, como Reina de todo el mundo, siendo aun ahora reconocida por tal en el cielo por aquellos soberanos espíritus que se muestran obedientísimo a la menor señal que descubren en Vos. Os suplico yo vuestro devoto ¡Oh Reina y Decoro del Carmelo! Que no me falte jamás vuestra asistencia a fin de que, por aquella, por ella, ayudado, pueda siempre obsequiaros como siervo devoto, y ofreceros, como tributo de mi corazón, la constancia de mi amor.


CUARTO MIÉRCOLES
CUARTO GOZO
Me alegro con vos ¡Oh Virgen gloriosísima María, Madre de Dios! Por aquel contento que tuviste, cuando, habiendo presentado a vuestro Divino Hijo Jesús en el templo, oíste como el viejo Simeón lo revelaba como verdadero Mesías y Salvador del mundo, recibiendo ahora igual contento en el Paraíso por la continua profusión de sus gracias que, como Redentor, dispensa a cada uno en la tierra, para despachar favorablemente a todas nuestras súplicas. Os suplico yo vuestro devoto ¡Oh Reina y Hermosura del Carmelo! Que me alcancéis de vuestro Hijo Jesús, mi Redentor, la gracia con la cual, no abusando nunca de la salud de mi alma, pueda esta gozar continuamente las riquezas de aquella sangre preciosísima, de la cual dimana toda salud.


QUINTO MIÉRCOLES
QUINTO GOZO
Me alegro con vos ¡Oh Virgen gloriosísima María, Madre de Dios! Por aquel contento que tuviste, cuando visteis resucitado para nunca más morir (después de una muerte tan cruel) a vuestro amabilísimo Hijo Jesús, gozando más ahora en el cielo, donde le contempláis impasible e inmortal, del todo atento a satisfacer vuestros deseos para haceros más gloriosa en aquel reino eterno, enviando a este mundo las gracias a aquellos siervos y devotos y os veneran con todo el corazón. Os suplico yo vuestro devoto ¡Oh Reina, Madre y Hermosura del Carmelo! Que me alcancéis de Jesús la gracia con la cual resucite mi alma de todas las culpas y o caiga mas en ellas, viviendo siempre sin mancha para veneraros dignamente y serviros en este destierro, a fin de gozaros después en la Celeste Patria.


SEXTO MIÉRCOLES
SEXTO GOZO
Me alegro con vos ¡Oh Virgen gloriosísima María, Madre de Dios! Por aquel contento que tuviste, al ver a vuestro Divino Hijo glorioso y triunfante subir al cielo a la diestra de su Eterno Padre, donde ahora, con Él glorioso en cuerpo y alma, participáis de sus inmensas grandezas y de la majestad de su Trono. Os suplico yo vuestro devoto ¡Oh Reina, Madre y Decoro del Carmelo! Que me alcancéis la gracia de aquel celeste monarca, mediante la cual pueda mi alma saludaros en el cielo, y reconoceros por soberana Señora y Protectora, como ahora os considera en la tierra.  
Siete padres nuestros, Aves Marías y Glorias.


SÉPTIMO MIÉRCOLES
SÉPTIMO GOZO
Me alegro con vos ¡Oh Virgen gloriosísima María, Madre de Dios! Por aquel contento que tuviste cuando, al punto de vuestra partida a la excelsa gloria, asistida de casi todos los apóstoles con éxtasis de jubilo os partisteis a gozarla con toda la plenitud, uniendo a vuestra alma, después de tres días, vuestro cuerpo glorificado, donde por siempre seréis honrada de todos los santos, sin que os faltan o se disminuyan vuestras magnificencias, que durarán por todos los siglos. Os suplico yo vuestro devoto ¡Oh Reina, Madre y Decoro del Carmelo! Que me alcancéis del Señor la gracia con la cual mi ala merezca ser asistida, en la ultima hora de esta vida mortal, de aquellos espíritus bienaventurados, para que pase alegremente a la vida inmortal, y se presente al pie de vuestro Trono para veneraros perpetuamente en aquel Reino Eterno, donde vos triunfáis con suma majestad a la diestra de Jesús Redentor mío.


GOZOS
Pues sois de nuestro consuelo
el medio más poderoso,
sed nuestro amparo amoroso
Madre del Dios del Carmelo.

Desde que, en la nubecilla,
que sin mancha os figuró,
de Virgen Madre adoró
Elías la maravilla,
a vuestro culto capilla
erigió en primer modelo.

Tan primeros para vos
los hijos de Elías fueron
que por timbre merecieron
ser “de la Madre de Dios”.
Título es este que Dios
les dio a su heredado anhelo.

Por ello vos honras tantas,
Señora, al Carmelo hicisteis
que, viviendo, le asististeis
mil veces con vuestras plantas;
con vuestras palabras santas
doblaste su antiguo celo.

Del Carmelo descendieron
de Elías los seguidores
y en la Iglesia coadjutores
de los apóstoles fueron;
del evangelio esparcieron
la verdad por todo el suelo.

A San Simón, general,
el escapulario disteis;
insignia que nos pusisteis
de hijos como señal,
contra el incendio infernal
es defensivo consuelo.

Quien bien viviere y muriere
con tal señal, es notorio
que, por vos, del Purgatorio
saldrá presto, si allá fuere.
Por tu patrocinio espere
tomar a la Gloria el vuelo.

Vuestro escapulario santo
escudo es tan verdadero,
que no hay plomo ni hay acero
del que reciba quebranto;
Puede, aunque es de lana, tanto
que vence al fuego y al hielo.

Flores de vuestro Carmelo
son la variedad de santos,
profetas, mártires tantos,
vírgenes y confesores,
pontífices y doctores,
que hacen vuestro Monte Cielo.

Dando culto a vuestro honor
durará siempre el Carmelo,
porque así lo alcanzó el celo
de Elías, su fundador:
cuando Cristo, en el Tabor,
mostró su gloria sin velo.


OREMOS: Oh Virgen del Carmen, Madre de Dios y de los pecadores, especial protectora de los que visten tu sagrado escapulario, te suplico por lo que Dios te ha engrandecido, escogiéndote para verdadera Madre suya, que me alcances de tu querido hijo Jesús, el perdón de mis pecados, la enmienda de mi vida y la salvación de mi alma. Amén.





viernes, 24 de enero de 2020

EJERCICIO PARA EL JUEVES SANTO



VISITA DE MONUMENTOS


PRIMERA IGLESIA
ORACIÓN
Oh Jesús mío amabilísimo, dulcísimo y amantísimo, vida, esperanza y único amor de mi alma! Vengo hoy a postrarme ante tu altar y darte gracias por haber instituido este augusto sacramento en el que te has quedado perpetuamente con nosotros. ¡Ah! y ¡cuánto te costó el instituirlo! Como que para ello debiste morir, sin lo que no hubieras podido estar sacramentado en nuestros altares. Y después; ¡cuántas injurias has debido tolerar en este misterio adorable, para poder prestarnos auxilio con tu presencia! Más todo lo ha superado tu amor y el deseo que tienes de ser amado de nosotros. Ven, pues, Señor, ven y entra dentro de mi corazón y cierra después la puerta de sus afectos, de modo que nunca vuelva a abrirse para dar entrada en él a ninguna criatura que quiera tomar parte en el amor que te debo. Reina en mí Tú solo, con absoluto imperio ¡oh Redentor mío! toma posesión ilimitada de todo mi ser; haz que mi único deseo, mi único deleite sea darte gusto, visitarte con frecuencia y recibirte en la comunión. Busquen los demás, enhorabuena otra clase de bienes, que en cuanto a mí yo no quiero, ni deseo otro bien que tu amor. El me hará santo en la tierra y dichoso en el cielo. Amen.
La estación mayor.



SEGUNDA IGLESIA
ORACIÓN
Oh Cordero inmaculado y sacrificado por nosotros en la cruz! Acuérdate que yo soy una de aquellas almas que redimiste con tantos dolores, y con tu muerte; y ya que te has dado y que das todos los días a mí, sacrificándote por mi amor en los altares, haz que yo te posea siempre, que no te pierda jamás y haz que sea yo también todo tuyo. Yo me doy todo a Ti para que hagas de
mí todo lo que fuere de tu agrado. Te doy mi voluntad, aprisiónala con los dulces lazos de tu amor, para que sea eternamente esclava de tu voluntad santísima. Ya no quiero vivir para satisfacer mis deseos, sino para contentar tu divina voluntad. Destruye en mí todo lo que te desagrade y concédeme la gracia de no tener otro pensamiento, ni otro deseo sino el de aquellas cosas que tu deseas. Te amo con todo mi corazón; oh amantísimo Salvador mío! Te amo porque deseas que te ame, te amo, en fin, porque eres infinitamente digno de mi amor. Siento no amarte cuanto mereces, quisiera morir por amor
tuyo. Acepta este deseo y dame tu amor. Amen. Así sea.
La estación mayor.



TERCERA IGLESIA
ORACIÓN
Oh amabilísimo Jesús mío Sacramentado, que por el amor que me tienes estás encerrado noche y día en este sagrario, atrae, te ruego, todo mi corazón hacia Ti, de tal modo que no piense sino en Ti, ni quiera, ni busque, ni espere otro bien que poseerte. Hazlo por los méritos de tu Pasión, por la cual te lo pido y lo espero. ¡Ah Salvador mío sacramento y amante de mi alma! ¡cuán amables son las delicadas invenciones de tu amor para lograr que las almas te amen! ¡Oh Verbo eterno! Haciéndote hombre, no te ¡has contentado con morir por nosotros, sino que nos has dado, además este Sacramento por compañía, por alimento y por prenda de la gloria. Te has dignado aparecer entre los hombres, ya como niño en un establo, ya como pobre en un taller, ya como reo en una cruz, ya, en fin, como pan en la mesa del altar. ¿Qué otros medios podrías inventar para ganarte nuestro corazón? ¡Oh amabilidad
infinita! ¿cuándo llegará el tiempo en que yo comience a corresponder de veras a tantas finezas de amor? Señor, yo no quiero amar sino a Ti, en el tiempo y en la eternidad. Amen.
La estación mayor.



CUARTA IGLESIA
ORACIÓN
Oh Sacramento de amor, que ya sea dándote en la Santa Comunión, o ya permaneciendo en los altares, sabes atraer a Ti con los suaves encantos de tu amor tantos corazones, que enamorados de tu dulzura y fuera de sí en vista de tanta bondad, arden en la llama feliz de tu amor, sin olvidarlo jamás. Atrae también a Ti, este miserable que desea amarte y ser esclavo de tu amor divino. Yo entrego de un modo irrevocable en manos de tu bondad todos mis afectos, mi alma, mi cuerpo y todo mi ser. Aceptadme, Señor, y disponed de mí como te agrade. No, no quiero, ¡Oh amor mío! volver a quejarme de vuestras santas disposiciones; pues bien, comprendo que, siendo todas ellas dictadas por tu amoroso corazón, no pueden menos de ser amorosas y para mi mayor bien. Me basta saber que en ellas está tu voluntad para que las acepte todas durante mi vida y por toda la eternidad.
La estación mayor.



QUINTA IGLESIA
ORACIÓN
Oh corazón amantísimo de mi Jesús, del cual salieron todos los sacramentos y principalmente este que es el de amor. Quisiera en este solemnísimo día glorificarte y ensalzarte tanto cuanto Tú glorificas y ensalzas a tu Eterno Padre en este sacramento. Bien sé, que aquí en este altar me estás amando con aquel mismo amor que tuviste al morir en la Cruz entre infinitas amarguras. Yo te adoro, yo te amo y te doy gracias con todas las almas quete están amando en la tierra y en el cielo. ¡Oh Corazón purísimo! purifica el mío de todo afecto desordenado a las criaturas y llénalo de tu santo amor. Oh corazón dulcísimo, posee el mío de tal suerte que de hoy en adelante sea todo tuyo y pueda decir con el Apóstol: ninguna criatura podrá jamás separarnos del amor de Dios, que se funda en Jesucristo Nuestro Señor, a quien se dé todo honor y toda gloria en los siglos de los siglos. Amen.
La estación mayor.



SEXTA IGLESIA
ORACIÓN
Oh Jesús mío Sacramentado, que te lamentas de que, habiendo venido a la tierra a ser nuestro Huésped, para hacernos bien, nosotros no hemos querido recibiros. Tienes razón, Señor, tienes razón: yo soy uno de esos ingratos que no quiero hacerte compañía viniendo muy rara vez a visitarte. Castígame por ello cuanto quieras, solo te ruego que no me impongas la pena que merecería,
de no venir más ante tu presencia. ¿A dónde iré, que sería de mí si tú de ella me alejaras? Pero no, tú no me abandonarás si antes yo no te abandono. Oh fuego devorador, destruye todos mis afectos a las cosas criadas, mira que en este momento me doy á Ti sin reserva, y consagro toda la vida que me queda al amor de este santísimo Sacramento. El será, así lo espero, mi consuelo y mi amor durante mi vida y en la hora de mi muerte, cuando vengas a servirme
de guía y de viático en el camino a tu felicísimo reino. Así sea.
La estación mayor.

SÉPTIMA IGLESIA
ORACIÓN
Oh invisible Señor y Rey mío! Ya que te dignas permitírmelo, deja que te abra con confianza mi corazón en esta mi última visita. Bien conozco ¡oh Jesús mío! Oh enamorado de las almas, la sinrazón que te hacen los hombres. Tú los amas, y ellos no te corresponden; les haces bien y te desprecian: quieres hablarles y no te escuchan; les ofreces tus gracias y no quieren recibirlas. ¡Ah Jesús mío! Y ¿será cierto que en otro tiempo yo también me asocié a esos ingratos para causarte tales disgustos? ¡Ay de mí! es demasiada verdad; pero, Señor, ya quiero enmendarme y compensar en los días que me queden de vida los pesares que te he causado, haciendo cuanto pueda por complacerte y darte gusto. Te amo ¡Oh Sumo Bien! infinitamente más amable que todos los bienes; y amándote, uno mi pobre corazón a todos los corazones con que te aman los serafines, lo uno al dulcísimo y doloroso Corazón de María y a tu Amantísimo y Sagrado Corazón. Te amo con todas mis fuerzas y quiero amarte únicamente y siempre; si, solo á Ti, quiero amar eternamente. Así sea.
La estación mayor.





ANOTACIONES

Al hablar sobre la piedad popular, es referirnos a aquellas devociones que antaño se hacían en nuestros pueblos y nuestras casas, cuando se...