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domingo, 25 de octubre de 2020

TRIDUO DE DESAGRAVIOS PARA CARNAVAL

 


DEVOTO EJERCICIO DE DESAGRAVIOS PARA LOS TRES DIAS DE CARNAVAL

POR D. FÉLIX SARDÁ Y SALVANY

PRESBÍTERO

 

CON LICENCIA ECLESIÁSTICA

BARCELONA, 1890

 

Por la señal, etc.

 

¡Soberano Señor Sacramentado! Acércome contrito y fervoroso a vuestros augustos pies para ofrecer mis pobre homenajes de reparación, hoy que os veo por tantos de mis hermanos desconocido y ultrajado, y para juntamente pediros para sus almas luz, misericordia y perdón. ¡Acompañadme Vos Madre mía, y de todos los pecadores, María! Para que a pesar de mis faltas sean bien acogidas estas preces ante el trono de Su Divina Majestad. Glorioso San José, Santos Patronos y abogados míos y de esta población; Ángeles que a millares estáis rodeando en estos momentos el solitario Tabernáculo; vosotros en particular, Custodios fieles de mi alma y de las de mis prójimos por quien voy a rogar, interceded por ellos y por mí. Y haced todos que sea para mayor gloria divina, y para bien mío y de todos los pobrecitos pecadores, este acto de desagravio que me propongo practicar. Amén.

 

 

DÍA PRIMERO

MEDITACIÓN

Cuán gravemente es ofendido nuestro Soberano Señor en estos días

Atiende bien y considera, alma mía, si hay o no justísimos motivos para que te presentes a ofrecer tu homenaje de desagravios al Divino Esposo Jesús en estos diabólicos días de Carnaval. Son días en que realmente parece haber vuelto a tomar completa posesión del mundo Satanás, según son muchos los que se apresuran a mostrarse vasallos suyos. Aquello del Divino Salvador: Nunc princeps ujus mundi ejicielur foras, parece en verdad desmentido por el espectáculo que ofrece en tales días nuestra cristiana sociedad. Un nuevo código parece haberse proclamado en vez del Evangelio, una nueva moral, un nuevo dios, un nuevo culto. Todo se encuentra tolerable, todo se dispensa fácilmente, como si Dios y la Iglesia hubiesen abdicado en tales días su soberana autoridad sobre las costumbres y las conciencias. Ataques a la Religión en groseras parodias de ella hasta de sus más augustos misterios; ataques al pudor у a la honestidad hasta en las calles y plazas más concurridas. Cristo Dios puede asomarse a ese inmundo espectáculo, y exclamar congojoso y angustiado: «¿Son estos los hijos que Yo redimí con mi sangre, llamé con mi gracia y sellé con mi Bautismo?» ¡Si, Dios mío y Jesús mío y amado Esposo mío! Estos son, pero no como los queréis Vos a vuestra imagen y semejanza, sino como a imagen y semejanza suya las ha transformado y disfrazado vuestro enemigo Luzbel. Estos son, pero ya no cristianos, sino de nuevo paganos, como si por ellos no hubieseis padecido y muerto Vos. ¡Oh Bien mío despreciado! ¡Oh sangre pisoteada! ¡Oh santa Cruz renegada y desconocida! ¡Oh espantosa ingratitud! Reflexiona, alma mía, como por estos motivos, aunque en todos los días del año se vea ofendido Dios nuestro Señor, en éstos es cuando más fiero y repetido se le dirige el agravio a su honra divina. Esta, ésta, más que la última de Cuaresma, es su verdadera semana de Pasión. Razón tiene la Iglesia santa en haber puesto por Evangelio de la Misa de Quincuagésima aquel tristísimo: Ecce ascendimus Jerosolymam, que parece escrito para estos días. Sí, volvemos a Jerusalén, volvemos al Calvario, repítase la sangrienta tragedia de que fué autor el pueblo judío. Sólo que ahora lo es con mucha mayor crueldad el mismo pueblo cristiano. Sí, Cristo es de nuevo escupido, abofeteado, puesto en cruz, mofado y silbado en ella. Desde aquí oigo los aullidos de un pueblo brutal que prefiere seguir más que a Cristo al infame Barrabás. Desde aquí se percibe el rumor de las masas seducidas que se burlan de Él y le blasfeman y zahieren. ¡Oh pobre Jesús mío! ¡Y Vos solo aquí soportando la vergüenza de esos escarnios! ¡Vos solo aquí con un reducido grupo de amigos fieles, pocos, muy pocos en comparación de los innumerables que reniegan de Vos o por lo menos os vuelven indiferentes el rostro! ¡Ah! Consolaos, dulcísimo Jesús mío, con mis pobres obsequios, y perdonad. Seguid teniendo extendidas las manos para recibir amoroso a tanto ingrato, si por acaso vuelve más tarde a Vos. Mi corazón os ofrezco; pedid de él algún sacrificio que sea en desagravio de vuestro vilipendiado honor. ¡Ojalá pudiera yo ofrecerme víctima sobre este altar por Vos y por mis infelices hermanos!

 

 

Aquí con mucho fervor se ofrecerá cada cual, al Sagrado Corazón de Cristo sacramentado en expiación por los pecados del Carnaval, aceptando por ellos cualquier tribulación y angustia a que dispusiere sujetarle Su Divina Majestad.

 

Enseguida se rezará la Estación mayor, y después los siguientes:

 

 

OFRECIMIENTOS Y DEPRECACIONES

 

¡Señor mío Jesucristo! Por mis hermanos los pobres pecadores acudo solícito a vuestros soberanos pies, para que les concedáis saludable arrepentimiento y filial retorno a Vos.

 

R/: Perdonadlos, Señor.

 

Por la pureza sin mancha de vuestra Madre y por la virginal limpieza de su santa maternidad, perdonada a tantos infelices las deshonestidades y lascivias con que embrutecen su alma.

 

Por la pobreza de vuestro nacimiento y oscuridad de vuestros primeros años, perdonadles a tantos infelices los excesos del lujo con que rinden tributo al mundo y a Satanás.

 

Por la modestia de vuestros dulces ojos, que nunca miraron mal, y por la prudencia de vuestras palabras, que siempre fueron de edificación y buen ejemplo, perdonadles a tantos infelices las miradas impúdicas que dirigen u ocasionan, y las conversaciones escandalosas ruina del pudor y de la vergüenza cristiana.

 

Por vuestros pasos y fatigas en busca de los pecadores, por vuestras congojas y sed en la predicación evangélica, perdonadles a tantos infelices los sacrificios mil de salud con que sirven al mundo y a su carne, en vez de sacrificarse por Vos.

 

Por aquel amor con que instituisteis el Santísimo Sacramento en la Última Cena, a pesar de que sabias como este vuestro misterio de infinita caridad había de ser escarnecido por tantos infelices en Carnaval.

 

Por la amarga tristeza que en Getsemaní os dieron los excesos de estos días, que claramente veías, y por aquella traición de Judas que tantos infelices repiten hoy.

 

Por aquella bofetada, por aquellos azotes y espinas, por aquella ignominiosa cruz que pidió para Vos el ingrato pueblo judío, menos culpable que los infelices cristianos que en estos días renuevan vuestra Pasión.

 

Por las tres negaciones con que os afligió aquel apóstol cobarde a la voz de una criada, que no os afligieron más que las repetidas negaciones con que en estos días abjuran su nombre y carácter de cristianos tantos infelices hijos vuestros.

 

Por las siete palabras que en la cruz dijisteis, por el vinagre y hiel que allí se os ofreció, por las lágrimas que visteis derramar a vuestra dulce Madre, por vuestras agonías y último suspiro, por vuestra sepultura y Resurrección, que tantos infelices desconocen y olvidan en estos días, como si por ellos no hubieseis padecido, muerto y resucitado.

 

ORACIÓN

¡Señor mío Jesucristo! Dignaos aceptar en reparación de vuestra divina gloria ofendida, y por mis pobres hermanos extraviados, estas súplicas y ofrecimientos que os dirijo, seguro de la benignidad con que los acogerá vuestro misericordioso Corazón. Compadeceos, Jesús mío, de esos hijos vuestros que habéis redimido con vuestra Sangre, y admitidlos un día al dulce abrazo de vuestra reconciliación. Amén.

 

 

 

DÍA SEGUNDO

MEDITACIÓN

Cuán cierta es la perdición de muchas almas en

Si no conmueve, oh cristiano, tu corazón el continuo ultraje que en estos días recibe la honra divina, muévete al menos el gran número de hermanos que por los excesos de ellos se lanzan a la perdición. Si vieses caer a derecha e izquierda de ti miles de hombres víctimas de una cruel epidemia, no sería espectáculo tan doloroso como lo es hoy ver a tantos desdichados precipitarse, víctimas de esa pestilencia del vicio, por los caminos de su eterna desventura. ¿Y dices amar al prójimo como a ti mismo, y no te horroriza este estrago de almas tan general? ¿Y nada harás para disminuirlo, si sabes que en tu mano está librar alguna de esas desventuradas víctimas? Sí, en tu mano está por medio de la fervorosa oración a Cristo sacramentado. Ha querido Dios nuestro Señor que cada uno pudiese ser de este modo brazo de salvación para su hermano. Resuélvete, pues, a serlo de los que puedas en esos días infelicísimos del Carnaval. ¡Señor mío Jesucristo! Conceded a mis ruegos, aunque indignos, lo que tanto necesitan esas pobrecitas almas apartadas de Vos. Un rayo de vuestra luz que las haga ver lo peligroso de su estado, un toque de vuestra gracia que las ayude a salir de él. ¡Señor, mirad que se alegra con esa infernal cosecha el demonio vuestro enemigo! No sea inútil el precio de vuestra Sangre en tantos desventurados por quienes como por mí la habéis derramado. Que vean, Señor, que vean esos ciegos de la más peligrosa ceguera, que vean y os bendigan después por toda la eternidad. Observa bien, alma mía, cuántos lazos especiales tienden en estos días el mundo, demonio y carne, para hacer suyas las almas, y con qué horrible facilidad se dejan coger éstas en tales redes de perdición. La más vergonzosa licencia se encubre bajo las apariencias de gracejo y buen humor; la orgía más desenfrenada se llama sencillamente desahogo propio de la temporada. La vil lujuria que arruina tantas almas y prostituye tantas liornas toma el color de sencillo pasatiempo y distracción; la impiedad volteriana que ríe y hace reír a costa de lo más sagrado no parece sino chiste urbano, y rasgo de ingeniosa y amena galantería. Infinidad de corazones pagan tributo a esa atmósfera de pecado que parece lanzar envenenada sobre la tierra por todos los respiraderos del mismo infierno. ¡Cuantos contraen en estos días la espantosa gangrena que ha de hacer miserable y criminal toda su vida, hasta dar con ellos en los abismos de la eterna condenación! ¡cuantas muertes de réprobo no tendrán otro origen que esos infames desórdenes con que se torció para siempre el curso de una vida tal vez cristianamente empezada, para no parar sino en las inmundicias de una corrompida ancianidad! ¡Oh Dios mío y Señor mío! A Vos acudo en demanda de gracia y misericordia por tantas almas que aún pueden quizá ser dignas de Vos, por un sincero arrepentimiento. Compadeceos de ellas, de la inexperiencia de su edad, de la locura de sus pasiones, de los ardides mil con que las rodea el enemigo, de las falsas máximas con que las seduce un mundo traidor. Dad, Señor, una mirada compasiva a esos extraviados, un rayo de vuestra soberana luz hará de ellos tal vez las ovejas más fieles de vuestro redil. Escuchad por ellos estas mis oraciones, recibid por ellos mi comunión y mis escasos sacrificios, mi salud, mi honra, mi vida, tomadlas en pago de sus deudas, si con aquellas puedo retornar upa alma siquiera de las extraviadas, a vuestros divinos pies. Amén.

 

 

 

DÍA TERCERO

MEDITACIÓN

Lo que agradece Dios nuestro Señor el desagravio

Muchos más serían los corazones consagrados a la dulce tarea de des agraviar a Dios nuestro Señor, si conociesen cuánto agradece y estima. Esta tal muestra de amor de sus fieles amigos. Sabido es que tanto solemos más apreciar un obsequio, cuanto es más singular y menos acostumbrado. Allí brilla más la acendrada amistad y se echa de ver más firme y animoso el verdadero afecto. Considera, pues, con cuán buenos ojos verá el dulce Jesús las horas que has pasado estos días en su devota compañía, mientras los del mundo se entregaban con tan loco afán a sus culpables o siquiera frívolos y peligrosos devaneos. Paréceme ver al Corazón de nuestro dulce Señor inclinarse más amoroso que nunca a los fieles amigos suyos desde su escondido tabernáculo, para agradecerles y recompensarles con nuevos dones de su caridad esas muestras que se apresuran a darle de reparación y desagravio. ¡Oh, cómo las consolará el divino Esposo en sus aflicciones a tales almas que no le han dejado en su soledad! ¡Oh, cómo les hará en sus tristezas amorosa y delicada compañía! Sí, que muy agradecido es el Corazón de nuestro buen Dios, y no sufre que le aventaje nadie en finezas de correspondencia. ¡Alma mía! Esfuérzate en ser fiel a tu dulce Jesús, cuando son tantos los ingratos que le ofenden y los distraídos que le olvidan. Redobla tu celo, duplica tu fervor, reenciendo más y más tu cariñoso anhelo, para suplir con tus adoraciones las que el mundo, demonio y carne roban en estos días a tu adorable Salvador. Hazlo con más ahínco en este último día, y no te pesará en tu última hora haber permanecido constante y fiel a tu ofendido y menospreciado Jesús. Ni merecerás menos, alma mía, por el celo que hayas mostrado en rogar é interceder en tales días, y especialmente en este postrero, por los infelices pecadores, que trae ciegos y locos tras sus banderas el infernal caudillo Satanás. Dios nuestro Señor, después de su propia honra y gloria, que es lo más digno de ser enaltecido y glorificado, ama muy especialmente las almas de esas criaturas que para el cielo formó, y por quienes dio toda su Sangre. Y duélele infinitamente a su Corazón amante verlas precipitarse por caminos de perdición, y que por su severísima justicia hayan de ser condenadas a eterno castigo. Costa, pues, suplica, apremia, para que salga quien se interponga entre ellas y el infierno, quien las aparte de sus pésimos senderos, quien las vuelva a sus brazos arrepentidas y reconciliadas. Y para eso quiere que haya quien ore mucho por ellas, quien por ellas se ofrezca, quien por ellas satisfaga y expíe, para facilitarle así a su misericordia, sin perjuicio de su eterna justicia, la grata obra de perdonar. Así que, bien podemos asegurar que nada agradecerá tanto el Divino Señor, y nada recompensará con tan subidas mercedes con la intercesión de los buenos en favor de sus hermanos pecadores. Se asocia a su obra de Redentor y hácese como redentor con El, quien trabaja y ora, y sufre y expía, para hacer eficaces en las almas de sus hermanos los frutos de la Redención. ¡Oh suavísimo Redentor mío, y que lo sois también de todos mis hermanos pecadores! A ese lauro aspiro yo, y ese espero merecer por vuestra infinita misericordia. ¡Logre yo devolveros alguna de esas almas perdidas que os robó Satanás, logre yo haber alcanzado con mis pobres oraciones y expiaciones algún toque interior de gracia para alguna de ellas en estos días de Carnaval! ¡Poneos de mi parte Vos Señora, Reina y Madre de pecadores, Ángeles y Santos Patronos de esta población, Custodios de los infelices hermanos míos apartados de Dios! Presentad vosotros estas mis últimas súplicas al Altísimo, y alcancen ellas por vuestra recomendación lo que por mis escasos méritos no pudieran tal vez lograr. Amén.

viernes, 19 de junio de 2020

EJERCICIO DEVOTO A LA SANTA FAZ


PRÁCTICA EN HONOR DE LA

SANTA FAZ DE NUESTRO SENOR JESUCRISTO

 

 

Puesto de rodillas ante una imagen de la Santísima Faz de nuestro adorable Redentor, y persignado devotamente, se dirá lo que sigue:

 

 

ACTO DE CONTRICIÓN

¡Oh amabilísimo Dios, Trino y Uno! A vuestros pies llego a pediros perdón de cuantos pecados he cometido contra vuestra soberana Deidad. Yo, el más ingrato de los pecadores, que tanto os he despreciado, arrepentido lloro mis errores: mirad, Señor y amado mío, que os llamáis Padre de misericordias: sí tratáis de juzgar el proceso de mis pecados, yo pongo la Faz adorable de vuestro amado Unigénito entre vuestro juicio y mi miseria. Yo ofrezco é interpongo los merecimientos de su Pasión en descuento de mis delitos. Esta Pasión y Muerte, mi Jesús, pongo por medianera entre vuestra ira divina y mis pecados, para obligaros con ella a que los lavéis y traspaséis mi corazón con la saeta de vuestro ardiente amor. Ruegos, Señor, que con vuestra poderosa virtud penetréis lo más íntimo de él, para que llore de día y de noche lo mucho que os he ofendido, hasta que en el tálamo celestial merezca mi alma contemplaros y viendo allí vuestra gloriosa Faz tan admirable y hermosa, llena de toda dulzura, la adore humilde, y con inefable regocijo pueda exclamar con los que os aman, diciendo: Ya veo lo que esperaba, ya poseo mi tesoro, porque estoy en los Cielos con aquel Señor a quien amé estando en la tierra; a quien alabo, adoro y bendigo eternamente. Amén.

 

 

SALUTACIONES

Salúdoos, graciosísima y hermosísima Faz de mi amado y querido Jesús, con vuestra Santísima Madre y con todos los soberanos espíritus, por mi causa afeada con hediondas salivas, y herida con crueles bofetadas. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

Salúdoos en nombre de toda la Iglesia, con todos los cortesanos del Cielo y criaturas de la tierra, amantísima, benignísima y dulcísima Faz de mi dulce y amante Redentor Jesús, por mí desfigurada, denegrida y ensangrentada. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

Salúdoos, tesoro incomparable de todo bien y toda felicidad, gloriosísima Faz de mi Señor Jesucristo: ruegos que en vida me seáis poderoso fomento para amaros, y en la muerte sombra agradable para ir a Vos, y después de ella estancia perpetua en que repose eternamente. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

Salúdoos, adoroos y os amo ¡oh Faz adorable de mi amado Jesús!, noble sello de la Divinidad: yo me uno a Vos con todas las fuerzas de mi alma, y os ruego humildemente imprimáis en mí todos los rasgos de vuestra divina semejanza. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

Salúdoos ¡oh Faz de mi Salvador Jesús, cubierta de nuevos ultrajes por los blasfemos! Yo os amo, os adoro y os ofrezco en el Corazón de la Divina María, como un incienso y un perfume de agradable olor, los homenajes de los ángeles y de todos los santos, rogándoos humildemente os dignéis esparcir y restablecer, en mí y en todos los hombres, vuestra imagen desfigurada por el pecado. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

 

AFECTOS

Con todo el afecto de mi corazón os adoro, alabo y glorifico, Santísima Faz de mi amante y querido Redentor, en nombre y persona de toda la Iglesia Católica, deseando recompensar todo lo que han dejado y dejarán de hacer todas las criaturas ingratas de la tierra y los abismos. Sea vuestro venerado y amable Rostro defensa del Romano Pontífice, consuelo de nuestro gobernante, asilo de nuestra Iglesia Católica, destrucción de la herejía y paganismo, refrigerio de las almas del Purgatorio, y medicina de los pobres pecadores, para que, amándoos todos en esta vida, os canten sin cesar Santo, Santo, Santo, hasta irlo a repetir felices a la gloria eterna. Amén.

 

ORACIÓN DE SU SANTIDAD PÍO IX

¡Oh Jesús mío! Miradnos con misericordia; volved vuestro Rostro hacia cada uno de nosotros, como hicisteis con la Verónica, no para que os veamos con los ojos corporales, pues no lo merecemos, pero si para que nuestros corazones se acuerden de Vos y puedan siempre sacar de esta fuente de fuerza el vigor necesario para combatir con buen éxito en las batallas que debemos sostener. Amén.

 


jueves, 18 de junio de 2020

MARTES CONSAGRADO A LA SANTA FAZ


MARTES CONSAGRADO A A LA SANTA FAZ DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

 

L/: Abre, Señor, mis labios

R/: Y mi boca proclamará tus alabanzas

 

L/: Ven Señor en nuestra ayuda

R/: Apresúrate Señor, en socorrernos.

 

L/: Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo

R/: Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

SALMO 67

¡Que Dios tenga piedad y nos bendiga, que nos muestre su rostro y lo haga brillar sobre nosotros! Conozca así la tierra su proceder, y todas las naciones su salvación.

 

SALMO 68

Dios se levanta, se dispersan sus enemigos, huyen de su presencia los que lo aborrecen. Como se disipa el humo, los disipas, como se derrite la cera ante el calor del fuego, los malvados perecen ante la vista de Dios.

 

JACULATORIA

Muéstranos Señor tu Santa Faz y seremos salvos. (3 veces)

 

ORACIÓN

Padre Eterno, yo te ofrezco la adorable Faz de tu amado Hijo, para honor y gloria de tu Nombre, por la conversión de los pecadores y la salvación de los agonizantes. (3 veces)

 


ORACIÓN DE LA FLECHA DE ORO.

Que el más Santo más Sagrado más adorable más incomprensible e inefable Nombre de Dios, sea por siempre alabado, bendecido, amado, adorado y glorificado, en el cielo, en la tierra y bajo la tierra, por todas las criaturas de Dios, y por el Sagrado Corazón de Jesús, en el Santísimo Sacramento del altar. Amen.  (3 veces)

 

 

LETANÍAS DEL DIVINO ROSTRO DE JESÚS

 

¡Yo Te saludo Te adoro y Te amo, oh Rostro adorable de Jesús mi Amado, noble Sello de la Divinidad! Ultrajado de nuevo por los blasfemos, Te ofrezco, por medio del Corazón de Tu Santísima Madre, la adoración de todos los Ángeles y Santos, con la humilde súplica de que repares y renueves en mí y en todos los hombres Tu Imagen desfigurada por el pecado.

 

¡Oh, Rostro Adorable!, que fuiste adorado con profundo respeto por María y José cuando Te vieron por primera vez. R/: Ten misericordia de nosotros.

¡Oh, Rostro Adorable!, que en el establo de Belén llenaste de alegría, a los Ángeles, los pastores y los magos,

¡Oh, Rostro Adorable!, que en el Templo traspasaste con un dardo de amor, al santo anciano Simeón y a la profetisa Ana,

¡Oh, Rostro adorable!, que llenaste de admiración a los Doctores de la Ley cuando apareciste en el Templo a la edad de doce años,

¡Oh, Rostro adorable!, que posees la belleza siempre antigua y siempre nueva,

¡Oh, Rostro adorable!, que eres la obra maestra del Espíritu Santo, en el que el Padre Eterno se complace,

¡Oh, Rostro adorable!, que eres el espejo inefable de las perfecciones divinas,

¡Oh, Rostro adorable!, brillante como el sol y radiante de gloria en el Monte Tabor,

¡Oh, Rostro adorable!, que lloraste y Te afligiste ante la tumba de Lázaro,

¡Oh, Rostro adorable!, que Te entristeciste al ver Jerusalén y derramaste lágrimas sobre esa ciudad ingrata,

¡Oh, Rostro adorable!, que Te inclinaste hasta el suelo en el Huerto de los Olivos y Te cubriste de confusión por nuestros pecados,

¡Oh, Rostro adorable!, cubierto del sudor de sangre,

¡Oh, Rostro adorable!, que con Tu divina mirada heriste el corazón de San Pedro con un dardo de dolor y de amor,

¡Oh, Rostro adorable!, que fuiste golpeado por un siervo vil, cubierto con un velo de vergüenza y profanado por las manos sacrílegas de Tus enemigos,

¡Rostro Adorable de Jesús, que el día de Tu Pasión Te inclinaste lleno de misericordia en la Cruz por la salvación del mundo! Una vez más, por piedad, inclínate hacia nosotros, pobres pecadores. Míranos con compasión y danos Tu Paz.

¡Oh, Rostro adorable!, lavado y ungido por María y las santas mujeres y cubierto con una sábana,

¡Oh, Rostro adorable!, resplandeciente de gloria y belleza el día de la Resurrección,

¡Oh, Rostro adorable!, que Te ocultas en la Eucaristía,

¡Oh, Rostro adorable!, que aparecerás al final de los tiempos en las nubes con gran poder y majestad,

¡Oh, Rostro adorable!, que harás temblar a los pecadores,

¡Oh, Rostro adorable!, que regocijarás a los justos por toda la eternidad,

¡Oh, Rostro adorable!, que mereces toda nuestra reverencia, nuestro homenaje y adoración,

¡Oh, Señor muéstranos Tu Rostro y seremos salvos!

¡Oh, Señor muéstranos Tu Rostro y seremos salvos!

¡Oh, Señor muéstranos Tu Rostro y seremos salvos!

 

ORACIÓN: ¡Sé misericordioso con nosotros, oh mi Dios! No desprecies nuestras oraciones cuando, en medio de nuestras aflicciones, clamemos Tu Santo Nombre y busquemos con amor y confianza Tu Rostro adorable.

 

L/: Muéstranos Señor, tu Santa Faz

R/: y seremos salvos

 

L/: La Luz de tu Faz ha sido otorgada sobre nosotros, ¡Oh Señor!

R/: Nos has llenado nuestros corazones con alegría.

 

 

OREMOS: Te saludo, Te amo y Te adoro, Jesús, mi Salvador cubierto por nuevos ultrajes cometidos por los blasfemos, y yo te ofrezco, en el corazón de la Santísima Virgen María, como el incienso y una agradable fragancia, los homenajes de los ángeles y de todos los santos, y oro humildemente para que, por la virtud de Tu Santa Faz, se repare y restaure en mí y en toda la humanidad, tu imagen desfigurada por el pecado. Amén

 

 

ORACION FINAL

Dios Todopoderoso y Misericordioso, has te lo suplicamos, que al venerar la Santa Faz de Jesucristo tu Hijo, desfigurada en la pasión debida a nuestros pecados, merezcamos contemplarte eternamente en el resplandor de su Gloria celestial, por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

 

ORACIÓN A LA SANTA FAZ

Te rogamos, Señor, por medio del Corazón Inmaculado de María, que por la virtud de tu Santa Faz, repares y restaures en mí y en todos los hombres tu imagen desfigurada por el pecado. Amén.

 

 

ALABANZAS A LA SANTA FAZ

Que Jesús sea bendito.

Bendita sea la Santa Faz de Jesús.

Bendita sea la Santa Faz en la majestad de sus rasgos celestiales.

Bendita sea la Santa Faz en todas las palabras salidas de su divina boca.

Bendita sea la Santa Faz en todas las miradas de sus ojos.

Bendita sea la Santa Faz en la Transfiguración del Tabor.

Bendita sea la Santa Faz en las fatigas de su apostolado.

Bendita sea la Santa Faz en el sudor de sangre de su agonía.

Bendita sea la Santa Faz en las humillaciones de la Pasión.

Bendita sea la Santa Faz en los dolores de la muerte.

Bendita sea la Santa Faz en la gloria de la Resurrección.

Bendita sea la Santa Faz en los esplendores de la luz eterna.

 

 

ALABANZAS ALTERNADAS A LA SANTA FAZ

¡Que el Nombre adorabilísimo del Señor sea glorificado por todos los siglos!

¡Que el Nombre adorabilísimo del Señor sea glorificado por todos los siglos!

¡Que el santo día del Señor sea santificado por todos los hombres!

¡Que el santo día del Señor sea santificado por todos los hombres!

¡Que la Santa Faz de Jesús sea amada por todos los corazones!

¡Que la Santa Faz de Jesús sea amada por todos los corazones!

¡Que la santa Iglesia, nuestra madre, sea exaltada en toda la tierra y sean exterminados todos sus enemigos!

¡Que nuestro santo Padre, el Papa sea venerado por todos los pueblos!

 

Señor, mostrad tu Faz y seremos salvos.

Señor, mostrad tu Faz y seremos salvos.

¡Así sea! ¡Así sea!

¡Así sea! ¡Así sea!

 


ORACIÓN DE SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS Y DE LA SANTA FAZ

¡Faz adorable de Jesús! ¡Única hermosura que arrebata mi corazón! Dígnate imprimir en mí tu divina semejanza, para que no puedas mirar el alma de tu pequeñita esposa sin mirarte a ti mismo. ¡Oh Amado mío! Por tu amor acepto no ver aquí abajo la blandura de tu mirada ni sentir el inefable beso de tus labios, pero te suplico que me abrases con tu amor, el cual me consuma rápidamente y conduzca pronto a tu presencia. Vivir de amor es enjugar tu Rostro e implorar el perdón de los pecadores. ¡Oh, cuántas gracias he recibido, durante mi vida, de esta Santa Faz! Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz

 

 

ORACIÓN DE S. S. PIO IX

¡Oh Jesús mío! miradnos con ojos de compasión; volved tu Rostro hacia cada uno de nosotros como lo hiciste con la Verónica, no para que te veamos con los ojos corporales, pues no lo merecemos, más volvedlo hacia nuestros corazones, a fin de que, acordándonos de Ti, podamos siempre sacar de este manantial de pureza el vigor necesario para librar los combates que debemos aún sostener

 

 

OFRECIMIENTO DEL DIVINO ROSTRO PARA APACIGUAR LA JUSTICIA DE DIOS Y DERRAMAR LA MISERICORDIA SOBRE NOSOTROS

Eterno Padre aleja de nosotros tu enojo por todas las culpas de la gente que sus rostros comiencen a ser insignificantes ante ti, mira en su lugar el rostro de tu amado hijo por eso es el rostro en que tú te complaces. Nosotros ahora te ofrecemos esta Santa faz cubierta con la pena y desfigurada por sangrientos rasguños en reparación por los crímenes de nuestra era, en orden de apaciguar tu ira justamente provocada en contra nuestra. Por causa de tu divino hijo, nuestro redentor ha tomado en su cabeza todos los pecados de la gente de manera de ser perdonados, nosotros ahora te rogamos Eterno Padre tu gran misericordia sobre nosotros. Amen.

 


ORACIÓN EN REPARACIÓN DE LOS SANTOS DE LA SANTA FAZ

Santa Faz de Jesucristo concédenos a través de la intercesión de los méritos de los nobles Santos de la Santa Faz, la valiente Verónica, Santa Gertrudis, Sor María de San Pedro, León Dupont, Sor María Pierina de Michelli,  Santa Teresita del niño Jesús y de la Santa faz, el triunfo sobre nuestros enemigos del alma, especialmente a la hora de la muerte, a través de los sufrimientos, golpes, rasguños, lágrimas, sangre y dolores de tu Santa Faz los cuales pagaron por demás el precio de nuestra salvación concédeme Señor limpiar tu Divino Rostro para de este modo reparar la dignidad ofendida del Hombre Dios, permíteme Señor ser esa Verónica que cure tus heridas para así poder limpiar mi atribulado rostro lleno de pecado para ser digno algún día de verte a los ojos a través de tu gloriosa divina y majestuosa presencia así sea. Amen.

 

Colaboración de Iván Arellano

martes, 16 de junio de 2020

DEPRECACIONES A LA SANTA FAZ




VEINTICUATRO ADORACIONES PARA REPARAR LA BLASFEMIAS QUE SE COMETEN DURANTE LAS VEINTICUATRO HORAS DEL DÍA.

(SE EMPIEZA POR EL Magníficat)

1. En unión con el Sagrado Corazón de Jesús: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

2. En unión con el Sagrado corazón de María: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

3. En unión con el glorioso San José: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

4. En unión con San Juan Bautista: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

5. En unión con el coro de los Serafines: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

6. En unión con el coro de los Querubines: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

7. En unión con el coro de los Tronos: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

8. En unión con el coro de las Dominaciones: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre. 

9. En unión con el coro de las Virtudes: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.     

10. En unión con el coro de las Potestades: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

11. En unión con el coro de los Principados: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

12. En unión con el coro de los Arcángeles: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

13. En unión con el coro de los Ángeles: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

14. En unión con los siete Espíritus que se encuentran delante del trono de Dios y los veinticuatro ancianos: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que
está por encima de todo nombre.

15. En unión con el coro de los Patriarcas: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

16. En unión con el coro de los Profetas: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre. 

17. En unión con el coro de los doce Apóstoles y los cuatro Evangelistas: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

18. En unión con el coro de los Mártires: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

19. En unión con el coro de los santos Pontífices: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

20. En unión con el coro de los santos Confesores: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

21. En unión con el coro de las santas Vírgenes: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

22. En unión con el coro de las santas Mujeres: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

23. En unión con toda la Corte Celestial: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre.

24. En unió en con toda la Iglesia y en nombre de todos los hombres: Venid, adoremos el admirable Nombre de Dios que está por encima de todo nombre y postrémonos delante de Él. Lloremos en la Presencia del Señor que nos ha hecho,
porque Él es el Señor nuestro Dios; nosotros somos su pueblo, su rebaño que Él conduce a sus prados.

Colaboración de Iván Arellano

lunes, 18 de mayo de 2020

AL SANTO ROSTRO


DEPRECACIÓN AL DIVINO ROSTRO 

Mi Padre Jesús,

Mi Padre querido,

Tu rostro nos libre

De peste y peligro.

 

Santísimo Rostro

De mi Redentor,

A mí y a esta casa

Bendiga el Señor.

 

Santísimo Rostro

De mi amado Dueño,

Tu Sangre divina

Solo es mi remedio.

 

Santísimo Rostro

De mi Dios amado,

Tu rostro nos libre

De muerte y pecado.

 

Santísimo Rostro,

Por tu santa vida,

Recoge la oveja

Que andaba perdida.

 

Santísimo Rostro,

Merezcamos verte

En la hora postrera

Con piadosa muerte.

 

Santísimo Rostro,

Por tu santa muerte,

Tu Divino Rostro

Destierre la peste.

 

Benditas las horas

En que padeció

Mi amado Jesús

Y el día en que nació.

 

Bendita la Virgen

Que todo lo vio.

Bendito el dolor

Que su alma sintió.

 

Santísimo Rostro

De mi Redentor,

De todo peligro

Nos libre el Señor.

 

Santísimo Rostro,

Que por tu intercesión

Te amemos todos

Con fe y devoción.

 

Adiós, mi Jesús,

Adiós, mi Creador,

Adiós, Santo Rostro

De mi Redentor.

   

ORACIÓN: A tus plantas, dulcísimo Jesús, me hallo postrado implorando el perdón de mis pecados, confiado en tu infinita bondad. Bien ves, Señor, mi miseria, y que necesito del auxilio que franqueas a los que invocan tu santo nombre; por lo mismo me atrevo a suplicarte por tu Divino Rostro, no se pierda en mí el fruto de la Sangre que derramaste en el árbol de la Cruz, dándome una perfecta contrición para enmendar mi vida descarriada y emplearme en servirte. Amén.

 

 


ANOTACIONES

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