viernes, 22 de mayo de 2026

SEPTENARIO A LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS DEL CAMINO

 


SEPTENARIO A NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS DEL CAMINO


PARA CONSEGUIR VICTORIA CONTRA LOS SIETE VICIOS CAPITALES, Y PARA ALCANZAR POR SU INTERCESIÓN EL BUEN LOGRO Y EXITO DE CUALQUIERA NECESIDAD.


CON LICENCIA:

Reimpreso en Cádiz, en Casa de Don Juan Ximénez Carreño, Calle de San Miguel. 

Año de 1791.

MODO DE HACER ESTE SEPTENARIO

Aunque en cualquier tiempo del año es muy provechoso este exercicio para obligar la Divina Clemencia, ha parecido conveniente hacerlo en publico, en el Sagrado Templo donde se venera el Soberano y milagroso Simulacro de MARÍA Santísima de las ANGUSTIAS del Camino. Y para el mayor culto y devoción, se ejercitará en las siete tardes del Septenario que la muy ilustre, y fervorosa Hermandad de esta Soberana Señora le consagra todos los años, y dará principio en el día de la Fiesta de dedicación que se hizo del Smo. Rosario, o en el que se señalare por nuestra Hermandad, y para conseguir el fruto de tan admirable devoción, se ha de procurar la observanciade la Virtud contraria a el Vicio, que a cada día corresponde. Asímismo se ha de confesar, y comulgar con la mejor disposición que sea posible, uno de ellos, que podrá ser el día en que se empiece el Septenario, o el Domingo inmediato, así mismo se ejercitarán algunas obras de Misericordia, como dar alguna limosna, visitar enfermos, enseñar la Doctrina Cristiana, con cuyos medios no hay duda, que por la intercesión y ruegos de tan poderosa Señora conseguiremos todo cuanto no se oponga a nuestra salvación, que es lo principal que debemos pedir.


SEPTENARIO

Por la señal de la Sta. Cruz…

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, te amo sobre todas las cosas, y me pesa en el alma de haberos ofendido, por ser quien sois, propongo la enmienda y confesarme; y espero me habéis de perdonar por vuestra misericordia. Pequé, Señor. Amen.


ORACIÓN PARA TODOS LOS SIETE DÍAS

Soberano Señor, Redentor de nuestras almas, humillados ante vuestra Divina presencia llenos de confusión conocemos lo errados que hasta aqui hemos andado en el camino que Vos mismo nos enseñasteis de las virtudes siguiendo ciegos el de los vicios; pero ya resueltos, Padre amorosísimo a seguiros e imitar vuestra Sacrosanta vida, os suplicamos lleneis nuestros corazones de un tierno amor vuestro, y uno dio eficaz de nuestros pecados, no se malogre la sangre que derramasteis, la Muerte que padecisteis, y la Doctrina que nos enseñasteis. Mirad, Jesus mío, que vuestra Augustísima Madre os lo pide, por aquellas terribles ansiasque padeció en vuestra Pasión nos mireis como hijos vuestros, socorriéndonos con los auxilios de vuestra gracia, para que en adelante solo para Vos vivamos caminando, y subiendo de grado en grado a las Virtudes, y tambien si conviene la merced particular que pedimos en este Septenario, a mayor honra y gloria vuestra, y de vuestra Santísima Madre. Amén.


DÍA PRIMERO

ORACIÓN

¡Virgen Purísima, la más Angustiada! Nosotros os suplicamos que por la terrible angustia que padecisteis quando habiendo ofrecido a vuestro precioso Hijo en el Templo, vuestro humildísimo corazon fué traspasado, nos alcanceis una profunda humildad, en imitación de la que ejercitásteis obedeciendo al Eterno Padre, y resignándoos en la dolorosa Profecia del Santo Sacerdote Simeón, para que nos sirva del más poderoso escudocontra el detestable vicio de la Soberbia, para que imitándoos perfectamente, alcancemos la Gloria Eterna. Amén.

Para conseguir esta virtud se rezarán siete Padres nuestros, y siete Ave marías, con Gloria Patri.


ORACIÓN PARA TODOS LOS SIETE DÍAS

Soberana Señora, Madre de Dios, y Señora nuestra de las ANGUSTIAS, postrados ante vuestra Soberana Clemencia, humildemente os suplicamos, que por todas las penas, y Angustias que padeció vuestra Santísima Alma, y amantisimo Corazón en el discurso de la Sacrosanta Vida Pasión, y Muerte de vuestro Hijo Jesus nuestro Redentor, y Maestro, y especial cuando habiendolo bajado del Árbol de la Cruz, le visteis difunto en vuestros amantísimos brazos: por este tan terrible desconsuelo nos alcanceis de la Divina piedad, que en el articulo de la muerte seamos socorridos, y ayudados de eficacisimos auxilios de una final penitencia, un total olvido de las cosas de esta vida, con una segura confianza de vuestra poderosa intercesión, para conseguir la Vida eterna y mientras la Divina voluntad fuere servido tenernos en este Valle de lagrimas, no aparteis, Madre Clementísima de nosotros vuestros misericordiosos ojos, inclinando nuestros deseos a la mayor observancia de la Divina Ley: aqui, Madre mía, os ofrezco mi corazon y deseos; y si la necesidad que os rogamos en este Septenario no es del agrado de Dios, apartad, Señora, de nosotros lo que no importa, y solo si busquemos la Vida Eterna. Amén.


Para finalizar se reza el versículo que está en latín.


V. Tuam ipsius animam doloris gladius pertransivit. 

R. Ut revelentur ex multis cordibus cogitationes


OREMUS

Interveniat pro nobis quæsumus Domine Jesu Christe, nunc, in hora mortis nostræ apud tuam clementiam beata Virgo Maria, Mater tua: cujus Sacratisimam, animam in hora tuæ passionis doloris gladius pertransivit. Pe te Jesu Chiste Salvator mundi, qui cum Patre, & Spiritu Sancto vivis, et regnas in sæcula sæculorum. Amen


(Versículo y oración traducidos al español)


L/: Tu misma alma una espada de dolor atravesó.

R/: Para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.


ORACIÓN 

Te rogamos, Señor Jesucristo, que interceda por nosotros ante tu clemencia, ahora y en la hora de nuestra muerte, la bienaventurada Virgen María, tu Madre; cuya antiquísima y sacratísima alma fue atravesada por una espada de dolor en la hora de tu pasión. Por ti, Jesucristo, Salvador del mundo, que con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


DÍA SEGUNDO 

ORACIÓN

Madre, y Señora de las ANGUSTIAS, nosotros os suplicamos, que por la que tuvisteis huyendo del cruel Herodes en el penoso camino a Egipto, mostrándoos liberal, por amor devuestro Hijo Santisimo, dejando Patria, Casa, y Parientes, nos alcances un total desasimiento de fingidos bienes de esta vida, y huyamos del abominable vicio de la Avaricia, consigamos vuestra perfecta imitación, medio para conseguir la Gloria eterna. Amén.


DÍA TERCERO

ORACIÓN 

¡Oh Señora y Reyna de toda pureza! Nosotros os suplicamos, que por aquella turbación y angustia que padecísteis en la perdida de vuestro Hijo nos consigais, que haviéndole perdido por el torpe vicio de la Lujuria, le hallemos por la Angelica virtud de la Castidad, la que en Vos imitamos, como medio para laVida eterna. Amén. 


DÍA CUARTO 

ORACIÓN 

¡Oh Afligidisima Madre! Nosotros os suplicamos, que por la Angustia que afligió vuestro amantisimo Corazón, viendo a vuestro Hijo con la Sta. Cruz sobre sus delicados hombros, y atropellado de la rabiosa Ira de los Sayones, nos alcanceis contra este Vicio, la serena virtud de la Paciencia, con que imitemos a vuestro Hijo, y vuestro medio para la Vida eterna. Amén.


DÍA QUINTO

ORACIÓN 

¡Oh Amantísima Señora! Nosotros os suplicamos por aquella Angustia que padecisteis viendo dar a vuestro suavisimo Hijo la hiel y vinagre, nos alcanceis la virtud de la Templanza, para con ella vencer el voraz vicio de la Gula, imitando a nuestro Redentor, medio para conseguir la Gloria eterna. Amén.


DÍA SEXTO

ORACIÓN 

¡Oh Dolorosisima Madre! Nosotros os suplicamos que por la Angustia gravísima que sentisteis, viendo crucificado a vuestro Hijo, por la feroz Envidia Judaica, nos alcanceis aquella Caridad, con que vuestro Hijo pidió por los que le sacrificaban, para que imitandole, y a Vos, consigamos la Vida eterna. Amén.


DÍA SEPTIMO

ORACIÓN 

¡Oh Immenso Mar de amargura y la mas triste y angustiada Madre! Nosotros os suplicamos por aquella Angustia, y agonía que padecisteis al pie de laCruz, cuando recibisteis en los brazos a vuestro Hijo difunto, alcanceis la eficaz virtud de Diligencia, con que venzamos nuestra tibieza y pereza, y solícitos lleguemos a conseguir el principal fin, que es la Vida Eterna. Amén.




SEPTENARIO AL CORAZÓN DOLOROSO DE MARÍA

 


SEPTENARIO AL CORAZÓN DOLOROSO DE MARÍA SANTÍSIMA


Sacado a la luz por el Doctor Don Juan de Ricaurte y Terreros, Juez Cura y Vicario Eclesiástico de la Ciudad de Vélez en el Nuevo Reino de Granada. 


Con licencia. 

En Santa Fe de Bogotá: En la Imprenta de la Compañía de Jesús. Año de 1738. 



INTRODUCCIÓN

Siendo verdad que cualquier ejercicio de devoción y culto a María Santísima es el más suave y poderoso atractivo para una alma cristiana, entre todos juzgo que ninguno es más agradable a esta Señora ni más provechoso a una alma que aquel en que se hace y conserva la memoria de sus Dolores. Porque, si estos al pie de la cruz la hicieron Madre adoptiva de los hombres en fuerza de aquellas amorosísimas palabras que le dijo su Santísimo Hijo Jesús: He ahí a tu hijo. Y aquel amante Corazón de María, inmenso para amar a su Dulcísimo Hijo y capaz infinitamente de padecer para solicitar su gloria, al pie de la Cruz fue lleno de amarguras y dolores: me llenó de amargura, a fin de ser, para gloria de su Hijo, madre de los hombres; ¿cuánto le agradará a esta Señora aquel espíritu que con tierna y amante memoria venera y agradece los inmensos dolores que padeció el Corazón de María para adoptarlo y tenerlo por hijo suyo? Y siendo el título de madre el motivo más eficaz y la razón más poderosa a un corazón humano para beneficiar a sus hijos, ¿cuántos beneficios, cuántas gracias y mercedes conseguirá de esta Piadosísima Señora el alma que con afecto y amor de hijo venera, adora y solicita el Corazón suavísimo de María? Por eso, en agradecida memoria de sus dolores, se dispuso este breve septenario consagrado a su Corazón, sacando lo principal de las obras del Padre Juan Pinamonti de la Compañía de Jesús, para que pueda el alma devota ejercitarlo en los siete días de la semana, o al menos en siete viernes, haciendo en cada día, en culto y reverencia de sus Dolores, alguna especial mortificación o ejercitando algunos actos de virtud.



Postrado de rodillas ante la imagen de María Santísima Dolorosa, hará el acto de contrición siguiente:


Eterno y Soberano Dios, uno en la Esencia y Trino en Personas, a quien amo, adoro y confieso por mi Dios, creyendo, como firmemente creo, que sois sumamente Santo, Justo y Remunerador, digo con toda el alma que me pesa de haberos ofendido por ser vos quien sois, y porque con mis culpas y pecados fui la causa de vuestra pasión y muerte, me arrepiento y me pesa de haberlas cometido; y espero de vuestra misericordia y bondad que, como infinitamente poderoso, me habéis de perdonar y dar vuestra gracia para enmendarme en adelante. Y con ella propongo firmemente nunca más pecar y apartarme de las ocasiones de ofenderos; así lo propongo y así lo espero por los méritos de mi Señor Jesucristo y por los Dolores que traspasaron el amantísimo y purísimo Corazón de mi Señora la Virgen María, que todos los abrazó y ofreció al pie de la Cruz para remedio de los pecadores. 


DÍA PRIMERO

Con profunda reverencia y amor, adoro y venero, tristísima y purísima Señora, vuestro afligido Corazón, de cuya sangre purísima formó el Espíritu Santo el cuerpo de mi Señor Jesucristo para que fuerais verdadera Madre de Jesús y Madre de los pecadores. Para cuyo remedio el Eterno Padre os hizo Madre de su mismo Hijo y Madre de sus miembros místicos, para que así, como él por medio de sus penas, dolores y tormentos nos mereció la gracia, así vos, Señora, por medio de vuestros dolores, solicitarais para gloria suya el remedio de nuestras almas. Yo, Señora, alabo y engrandezco vuestro amante Corazón, que, abrasado en el amor de Dios, quiso ser afligido y atormentado por mí. Yo os suplico me concedáis un verdadero dolor de mis culpas y un encendido amor vuestro, para que en todo os mire como mi Madre y sienta vuestros dolores.

-Se rezan Siete Avemarías..


ORACIÓN

¡Oh gran Reina del cielo y de la tierra, sumamente afligida por mis culpas! Yo me postro profundamente en obsequio de vuestro amante y doloroso Corazón, y me alegro con vos del inmenso amor con que amasteis y correspondisteis, más que las criaturas todas, al Señor que os escogió para Madre suya. Quisiera juntar en mi alma toda la alegría y gozo que por este motivo han tenido en la suya vuestros verdaderos devotos; y si este amor os pudiera faltar alguna vez, quedara satisfecho de ser aniquilado por conservároslo siempre. Mas un pecador tan lleno de ingratitudes y culpas como yo, ¿con qué rubor y confusión debe ponerse en vuestra presencia? Bien veis, Señora, que mis pecados, así pasados como presentes, son sin número; mas no por esto podrán vencer vuestro amor y caridad para que no se compadezca de mí y me quiera ayudar. Confieso, Señora, que no lo merezco, pero tanto más confío de poderlo alcanzar por vuestro medio cuanto será mayor la gloria de vuestra misericordia cuanto es mayor mi miseria. ¡Ea pues, afligida Señora y Madre mía!, fijad uno de vuestros ojos en este pobrecito, ni lo apartéis de mí hasta que me dispongais para mudarme en otro. Yo os presento este mi corazón lleno de culpas para que lo santifiquéis; porque es inmundo, lo podéis con vuestra intercesión purificar; y estando lleno de pecados, me podéis alcanzar tantas lágrimas que quede por ellas lavada toda mancha. Grandes cosas pido, Señora, mas las pido a vos, que con las penas y dolores de vuestro Corazón las merecisteis todas, y para favorecer a este desvalido e miserable, no habéis de gastar más que vuestros ruegos. Estos me dan confianza de adquirir el favor esperado por medio vuestro: el perdon de todas mis culpas y el vivir en adelante tan apartado de volver a cometerlas, que pueda después, muriendo, ir a daros las gracias para siempre en el cielo.

-Se reza una Salve.



DÍA SEGUNDO

Con profunda reverencia y amor, adoro y venero, tristísima Señora, vuestro amante y afligido Corazón, que asistiendo al pie de la Cruz a nuestro amantísimo Redentor al tiempo de morir en la Cruz, le oísteis que os dejaba como en testamento recomendada a los hombres, y en lugar suyo os dejaba a los hombres por hijos; siendo esta conmutación un agudo y penetrante dolor para vuestro Corazón; pues en lugar de un hijo que era la misma santidad y bondad suma, os daba por hijos a los hombres, cuya ingratitud y pecados eran la causa de su muerte. Pero ya Señora, que San Juan, en persona de todos, os recibió desde aquella hora por Madre para con todo afecto y amor acompañaros y serviros en vuestros dolores y penas: dadme, Señora y Madre mía, aquella ternura, aquel afecto y aquel filial amor con que él os miró, para que yo os ame, sirva y os acompañe en vuestras penas, sintiendo con verdadero dolor mis culpas y pecados.

-Siete Avemarías.


ORACIÓN

¡Oh Madre de mi Señor Jesucristo!, que de vuestra inmensa dignidad sacáis motivos más fuertes para amar tiernamente a los pecadores: yo adoro humildísimamente vuestro sagrado Corazón tan dilatado, que iguala con el mérito el grado altísimo que gozáis de Madre de Dios. ¿Cómo, Señora, no hallaré yo también lugar en este mismo Corazón cuando vos recogéis en él tan amorosamente a los pecadores todos? Con ser Madre de mi Redentor, sois también Madre mía, y habéis duplicado aquellas llamas de caridad que antes ardían tan altamente en vuestro pecho. Como Madre os invoco, representándoos los méritos infinitos de vuestro Primogénito Jesús, que dio para mi bien todos los pasos, todos los momentos y todas las penas de su vida mortal. Esta es la herencia que me hace rico delante de Dios; ¿y cómo será posible que mis deudas me quiten la posesión en vuestra presencia? ¿Cómo podrá ser que teniendo en el cielo una Madre a quien el mismo Dios obedece como Hijo, quede yo siempre mendigo? ¿Cómo este mi corazón, tan lleno de deseos terrenos, no concebirá alguna vez alguna centella de verdadero amor vuestro y de vuestro Divino Hijo? ¡Oh gran Señora!, que amáis siempre la verdad, aun en los labios de un pecador. Confieso que no soy digno de esta gracia, confieso que merezco todo castigo, y que en vez de nuevos favores, debiera ser despojado de todo el bien que he recibido hasta ahora; mas por eso recurro en una causa tan desesperada a una Madre tan piadosa. Ya está hecho lo más, Señora: ya mi Redentor y vuestro Hijo Jesús ofreció el valor de su sangre para merecerme todos los bienes. No falta otra cosa sino que este mérito se me aplique; todo se conseguirá con una sola palabra vuestra en favor mío. ¡Oh Madre mía, mil veces más que madre para nosotros!, no os dejéis vencer de mi malicia, deshacedla con la bondad de vuestro Corazón, alcanzadme el perdón de todas mis negligencias en serviros, concededme entrar en el número de vuestros verdaderos y amantes hijos, haced que ame yo tanto a vuestro Dios y mío cuanto le ofendí por lo pasado, y así, libre por vuestros dolores de toda culpa, llegue a exaltar y engrandecer vuestra misericordia eternamente en la gloria.

-Salve



DÍA TERCERO

Con profunda reverencia y amor, adoro y venero, tristísima Señora, vuestro amante y afligido Corazón, que viendo en la Cruz morir por justicia a vuestro Hijo y Redentor mío Jesús, para con sus dolores y muerte satisfacer a su Eterno Padre y merecernos que por medio de la gracia nos adoptara por hijos suyos: aquellos dolores y penas que anegaron vuestro Corazón como un mar inmenso de amarguras, no pudieron con sus avenidas apagar la caridad y fuego de amor con que, mirando a la salud de los hombres, ofrecisteis constante la vida de vuestro amado Jesús para nuestro bien. Por ellos, Señora, os pido hagáis que se logre en mi corazón y alma la caridad y gracia que nos mereció.

-Siete Avemarías.


ORACIÓN

¡Oh Madre de la gracia!, que no tenéis sobre vos otro que Dios, y debajo de vos miráis con una distancia casi interminable las criaturas todas. Si vuestro resplandor eclipsa la luz de todos los demás Santos, ¿qué pareceré yo, tan miserable, a vista de vuestra Grandeza? Mas aunque soy tan desdichado, no me despreciaréis cuando recurro a vos para conseguir aquella gracia de que estáis felizmente llena, no solo para vos misma, mas también para nosotros. Yo me abato hasta el centro de mi nada en obsequio y veneración de vuestro Corazón purísimo, que es un abismo de perfecciones donde no halló fondo sino aquel Dios que para muestra de su poder y bondad lo ha tomado. Por esto glorifico en vos a este mismo Señor, y quisiera tener mil vidas y darlas todas de un golpe para glorificarlo más, y a vos también, su Madre excelsa; sois digna de toda honra. Conozco la pobreza de mi corazón para desear tanto como se os debe; mas para suplir esta pobreza me alegro de cuantas alabanzas habéis recibido y recibís de los hombres y de los Ángeles, en el tiempo y en la eternidad. Yo me gozo de ser vuestro esclavo, tanto que no trocara esta suerte con todas las grandezas imaginables de la tierra. Mas pues tenéis la llave de todos los tesoros de vuestro divino Hijo, y si vos misma sois su mayor tesoro, no os olvidéis de mis miserias en el colmo de vuestra felicidad. Volved a mí los ojos de vuestra misericordia mientras esta alma mía, vuestra esclava, tiene levantados a vos los suyos para ser oída. No os pido bienes temporales, no os pido honras, no delicias; dadme aquello que estimáis sobre todo bien creado, que es la gracia de mi Señor. ¿Cómo podréis negarme lo que os pido, pues siendo Madre de mi Salvador, lo sois también de mi salud? Ni era menester que tuvierais tanto interés en la salvación de las almas si hubierais con ellas de ser menos liberal y negarles vuestras intercesiones para con vuestro Divino y Unigénito Hijo, que no les negó su sangre. Sobre esto me confío para obtener en esta vida el serviros, y para llegar a amaros y daros gracias eternamente en la otra, donde reináis por todos los siglos.

-Salve.



DÍA CUARTO

Con profunda reverencia y amor, adoro y venero, tristísima Señora, vuestro afligido Corazón, que viendo después de muerto en la Cruz a vuestro tan amado Hijo, que un soldado con una lanza abrió su sagrado pecho para que de la sangre y agua que brotó de su difunto Corazón se formara la Iglesia y sus Sacramentos; quedó patente y descubierto para que en él se retratara vuestro purísimo Corazón, siendo aquella herida y golpe sumamente dolorosa y sensible a vuestro Corazón; para que con ella fuerais desde entonces Madre de la Iglesia, y que tuviera el Corazón difunto de vuestro Hijo en vuestro pecho y en vuestro Corazón, a quien sustituir y encomendar en su muerte la Iglesia. Yo os pido, Señora, que me miréis como miembro de la iglesia Militante, y que, alimentándome con sus Sacramentos, merezca pasar el fruto de vuestro corazón.

-Siete Avemarías.


ORACIÓN

¡Oh Emperatriz del universo, hija, Madre y esposa del Altísimo! Vos sois la criatura más amada de Dios y del Corazón de Jesús, porque vuestro purísimo Corazón es el más bello fruto que de sus fatigas, dolores y muerte cogió en el árbol de la Cruz. Yo, Señora, os reconozco por lo que sois, y me postro e inclino a la tierra para venerar vuestro Corazón celestial, como el más semejante al amabilísimo Corazón de Jesús, tan lleno de sus virtudes y perfecciones, que en atención a él fuisteis predestinada para ser una copia, la más viva de él, que se puede hallar entre las cosas creadas. Me alegro, Señora, de vuestra suma felicidad, bendiciéndoos a vos y aquel gran Señor que solo pudo y quiso glorificarse tan altamente en vos. Por eso me congratulo también conmigo mismo; pues siendo tan cercana a mi Salvador, tenéis con él comunes los intereses de mi salvación. ¿No sería yo enemigo de mí mismo si dejara de recurrir a vos, y más cuando vuestro Hijo me ha encomendado que recurra a vos como a Madre y que venga a vuestros pies como a Tribunal de pura misericordia? ¡Veis aquí mi corazón que os presento, mas, oh, cuán desemejante al vuestro, todo lleno de Dios! A vos os toca el mudarlo en otro, desterrando de él toda soberbia, toda impureza y todo afecto terreno. Vuestro dominio no se extiende solo sobre los cuerpos, se dilata también sobre los corazones; ejercitadlo conmigo para que aprenda a obedeceros para siempre. ¿Qué se pierde, Señora, en oír a este pobrecito que viene a vuestra presencia y confiado solo en los méritos de mi Redentor para suplicaros? Conozcan todos cuánto amáis a vuestro Hijo cuando de limosna, por amor suyo, a quien es tan indigno de ella no sabéis negarla. Si tenéis por costumbre el conceder más de lo que se os pide, ahora no seréis escasa conmigo. Y si nunca habéis abandonado a alguno que haya recurrido a Vos, ¿cómo seré yo el primero que experimente vuestro desvío? Lleno por eso de una esperanza tan bien fundada, comienzo ahora a daros gracias para no acabar jamás en todos los siglos. Amén.

-Salve



DÍA QUINTO

Con profunda reverencia y amor, adoro y venero, tristísima Señora, vuestro afligido y amante Corazón, que recibiendo en vuestros brazos el difunto y deshecho cuerpo de vuestro tan amable y hermoso Hijo, a quien afearon mis culpas, deshicieron mis ingratitudes y mudaron su hermosura y gracia en la triste palidez de la muerte, siendo objeto de dolor y lágrimas aun a los mismos Ángeles del cielo; solo vuestro amante Corazón, que en él adoraba la deidad toda de vuestro Hijo, lo recibió para entrañarlo más en vuestro pecho y ofrecerlo en agradable víctima al Eterno Padre para remedio de los hombres, por cuyo amor había dado la vida. Yo os pido, amantísimo corazón de María, que me deis a sentir alguna centella de aquel fuego de amor divino, para que a vuestro hijo y a vuestro afligido corazón corresponda el mío, amándoos hasta la muerte.

-Siete Avemarías.


ORACIÓN

¡Oh Madre del Santo amor, prodigio de la naturaleza y de la gracia, tesoro de la tierra y del cielo! Vuestro Corazón felicísimo es el reino de la caridad creada, y vos por él sois la más amante de Dios, la más amada, la más amable de las criaturas todas. Así lo confieso a gloria vuestra, gran Señora, y me confieso por vuestro, no solo por la condición de la naturaleza, pero mucho más por la elección de la voluntad, entregándome todo en vuestras manos. De esto me glorio más que de todos los señoríos de la tierra, y querría tener una voz tan sonora que se oyera por todo el universo a fin de publicar por todas partes vuestras alabanzas. Quisiera poder penetrar en todas las mentes y corazones de todos los hombres a fin de estimaros y amaros cuanto merecéis. Cuantas honras, cuantas estimaciones hay repartidas en el mundo, todas las junto, y quitándoles toda imperfección y deformidad, os las ofrezco por tributo de vuestra grandeza. En lo pasado he sido tan frío en serviros y tan omiso en obsequiaros, que he dejado perder las ocasiones de hacer lo que me habéis dado; y para suplirlo ahora, quisiera saberos amar y honrar cuanto os han amado y honrado vuestros devotos. Mas ¿cómo podéis, oh soberana Reina, estimar estas mis ofertas cuando salen de un corazón lleno de amor para sí mismo? Así es verdaderamente, no tengo cara para negarlo. Pero ¿quién lo puede mudar en otro conforme en todo al de vuestro Divino Hijo sino vos? Cuyos ruegos tienen fuerza en el tribunal del cielo como si fuesen mandatos. Mirad, Señora, si hay miseria igual a la mía, en tener un corazón tan duro para con vos, que sois nuestra seguridad y la única esperanza nuestra después de Jesús. Ea, socorredme, oh Dolorosa Madre, libertadme de mí mismo, que soy mi mayor enemigo. Bendita sea la hora en que me hicisteis tanto bien y fuisteis conmigo la que sois para con todos aquellos que os invocan llena de piedad y de compasión. Esta hora espero ya para comenzar a serviros y amaros de veras, y no acabar más hasta que llegue a veros en el trono de vuestra gloria.

-Salve



DÍA SEXTO

Con profunda reverencia y amor, adoro y venero, tristísima Señora, vuestro afligido y casi difunto Corazón, que viendo sepultar el cuerpo difunto de vuestro Hijo, la prenda más amada de vuestro Corazón y el único consuelo que podíais tener para alivio en vuestras penas y dolores; aquella losa que cubrió su cuerpo y el sepulcro en que se depositó el tesoro de vuestro amor, os dejó viva para el sentimiento y con alma para el dolor, para que en aquellos tres días sintierais amargamente la falta y ausencia de su vista. Haced, Señora, que muera yo a todo amor creado, y que, sepultando mis pasiones y afectos en el sepulcro de un perpetuo dolor, os acompañe en vuestras penas, para que merezca algún día ver triunfante y glorioso a mi Redentor.

-Siete Avemarías.


ORACIÓN

¿Con qué fuerte de confusión es debido que yo me presente delante de vos, oh dolorosa Virgen, si tanta parte he tenido en vuestros tormentos y en los de mi Redentor? Mas si me habéis sufrido cuando pequé, ¿cómo puedo temer no hallar en vos compasión cuando os busco arrepentido? Oh Corazón de la Reina de los Mártires, sumergida en una avenida de penas superiores a todo entendimiento creado, ¿qué hubiera sido de mí si no hubierais aprendido de mi Salvador a volver bien por mal y a interceder por el perdón de quien no merecía sino castigo? Yo os doy gracias con el afecto de todas las criaturas y os ofrezco en recompensa aquellas alabanzas, aquellos obsequios que en honra de vuestro nombre gozáis en el cielo y en la tierra, y aquella obediencia misma que os rindió vuestro amado Jesús como a su Madre. Quisiera tener un corazón que valiera por todos los corazones para amaros en lugar de aquellos infelices que no os aman. Quisiera una lengua que valiera por todas las lenguas para publicar en todo el mundo vuestra grandeza. Si poseyera yo todas las riquezas de la tierra, todas las empleara voluntariamente en levantaros nuevos templos, en solemnizar más vuestras fiestas, en socorrer con más caridad vuestros devotos los pobres. Si tuviera todos los señoríos y reinos, los haría todos tributarios de vuestro dominio; y si pudiera lícitamente gozar de todas las delicias, de todas me privara por daros gusto. A esto, y mucho más, me habéis obligado con vuestras lágrimas derramadas tan copiosamente por mí en la muerte de vuestro amado Hijo Jesús. Oh lágrimas preciosas, que os unisteis a la sangre de mi Redentor para lavar las manchas de un mundo entero, purificad este mi corazón tan inmundo, ablandad su dureza dándole una contrición igual a mis culpas. Yo lo extiendo para recibir en todo la compasión que han tenido de vos los fieles y todo aquel dolor que han concebido todos los verdaderos penitentes, deseando por este camino no ser del todo ingrato a la Madre de mi Señor y a su muerte, dolores y penas. Oíd pues, Madre mía, mis súplicas y concededles como podéis. Si tanto os doléis de los corazones ingratos, librad el mío de su ingratitud y desterrad esta parte tan odiosa a vuestra presencia. ¿De qué me servirá haber sido tan amado de vos si no llego a corresponderos? ¿De qué me servirá vuestro llanto si quedo endurecido en mis pecados? Ah, Señora, que no sois severa sino con los soberbios; y así, mientras yo me viere tan miserable, no perderé la confianza que tengo puesta en vos. Sé a quién me acojo cuando imploro vuestra intercesión; y así, esperando la gracia de poder llorar mientras viviere las injurias que os he hecho a vos y a vuestro difunto Hijo, esperaré daros las gracias por una eternidad en el cielo. Amén.

-Se dice la Salve



DÍA SÉPTIMO

Con profunda reverencia y amor, adoro y venero, tristísima Señora, vuestro afligido Corazón, que padeciendo las penas y dolores que con nuevos tormentos quitaron la vida a vuestro muy amado Jesús por el bien de los hombres, conociendo cuántos por su malicia e ingratitud se habían de perder eternamente y malograr el fruto de la pasión y muerte de todo un Dios. Esta consideración era un penetrante dolor para vuestro Corazón, que solo era capaz de consuelo y alivio con la salvación de los hombres y fruto de aquella sangre derramada por todos con tanto amor. Haced, Señora, que en mí se logre una muerte tan costosa como la de mi Redentor, y unas penas tan sensibles como las de vuestro Corazón, para que así entre yo a la parte de vuestro consuelo, como lo he ido de vuestras penas y dolores.

-Siete Avemarías.


ORACIÓN

¡Oh Abogada universal del género humano! ¡Oh Madre de piedad! ¡Oh Refugio de pecadores! Mirad la bella ocasión que tenéis de contentar a vuestro Corazón tan amoroso con remediar mi miseria. Vos sois la Primogénita de mi Redentor, la primera de todos los predestinados en su eternidad, la compañera fiel de sus fatigas, la copia más viva de todas sus virtudes: vos sola entre todas las criaturas habéis sido la primera en dar al Criador, dándole aquel ser creado que no tenía. Vos habéis suplido abundantemente por toda la ingratitud de los hijos de Adán, y en vuestro Corazón felicísimo habéis preparado un paraíso tan delicioso al Verbo Divino, que del seno de su Padre descendió para habitar en el vuestro, y os ha constituido el primer personaje después de sí. ¿Y acaso por ser tan sublime os habéis olvidado de nuestra miseria? ¿O vuestro Corazón, del todo semejante al de vuestro Hijo, aborrece a aquellos ríos que para sí solos quieren todas las riquezas? A vos os agrada dobladamente vuestra felicidad porque podéis darnos parte a nosotros, miserables criaturas de quienes os compadecéis tanto, que si vuestro estado os lo permitiera, sentiríais más vivamente nuestros males que los sentimos nosotros mismos. Veis aquí, Señora, que lleno de confianza me presento ante vos y os ofrezco mi corazón, no como tributo digno de vuestra grandeza, mas como un desierto de espinas infructuoso que no sabe hacer más que sacar mal del bien, volver ingratitudes por el amor y compensar los beneficios con pecados. Mudadlo, Señora, en un lugar de amenidad donde pueda venir a recrearse vuestro Divino Hijo. Vos lo puedes hacer con una sola palabra. Mas ¿porque para hacer tanto habéis menester mi voluntad? Yo protesto aborrecer sobre todo mal las traiciones que he hecho con mis culpas a mi Dios, y que si pudiera con esto deshacerlos, de modo que jamás hubieran sido, eligiera aun el aniquilarme y no ser más en el mundo. Con esto deseo que vuestro Corazón, lleno de todas las virtudes, me sirva de escudo para reparar los golpes de la Divina Justicia; para este fin yo lo adoro y reverencio con todos los Bienaventurados del cielo y con todos vuestros devotos de la tierra, a fin de confesar con ellos plenamente que sois digna de toda honra, y a fin de dedicarme con ellos a vuestro obsequio de tal suerte, que yo esté siempre pronto a dar la vida en defensa de vuestra dignidad incomparable, de vuestra pureza virginal y de todos vuestros dones; porque seréis reverenciada por toda la eternidad de los escogidos, y espero en vuestra intercesión ser uno de ellos en la gloria. Amén.

-Salve

NOVENA DE NUESTRA SEÑORA DEL CAMINO

 


NOVENA A LA MILAGROSA Y ANTIQUÍSIMA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DEL CAMINO

Que se venera en la ilustre Villa de Abejar, Diócesis de Osma. Por el Licenciado Don Bernardo de la Torre, natural de dicha Villa.


INTRODUCCIÓN

Deseando que todos los fieles se ejerciten en las alabanzas de esta santísima y devotísima imagen de Nuestra Señora, y que tengan algún modelo por donde en las aflicciones y trabajos imploren su celestial patrocinio, he dispuesto esta Novena. La que por ser más breve que otra impresa por un Padre Carmelita, y singularmente rememorativa de los gozos y penas que tuvo María Santísima, espero sea grata a su Majestad y conduzca al bien de las almas que se dedicaren a hacerla como conviene; para lo cual deberán observar las advertencias siguientes.


ADVERTENCIAS PARA HACER BIEN ESTA NOVENA

Primera: Confesar y comulgar antes de comenzar la Novena.

Segunda: Tener gran fe y confianza en que María Santísima le ha de alcanzar lo que le pidiere, si le conviene.

Tercera: No pedir cosas temporales, sino en cuanto conduzcan al bien de su alma; y siempre con resignación en la voluntad de Dios.

Cuarta: Procurar ordenar y hablar con Dios y su Madre Santísima más con el corazón y afecto que con las palabras, para lo cual puede repetir esta coplita:


A vuestros gozos y penas,

Con el alma y corazón

Abrasada en devoción

Os ofrezco esta Novena



Puesto de rodillas delante de alguna estampa de esta Santísima Imagen, se persigna, dice atentamente el Acto de Contrición o confesión general, y después las oraciones siguientes.


ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh Virgen Santísima y Madre dulcísima del Camino! Postrado a vuestras plantas llego a implorar vuestra divina misericordia; para que como guía y norte de los que por este valle de lágrimas navegan, encaminéis mi súplica a vuestro santísimo Hijo, y me alcancéis de su piedad dirija mis pensamientos, gobierne mis sentidos, alumbre mis potencias, inflame mis afectos y ordene mis deseos. Camino sois, Virgen gloriosa, por donde nos vino todo lo bueno; y pues yo, pobre y desvalido, no tengo otra cosa que males y miserias, tened compasión de mí y alcanzadme gracia para llorar mis culpas, luz para caminar por la senda de los divinos preceptos, y lo que os suplico en esta devota Novena, si es para gloria de tu Hijo y vuestra, y bien de mi alma. Amén.


DÍA PRIMERO

ORACIÓN

Santísima Virgen del Camino y Reina escogida de las vírgenes, que por consagrarte a Dios desde niña caminaste fervorosa a su sagrado Templo, donde hecha holocausto de ti misma, fuiste creciendo cada día en las virtudes con que mereciste ser Templo vivo y purísimo de su Unigénito Hijo. Suplícoote, Madre dulcísima, por el gozo singular que sintió tu bendita alma en este dichoso camino, encamines y guíes la mía por las sendas amables de las virtudes, para que caminando siempre hacia mi Dios y Criador, merezca ser digna morada de su habitación, en que le goce aquí por gracia y después en tu compañía por eternidades de gloria. Amén.

-Se rezan tres Avemarías y la Letanía de Nuestra Señora como sigue.


-Después de rezada la letanía, se dice lo siguiente:


Kyrie eleison.

Christe eleison.

Kyrie eleison.


Christe audi nos, etc.


V. Salvos fac servos tuos.

R. Deus meus sperantes in te.


V. Ora pro nobis Sancta Dei Genitrix.

R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.


V. Domine exaudi orationem meam.

R. Et clamor meus ad te veniat. 


ORACIÓN

Clementísimo Dios y Padre Eterno dulcísimo: conceded a este vuestro siervo, por los méritos y ruegos de María Santísima del Camino, y por la pasión y muerte de su precioso Hijo, perpetua salud en el alma y en el cuerpo, y juntamente gracia para vencer mis pasiones y enemigos; para que, caminando seguro por la senda de tus mandamientos, merezca ser guiado por Madre e Hijo en esta vida, hasta llegar a gozar de su presencia y la vuestra eternamente en el Cielo, donde vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


Alabado sea Dios y su Madre


DÍA SEGUNDO

ORACIÓN

¡Soberana Señora y Virgen gloriosa del Camino! Que llevando en tus entrañas al Hijo Unigénito de Dios, te dignaste caminar muchas leguas por consolar a tu prima Isabel y santificar al niño Juan. Ruégote, Madre divina, por aquella ardientísima caridad con que hiciste esta jornada, vuelvas los ojos de tu piedad sobre esta pobre alma y la saques de las tinieblas de las culpas e ignorancias en que está sumergida; para que llena de la divina gracia, camine como él, constante a la virtud, y así, dando cada hora nuevos pasos en la perfección, merezca teneros por Madre y guía de todas mis acciones y movimientos, y alcanzar por vuestro medio lo que pido en esta Novena, siendo para mayor bien mío, gloria vuestra y de vuestro santísimo Hijo. Amén.

-Se rezan tres Avemarías y la Letanía de Nuestra Señora


DÍA TERCERO

ORACIÓN

¡Madre de Dios y del Camino Santísima! Por el gozo singular que tuviste cuando ibas a Belén llevando en tus entrañas al Hijo de Dios bendito, sirviéndole de carroza en que caminaba gustoso a nacer en un portal para remedio del mundo: te suplico humildemente consigas de su piedad renazcan en mi alma nuevas luces de su gracia, con que mejorando las costumbres, pueda ser digno hospedaje de su grandeza, y en compañía de los Ángeles y pastores merezca adorarle, como ellos lo hicieron, en tus brazos, ofreciéndole mil veces el corazón, para que lo encamine en la senda de sus divinos preceptos, y me conceda por tu medio lo que deseo y pido en esta Novena, si es para gloria suya y vuestra. Amén.

-Se rezan tres Avemarías y la Letanía de Nuestra Señora.


DÍA CUARTO

ORACIÓN 

¡Santísima y divina Madre de Dios y del Camino! Que acompañada de San José y de los Ángeles caminaste a purificarte al Templo, llevando en tus brazos al Niño Dios para ofrecerlo al Eterno Padre en víctima sagrada que santifica las almas. Ruégote, Señora y Madre mía, por el gozo singular que recibiste al oír que Simeón y Ana lo publicaban por luz del mundo y Redentor del género humano, me alcances de su divina clemencia espíritu ferviente que purifique mis labios, alma y corazón, para que empleado todo en sus divinas alabanzas, camine siempre en su amor, mereciendo así el logro de lo que ahora os suplico, y después la dicha de adorarle cara a cara en el Templo de su gloria, donde en compañía vuestra vive y reina por siempre jamás. Amén.

-Se rezan tres Avemarías y la Letanía de Nuestra Señora.


DÍA QUINTO

ORACIÓN

¡Gloriosa Virgen del Camino y Madre de Dios verdadera! Por el dolor y fatiga que sentiste cuando pobre, incomodada y en el rigor del invierno, ibas caminando a Egipto por librar a tu santísimo Hijo de la crueldad de Herodes y de sus fieros ministros: te ruego encarecidamente mires compasiva la aflicción en que me veo y la remedies con misericordia, para que confortado mi corazón con este socorro, huya de las asechanzas de sus enemigos, y sufra constante los trabajos y persecuciones de esta vida, y así camine seguro a la eterna, donde juntamente con vuestro Hijo sois gozo y descanso perpetuo de todos los que imitan vuestros pasos en esta peregrinación afligidos. Amén.

-Se rezan tres Avemarías y la Letanía de Nuestra Señora


DÍA SEXTO

ORACIÓN

¡Devotísima Virgen y Madre de Dios del Camino! Que por venerar a Dios en su Templo y darle cultos en su Santuario, caminaste a Jerusalén con suma religiosidad y afecto, en compañía de Jesús tu Hijo y de tu esposo San José. Ruégote, Madre piadosísima, por aquella tierna devoción con que hiciste esta jornada, infundas afectos dulcísimos en mi alma que la inflamen y enciendan en reverencia de Dios y de sus Santos Sacramentos, para que recibiéndolos con fruto, camine siguiendo tus huellas siempre para su Majestad, y alcance lo que por Vos le suplico por ahora, y después adorarle y venerarle en vuestra compañía en el trono augusto de su gloria. Amén.

-Se rezan tres Avemarías y la Letanía de Nuestra Señora.


DÍA SÉPTIMO

ORACIÓN

¡Virgen del Camino y Madre de Dios inocentísima! Que habiendo perdido a tu santísimo Hijo, lo buscaste triste y dolorida caminando por tres días. Interceded por mí, pecador, y alcanzadme lágrimas de verdadera contrición para buscar sin cesar a mi Dios, a quien conozco perdí por mis gravísimas culpas. Ea, Virgen gloriosa, ayudad mi flaqueza, que ya me pesa de todo corazón de haberle ofendido, y propongo con vuestro amparo la enmienda: no más pecar, Señora, no más pecar. Concededme gracia para guardar inviolables sus santos mandamientos, pues siendo estos el camino para la gloria, y caminando yo por ellos, estaré siempre con Jesús mi Criador, alcanzaré lo que al presente le suplico, y después me guareceré con su vista y la vuestra por eternidades en la gloria. Amén.

-Se rezan tres Avemarías y la Letanía de Nuestra Señora.


DÍA OCTAVO

ORACIÓN

¡Reina del Camino y Madre de misericordia! Por aquella pena grande con que seguiste a tu santísimo Hijo en el tiempo y años de su sagrada predicación, solicitando reducir con Él las almas al camino de la verdad: te suplico humildemente encamines la mía y la pongas en carrera de salvación, para que purgada del cieno de sus culpas, logre el fruto de tus penas y la luz de aquella divina predicación, con la cual ordene todas mis acciones y deseos a servir y amar a mi Redentor y a Vos, Madre suya y mía santísima, que tantos caminos penosos se dignó andar por mi amor. Oíd, Madre piadosa, mi suplica, y alcanzadme el despacho de lo que os pido en esta Novena, si es, como deseo, para gloria suya, honor vuestro y bien de mi salvación eterna. Amén.

-Se rezan tres Avemarías y la Letanía de Nuestra Señora.


DÍA NOVENO

ORACIÓN

¡Amabilísima Señora y Madre dulcísima del Camino! Por la suma acerbidad de penas que traspasó tu amante corazón cuando seguiste a tu santísimo Hijo caminando al Monte Calvario para ser en él crucificado por la libertad del género humano: te suplico endereces mis torcidos pasos y los dirijas por las sendas de las virtudes, para que imitando en la paciencia a Vos y a mi dulce Redentor, camine gustoso con la cruz de los trabajos y dolores que me vengan en esta vida, y así consiga abundantemente los frutos de su copiosa Redención, y también lo que os suplico en esta Novena, siendo para servicio suyo, obsequio vuestro y mayor bien de mi pobre alma. Amén.

-Se rezan tres Avemarías y la Letanía de Nuestra Señora.



GOZOS A NUESTRA SEÑORA DEL CAMINO


Pues sois Camino, Señora,

para la Patria divina,

a todos nos encamina,

como Madre y Protectora.


Por tu Camino dirige

a los pobres desvalidos,

pues si caminar perdidos,

el caminar los aflige:

Solo tu poder corrige

nuestros desvíos, Señora.


Apenas en este Trono

subsiste, dulce María,

por abogada y por guía

os venera el mundo todo:

En Vos tiene su tesoro,

que utiliza a cada hora.


El camino de esta vida,

para todos tan penoso,

halla en tu pecho amoroso

alivio con la guarida:

Por esto el alma perdida

a ti clama, gime y llora.


El caminante ajustado,

a Vos su camino ordena,

que el camino no da pena

llevándoos a su lado:

Celebre siempre tu cuidado,

halle en sus dichas mejora.


Por experiencia sabemos,

sois en todo singular,

y en milagros tan sin par,

que sin guarismo los vemos:

Cualquiera mal que tenemos

por tu piedad se minora.


Mancos, cojos y tullidos,

ciegos, sordos y quebrados,

de ti salen mejorados,

si a ti llegan afligidos:

Sois camino de perdidos,

que toda gracia atesora.


El enfermo desahuciado,

si se acoge a tu camino,

halla socorro divino,

que lo saca de cuidado:

Por este camino han dado

muchas treguas a su hora.


En los aprietos mayores

socorres más liberal,

abriendo camino real,

con mil gracias y favores:

Por esto los pecadoresos 

aclaman valedora.


Tu Camino a los mortales

ofrece seguro Puerto,

que por la muerte es ya cierto

a los gozos celestiales:

Por tu gracia pasos tales

esperamos dar, Señora.


Con amante devoción,

y devotos regocijos,

hoy, María, vuestros hijos

os rinden el corazón:

Llévanos a salvación,

a donde tu Hijo mora.




ANOTACIONES

Al hablar sobre la piedad popular, es referirnos a aquellas devociones que antaño se hacían en nuestros pueblos y nuestras casas, cuando se...