jueves, 3 de enero de 2019

NOVENA AL DULCE NOMBRE DE JESÚS








NOVENA EN HONOR DEL DULCÍSIMO NOMBRE DE JESÚS

COMPUESTO POR EL V. P. M. Fr. ANTONIO GARCÉS
de la Orden de Predicadores, Ex- Provincial de la Provincia de la Corona de Aragón, Predicador del Número del Rey, y Misionero Apostólico

Tortosa, 1866


ORACIÓN PARA TODOS LOS DIAS

¡Oh buen Jesús! ¡Oh piadosísimo Jesús! ¡Oh Jesús, Hijo de María Santísima! Lleno de piedad, y misericordia, según ella, mirad a mi Alma. ¡Oh clementísimo Jesús! Humildemente os ruego, que, por vuestra preciosísima Sangre, que derramaste por mí, me laves con ella las mánchas de mis culpas. Mirad buen Jesús, a mi miserable Alma, que sin Vos está perdida, pero confiada a vuestros pies, pidiendo misericordia, invocando el nombre de Jesús, al que está vinculada. ¡Oh Dulcísimo nombre de Jesús! Nombre dulce. ¡Oh nombre de Jesús! Nombre deleitable. ¡Oh nombre de Jesús! Que fortaleces a las Almas ¿Qué cosa es Jesús sino Salvador? Ea, pues, misericordiosísimo Jesús, por tu Santísimo nombre, sálvame; no permitas se condene mi Alma, a quien criaste, y con tu preciosa Sangre redimiste. Mirad, Señor, en mi todo lo que es de Vos, y arrojad de mi Alma todo lo que os disgusta. Usad conmigo de piedad por vuestro Dulcísimo nombre, para lograr ser feliz cuando me juzgues. ¡Oh Dulcísimo Jesús! Salud para los que creen en tí, consuelo de los que á tí llegan afligidos. ¡Oh Dulcísimo Jesús! Hijo de María Santísima, avivad mi fé, fortaleced mi esperanza, encendedme en la caridad, hacedme humilde, y casto, y de lodos modos virtuoso, para que pueda perfectamente amarte, en todo servirte, en solo tí gloriarme, y que, con mi Alma, corazón, potencias, y sentidos alabe continuamente el nombre de Jesús en esta vida, y después eternamente con los Ángeles en la Gloria.



DIA PRIMERO

¡Oh Nombre de Jesús! Nombre admirable. Por eso exclama David, diciendo: O Señor cuan admirable es tu nombre: Venerante los Ángeles, ámenle los Serafines, conociendo su grandeza. Y el Apóstol San Pablo dice: Que, al nombre de Jesús, todas las Criaturas doblan las rodillas, en el Cielo, en la Tierra, y en el Mismo. Y aun el mismo Cristo, estando para morir en la cruz, según San Bernardo, inclinó la cabeza, haciendo reverencia a su Dulcísimo nombre de Jesús, que tenía sobre sí escrito. Ea, pues, Señor, dadme a conocer las excelencias de este Dulcísimo nombre, para amarle, bendecirle, y reverenciarle
con todas mis potencias y sentidos, para que pueda decir con San Bernardo: No reine en mí, sino el amor al Dulcísimo nombre de Jesús. Todo me desagrada, como decía de sí este Santo, si no suena el nombre de Jesús. Jesús en mi lengua, celestial almíbar: Jesús en mis oídos, melodía sagrada del Cielo: Jesús en mi corazón, consuelo celestial. Para moverá las Almas a que le tengan devoción, mandó vuestro siervo San Gregorio Papa en el Concilio Lugdunense, que se incline la cabeza al oír el nombre de Jesús, concediendo Indulgencias a los que
lo ejecuten con devoción. Y yo, deseando alabar, y bendecir al Santísimo nombre de Jesús, os ordeno, piadosísimo Señor, a este fin este Novenario, saludándoos cinco veces, en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone Jesús, vuestro Dulcísimo nombre.



Alegría de las almas
es Jesús, gloria suprema,
dulzura de los sentidos,
del corazón dulce néctar.
Padre nuestro, ave María.

¡Oh suma bondad de Dios!
En el nombre de Jesús,
fuente viva de piedad,
nuestro amor, consuelo, y luz.
Padre nuestro Ave María.

Con el nombre de Jesús
se endulza el Alma, y la lengua,
más que con la miel, y azúcar,
con solas sus cinco letras.
Padre nuestro, Ave María.

Para todos es Jesús
firme esperanza, y clemencia,
y suma su gran bondad,
que a los justos saborea.
Padre nuestro, Ave María.

Sed, pues, Jesús nuestro gozo,
sed nuestro futuro premio,
y sed también nuestra gloria
eternamente en el Cielo.
Padre nuestro, Ave María.


Después, alentando cuanto pudiere la esperanza, pedirá a su Divina Majestad el favor, que desea conseguir:


GOZOS

¡Oh Jesús! mi dulce amor,
¡o Jesús! dulce renombre,
¡o Jesús! por vuestro nombre,
perdonad al pecador.

A ocho días de nacido,
Jesús, tu sangre derramas,
y entonces Jesús te llamas;
piedad ofreciendo herido:
Tu sangre así lo ha pedido,
como la de Abel rigor.

El infierno, tierra, y cielo,
siempre que á Jesús se nombra,
aquel de temor se asombra,
y estos explican consuelo:
De rodillas en el suelo
rinden culto a vuestro amor.

Como escudo poderoso
contra el soberbio Luzbel,
el Arcángel San Miguel
usó este nombre glorioso:
Este en la cruz amoroso
os aclamó vencedor.

¡O Jesús! Pastor Divino,
es vuestro nombre el cayado,
y encamináis al errado,
como a Pablo en el camino:
O como al grande Agustino
le ilustró vuestro favor.

San Pablo, Apóstol Sagrado,
este nombre pronunció
tres veces, y lo mostró
con un prodigio no usado:
Tres saltos dió en el tablado
su cabeza con fervor.

A Ignacio martirizado
el pecho el Tirano abrió,
y en él de Jesús halló
el nombre impreso, y dorado:
¡O mérito bien pagado!
con este premio de amor.

Jesús por vuestra bondad,
concedednos, que al morir
logremos que al morir,
o Jesús, Jesús, piedad.
Y al oír la suavidad,
demos muestras de dolor.

¡O Jesús! mi dulce amor,
o Jesús! dulce renombre,
o Jesús! por vuestro nombro,
perdonad al parador.


Sea alabado el Nombre de Jesús por lodos los siglos en el Cielo, y en la tierra de todas las Criaturas.

ORACIÓN

¡O Buen Dios! que quisiste, que vuestro Hijo redimiese al Linage Humano, poniéndole por nombre Jesús: os suplicamos humildemente por vuestra piedad,
que amemos tiernísimamente a Jesús, venerando su Santísimo nombre, y que después continuemos sus alabanzas en la gloria Amen.





SEGUNDO DÍA

¡Oh Padre amantísimo! Dulcísimo Jesús en cuya invocación afianzan nuestras almas vuestra Divina piedad. Por vuestro Dulcísimo nombre ablandad nuestros corazones, pues siendo a modo de aceite, ablanda y luce, que por eso dijo San Bernardo que es la luz encendida y medicina espiritual, luz que alumbra al pecador, alimento que fortalece la debilidad de nuestras almas, medicina que cura las llagas de nuestras culpas. logremos pues por vuestro santísimo nombre de Jesús, luz para que conociendo por medio de ella vuestra suma bondad, la amemos; sea también vuestro Santísimo nombre manjar sabroso, para poder decir con San Bernardo. Toda comida es desabrida: si no fuere sazonada con la dulce memoria del amabilísimo nombre de Jesús, y logremos por efecto de la devoción a este Dulcísimo nombre el alabarle, y bendecirle, en agradecimiento a sus piedades, a cuyo fin ordeno este Novenario, saludándoos cinco veces en veneración de las cinco letras, de quienes se compone el Dulcísimo nombre de Jesús.


DIA TERCERO

¡Oh Bondad infinita de Dios! Antes como oculta, pues os nombráis, el Dios de las venganzas, el Dios guerrero; pero lo mismo fue enviar al Mundo la Trinidad Santísima el Dulcísimo nombre de Jesús en el día de la Circuncisión; que parece se ocultó la Justicia Divina, para dar lugar a la misericordia, que resplandeciese con la luz del aceite de este Dulcísimo nombre, convirtiéndose los Divinos rigores en piedades. Y aun por eso dijo San Pablo, que la Sangre de Jesús clamaba mejor, que la de Abel; porque si la de Abel pedía justicia, la que Jesús derramó en el día de la Circuncisión, clamaba al Padre Eterno, pidiendo misericordia. Pero qué mucho, si era en el día, que el Cielo le puso por nombre Jesús, en quien está depositada la piedad y clemencia. Ea, pues, Dulcísimo Jesús, no pida vuestra preciosísima Sangre, derramada por mis culpas, justicia contra mi Alma; así lo confío de vuestra misericordia, la cual imploró por vuestro Dulcísimo nombre de Jesús. Y en agradecimiento a lo mucho, que os debo, deseo alabaros, y bendeciros, a cuyo fin ordeno este Novenario, saludándoos cinco veces, en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone Jesús, vuestro Dulcísimo nombre.


DIA CUARTO

¡Oh Amor Divino! Que quedaste depositado como en prenda, para dar a las Almas tu Gloria, si la pidieren por la invocación del Dulcísimo nombre de Jesús; pues, como piadosamente dice San Buenaventura: Él que desee subir al Cielo, invoque el Dulcísimo nombre de Jesús; que se salvará. Por eso en cierta ocasión, el Demonio que poseía el Cuerpo de un hombre, dijo a Cristo: ¿Por qué Jesús Nazareno antes de tiempo has venido a atormentarnos? Mandándole callar su Divina majestad, le dijo: enmudece. Cómo si dijera el Señor a los Demonios: Me pedís alivió de los tormentos invocando mi nombre de Jesús, callad, porque tu nombre no se ha de oír, sino Cuando Haya de usar de piedad; y como vosotros no habéis de lograr alivio, porque así está determinado, enmudeced, no me llaméis Jesús. Confiamos nos seréis piadoso por la invocación de vuestros Dulcísimo nombre Jesús, librándoos del infierno, y de su camino, que es el de los vicios. Y en agradecimiento a lo mucho que os debo, deseo alabaros, y bendeciros, á cuyo fin ordeno este Novenario, saludándoos cinco veces, en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone Jesús, vuestro Dulcísimo nombre.



DIA QUINTO

¡O Nombre de Jesús, nombre admirable! De quien dice Santo Tomás de Aquino, que lo llamó así el Profeta Isaías, porque en virtud del nombre de Jesús, haría Dios todas las cosas, ahuyenta Jos Demonios, y cura todas las enfermedades del Alma, y cuerpo. Y San Bernardino de Sena dice, que, para arrojar a los Demonios del Cielo, se valió el Arcángel San Miguel del nombre de Jesús, y al
oírlo los Demonios, huyeron hasta el Infierno. Ea, Dulcísimo Jesús, pues disteis tanta virtud a vuestro Santísimo nombre, concededme, que, al invocarle, huya el Demonio de mí, dejándome con más libertad suelto de la cadena de la esclavitud del pecado, para caminar con pasos de ternura á Vos, mi sumo bien, a quien debo, y deseo amar. Y en agradecimiento a lo mucho, que os debo, deseo alabaros, y bendeciros, y al nombre de Jesús piadoso, a cuyo fin ordeno este Novenario saludándoos cinco veces, en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone Jesús, vuestro Dulcísimo nombre.




DIA SEXTO

Oh Dulcísimo Jesús! Cuando deben los cristianos a la luz amabilísima de vuestro Santísimo nombre. Se entristece alguno, dice el Padre San Bernardo, ponga en su corazón luego el amor al Dulcísimo nombre de Jesús, y sé deshará él nublado de cualquiera tentación. ¿Cáete alguno en pecado, camina desenfrenada al lago del infierno, ha llegado a desesperar de la misericordia de Dios? ¿Acaso, si invoca el nombre de Jesús, no respirará en la confianza en la divina misericordia? Ea, que sí, dice el Santo. ¡Oh Dulcísimo nombre de Jesús! En ti confiamos, que nos serviréis de escudo contra los divinos enojos, nos seréis lenitivo, que alivie nuestros dolores, como enseña San Bernardo. Sednos también, como dice el mismo Santo, sagrado aceite, que encienda nuestras almas en el fuego del divino amor. Y en agradecimiento a lo mucho, que os debo, deseo alabaros, y bendeciros, a cuyo fin ordeno este Novenario, saludándoos cinco veces, en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone Jesús, vuestro Dulcísimo nombre.



DIA SEPTIMO

¡Oh Divino Pastor! Que recogéis a las Almas, como á ovejas perdidas, con el cayado amable de Jesús, vuestro Dulcísimo nombre; y aun por eso el Apóstol San Pablo, persiguiendo á los cristianos, logró la dicha de que Vos le detuvieseis en el camino, saliéndole al encuentro, con solo decirle: Yo soy Jesús Nazareno, a quien tu persigues, y al oír el Dulcísimo nombre de Jesús, cayó en tierra postrado, humilde, y rendido, sujetándose a Vos en todo, por cuyo motivo, fue después tan amante, en agradecimiento a este Dulcísimo nombre, que decía estaba dispuesto, por amor al nombre de Jesús, a padecer trabajos, azotes, y la muerte; y aun los Apóstoles iban gozosos a padecer desprecios delante de los Gentiles, por amor a este Dulcísimo nombre de Jesús, en atención, de que les era piedra imán, que los había llevado en pos de su Divino Maestro. Ea, pues, Señor, concededme un amor tiernísimo a vuestro Dulcísimo nombre de Jesús, para que me recojáis por medio de esta devoción, como Pastor Divino, al amparo de vuestra clemencia, y esté defendida el Alma del lobo infernal del Demonio; y en agradecimiento a lo mucho que os debo, deseo alabaros, y bendeciros, a cuyo fin ordeno este Novenario, saludándoos cinco veces en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone Jesús, vuestro Dulcísimo nombre.



DIA OCTAVO

¡Oh Nombre de Jesús! Torre de fortaleza, como dice el Espíritu Divino en los Proverbios. Fortaleza grande es, Señor, vuestro Dulcísimo nombre de tal manera, que huye el demonio de las almas, que están armadas con el escudo de este amabilísimo nombre, Jesús. Y aun San Bernardo observa, que el demonio se apoderó de Judas, por no haberse valido del nombre de Jesús, cuando dijo a los judíos: Que me queréis dar, ¿y yo os lo entregaré? Repara el Santo, que no dijo: Yo os entregaré á Jesús, porque al haberle nombrado, le hubiera dado el nombre de Jesús luz, para conocer su yerro, y convirtiéndote, le habría vuelto al Rebaño del Colegio Apostólico; y conforme a esto, dico San Eutimio, que está lejos de desesperar quien invoca el nombre de Jesús. ¡Oh nombre de Jesús! arma fuerte contra Luzbel, con cuyas cinco letras como David con las cinco piedras rindió al Gigante, rinden también las Almas a los Demonios, habiendo aprendido este modo de vencerlos de los Apóstoles, que dijeron a la Majestad de Cristo: Señor, hasta los Demonios se nos sujetan en vuestro nombre. Ea, pues, amantísimo Jesús, a vuestro nombre Dulcísimo nos acogemos como á torre de refugio, contra el Demonio; y para vencerlo, sintiéndonos de él convalido, enfervorizad nuestro corazón, cuando digamos: Dulcísimo Jesús, sed para mí, Jesús; y en agradecimiento a lo mucho que os debo, deseo alabaros, y bendeciros, a cuyo fin ordeno este Novenario, saludándoos cinco veces, en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone vuestro Dulcísimo nombre.



DIA NOVENO

¡Oh Dulcísimo Jesús! Padre amabilísimo, que vinisteis al mundo, para enseñar a las almas a caminar al cielo con vuestro ejemplo. Quisisteis al morir en la cruz tener sobre la almohada de la Corona de Espinas el nombre de Jesús, para enseñar a las almas, que vuestro Dulcísimo nombre, como Celestial aceite, da luz en aquella hora, para librar a las Almas del escollo de la desesperación, como la hacia el Gigante Coloso, dando por las noches luz, para guiar las naves, ¡que andaban entre escollos por el Mar. Logró este favor el Aposto! San Pablo, pues al cortarle el Gentil la cabeza, dio tres saltos en tierra, diciendo: Jesús, Jesús, Jesús, después de cortada. Y de San Ignacio Mártir, dice San Bernardino de Sena, que murió enamoradísimo de este nombre, repitiéndole muchas veces, sin temer a los Leones, ni tormentos de los Gentiles. Pero que mucho, si después de muerto, le encontraron en el corazon el nombre de Jesús, impreso con letras de oro. Y de San Palo consta, que lo repetía muchas veces, pues en sotas sus Epístolas se numeran más de doscientas y diez y seis. Ea, pues, dulcísimo Jesús mío, para lograr a la hora de mi muerte consuelo, fortaleza, y dulzura al invocar entonces el Dulcísimo nombre de Jesús, enfervorizad mi Alma, y corazon, para que frecuentemente repita en mi vida el amabilísimo nombre de Jesús; quisiera
nombrarlo con la dulzura que María Señora Nuestra. En agradecimiento a lo mucho, que os debo, deseo alabaros, y bendeciros, a cuyo fin ordeno este Novenario, saludándoos cinco veces en reverencia de las cinco letras, de quienes se compone Jesús, vuestro Dulcísimo nombre.





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