miércoles, 15 de diciembre de 2021

SIETE MIÉRCOLES A SAN JUDAS TADEO


LOS SIETE MIÉRCOLES EN HONRA DEL GLORIOSO APÓSTOL SAN JUDAS TADEO

 

Tomados del libro: “Novena, siete miércoles y otros ejercicios piadosos en honor de San Judas Tadeo”

 

Compuestos por un Padre Agustino Recoleto

 

Con Licencia de la Autoridad Eclesiástica

 

Santiago de Cali, Colombia

Año de 1959

 

 

ACTO DE CONTRICIÓN

Pongo Señor, mis culpas ante los ojos de tu bondad, y pongo también las penas de que por ellas me veo cercado. Mas es Señor, lo que merezco que lo que padezco, siento el castigo de mi pecado, y no por eso dejo de pecar con porfía. Entre tu rigor blandes mi flaqueza, pero no se muda mi maldad, convencida mi razón, siente las vueltas del cordel y no por eso se humilla mi altivez. Los dolores en que me veo, me fuerzan a que suspire y no pueden conmigo que me enmiende. Si me esperas, no mejoro, su prosigues en tu enojo, me acabarás. Lloro cuando me castigas y apenas templas el rigor, cuando me olvido que llore, cuando veo levantado el azote, prometo hacer grandes cosas, y solo con que suspendas el golpe, nada hago de lo que prometí. En afligiéndome, doy veces que me perdones, y si me perdonas, te irrito para que de nuevo me aflijas. Aquí me tienes culpado y rendido Señor, conozco que, si no me perdonas, te sobre la razón para que yo perezca, pero tú, poderoso Señor y Padre piadoso, me concederás, sin merecerlo, lo que te suplico, pues fuiste servido hacernos de la nada, para tener quien te rogase. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

 

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Oh San Judas Tadeo, privilegiado con el trato íntimo de la Sagrada Familia, amigo conocedor de los encantos de la adolescencia de Jesús, testigo y compañero de su juventud deslizada en los humildes trabajos del taller de Nazaret, impregnado de la santidad que emanaba de todas sus acciones, admirador ferviente de la santidad de su vida, convencido, irreductible de su altísima sabiduría, seguidor decidido de su doctrina sublime, en una palabra, ardiente amador de Jesucristo que te convirtió en su fervoroso confesor, en su celoso Apóstol, en su intrépido mártir, míranos desde el cielo a los que agradecidos o necesitados acudimos a tus altares, pregonando a todos los vientos que tú eres el abogado de los casos difíciles y desesperados. Hay devociones que han tenido que esperar el paso de los siglos para romper en el campo de las almas, cual capullos de aromáticas esencias, reduciendo a las mentes y cautivando a los corazones. Tal es la revelación de tu devoción popular, a pesar de haber recibido durante más de un milenio el culto solemne en la liturgia de la Iglesia. Cada día es mayor el número de tus devotos, porque tus favores constantes levantan nuevas voces agradecidas, prorrumpen en himnos entusiastas de alabanza y honor.  Hoy venimos a tu presencia con una intención particular que tu lees claramente en nuestros corazones. Esperamos ser atendidos benignamente, mientras te pedimos el fervor necesario para hacer con fruto este santo ejercicio de los siete miércoles, recordando los ejemplos de tu santa vida. Concédenos finalmente, a los que te veneramos en la tierra, la gracia de ser compañeros tuyos en la gloria. Amén.

 

 

PRIMER MIÉRCOLES

SÚPLICA

1.- ¡Oh San Judas Tadeo! Pasaron los siglos de una manera inconcebible, sin que los fieles se acordaran de acudir a tu celestial valimiento. Todas las necesidades, todos los favores parecían tener ya su protector o abogado. Cuando el pueblo el pueblo cristiano se dio cuenta de que eras el santo predilecto de Dios, y de que la Bondad Divina se gozaba en obrar por tus manos los prodigios más inauditos, entonces las multitudes se arremolinaron en derredor de tus altares, proclamando que tú eras el Santo de los Casos desesperados.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

2.- ¡Oh bienaventurado San Judas Tadeo! Que tuviste la suerte de nacer en uno de aquellos pocos hogares donde reinaban todavía las virtudes de los verdaderos israelitas, esperando con ansias y corazón puro la venida del Mesías para la redención del pueblo de Dios. Haz que agradezcamos todos al Señor el beneficio de haber nacido en una familia cristiana, y nos esforcemos en conservar las santas tradiciones de nuestros antepasados.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

3.- ¡Oh afortunado San Judas Tadeo! Que con justicia puedes enorgullecerte de tu ilustre parentela, siendo Jesucristo primo hermano tuyo, María Santísima y San José tus tíos, hermano tuyo Santiago el Menor, Apóstol de Cristo, y sobrinos carnales tuyos los también Apóstoles Santiago el Mayor y San Juan Evangelista. Nosotros nos gozamos con ser fervientes devotos tuyos, para participar de las abundantes gravas que fluyen de tu poderosa intervención en los cielos.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

4.- Por el parentesco real que existía entre tu familia y la de Jesucristo, no hay duda que debiste frecuentar la compañía y conversación de Jesús, María y José, aun mucho antes de ser llamado al Apostolado. Haz que frecuentemos en la oración nuestra conversación con tan ilustres personajes, hasta que nuestro amor hacia ellos se parezca al que tú les tuviste en la tierra.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

5.- Al fundar Jesucristo su Iglesia, eligió a doce, para que fueran el fundamento de su reino en el mundo, y entre ellos te escogió a ti, mi amadísimo San Judas Tadeo. Me regocijo al verte tan distinguido por la predilección de Dios, y corro confiado a tus plantas, porque en tus manos están las llaves de los tesoros celestiales.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

6.- Que emoción sintió tu alma enamorada de las cosas sublimes, Oh celosísimo Apóstol San Judas Tadeo, cuando Jesucristo, en carne mortal, te envió a predicar su doctrina y a libertar a las almas del poder de Satanás. Concédenos gran Santo, la gracia de convencernos todos los cristianos de la misión que tenemos de ser apóstoles de la doctrina de Jesucristo, por el eficacísimo medio del buen ejemplo.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

7.- “¿Por qué causa Señor, te has de manifestar claramente a nosotros y no al mundo?” ¡Oh generoso San Judas Tadeo! Estas palabras pronunciadas por ti en la última cena, indican el deseo de que estas animado de que todo el mundo conociese a Jesucristo y se salvase. Quítanos del corazón ese frío egoísmo que nos impide mirar a los que nos rodean, y danos la gracia de que todos los nuestros sean amigos de Dios.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

-Ahora pedirá cada uno la gracia que se desea alcanzar en este Septenario por la intercesión de San Judas Tadeo.

 

GOZOS

¡Oh discípulo sagrado

De mi Jesús Redentor!

Se nuestro fiel abogado

Ante el trono del Señor.

 

El mundo por doquier canta

De tu gloria el esplendor,

Sigue tu doctrina santa

De fé, esperanza y amor,

A tu nombre eleva templos

Y altares mil en tu honor.

 

Derramas luz y calor

En las almas atribuladas,

En las que se hallan turbadas

En tinieblas y error,

Al débil das fortaleza

Al tibio santo fervor.

 

Peregrinos a ti acuden

En busca de algún favor,

Porque tu nombre ya cunde

De la tierra en derredor,

Nunca defraudados los ruegos

Del justo pecador.

 

Los pobres en su indigencia

El enfermo en su dolor,

Acuden a tu clemencia

Y encuentran siempre el favor,

Desde el cielo tú los miras

Con piedad y con amor.

 

Amable Apóstol San Judas

Predilecto del Señor,

Las discordias en paz mudas

Los rencores en amor,

Restituye a las familias

De Cristo el sacro favor.

 

En casos desesperados

En desgracias y dolor,

Los que están desempleados

En zozobra y en error,

Acuden a ti confiados

Porque eres su protector.

 

Los enfermos que ya sienten

De la muerte si estertor,

A ti acuden con fe viva

En su llanto y gran dolor,

Y tú los miras benigno

Siéndoles su protector.

 

ANTÍFONA

Os entregarán en los concilios, en sus sinagogas sufriréis el tormento de los azotes, y seréis llevados por mí, delante de los reyes y de los presidentes, en testimonio para ellos y para los gentiles. Sed fuertes en la lucha y pelead con la serpiente antigua, y recibiréis un reino eterno, dice Jesucristo.

 

L/: San Judas Tadeo, Abogado de los casos difíciles y desesperados.

R/: Ruega por nosotros.

 

ORACIÓN: Oh Dios, que, por la vida, ejemplos y virtudes de tu Santo Apóstol San Judas Tadeo, nos has traído al mejor conocimiento de tu santo nombre: concédenos que venerando en la tierra la gloria de su martirio, consigamos los premios eternos del cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

 

 

SEGUNDO MIÉRCOLES

SÚPLICA

1.- “El que quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” En esta escuela de Jesús aprendiste tú, San Judas Tadeo, a ser verdadero discípulo suyo. Admítenos en la misma y haz que salgamos discípulos aventajados, porque el único camino seguro es el del Cristo Crucificado, y en el cielo no se abre sino a los que llaman golpeando con la Cruz.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

2.- “Vigilad y Orad. El que pide, recibe. Todo lo que pidiereis en mi nombre se os dará.” Tantas bellezas oíste de los labios de Jesús acerca de la oración, que un día enamorado de ella, le suplicaste: “Señor, enséñanos a orar.” Si el que no ora no necesita de demonio que le tiente, ya sé de donde están las causas de mis caídas. Protector mío, hazme fervoroso y constante en la oración, para que me convierta en un santo.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

3.- “Estad vigilantes, porque en la hora menos pensada llegará el Señor.” Con esta advertencia de tu Maestro aprendiste, San Judas Tadeo, a mirar la vida con todas sus cosas, como lo más incierto e inseguro, despreciando como basura todo cuanto puede ilusionar al corazón humano. Oh Santo mío, quiero trabajar todo el tiempo que el Señor me conceda en hacer méritos para el cielo, para que en la hora menos pensada no llegase la muerte y me sorprenda con las manos vacías.

 -Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

4.- “El camino que conduce a la salvación es estrecho y escabroso, ancho es el que lleva a la perdición, y muchísimos van por él. Si no hiciereis penitencia, todos pereceréis. El reino de los cielos padece violencia, y los que se la hacen lo arrebatan.” Oyendo estas sabias lecciones, San Judas Tadeo, saliste maestro consumado para enseñar la difícil virtud de la mortificación. Según el evangelio de Jesús, he de ser juzgado. Voy a aprenderlo y asimilarlo para que al fin de mi vida no resulte reprobado.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

5.- “Este es mi mandamiento, que os améis mutuamente. En esto conocerán que sois discípulos míos, en que os améis los unos a los otros.” ¡Oh San Judas Tadeo! Entrad a nuestros corazones, seguid también a nuestras casas. ¿Encontrareis acaso en nosotros las señales de los verdaderos discípulos de Cristo? ¿No nos dará vergüenza de que nos sorprendas en esas diferencias familiares que convierten el hogar en un infierno? ¿En lugar de hermanos no muchas veces verdaderos lobos para nuestros prójimos? Compadécete de nosotros, Santo caritativo, y graba en nuestras almas el signo de la caridad.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

6.- “Dejad que los niños vengan a mí.” ¡Oh San Judas Tadeo! Estas sublimes palabras recibiste en tu corazón de labios del Divino Maestro, para que más tarde tus mayores desvelos se manifestaran en defensa de la inocencia que peligra en la niñez. No permitas, Santo amado, que ninguno de nuestros pequeñuelos sea víctima del zarpazo infernal, del escándalo que irrita la cólera de Dios

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

7.- Muchos abandonaron a Jesús escandalizados, al anunciarles el misterio de la Eucaristía. El Maestro dirigiéndose a los Apóstoles les preguntó: “También vosotros queréis marcharos?” y tu San Judas Tadeo, uniéndote fervorosamente a Pedro, contestaste: “Señor, a quien iremos, si tú tienes palabras de vida eterna.” ¡Qué bien habías llegado a conocer el Corazón de tu Maestro! ¡Qué beneficio tan grande, que amor el de Jesús en el Augusto Sacramento! ¡El mundo podría ser feliz si se detuviera a pensar que lo tiene tan cerca! Acudimos siempre al Sagrario en nuestras necesidades. Al pie del Tabernáculo se han forjado los grandes santos.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

 

 

TERCER MIÉRCOLES

SÚPLICA

1.- ¡Oh fervoroso amante de Jesucristo, San Judas Tadeo! Con gran entusiasmo y alboroto íntimo de tu corazón, tomaste parte de aquella apoteosis de día triunfal de ramos en Jerusalén, entregando al aire vibrantes Hosannas al Hijo de David. Concédenos constancia en nuestra fe, y que nunca nos avergoncemos de predicar la palabra y de obra las sublimes doctrinas del Evangelio de Jesucristo.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

2.- Que impresión tan profunda recibió tu delicada alma, al ver que Jesús lloraba lágrimas muy sentidas sobre la ingrata Jerusalén, y que horror concebiste desde aquel día al pecado de la deslealtad a las gracias de Dios. Concédenos, amado Primo Hermano de Jesús, que nunca le hagamos llorar con nuestros pecados, y que trabajemos en impedir en nuestros parientes este único mal del mundo.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

3.- Que sintió tu alma inocente al escuchar de los labios de Jesús esta tremenda profecía: “Uno de vosotros me va a entregar en manos de mis enemigos.” Cómo examinaste hasta el fondo de tu alma al preguntarle tembloroso al Señor: “¿Soy acaso yo, Maestro?” No permitas San Judas Tadeo, que me engañe acerca del estado de mi conciencia, creyéndome justo, siendo quizás pecador abominable delante de Dios que me ha de juzgar.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

4.- Aniquilado por la vergüenza y la confusión, contemplaste a Jesús a tus plantas, pidiéndote los pies para lavártelos. ¡Oh dichosísimo San Judas Tadeo! Que de cerca bebiste en las fuentes divinas esa difícil lección de la humildad. Enséñanos que ella es el cimiento de toda virtud, que sin humildad no valen nada las obras más portentosas, y que, si somos humildes, en un instante seremos gratos a los ojos de Dios, aunque pesen sobre nuestra conciencia enormes crímenes.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

5.- Viviste momentos de cielo en la noche sublime de Jueves Santo al ser testigo de la Institución de la Eucaristía, al recibir en tu pecho el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, y al ser ordenado sacerdote de la Nueva Ley. ¡Oh gran elegido de Cristo, San Judas Tadeo! Haced que nuestro corazón viva inflamado de amor hacia el Augusto Sacramento, y que tengamos solo veneración y agradecimiento hacia el sacerdocio católico, por cuyo ministerio vive entre nosotros Jesucristo para ser nuestra fortaleza, compañero y guía de nuestro duro peregrinar hasta el cielo.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

6.- “Aunque todos se escandalicen, yo nunca me escandalizaré de ti” dijiste a Jesús en aquella noche de prueba, camino de Getsemaní. Después fuiste cobarde cuando el Maestro se entregó en manos de sus enemigos. ¡Oh penitentísimo San Judas! Con que dolor recordaste todos los días de tu vida aquella defección, y como trabajaste después para reparar aquel desamor con un amor el más encendido hacia tu Divino Maestro. Si reconoces que hemos pecado, concédenos la gracia de honrar nuestro infeliz pasado con una vida nueva de amor y sacrificio.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

7.- Judas Iscariote, el apóstol traidor, después de vender a su Maestro, se arrojó al abismo de la desesperación, ahorcándose, porque no llegó a comprender la bondad y el perdón que anidaban en el Corazón del bondadosísimo Jesús. Este hecho te entristeció profundamente, ¡Oh San Judas Tadeo! Pues se trataba de la pérdida eterna de un compañero en el Apostolado. Amantísimo discípulo de Jesús, enséñanos a conocer la misericordia divina, y, a pesar de nuestras miserias, a no desconfiar nunca del perdón.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

 

CUARTO MIÉRCOLES

SÚPLICA

1.- ¡Oh San Judas Tadeo! En medio de la duda y depresión que invadían tu alma con la derrota del Maestro, surgió la alegría de la luz y del triunfo con aquel consolador anuncio: “¡Jesús ha resucitado!” Aprendamos a confiar en Dios que nos envía penas superiores a nuestras fuerzas. Pasará la ola de la tribulación por negra y horrible que parezca, y tras la prueba brillará el sol de la alegría con los consuelos del Señor.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

2.- ¡Oh afortunado San Judas Tadeo! Que tuviste la suerte de ver de cera a Jesús resucitado, de oír de nuevo su voz de triunfador de la muerte, de contemplar su Humanidad glorificada, y de palpar aquellas Santísimas Llagas, envueltas en perfumes celestiales y luminosidad deslumbradora. Auméntanos la fe para que pisoteemos los oropeles de la tierra, y solo amemos los tesoros que cuentan en la eternidad.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

3.- Todavía cobarde y tembloroso te habías refugiado en el Cenáculo con los demás Apóstoles, cuando apareció la figura blanca y majestuosa de Jesús, que dejaba caer de sus dulcísimos labios aquel saludo que era el cielo en la tierra: “¡La Paz sea con vosotros!” ¡Oh San Judas Tadeo! Haznos partícipes de ese don celestial de la paz que la necesitábamos para nuestro espíritu, para nuestros hogares, para nuestra patria y para el mundo entero.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

4.- ¡Oh amable San Judas Tadeo! Jesús pone en vuestras manos un poder que corresponde solo a Dios, diciendo: “Recibid el Espíritu Santo, a quien perdonéis los pecados, les serán perdonados; y a quien se los retuvieres, les serán retenidos.” Tu que conociste las bondades que se encierran en el Corazón de Jesús, haz que comprendamos la misericordia que derrocha Dios nuestro Señor en este santo Sacramento de la penitencia.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

5.- “Id por todo el mundo, predicad el Evangelio a todas las gentes.” Esta arenga estabas esperando ¡Oh San Judas Tadeo! Para anunciar a todo el mundo la doctrina de su amado Maestro. Y con que amor predicaste a Jesús con el ejemplo, con la palabra y con los escritos. Compadécete de nosotros, Santo Apóstol, cámbianos, porque llamándonos cristianos, muchas veces parecemos paganos, predicadores de la soberbia, de la lujuria y de la vanidad.

 -Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

6.- ¡Oh testigo fiel de la Ascensión del Señor a los cielos, San Judas Tadeo! Tu alma se sintió arrebatada tras de Jesús por los aires, y tus deseos eran de seguirte para siempre, porque en la tierra nada quedaba ya que cautivase tu corazón. Mírame con compasión a nosotros que vivimos apegados a la tierra, y tan felices jugando con la arcilla de las cosas del mundo que deshace en las manos. Envía a nuestra alma un gran desengaño para que comprendamos en este mundo todo es vanidad de vanidades y aflicciones del espíritu, menos servir a Dios.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

7.- ¡Oh San Judas Tadeo! Como te envidio al verte tan recogido, tan fervoroso en aquel retiro que hiciste en el Cenáculo al lado de María Santísima y de los demás Apóstoles, como preparación para recibir al Espíritu Santo. Yo también quisiera se fervoroso en mis oraciones, pero, como lo quiero ser, si no mortifico mi imaginación, si no recojo mis sentidos. Fervoroso Santo mío, quítame este espíritu de disipación y frivolidad y enséñame la vida de piedad.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 


 

QUINTO MIÉRCOLES

SÚPLICA

1.- Recibido el Espíritu Santo, ¡Oh San Judas Tadeo! Sales a predicar el Evangelio, primero a los judíos, que esperaban al Mesías y no le conocieron, a pesar de haber obrado en su propia tierra tantos milagros. Te pedimos, Santo glorioso, que cuando escuchemos la palabra de Dios, no esté nuestro corazón lleno de soberbia y de sensualidad que nos impida recibir lo que Dios nos quiera comunicar, antes bien seamos tierra buena donde la semilla de la palabra evangélica fructifique el ciento por uno.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

2.- ¡Oh celoso predicador de Jesucristo, San Judas Tadeo! Siguiendo las consignas del Divino Maestro, fuiste abanderado de la Nueva Ley, abandonando Judea para predicar el evangelio a los gentiles, primero a Egipto y continuando después en Persia. Desde el cielo quieres ser predicador nuestro, inspirándonos buenos sentimientos, y ayudándonos a cumplir con fidelidad nuestros deberes, en el lugar en que Dios nos ha colocado en el mundo.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

3.- ¡Oh ardoroso Apóstol San Judas Tadeo! Al querer implantar la Cruz en el mundo, te encontraste con la triste realidad de que las naciones eran predio de Satanás, que no tenía intención de abandonar sus dominios. Pero, el poder que te acompañaba hizo enmudecer a los espíritus infernales que hasta entonces habían hablado por boca de los ídolos. Confiemos también nosotros y pensemos que Jesucristo está a nuestro lado cuando oramos, haciéndonos invencibles en todas las batallas que emprendemos para ser buenos cristianos.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

4.- En aquellas naciones donde tu predicabas ¡Oh San Judas Tadeo! Aparecieron unos magos embaucadores que se jactaban de poseer el poder y la ciencia de los dioses. Tú los confundiste con una profecía portentosa que se cumplió exactamente, lo que llenó de furor a los gentiles que ya iban a despedazar a los míseros magos, de no haber intervenido la bondad de tu corazón que imploró y obtuvo el perdón. Concédenos gracia y astucia santa para desenmascarar a los falsos profetas que siempre pululan entre la grey cristiana, y generosidad de alma para perdonar a los que hacen mal.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

5.- Baradak, Capitán de los Ejércitos del Rey del Babilonia, en reconocimiento a los beneficios recibidos de tu mano ¡Oh San Judas Tadeo!  Quiso recompensarte con generosidad, entregándote gran cantidad de joyas y dones preciosos. “Mis tesoros son las almas” respondiste, despreciando a aquellos regalos terrenales, mientras predicabas cada día con más fervor a Jesucristo, que dijo: “¿Que le aprovecha al hombre ganar todo el mundo, si al final pierde su alma?” Hagamos máxima de nuestra vida esta sabia advertencia del Señor.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

6.- El diácono Eufrosino, ayudante tuyo en el ministerio sacerdotal, fue envuelto en una horrible calumnia, y tu San Judas Tadeo, defensor de la inocencia, hiciste hablar a un niño recién nacido para que proclamara la pureza y santidad de vida del calumniado. Este prodigio extraordinario ha animado a recurrir a tu poderoso valimiento a aquellas almas indefensas, cuya fama fue despedazada por esas lenguas infernales que saborean la calumnia como un delicioso caramelo. Santo mío, me siento amparado ante estos hechos que predican cuanto puedes contra la maledicencia.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

7.- ¡Oh San Judas Tadeo, admirable en todas tus obras! Al llegar a la corte del rey de Babilonia, ante la evidencia de los prodigios que obrabas, y mucho más por los ejemplos de tu santa vida, el mismo Rey con toda su familia abrazó la religión del Crucificado. ¡Que triunfo el de tu celo apostólico! Delirantes te abrimos las puertas de nuestros corazones y de nuestras familias, para que tu presidas todos los actos de nuestra vida, haciéndonos comprender las sublimidades que se encierran en el Evangelio.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 


 

SEXTO MIÉRCOLES

SÚPLICA

1.- Llegó también para ti, ¡Oh San Judas Tadeo! La hora del poder de las tinieblas. Enfurecidos los demonios, incitaron a los sacerdotes de los falsos dioses y a los idólatras todos a acabar con tu preciosa vida. Así, fuiste apresado y llevado entre baldones al gran templo de la luna, para que le ofrecieras incienso. Condenando aquellas abominaciones, hiciste una fervorosa oración, aquel ídolo cayó sobre el pavimento hecho pedazos, a la vez que salían de él los demonios, dando horribles aullidos. Mi glorioso Santo, mírame desde el cielo, bendíceme para que de mi corazón caigan también los ídolos de mis malos afectos.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

2.- Los falsos sacerdotes irritados más al ver a su dios pulverizado, cayeron sobre ti, oh intrépido San Judas Tadeo, te arrastraron por las calles, te apalearon y te saetearon, hasta que, al fin, de un terrible hachazo te cortaron la cabeza, mientras tu cándida alma subía al Empíreo a recibir la palma del martirio. ¡Oh Santo fervoroso! ¿En que nos parecemos a ti, cuando tan fácilmente cedemos a la tentación y por el halago de miserables gustos, abandonamos a Dios? Fortalece nuestra fe y nuestra voluntad, para que no seamos cristianos de solo nombre.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

3.- ¡El martirio! Este es el gran anhelo de tu alma, ¡Oh San Judas Tadeo! Dar la vida por aquel que primero murió en la Cruz, y el Divino Maestro te concedió esa gracia tanto tiempo suspirada. El amor que tenías a Jesucristo te hizo Apóstol suyo para coronar tu vida siendo su heróico mártir. Si queremos llegar a tu lado en el cielo, cámbianos primero en la tierra, de cobardes en valerosos, de tibios en fervorosos y de perezosos en ardientes seguidores de Jesús.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

4.- No permitió Dios nuestro Señor, que los malvados siguieran cantando victoria, gloriándose de su poder en tu muerte ¡Oh San Judas Tadeo! De repente se levantó una fuerte tempestad de rayos, que derribaron los templos y los ídolos, dieron muerte a muchos gentiles, y redujeron a polvo a tus mayores enemigos, mientras el rey cristiano recogía con piedad tu santo cuerpo, levantando en tu honor un suntuoso templo en Babilonia. Animémonos a buscar la gloria de los santos por la virtud, ya que, en último término, son ellos los que triunfan también en este mundo.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

5.- ¡Oh San Judas Tadeo! Dios ha querido ensalzar tu nombre en la tierra, por eso tu cuerpo glorioso fue trasladado más tarde a Roma para recibir más honores en la Iglesia de San Pedro, y nosotros tenemos en alto honor de venerar en tu Santuario de Cali, una reliquia de aquel cuerpo tu cuerpo santo que tanto se fatigó predicando por Cristo, que generosamente fue entregado a los tormentos del martirio y fue animado por esa bella alma que ahora goza de Dios en el cielo. Ayúdanos a mortificar este cuerpo, para que un día sea glorificado también juntamente con esta alma inmortal.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

6.- ¡Oh San Judas Tadeo! Que el Señor quiere glorificar tu nombre, quiere glorificar tu nombre, se manifiesta en la multitud de prodigios que se están obrando en todo el mundo. Basta pronunciar tu nombre, a veces solo pensar en ti con confianza para recibir tus favores. Nos miras desde el cielo, ansioso de favorecernos. Ojalá comprendamos este misterio de la bondad de Dios, y nos aprovechemos de tu protección para hallar remedio en nuestras necesidades espirituales y temporales.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

7.- ¡Oh San Judas Tadeo! Nuestro Señor te ha dado un poder superior al de muchos santos, porque ha querido que por tu valimiento fueran socorridas las necesidades más apremiantes, sintiéndose tu influencia en los casos más raros e inverosímiles, por cuya causa eres proclamado en el mundo católico el abogado especial de los casos difíciles y desesperados. Alabemos la bondad de Dios nuestro Señor, y no olvidemos este poder de nuestro Santo para todas nuestras necesidades.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

 

 

SÉPTIMO MIÉRCOLES

SÚPLICA

1.- ¡Oh San Judas Tadeo! Testigo de las maravillas sin cuento obradas por Jesucristo en tu misma presencia, que recibiste de sus labios el poder mandar a las enfermedades y a la muerte, ahora, desde el cielo, continúas desplegando tu poder en favor de millares de almas que acuden a ti en los casos más angustiosos.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

2.- “Levántate y anda” decía Jesucristo a los paralíticos del Evangelio, y al momento corrían alegres para sus casas, alabando a Dios. Que tú, mi amadísimo San Judas Tadeo, tienes igual poder, lo proclama el célebre caso de la niña bogotana, que, destrozada por una parálisis mortal, al contacto de tu reliquia, abre los ojos, habla y se cura, con gran regocijo de sus padres que habían acudido a este Santuario tuyo, con una fe que no resultó fallida. Alcánzanos a todos esa fé que hace prodigios.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

3.- “Con el sudor de tu frente comerás el pan.” Tal fue la sentencia dura que sobrevino al hombre prevaricador del mandato del Señor. Tu corazón compasivo, ¡Oh San Judas Tadeo! se ha derretido ante las plegarias de tus devotos, solucionando a veces grandes apuros económicos, hasta con los premios de la lotería. Alcánzanos del Señor. Que abracemos el trabajo como medio digno de satisfacer por nuestros muchos pecados.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

4.-La vida del hombre es una lucha continua en la que hay al lado de unas nobles satisfacciones, muchos fracasos y contratiempos. La oración es el gran recurso del que está animado de una fé viva. Así, San Judas Tadeo ha escuchado la súplica angustiosa de quien había perdido un dinero, un cheque con que iba a pagar unos empleados. Santo mío, enséñanos a orar con fe en todos nuestros contratiempos.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

5.- Ambición sana es la de poseer una casita propia, para que la vida en familia sea más ordenada material y moralmente. Sam Judas Tadeo ha atendido muchas veces ese ruego de sus devotos, los que a la vez han experimentado un influjo celestial patente en la marcha más cristiana de la vida en familia. Pidamos al Santo, que nuestros hogares, quizás confortables materialmente, no se vean nunca profanados por el escándalo y la práctica de costumbres anti cristianas.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

6.- Solo Dios nuestro Señor puede calcular el valor de esas lágrimas silenciosas de una esposa, de una madre, que llora la usencia de un ser que no debiera faltar en el hogar. Ante el altar de San Judas Tadeo se han derramado muchas veces lágrimas, pero ya no tristes, sino de regocijado agradecimiento, porque el ausente ha vuelto a ocupar su puesto en la mesa familiar. Pidamos al gran Santo que esos pródigos, encuentren sino bellotas amargas de desengaños, hasta que vuelvan a los brazos de quien le guarda con el corazón abierto.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

7.- Que triste es ver llegar la noche sobre una familia donde hay muchas necesidades, muchas bocas que piden el pan de cada día, y quien puede y quiere ganar ese pan con el sudor de su frente, no encuentra colocación. Hay personas afortunadas que en estas angustias han recurrido al gran Apóstol San Judas Tadeo, y han encontrado la solución a su problema. Pidamos al Santo que no haya hogar donde falte el pan nuestro de cada día.

-Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

 

LAVS DEVS
 

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