PLANCTUS B. M. V.
(Llanto de la Santísima Virgen María)
PRIMERA PARTE
Para el domingo, lunes y jueves
Estaba la Madre dolorosa
junto a la Cruz, llorosa,
mientras pendía el Hijo.
Cuya alma gemebunda,
atribulada y doliente,
fue atravesada por la espada.
¡Oh, qué triste y afligida
estuvo aquella bendita
Madre del Unigénito!
Ella, que se condolía y sufría,
Madre piadosa, mientras veía
las penas de su glorioso Hijo.
¿Qué hombre no lloraría
si viese a la Madre de Cristo
en tan horrendo suplicio?
¿Quién no se entristecería
al contemplar a la Madre de Cristo
dolida junto a su Hijo?
Por los pecados de su pueblo
vio a Jesús en los tormentos
y sometido a los azotes.
Cuando el cuerpo muera,
haz que al alma le sea concedida
la gloria del Paraíso.
SEGUNDA PARTE
Para el martes y viernes
Estaba la Madre dolorosa
junto a la Cruz, llorosa,
mientras pendía el Hijo.
Vio a su dulce Hijo
morir desolado,
mientras entregaba el espíritu.
¡Ea, Madre, fuente de amor!
hazme sentir la fuerza del dolor,
haz que llore contigo.
Haz que mi corazón arda
en el amor a Cristo Dios,
para que a Él le sea agradable.
Santa Madre, haz esto:
graba profundamente las llagas del Crucificado
en mi corazón.
De tu Hijo herido,
que tanto se dignó padecer por mí,
comparte conmigo las penas.
Haz que yo llore piadosamente contigo,
que me conduela del Crucificado
mientras yo viva.
Cuando el cuerpo muera,
haz que al alma le sea concedida
la gloria del Paraíso.
TERCERA PARTE
Para el miércoles y sábado
Estaba la Madre dolorosa
junto a la Cruz, llorosa,
mientras pendía el Hijo.
Estar contigo junto a la Cruz
y unirme a ti
en el llanto deseo.
Virgen insigne entre las vírgenes,
no me seas ya amarga,
haz que llore contigo.
Haz que lleve la muerte de Cristo,
hazme partícipe de su Pasión
y que venere sus llagas.
Haz que sea herido con sus llagas,
que me embriague con la Cruz
y con la Sangre de tu Hijo.
Para no ser abrasado por las llamas,
por ti, Virgen, sea yo defendido
en el día del Juicio.
Cristo, cuando tenga que salir de este mundo,
concédeme llegar por tu Madre
a la palma de la victoria.
Cuando el cuerpo muera,
haz que al alma le sea concedida
la gloria del Paraíso.
℣. Ruega por nosotros, Virgen dolorosísima.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo.
OREMOS
Interceda por nosotros, te rogamos, Señor Jesucristo, ahora y en la hora de nuestra muerte, ante tu clemencia, la Bienaventurada Virgen María, tu Madre, cuya alma santísima fue traspasada por la espada del dolor en la hora de tu Pasión. Por ti, Jesucristo, Salvador del mundo, que con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. ℟. Amén.
-Rezaremos un Padre Nuestro, Ave María y Gloria en honor a los siete Santos Fundadores, a fin de que, así como fueron en la tierra los primeros promotores de esta devoción tan grata a María, nos sean también ante Ella eficaces protectores. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
-Recitaremos una Salve en honor a la Santísima Virgen de los Dolores por todos nuestros Benefactores vivos y difuntos, y por todos aquellos que frecuentan o desean frecuentar esta santa devoción.
Salve Regina
Invocaremos finalmente el patrocinio de nuestra Señora de los Dolores por la conservación del Reinante Sumo Pontífice, por todas las necesidades de la Santa Iglesia y por todos nuestros intereses, tanto espirituales como temporales. Diciendo tres veces:
℣. Virgen dolorosísima, ruega por nosotros.
℣. Con su piadosa prole
℟. Nos bendiga la Virgen María dolorosa

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