jueves, 1 de octubre de 2020

MES DE OCTUBRE A SAN FRANCISCO DE ASÍS - DÍA UNO


MES DE OCTUBRE

EN HONOR DEL SERÁFICO PADRE SAN FRANCISCO

 

Tomado de la Farmacopea Franciscana

Manual de los devotos y Terciarios Franciscanos

 

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh Dios excelso y Señor mío Jesucristo! Ilumina, te lo pido humildemente, las tinieblas de mi alma. Dadme fé recta, esperanza cierta y caridad perfecta. Haz que te conozca, Señor, para que siempre en todo y por todo haga tu santa voluntad. Amén.

 

 

DÍA UNO

San Francisco, copia de Jesucristo

El Divino Modelo, Jesucristo, vino al mundo, no solo para redimirnos, sino también para ser ejemplo de todos, dijo a las almas: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” camino que hemos de seguir, imitándole, verdad en que hemos de creer, siguiéndole, vida que hemos de vivir, unidos a el por la gracia… Los hombres olvidaron estas palabras, ciegos por la pasión, y Dios, misericordioso siempre, envió nuevamente a la tierra otro modelo, viva copia del Redentor… fue San Francisco, que nos dice a todos: “Sed imitadores míos, hijos queridos, como yo lo he sido de Jesucristo”. Imitémosle de veras…

 

Récense cinco Padres nuestros en honor de las cinco llagas del Seráfico Padre.

 

MÁXIMA: Debemos hacer todo según el divino Modelo, Jesucristo.

 

JACULATORIA: ¡Dios mío y todas mis cosas!

 

 

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Gloriosísimo Patriarca y Padre mío San Francisco, a tus pies tienes la criatura más miserable, la más pobre, y más necesitada de tu favor. Yo te alego para conseguirlo el voto que a Dios hiciste de no negar cosa alguna que por su amor te pidiesen, por amor de Dios te pido que abogues por mí en el cielo, y que me alcances de mi Dios y Señor el que me admita en su gracia y amistad: que me dé una contrición perfecta de mis culpas y un verdadero odio al pecado por amor de Dios te pido el que imprimas en mi corazón un agradecimiento igual al ti que viste a su divina Majestad por todo lo que por nosotros padeció; y que así como tu tenías en tu cuerpo y en tu corazón las señales de nuestra redención, así yo tenga estampada en mi memoria y en mi conocimiento la dolorosa Pasión de mi amado Redentor, para vivir y morir lleno de amor de aquel Señor que murió por mí en la cruz. Amen.



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