jueves, 17 de marzo de 2022

ROSARIO DE LA SEPULTURA DE CRISTO Y SOLEDAD DE MARÍA


MISTERIOSOS FUNERALES

DE LA SOLEDAD DE LA SANTÍSIMA VIRGEN Y SEPULTURA DE CRISTO

 

Para el Rosario de los sábados, que se reza en su capilla del Hospital de Nuestra Señora.

Para el ejercicio y provecho de la Congregación de la Purísima, fundada con la Autoridad Apostólica en el Colegio Máximo de la Compañía de Jesús, de San Pedro y San Pablo de México.

 

Con Licencia Eclesiástica

México

Por la Viuda de Bernardo Calderón, año de 1670

 

ORACIÓN PREPARATORIA

Abrid Señor nuestros labios, regid nuestras lenguas, moved nuestros corazones, para que con el respecto decente en vuestra presencia, y con el sentimiento debido a la extremada Soledad de vuestra dulcísima Madre y Dolorosísima Reina nuestra, cantemos sus alabanzas, acompañemos sus penas, agradezcamos sus tiernísimas finezas, y ocupada toda el alma en tan debidos sentimientos, no admita otro, que de compasión, agradecimiento y amor de tan dulce Madre, y de la altísima providencia con que a cosa suya y vuestra, la quisisteis hacer Reina, amparo y Madre de los Afligidos pecadores. Seáis por siempre bendito de todas las criaturas, dulcísimo Jesús nuestro, que con el Padre y el Espíritu Santo, vivís y reináis en los siglos de los siglos. Amén.

 

L/: Dios mío, ven en mi auxilio.

R/: Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre…

 

PRIMER MISTERIO

La Soledad y Desamparo de la Virgen al pie de la Cruz.

 

-Se rezan las diez Aves Marías y luego la siguiente:

 

OFRECIMIENTO

Oh dulcísima Virgen María, la más sola y desamparada de todas las criaturas, para ser amparo y compañía de los afligidos: este Padre nuestro y diez Aves Marías os ofrecemos en memoria de la Soledad y desamparo que padecisteis al pie de la Cruz, viendo pendiente de ella y muerto con tan ignominiosos tormentos al Hijo de Dios y vuestro, sin tener quien os le bajase, mortaja en que envolverle, ni sepulcro en que enterrarle. Dolemonos íntimamente de vuestra Soledad, pobreza y agonía, y por ellas mismas os suplicamos, arranquéis de nuestros corazones el afecto desordenado de personas, aplausos y riquezas terrenas, para que solo desembarazados y libres de todas, acompañemos vuestra Soledad, al pie de la cruz de nuestros trabajos, pobrezas y desamparos en esta vida, y por ella, y vuestra intercesión merezcamos haceros compañía en la gloria y descanso de vuestro Reino, por los méritos de vuestro preciosísimo Hijo Jesús. Amén.

 

 

SEGUNDO MISTERIO

La Lanzada

 

-Se rezan las diez Aves Marías y luego la siguiente:

 

OFRECIMIENTO

Oh dulcísima Virgen María, la más sola y desamparada de todas las criaturas, para ser amparo y compañía de los afligidos: este Padre nuestro y diez Aves Marías os ofrecemos en memoria de aquel indecible dolor que atravesó vuestro tiernísimo corazón, cuando sola, pobre y desamparada al pie de la cruz, el lugar de alivio, socorro y compañía, os doblo la pena un despiadado soldado, que rompió con la Lanza el costado de vuestro dulcísimo Hijo, atravesando más sensible y dolorosamente el maternal vuestro, que el insensible de vuestro Hijo, con tal sentimiento, estremecimiento y agonía, que allí quedares muerte de la pena, si con fuerza superior no hubierades sido confortada del cielo. Dolemonos Señora, de vuestros dolores, angustias y aflicciones, y os suplicamos, por esta intolerable congoja, nos alcancéis una contracción tan íntima de nuestros pecados, que se nos aparta el corazón de dolor, de haber ofendido a vuestro dulcísimo Hijo, como una aguda lanza, lo atraviese el sentimiento de haber correspondido tan mal, a su amoroso corazón y finezas vuestras, para que borrados así nuestros pecados, con su sangre, entremos por la puerta de su abierto pecho, a gozar el fruto de vuestra Soledad y su Pasión, en compañía gloriosa de los Ángeles, por todos los siglos de los siglos. Amén.

 

 

TERCER MISTERIO

Cuando le bajaron de la Cruz a sus brazos

 

-Se rezan las diez Aves Marías y luego la siguiente:

 

OFRECIMIENTO

Oh dulcísima Virgen María, la más sola y desamparada de todas las criaturas, para ser amparo y compañía de los afligidos: este Padre nuestro y diez Aves Marías os ofrecemos por aquel incomprensible dolor y profundísimo sentimiento con que, bajado de la Cruz el despedazado cuerpo de vuestro difunto Hijo, le recibiste en vuestros brazos, con sumo dolor, le abrazasteis con indecibles ansias y altísima ponderación contemplasteis, parte por parte, y llaga por llaga, las innumerables de su desecho cadáver, cotejándolas con su divinidad y vuestro aprecio. Dolemonos Señora, de vuestro atrocísimo padecer, y por el mismo suplicamos, nos alcancéis un perfecto aborrecimiento de nuestros pecados, que fueron la causa principal en estas heridas, y un religiosísimo agradecimiento al amor con que por redimirnos, la aceptasteis vos, y las padeció vuestro Hijo, para que por sus merecimientos y vuestra intercesión, vamos a gozar con vos el dulce fruto de la amargura siembra, que hizo con su cuerpo arado con sus heridas, y regado con su sangre, vuestro preciosísimo Hijo Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

CUARTO MISTERIO

Entierro y Sepultura de Cristo

 

-Se rezan las diez Aves Marías y luego la siguiente:

 

OFRECIMIENTO

Oh dulcísima Virgen María, la más sola y desamparada de todas las criaturas, para ser amparo y compañía de los afligidos: este Padre nuestro y diez Aves Marías os ofrecemos por aquel incomprensible dolor y profundísimo sentimiento con que, sepultado con tanta pobreza, soledad y tinieblas, el rasgado cuerpo de vuestro precioso Hijo, puesta la loza, aún más sobre vuestro corazón, que sobre su sepulcro, os arrancasteis de aquel lugar, dejando en el depositada con su sangriento cadáver, vuestra alma. Dolemonos Señora, de vuestro desamparo, necesidad y angustias, y por las mismas os suplicamos, limpiéis nuestros corazones de todo terreno afecto y amor desordenado, y vicios embarazosos, para que limpios de toda culpa, y adornados de todas las virtudes, sean en esta vida, sepulcro vivo, nuevo, rico y decente de vuestro Sacramentado Hijo, con quien, y por quien resucitemos después a la vida eterna, en la gloria, Donde vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

QUINTO MISTERIO

La Soledad de la Virgen aquellos tres días

 

-Se rezan las diez Aves Marías y luego la siguiente:

 

OFRECIMIENTO

Oh dulcísima Virgen María, la más sola y desamparada de todas las criaturas, para ser amparo y compañía de los afligidos: este Padre nuestro y diez Aves Marías os ofrecemos por aquel incomprensible dolor y profundísimo sentimiento con que, arrancada del lugar de la sepultura de vuestro difunto Hijo, desandando las calles de su amargura, regadas con su preciosísima Sangre, y vuestro amarguísimo llanto, os volvisteis a vuestro recogimiento, donde en funestas tinieblas, ansiosa Soledad y extática suspensión de todos vuestros sentidos, pasasteis aquellos tres días en altísima contemplación de la acerbísima, ignominiosa e inestimabilísima Pasión de vuestro difunto Hijo. Dolemonos Señora de vuestra Soledad, tristeza y desamparo, y por ella os suplicamos, nos alcancéis de Dios, la soledad interior de nuestras almas, para que retirados del bullicio terreno y seculares tumultos, al oratorio quieto de nuestros corazones, pensemos y pensemos con debida estimación los afrentosos tormentos de vuestro Hijo, sus causas y efectos, acompañando con nuestra consideración vuestra orfandad, y con nuestro sentimiento vuestros dolores, para que así merezcamos, nos acompañéis vos en nuestros desamparos, especialmente en la agonizada soledad de la hora de la muerte, y tenebrosas penas del Purgatorio, librándonos de unas y otras, y llevándonos al descanso eterno del Cielo. Donde os acompañemos gloriosa por los siglos de los siglos. Amén.


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