lunes, 27 de mayo de 2024

NOVENA A SANTA MARIANA DE JES脷S


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Por el Presbitero

饾暞. 饾暟饾殨饾殥饾殬饾殟饾殬饾殯饾殬 饾杹饾殥饾殨饾殨饾殜饾殢饾殲饾殠饾殯饾殱.

 

ESTABLECIMIENTOS Co. S. A

BENZIGER &

Tip贸grafos de la Santa Sede Apost贸l饾殥饾殞饾殜

EINSIEDELN, S饾殑饾櫢ZA

1900.

 

Hecha la se帽al de la cruz y dicho el Se帽or mio Jesucristo etc. se reza la siguiente

 

ORACI脫N PARA TODOS LOS DIAS

¡饾敀h, bienaventurada Mariana de Jes煤s! desde esta mansi贸n de l谩grimas os contemplo en el cielo radiante de luz y de gloria, y os felicito por vuestra dicha inefable. ¡Oh, admirable Azucena de Quito! que, conservando inmaculado el tesoro de la inocencia en vuestro coraz贸n, triunfasteis del imperio del mundo y del pecado y en vuestra breve peregrinaci贸n en la tierra, dejasteis una huella luminosa de her贸icas virtudes y, en especial de asombrosa penitencia; os ruego, me alcanc茅is la gracia de imitar vuestros ejemplos, de hacer verdadera penitencia, y de perseverar hasta el fin en el servicio de Dios, para que merezca un d铆a participar de vuestra felicidad eterna.

 

D脥A PRIMERO

CONSIDERACI脫N.

Sobre la s贸lida piedad de Santa Mariana de Jes煤s en su tierna infancia.

饾攺a gran sentencia del Esp铆ritu Santo que dice: El camino de los justos es como la luna resplandeciente que nace y crece hasta la plenitud del medio dia, la vemos cumplida en la admirable vida de la bienaventurada Mariana de Jes煤s, desde los primeros d铆as de su infancia. Semejante 谩 la luminosa estrella que anunci贸 el nacimiento de Jes煤s en Bel茅n, fu茅 la brillant铆sima luz que, 谩 modo de estrella, a apareci贸 sobre el techo de la casa, en donde naci贸 Mariana anunciando su futura santidad. Desde el mismo d铆a de su nacimiento, Mariana comenz贸 su vida de inmolaci贸n; pues no tomaba alimento sino dos veces al d铆a, cada doce horas; y los lunes, mi茅rcoles y viernes s贸lo una vez, al medio d铆a. ¡Admirable indicio de la estupenda mortificaci贸n, de que m谩s tarde iba 谩 dar ejemplo! Apenas principia 谩 dar los primeros pasos, ya manifiesta inclinaci贸n 谩 los ejercicios de piedad y 谩 las cosas divinas. Una noche despierta Mariana y viendo  su virtuosa madre que estaba postrada en oraci贸n, salta inmediatamente de la cama y arrodill谩ndose le ruega con instancias la deje permanecer junto 谩 ella en oraci贸n. En los primeros albores de su raz贸n, que fueron muy precoces, se observ贸 tal moderaci贸n y juicio, que parec铆an ajenos  su edad. Al estudio de las humanidades, de la m煤sica, del canto y otros ramos de adorno propios de la cultura de su sexo, supo asociar admirablemente la oraci贸n, las pr谩cticas piadosas y la mortificaci贸n. Ten铆a por perdido el momento que no era empleado en obras buenas y en el ejercicio de la oraci贸n; y como su corta edad no le permit铆a largas horas de meditaci贸n 煤 oraci贸n, adoptaba otras devociones apropiadas, 谩 las que se consagraba con ardor en el tiempo que le dejaban libre sus deberes escolares. Cierta ocasi贸n, llevole su hermana mayor 谩 la Iglesia de la Compa帽铆a de Jes煤s 谩 los oficios de la Semana Santa. Hicieron tanta impresi贸n en el 谩nimo de Mariana, entre otras ceremonias, la de laadoraci贸n de la Cruz y la de la disciplina en las noches de tinieblas, que su alma qued贸 profundamente conmovida  inflamada en la devoci贸n 谩 la pasi贸n de Jesucristo y en vivos deseos de reproducir en s铆 misma los dolores y tormentos del Redentor. Desde entonces su entretenimiento frecuente con las ni帽as de su edad era la adoraci贸n de la Cruz y disciplinarse rigorosamente. Los viernes dorm铆a sobre una especie de potro formado de piedras en forma de cruz, y, como si esto fuese poco, cubr铆a su cuerpo con un cilicio formado de ramas espinosas que le causaban atroz martirio. Tanta mortificaci贸n en una tierna ni帽a, que apenas hab铆a llegado al uso de la raz贸n, era la prueba m谩s evidente de que el Esp铆ritu Santo hab铆a tomado posesi贸n de aquel coraz贸n 茅 infundido en 茅l los dones de la verdadera piedad. Mariana de Jes煤s desde su ni帽ez, por su inclinaci贸n 谩 los ejercicios de piedad, por su modestia, docilidad de car谩cter, aplicaci贸n 谩 sus deberes escolares, y en especial por el esp铆ritu de oraci贸n y mortificaci贸n, es un dechado de s贸lida virtud.

 

REFLEXI脫N

onsidera, oh alma, el admirable esp铆ritu de santidad de Mariana de Jes煤s desde su tierna infancia. Los ni帽os comunmente viven de afecciones sensibles y satisfacciones humanas; Mariana, al contrario, encuentra sus satisfacciones y goces en la cruz de Jesucristo, en la penitencia y en la oraci贸n. Es una verdad fundamental de la vida espiritual que, cuanto m谩s se ha disfrutado de goces, satifacciones de los sentidos y otras vanidades mundanas, tanto m谩s es necesaria la purificaci贸n de la penitencia. Por lo cual los que han vivido con el esp铆ritu del mundo y se han consagrado despu茅s al servicio de Dios, encuentran penoso y dif铆cil el ejercicio de la virtud; siendo as铆 que, como dice la verdad divina, el yugo de Jesucristo es dulce y suave. Al contrario, los que conservado el tesoro de la inocencia, libres de toda pasi贸n de afectos mundanos, comienzan el ejercicio de la perfecci贸n cristiana; sin grandes dificultades de esp铆ritu, ni extraordinaria purificaci贸n, en poco tiempo llegan 谩 la uni贸n divina. Tal fu茅 lo que sucedi贸 谩 la angelical Mariana de Jes煤s.

-Meditando un momento, pida cada uno la gracia que necesita.

 

ORACI脫N

¡饾敀h piados铆sima Mariana de Jes煤s cuya alma, desde los primeros d铆as de vuestra existencia, cual hermosa azucena que se abre en los primeros albores de la ma帽ana, exhal贸 el aroma celestial de verdadera virtud! Os ruego, por el encendido amor 谩 los dolores de Jes煤s, en que se abras贸 vuestro tierno coraz贸n, me alcanc茅is ese esp铆ritu de oraci贸n y penitencia, de que disteis ejemplo desde vuestra infancia, 谩 fin de que os imite en el ejercicio de la verdadera piedad, que me ha de conducir 谩 la posesi贸n de Dios en el cielo. Am茅n.

 

GOZOS.

Repitamos fieles todos

Redimidos por la cruz:

Blanca Azucena de Quito

Cond煤cenos 谩 Jes煤s.

 

I.

En tu edad aun infantil

Entregada 谩 la virtud,

Has buscado eterna vida

Y hallado eterna luz.

 

II.

Despreciabas lo terreno.

En tu tierna juventud;

Y tu puro amor, sublime,

Hall贸 en Dios total quietud.

 

III.

Alejada del vil mundo

Contemplaste al ataud;

Y tu ejemplo nos es rumbo

A la inmortal salud.

 

IV.

Circundado de dolor,

Como el lirio del capud,

Fu茅 tu cuerpo virginal

Hostia pura de la cruz

 

V.

De las r谩fagas del mundo

Nos defienda tu virtud,

Y en la senda de los cielos

Nuestra gu铆a ser谩s tu.

 

VI.

Como flor cuya fragancia

Se eleva hasta el cielo azul.

Perfumaron tus virtudes

A la Am茅rica del Sud.

 

VII.

En el reino de los cielos

Do vestida est谩s de luz,

Presta o铆do 谩 la plegaria,

Oh Mariana de Jes煤s.

 

VIII.

Repitamos fieles todos

Redimidos por la cruz:

Blanca Azucena de Quito

Cond煤cenos 谩 Jes煤s.

 

Antifona. Ven, oh esposa de Jesucristo, recibe la corona que el Se帽or te prepar贸 desde la eternidad.

 

V. Ruega por nosotros, bienaventurada Mariana de Jes煤s.

R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Se帽or Jesucristo.

 

ORACI脫N

饾敀h, Dios, que en medio de las seducciones del mundo, quisisteis que la bienaventurada Mariana floreciera, por su virginal castidad y continua penitencia, como lirio entre las espinas; os rogamos, por sus m茅ritos y su intercesi贸n, nos conced谩is la gracia de que vivamos alejados de todo mal, esforz谩ndonos por conseguir la perfecci贸n de la santidad. Por Nuestro Se帽or Jesucristo. Am茅n.

 

D脥A SEGUNDO

CONSIDERACI脫N

Santa Mariana de Jes煤s, en su adolescencia, rehusa vestir conforme 谩 las exigencias del mundo; deja el apellido de familia por el de Jes煤s, y se consagra 谩 Dios con los votos perpetuos de pobreza, obediencia y castidad.

饾攺a edad de la juventud es la edad de las ilusiones, de las aspiraciones de la vida, de las ansias de libertad y de placeres, como tambi茅n de las grandes caidas, desenga帽os y aventuras. La juventud inexperta no cree temible al mundo, ni que sean tan grandes los peligros como se dice; al contrario, cree que debe aprovechar su lozano vigor para conquistarse un brillante venir. De esta ilusi贸n funesta nace la sed de vanidades: el lujo, las galas, los pect谩culos, bailes, paseos, y mil locos devaneos que comunmente arrastran 谩 la iniquidad, acarrean la p茅rdida no solo de Dios, bien infinito, sino de su alma, y con ella la del honor y de la paz de la conciencia. Mariana de Jes煤s conoci贸 con luz divina los peligros del mundo en toda su magnitud, sin haberlos experimentado; y d贸cil 谩 la voz del Esp铆ritu Santo huy贸 de todo incentivo, de todo lo que hubiera podido ser un lazo para la inocencia de su coraz贸n. Pidi贸 con insistencia 谩 su familia y consigui贸 que no la obligara  vestir con lujo, ni conforme 谩 las exigencias de su clase social, sino con la sencillez que el esp铆ritu de Dios la inspiraba. Adem谩s, tanto para no dar lugar 谩 que nadie se fijara en ella, por raz贸n de la nobleza de su apellido, como para consagrarse con m谩s perfecci贸n al amor y servicio de Jesucristo, dej贸 de llamarse Mariana Paredes y Flores y se llam贸 Mariana de Jes煤s. La familia y en especial do帽a Jer贸nima Paredes de Caso hermana mayor de Mariana, que hac铆a las veces de madre y la amaba con ternura, viendo que cuanto hacia su santa hermanita era por inspiraci贸n divina, no llev贸 谩 mal su proceder; antes bien acat贸 la voluntad de Dios y se conform贸 con ella. Empero el coraz贸n de la joven Mariana no estaba satisfecho, ni se cre铆a al abrigo de los lazos del mundo con la renuncia que hab铆a hecho de los atractivos del coraz贸n de la mujer, esto es, del lujo, de las galas y dem谩s incentivos que cautivan el amor de las criaturas. El Esp铆ritu Santo descubri贸le un inmenso manantial de merecimientos, donde poder saciar la sed de inmolaci贸n que abrasaba  su alma, y un reducto seguro contra los peligros del mundo, en los votos de pobreza, obediencia y castidad. La divina providencia hab铆a concedido toda clase de beneficios 谩 su familia: nobleza, riqueza, educaci贸n, piedad, etc. y Mariana adem谩s de la belleza, pose铆a un fondo de dulzura, que la hac铆a due帽a de los corazones; todo sonre铆a en torno suyo nada le faltaba de lo que pod铆a lisongear su juventud: era feliz 谩 los ojos de las criaturas. Sin embargo, ella sent铆a en su coraz贸n un vac铆o insondable, que ninguna criatura pod铆a llenar. Un d铆a, mientras en la oraci贸n ped铆a el divino amor,  que pod铆a satisfacer 谩 su alma, oy贸 en el fondo de su esp铆ritu la voz de Jes煤s, que la requer铆a por su esposa, atada 谩 El por los lazos indisolubles de la perfecci贸n evang茅lica. Mariana, en el momento que oy贸 la voz del divino Amante, se inflam贸 en su amor y postrada 谩 sus pies, prometi贸le eterna fidelidad, pronunci贸 los votos de perpetua pobreza, obediencia y castidad, y qued贸 inundada de consuelo, de amor y paz. De esta manera Mariana se consa gr贸 谩 Jes煤s en la flor de su juventud.

 

REFLEXI脫N

onsidera, oh alma, la generosidad de Mariana y la fidelidad 谩 las inspiraciones de Dios. Conoce con evidencia los peligros del mundo y los espantosos estragos que hace en el coraz贸n de la mujer, y contemplando con horror tan grande abismo de males, en que perecen tantas almas y en especial la juventud v铆ctima de sus ilusiones; despavorida, no s贸lo resuelve vivir alejada de todo peligro, sino que rompiendo todo lazo, todo cuanto pudiera ser un incentivo 贸 una ocasi贸n 谩 su virtud, se consagra para siempre 谩 Jesucristo con la oblaci贸n perpetua de su alma, de su coraz贸n, de todo su ser.

-Meditando un momento, pida cada uno, etc.

 

ORACI脫N

Oh fidel铆sima Mariana de Jes煤s, que en tan temprana edad, antes que el mundo y sus ilusiones pudieran marchitar con su h谩lito mortal la inocencia de vuestro coraz贸n; renunciando con heroica generosidad 谩 las vanidades del mundo, os consagrasteis 谩 Jes煤s por esposa. Alcanzadnos la gracia de que 谩 imitaci贸n vuestra, vivamos alejados del mundo y sus peligros, consagrados 谩 la pr谩ctica de la perfecci贸n cristiana, para tener la dicha de asociarnos un d铆a 谩 vuestra compa帽铆a en el cielo. Am茅n.

 

D脥A TERCERO

CONSIDERACI脫N

Dios revela 谩 Santa Mariana de Jes煤s que quiere se santifique en su casa y no en el estado religioso, para que sea modelo de piedad 谩 las j贸venes que viven en el siglo.

omunmente se cree en la sociedad que, para conseguir la perfecci贸n cristiana, es necesario abrazar el estado religioso, lo que es un error de funestas consecuencias para las almas piadosas. Verdad es y divinamente revelada, que Dios quiere que todos seamos santos y perfectos, como ense帽a el Apostol, pero quiere que lo seamos en el estado 谩 que hemos sido llamados. Que sea necesario abrazar el estado religioso al que se siente con tan sublime vocaci贸n, es indudable; pero que fuera de ese estado sea imposible la santidad, es un error. En todos los estados puede la criatura humana conseguir la corona de la perfecci贸n cristiana: el religioso, el sacerdote, el casado, la viuda, la soltera, todos en cualquier estado, edad y condici贸n, pueden ser santos. No pocas almas espirituales sienten el divino llamamiento 谩 la santidad, esto es, un ardiente deseo de alejarse del mundo, para consagrarse totalmente al servicio de Dios, con una vida de soledad, retiro y oraci贸n, junto con la pr谩ctica de las virtudes cristianas, en medio de la sociedad, en el seno de sus familias; y quiere que sean santas para que con sus ejemplos edifiquen al pr贸jimo y sean el honor de la religi贸n y el consuelo de la humanidad. Mariana de Jes煤s fu茅 una de esas grandes almas escogidas de Dios, que brill贸 en el siglo con el esplendor de su santidad, y dej贸 una huella luminosa de her贸icas virtudes practicadas en el hogar dom茅stico, para que sirviese de modelo 谩 las j贸venes piadosas de la sociedad, llamadas 谩 santificarse en el seno de sus familias. Empero, para santificarse en el mundo, es preciso combatir el esp铆ritu y las m谩ximas del mundo; es necesario vivir en completo alejamiento de sus fiestas y vanidades, en conformidad con las ense帽anzas del Evangelio, que ense帽a que no se puede servir 谩 Dios y al mundo al mismo tiempo, esto es, practicar la piedad y seguir la vanidad. As铆 Mariana de Jes煤s, desde el momento que sinti贸 el llamamiento divino 谩 la santidad, renunci贸 generosamente 谩 todo lo que pudiera s茅r un atractivo del mundo, y en el retiro m谩s perfecto, se entreg贸 谩 la vida de oraci贸n y penitencia, 谩 la frecuencia de sacramentos y 谩 la pr谩ctica de buenas obras. Todos cre铆an ver en ella la vocaci贸n m谩s clara 谩 la vida religiosa; dese谩bala tambi茅n ella vivamente. Su piadosa familia que quer铆a verla consagrada 谩 Dios en el claustro religioso, cooper贸 eficazmente, sin ahorrar gastos, para que Mariana realizara sus designios; mas Dios ten铆a otros pensamientos acerca de ella. Cuando todo estaba preparado, convidados los parientes y amigos, y fijado el d铆a y la hora de la entrada al monasterio, siente Mariana que se alejaban de su coraz贸n la tranquilidad y la alegr铆a que acompa帽an en tales casos 谩 la vocaci贸n verdadera. Inquieta acude 谩 la oraci贸n, y en ella oye que Nuestro Se帽or le dice: Quiero que vivas en tu propia casa recogida, con la misma estreche y abstracci贸n que entre los muros de la comunidad m谩s austera. Esta manifestaci贸n de la voluntad de Dios, que aprobada por su confesor, devolvi贸 la paz y el consuelo 谩 su alma. Desde aquel d铆a ya no pens贸 en otra cosa sino en realizar las aspiraciones de su coraz贸n, en vivir en la m谩s completa abstracci贸n del mundo en departamento independiente de casa, sin m谩s muebles que los indispensables, ni otros adornos que im谩genes sagradas, instrumentos de penitencia y objetos de piedad, para dar rienda suelta 谩 sus fervores, y 谩 los impulsos del esp铆ritu de Dios, como en efecto lo cumpli贸.

 

REFLEXI脫N

onsidera, alma cristiana, la fidelidad de la bienaventurada Mariana 谩 la voz de Dios; pronta est谩 tanto para abrazar el estado religioso, como para encerrarse en su propia casa en completo alejamiento del mundo. A muchas almas, como 谩 ella, tambi茅n llama Nuestro Se帽or 谩 la santidad en el hogar dom茅stico; pero no corresponden 谩 tan grande gracia; no abandonan las vanidades del mundo, ni se resuelven 谩 llevar una vida retirada consagrada 谩 la oraci贸n. Frecuentan, es verdad, los sacramentos y se ejercitan en las pr谩cticas piadosas; pero conservan cierta afici贸n 谩 los vanos pasatiempos, descuidando el combate de las pasiones del coraz贸n, y se hacen incapaces del ejercicio de la vida interior. ¡Ah! confundida delante de Dios, en vista de los ejemplos de Mariana de Jes煤s, p铆dele perd贸n de tu tibieza y haz pr谩cticos prop贸sitos.

 

ORACI脫N

¡饾敀h admirable Mariana! que por la grandeza de vuestro amor 谩 Jes煤s, supisteis corresponder 谩 la gracia de la vocaci贸n 谩 la santidad en el mundo, en donde siendo tantos los peligros y mayores los combates que sostuvisteis, con el auxilio divino, perseverasteis en la fidelidad 谩 la gracia. Alcanzadnos la fortaleza necesaria para vencer nuestras malas inclinaciones, y llevar una vida de recogimiento y oraci贸n, lejos del bullicio del mundo, 谩 fin de conseguir la santificaci贸n de nuestras almas, en el estado en que la Providencia nos ha colocado, y bendecir 谩 la bondad infinita en la bienaventuranza eterna. Am茅n.

 

D脥A CUARTO

CONSIDERACI脫N.

Sobre la vida de oraci贸n de Santa Mariana de Jes煤s.

饾攪icen los maestros de esp铆ritu que la medida de la santidad en las almas es el grado de oraci贸n que poseen, esto es, que tanto m谩s elevada es la santidad en ellas, cuanto es mayor el esp铆ritu de oraci贸n que las anima. Veamos cual fu茅 la vida y el esp铆ritu de oraci贸n de Mariana. Desde su tierna infancia, dicen sus historiadores, la vida de esta privilegiada criatura fu茅 una cont铆nua oraci贸n y comunicaci贸n con Dios. Apenas contaba siete a帽os de edad, ya empleaba dos horas diarias en la oraci贸n, de rodillas. Cuando cumpli贸 diez a帽os, aument贸 el tiempo que consagraba 谩 la oraci贸n, y hac铆a con la aprobaci贸n de su confesor hasta cinco horas y media, fuera del tiempo que empleaba en otras devociones y preces vocales. M谩s tarde, aun 茅sto le parec铆a poco, y, como testifica uno de sus confesores, gastaba lo m谩s del d铆a y de la noche en la oraci贸n mental vocal, en la lectura espiritual y en la contemplaci贸n. Dorm铆a apenas una sola hora. Por el h谩bito de la oraci贸n y comunicaci贸n cont铆nua con Dios, permanec铆a establemente unida 谩 la divinidad, como fuera de s铆, y transformada en criatura que parec铆a m谩s celestial que terrena. Con facilidad asombrosa se elevaba en esp铆ritu 谩 Dios, y absorta en la Trinidad Beat铆fica y en los dem谩s misterios, permanec铆a en recogimiento y quietud interior tan profundos, que no pocas veces quedaba arrebatada en dulc铆simos 茅xtasis. ¿Qui茅n podr铆a decir los goces inefables que inundar铆an su coraz贸n, las ilustraciones divinas y aquellos toques 铆ntimos de la divinidad, en el fondo de su alma, cuando se sent铆a arrobada en Dios? Sus ojos humedecidos de l谩grimas, sus p谩rpados constantemente enrojecidos y la expresi贸n de su semblante de profundo anonadamiento, con que se la ve铆a despu茅s que hab铆a hecho oraci贸n, manifestaban con evidencia las delicias del cielo, que hab铆an inundado su coraz贸n en la comunicaci贸n con Dios, como Mois茅s en la cima del Sina铆. Pero en donde aparece m谩s admirable el esp铆ritu de oraci贸n de Mariana, no es cuando Dios la regalaba con tan dulces consuelos; es cuando su alma se hund铆a en el abismo de la desolaci贸n m谩s penosa. Era grat铆sima 谩 los ojos de Dios el alma de Mariana. y deb铆a en los consejos divinos, pasar como el oro por el crisol de la prueba. En efecto, 谩 las dulzuras y consuelos interiores se sucedieron las sequedades, las angustias y la desolaci贸n m谩s profunda; a los irresistibles impulsos a la oraci贸n y a todo lo bueno; los tedios, las arideces y la repugnancia tan grande por todo acto de piedad, que se sent铆a como a punto de dejarlo todo. No ve铆a sino oscuridad en las cosas de esp铆ritu y las dudas, perplejidades y temores angustiaban en tal manera su alma, que no sab铆a a donde volver los ojos para encontrar apoyo; todos los consuelos 茅 ilustraciones pasadas la parec铆an ilusiones. Con todo, en medio de tanta tormenta, no flaque贸 su esp铆ritu en el ejercicio de oraci贸n. En medio de tanta oscuridad y abandono, oraba y en su oraci贸n de agon铆a, como la de Jes煤s en Getsemani, con la humilde compunci贸n, lanzaba este clamor a Dios: Bien merezco, Dios m铆o, por mis culpas y tibieza estas penas, aflicciones y desamparos; repetid, si os place, los golpes de la tribulaci贸n contra quien, como yo, se hizo insensible a vuestros toques amorosos; s贸lo quiero, s贸lo deseo que se cumpla en mi vuestra adorable voluntad. No decay贸 pues, un momento el esp铆ritu de oraci贸n en Mariana, ni en el tiempo de consuelo, ni en el de la tribulaci贸n. Por el camino de la oraci贸n ense帽ado por Jesucristo, fu茅 por el que ella se elev贸 谩 la cumbre de la santidad; y su admirable esp铆ritu de oraci贸n manifiesta la eminente perfecci贸n 谩 la que lleg贸 su alma venturosa.

 

REFLEXI脫N

onsidera, oh alma m铆a, el prodigioso esp铆ritu de oraci贸n de Santa Mariana de Jes煤s. En la oraci贸n conoci贸 desde su tierna infancia, la vanidad de las cosas del mundo. En la oraci贸n encontr贸 la fortaleza invencible con que abati贸 el poder del infierno. En la oraci贸n el secreto de la humildad, el de la vida interior y de las her贸icas virtudes que practic贸. La oraci贸n fue la hoguera divina en que se inflam贸 su alma y se inund贸 de celestiales carismas. La oraci贸n, en fin, fu茅 la palanca poderosa por la que se encumbr贸 谩 la m谩s sublime santidad. Compara su esp铆ritu de oraci贸n con el tuyo ¡qu茅 diferencia ¿no es una de tus omisiones reiteradas la falta de oraci贸n? ¿De d贸nde nace ese estado de tibieza, de inmortificaci贸n y de inconstancia en la piedad, que es la causa de tus infidelidades, disipaci贸n y apego a las vanidades? ¡Ah! confi茅salo con humildad, es de la falta de oraci贸n, es del poco fervor con que oras. Es esta la fuente de los males de tu alma, y del peligro de tu salvaci贸n.

-Meditando un momento, pida cada uno, etc.

 

ORACI脫N

¡饾敀h fervorosa Mariana de Jes煤s! que por el admirable esp铆ritu de oraci贸n que absorbi贸 toda vuestra vida, os elevasteis a la m谩s perfecta santidad, y merecisteis ser enriquecida de inefables favores divinos; os pido me alcanc茅is el perd贸n de mi tibieza en la oraci贸n y la gracia de seguir vuestro ejemplo en tan soberano ejercicio, 谩 fin de reparar el tiempo perdido de mi vida pasada, librarme de mis imperfecciones y miserias y merecer la dicha de morir en amistad con Dios, habiendo conseguido la santificaci贸n de mi alma. Am茅n.

 

D脥A QUINTO

CONSIDERACI脫N

Sobre el esp铆ritu de penitencia y mortificaci贸n de Santa Mariana de Jes煤s.

饾攪esde el momento que Mariana tuvo conocimiento del misterio de la cruz, y de que la santidad est谩 escondida, cual perla preciosa, en la imitaci贸n de Jesucristo; resolvi贸 reproducir en s铆 misma al divino modelo, y seguir sus huellas ensangrentadas hasta el Calvario. En efecto, contemplando d铆a y noche a Jes煤s crucificado, viendo que desde la planta de los pies hasta la cabeza no hab铆a en El parte sana; se inflam贸 en ardientes deseos, de inmolarse 谩 s铆 misma, por la penitencia. Convirti贸 una de sus habitaciones en un verdadero Calvario, en donde, despu茅s de cubrir su cuerpo con cilicios y otros instrumentos de penitencia, se crucificaba, y por largas horas permanec铆a pendiente de la cruz, abismada en terribles dolores. Habitualmente llevaba varios cilicios, y tanto se internaron en su cuerpo, que uno de ellos, no fu茅 posible extraerlo ni aun despu茅s de su muerte. En los Viernes y en las v铆speras de los santos de su devoci贸n, como tambi茅n en los tiempos de adviento y cuaresma, redoblaba sus penitencias: 谩 m谩s de la corona de agudas puntas de hierro y de los cilicios que cubr铆an su cuerpo, llevaba una especie de cors茅 de punzantes cerdas a ra铆z de la carne, que le causaba un atroz martirio; pon铆ase tambi茅n 谩 manera de estola una larga cadena de hierro de agudas puntas, que la envolv铆a cuatro veces al rededor de su cuerpo. A todos estos tormentos a帽ad铆a las disciplinas m谩s terribles, con frecuencia hasta cinco veces al d铆a con efusi贸n de tanta sangre, que quedaban impregnados de ella las paredes y el pavimento de su aposento. De casi todo su cuerpo brotaba sangre por los instrumentos de martirio que llevaba, y estaba todo 茅l convertido en una viva llaga. ¡Cosa admirable! empapados de sangre, como los ten铆a comunmente, sus vestidos y habitaci贸n exhalaban sin embargo una fragancia tan exquisita, que superaba 谩 los perfumes m谩s primorosos de la India. Tantos dolores, tan atroces suplicios, no eran bastantes para atenuar el incendio de inmolaci贸n que consum铆a su coraz贸n; y ved ahora el nuevo g茅nero de tormento con que mortific贸 su delicado cuerpo: el ayuno. Desde su tierna infancia se priv贸 del uso de la carne y fu茅 tan asombrosa su abstinencia, que ni sus muchas enfermedades la obligaron 谩 quebrantarla. Su alimento ordinario consist铆a en una rebanada de pan y alguna fruta, 贸 en un plato de verduras, a veces sin sal, tan escaso, que no llegaba a cuatro onzas y de esto redujo despu茅s 脿 una sola onza cada veinticuatro horas; y, lo que es un milagro, en los 煤ltimos siete a帽os de su vida no tom贸 otro alimento que la Sagrada Eucarist铆a. Pero lo que causa mayor asombro en la vida de la admirable joven ecuatoriana, es su gran penitencia en una complexi贸n delicad铆sima unida 谩 mil achaques. ¿C贸mo pudo soportar tantos tormentos un cuerpo tan d茅bil, extenuado y marchito por los rigores de las maceraciones, en especial en los 煤ltimos a帽os de su vida, en que no la dej贸 la fiebre, acompa帽ada de dolores tan intensos, que como ella dec铆a, si se hubiesen prolongado un cuarto de hora, indudablemente le hubieran quitado la vida? ¡Portento es de la omnipotencia divina! ¡Admirable prodigio de Dios en su sierva!

 

REFLEXI脫N

onsidera, alma cristiana, la her贸ica penitencia de Mariana de Jes煤s, con que reprodujo en s铆 los dolores de la pasi贸n de Jesucristo. Tantos suplicios llevados al exceso 谩 impulsos del divino amor, son m谩s para admirar que para imitar. Con todo, Dios quiere, como dice el Apostol, que el cristiano convierta su cuerpo en hostia viva de mortificaci贸n y penitencia, para que, por ese medio, le sean aplicados los m茅ritos de Jesucristo. ¿Cu谩l es la penitencia que has hecho para aplacar 谩 la justicia de Dios? ¿ignoras que no hay otro camino para el cielo que el de la penitencia, para quien ha perdido la inocencia bautismal ¿Vives siquiera de la penitencia interior que es la compunci贸n habitual del coraz贸n?

-Meditando un momento, pida cada uno, etc.

 

ORACI脫N

饾敀h Mariana de Jes煤s, que por vuestra portentosa penitencia os hicisteis amable 谩 Dios y, convertida en v铆ctima propiciatoria por vuestro pueblo, aplacasteis la justicia divina; alcanzadme el esp铆ritu de mortificaci贸n y el cont铆nuo dolor de mis pecados, para que por el llanto y la sincera penitencia, exp铆e las culpas de mi vida pasada, y obtenga la salvaci贸n de mi alma. Am茅n.

 

D脥A SEXTO

CONSIDERACI脫N

Sobre la devoci贸n al Sant铆simo Sacramento que ten铆a Santa Mariana de Jes煤s.

饾攺as grandes virtudes de Mariana, que hasta hoy hemos considerado, no son sino los destellos del inmenso foco de luz y de amor que irradiaba sobre todo su ser, sobre su vida entera, a saber: el amor al Sant铆simo Sacramento.El esp铆ritu de Mariana estuvo siempre absorto en la contemplaci贸n de los grandes misterios de la religi贸n; pero el misterio de los misterios, el misterio inefable, que encierra en s铆 todos los tesoros del amor, de la riqueza y de la omnipotencia infinita de Dios para con el hombre; la Eucarist铆a, que es el 煤ltimo l铆mite hasta donde pudieron llegar las manifestaciones de la ternura de Jes煤s, y de sus anonadamientos, para unirse 谩 la criatura humana y divinizarla. ¡Ah! arrebataba el alma de Mariana y la hac铆a vivir de una vida enteramente divina. A la verdad, su vida no era sino una incesante oraci贸n, y su oraci贸n un acto continuado de amor por el Dios de la Eucarist铆a. Mi alma tiene sed de la fuente viva, exclamaba con el profeta, y yo morir茅 sino apago mi sed en ella. Cuando postrada al pie del Tabern谩culo, contemplaba con intuici贸n amorosa las maravillas del amor de Jes煤s y las dulzuras de la Eucarist铆a, se desbordaban en su alma: las horas se le volv铆an instantes, arrebatada en sublime 茅xtasis. En los d铆as de exposici贸n de la Majestad, desde romper el alba hasta al ocaso, que era el tiempo que estaba manifiesto el Sacramento, permanec铆a hincada de rodillas, inmoble, 茅mula de los 谩ngeles, absorta en la divinidad y saciando su alma en aquel torrente de delicias, que comunica la vida de la inmortalidad. No pocas veces, en las publicas velaciones del Jueves Santo, permaneci贸 en tal abstracci贸n y recogimiento delante del Sant铆simo Sacramento hasta veinticuatro horas consecutivas, sin moverse ni advertir el movimiento de los dem谩s fieles, que entraban 贸 salian del templo, ni tomar alimento alguno. Sus amigas le dirig铆an alguna breve palabra o la tocaban para despedirse y volver 谩 sus casas; mas no daba ella se帽al de sentir nada. ¡Tan grande era el arrobamiento de su alma en el abismo insondable de la luz, del amor y de la belleza infinita del Dios de la Eucarist铆a! La inmensidad del amor que la abrasaba, unida 谩 la ang茅lica pureza de que estaba adornada, la hicieron acreedora a la comuni贸n diaria cuando apenas contaba doce a帽os de edad. Y ¿qui茅n podr铆a decir las emociones de su al谋na, las ardientes l谩grimas que revelaban los incendios de su coraz贸n en el momento de recibir a su Divino Salvador en la Eucarist铆a? Se preparaba para la comuni贸n como se preparar铆a un 谩ngel, no s贸lo porque llevaba una conciencia pura, exenta de todo pecado, pues consta que jam谩s cometi贸 pecado venial deliberado, sino porque la intensa contrici贸n con que se acercaba y los encendidos actos de amor, que la purificaban m谩s y m谩s, eran una dulce violencia con que atra铆a 谩 su coraz贸n al Amado de su alma. Cuando acababa de comulgar, quedaba en profundo recogimiento y adoraci贸n; empero de sus comunicaciones y de la acogida interior que hac铆a 谩 Dios en su coraz贸n, s贸lo podr铆an hablarnos los 谩ngeles. Con todo, se pueden colegir por los favores divinos que entonces recib铆a, y por las manifestaciones sensibles de la presencia de Dios en su alma. Pues, no pocas veces apareci贸 el rostro de Mariana como el de un 谩ngel, radiante de luz y circundado de vivos resplandores. La Sagrada Eucarist铆a era para Mariana un oc茅ano infinito de luz y de santidad, en el que cuanto m谩s se abismaba y contemplaba sus bellezas y riquezas inefables, m谩s y m谩s descubr铆a nuevos horizontes insondables de amor, de dulzura y de perfecci贸n. La Eucarist铆a fu茅 quien apag贸 en su coraz贸n el amor al mundo y la hizo vivir escondida en Dios. La Eucarist铆a fu茅 quien la sostuvo en su vida de estupenda penitencia 茅 inmolaci贸n inimitables. La Eucarist铆a en fin, fu茅 quien, en los pocos a帽os de su existencia, la elev贸 a una santidad prodigiosa y 谩 la m谩s sublime uni贸n con Dios.

 

REFLEXI脫N

onsidera, oh alma piadosa, la ardiente devoci贸n de Mariana de Jes煤s al Sant铆simo Sacramento; fu茅 ella el premio de la fidelidad 谩 la gracia de su primera comuni贸n. Pues desde aquel gran d铆a de su vida, que por vez primera recibi贸 谩 Jes煤s en su pecho, qued贸 tan penetrada de la grandeza del don de la Eucarist铆a 茅 inflamada en tan vivos deseos de recibirla todos los d铆as que, cuando no la recib铆a, desfallec铆a y perd铆a la salud corporal. Ella le inspir贸 el alejamiento total del mundo, la penitencia y la oraci贸n cont铆nua, pr谩cticas con las que se preparaba para recibir cada d铆a con m谩s perfecci贸n al amado de su coraz贸n. ¿Tienen alguna semejanza los sentimientos interiores de esta joven ang茅lica con tu devoci贸n al Sant铆simo Sacramento? ¿Cual es el fruto de las comuniones de tu vida? ¡Ah! ¡cu谩nto motivo de dolor y de una saludable confusi贸n!

-Meditando un momento, pida cada uno, etc.

 

ORACI脫N

¡饾敀h amante Mariana, transformada en angel de pureza y en seraf铆n de amor por medio de la Eucarist铆a! Vos, que absorta al pie del Tabern谩culo, encontrasteis las delicias del cielo y en el Augusto Sacramento, un oc茅ano infinito de amor y de dulzura; os ruego me alcanc茅is la gracia de romper los lazos de la tibieza, que encadenan mi alma y de que se inflame mi coraz贸n en un encendido amor a Jes煤s en la santa Eucarist铆a, para bendecir a la Bondad infinita por los siglos de los siglos. Am茅n.

 

 

D脥A S脡PTIMO

CONSIDERACI脫N

Sobre las virtudes her贸icas de Santa Mariana de Jes煤s.

omo cuando se contempla la superficie de los mares o del firmamento, as铆 apenas hemos visto los hechos externos de la portentosa vida de Mariana. Veamos ahora las maravillas inexploradas de su alma, las riquezas inapreciables de su esp铆ritu, a saber: la heroicidad de su f茅, de su esperanza, de su amor, y de las dem谩s virtudes cristianas de su vida interior. Toda la hermosura del alma, dice el Esp铆ritu Santo, est谩 en su interior, as铆 lo grande y lo sublime que la hizo vivir de una vida divina y merecer el honor de los altares 谩 la sierva de Dios, fu茅 la heroicidad de de sus virtudes internas. Para que la virtud cristiana sea her贸ica es preciso que est茅 dotada de una actividad y constancia, que a primera vista sobrepase el orden com煤n y ordinario, acompa帽ada de cierta alegr铆a espiritual, pronta abnegaci贸n, sin razonamientos humanos, y por un motivo enteramente sobrenatural. Tales fueron las virtudes que practic贸 Mariana de Jes煤s. Con f茅 vigorosa 茅 inquebrantable abraz贸 con toda su alma las verdades divinamente reveladas, y 谩 impulsos de esa f茅, se encend铆a en vivos deseos de rendir la vida por amor 谩 Jesucristo. En su oraci贸n, en sus penas y sufrimientos, en los combates que sostuvo contra el infierno, jam谩s vacil贸 ni dud贸 un punto de las promesas divinas. Su confianza invencible en la bondad infinita de Dios, hizo que su oraci贸n fuese poderosa y saliese siempre vencedora en las pruebas de la vida. La heroicidad de su caridad testifican los arrobamientos, 茅xtasis y raptos del divino amor, en que con frecuencia quedaba su alma. Sus mismas penitencias, su tenor de vida inimitable, son la mejor prueba de su encendida caridad, dice el proceso de su beatificaci贸n; y por un raro prodigio, sin perder de vista un momento a Dios, le amaba sin interrupci贸n. El celo de la gloria de Dios y de que fuese de todo el mundo amado y conocido la consum铆a. El amor 谩 sus semejantes que la hac铆a orar continuamente, hacer terribles penitencias y de tantos modos sacrificarse, la hubiera llevado a dar mil veces su vida por ellos. Ni fu茅 menos admirable en la pr谩ctica de la pobreza, obediencia y castidad, virtudes de las que hizo votos en su tierna infancia. Vivi贸 en completo desprendimiento de los bienes de la tierra en la m谩s austera pobreza: pues, habiendo renunciado su herencia, rog贸 a su cu帽ado la tuviera de caridad en su casa. El mobiliario de su habitaci贸n y los objetos de su uso eran pobr铆simos; y nunca di贸 ni recibi贸 cosa alguna sin licencia de su confesor. En la obediencia fu茅 aun m谩s sorprendente. Se hab铆a ofrecido a Dios como hostia viva y holocausto agradable por manos de sus ministros, y en consecuencia, someti贸 toda la econom铆a de su vida espiritual 谩 la obediencia: sus pr谩cticas piadosas, penitencias, humillaciones, mandatos, pruebas y contradicciones; todo llev贸 en su vida, el sello de la aprobaci贸n del cielo: la obediencia, y no pocas veces Dios premi贸 esa obediencia con verdaderos milagros. Mas en lo que brill贸 de una manera portentosa la santidad de Mariana fu茅 en la angelical pureza de que estuvo adornada. Nuestro Se帽or en premio de la generosidad con que renunci贸 al mundo y a la vanidad en el vestir, y llev贸 una vida de soledad, penitencia y recogimiento, no s贸lo la preserv贸 de toda tentaci贸n y est铆mulo as铆 en el alma como en el cuerpo, de manera que jam谩s en toda su vida sintiera pensamiento alguno contra la angelical virtud; sino que adem谩s le comunic贸 otros dones mayores que la hicieron un 谩ngel en carne humana. En fin, en todas las virtudes, en la humildad, en la dulzura, en la paciencia, en la conformidad con la voluntad de Dios, etc. Mariana fu茅 un perfecto modelo de santidad.

 

REFLEXI脫N

onsidera, oh alma cristiana, las grandes virtudes de esta alma generosa. Desde su infancia busc贸 谩 Dios con sinceridad de esp铆ritu, y hollando los obst谩culos que encontr贸 en el camino de de la perfecci贸n, subi贸 valerosamente a la cima de la monta帽a sagrada de la santidad. La fidelidad 谩 la gracia y 谩 las inspiraciones divinas fueron las alas con que a tal altura pudo volar. ¿Qu茅 aprecio haces t煤 de las gracias 茅 inspiraciones que Dios te env铆a todos los d铆as? ¿Has correspondido 谩 Dios que te pide rompas ciertos lazos de tu coraz贸n? ¿Has escuchado su llamamiento a la vida de recogimiento y oraci贸n? ¡Ah! h茅 ah铆 la causa del vac铆o de virtudes en tu alma. Gime humildemente contrita y prop贸n seguir las huellas de Mariana.

-Meditando un momento, pida cada uno, etc.

 

ORACI脫N

¡饾敀h angelical Mariana de Jes煤s, modelo de virtudes cristianas! por vuestro amor 谩 Jes煤s y vuestra fidelidad a la gracia, que os elevaron en breve espacio a la santidad; os ruego me alcanc茅is el don de imitar vuestras virtudes, y llevar una vida fecunda en buenas obras, vida de oraci贸n y recogimiento, para que sea 煤til a la gloria de Dios y 谩 la salvaci贸n de las almas, y tenga la dicha de asociarme un d铆a a vos y a los santos, para cantar las misericordias del Se帽or por eternidad de eternidades. Am茅n.

 

D脥A OCTAVO

CONSIDERACI脫N

Sobre la profunda humildad de Santa Mariana de Jes煤s, en medio de los dones sobrenaturales, con que Dios la enriqueci贸.

饾敁ropio es del esp铆ritu de ilusi贸n el deseo de cosas sobrenaturales, como visiones, revelaciones, 茅xtasis, etc. 贸 tener por tales 谩 las imaginaciones de un cerebro enfermo. Adem谩s, la inclinaci贸n sola a disfrutar de esas sublimes comunicaciones, nace de la soberbia secreta del coraz贸n; por lo cual la sombra s贸lo del m谩s peque帽o acto de amor propio, orgullo 贸 vanidad en un alma, de quien se dice que tiene comunicaciones extraordinarias, es indicio inequ铆voco de que tales cosas son ilusiones manifiestas, 贸 de que est谩 al borde del abismo, si fueren verdaderas; y nunca est谩 el demonio m谩s pronto para forjar visiones y revelaciones, como cuando ve que un alma alimenta tales deseos. El esp铆ritu de Dios por el contrario, inspira sentimientos enteramente opuestos; pues la verdadera santidad, apta para recibir carismas divinos, s贸lo se encuentra, cual planta celestial, en el campo solitario y bien purificado de la m谩s profunda humildad; y Nuestro Se帽or no comunica tan excelsos dones generalmente, sino a quienes han sido probados como el oro en el crisol y ejercitados en las s贸lidas virtudes de la humildad, paciencia, castidad, pobreza, obediencia, etc. Una de esas almas grandemente purificadas, ya por la penitencia, ya por la tormenta de las penas interiores, que llegaron a la m谩s perfecta humildad, fu茅 Santa Mariana de Jes煤s. Dios la colm贸 de gracias maravillosas y de dones sobrenaturales, de visiones, revelaciones, 茅xtasis, esp铆ritu de profec铆a, penetraci贸n de los corazones, etc. No pocas veces fu茅 regalada con la presencia de Jes煤s ni帽o, y colmada de consuelos inefables. Anunciaba los sucesos futuros y conoc铆a los que pasaban a grandes distancias; daba la salud a los enfermos y a煤n la vida 谩 los muertos. Por lo sublime de sus 茅xtasis divinos, su vida fu茅 m谩s celestial que terrena, m谩s de seraf铆n que de viadora; empero ocultaba cuanto pod铆a todos estos portentos, para evitar las alabanzas humanas, que acongojaban en extremo su coraz贸n; y como muchas veces no estaba en su mano conseguirlo, ped铆a con instancias 谩 Jes煤s la privase de todos aquellos favores. Como el apostol san Pedro, dec铆a con humildad 谩 su Esposo divino: Ap谩rtate, Se帽or, de mi, porque soy una vil y miserable pecadora, indigna de tus regalos. Solo quiero penas y trabajos, que me lleven en pos de ti hasta el Calvario y no glorias, que me conduzcan al Tabor. Estos sentimientos nacidos de su esp铆ritu anonadado ante la idea de su nada y de la majestad infinita de Dios, eran un nuevo incentivo, que la atra铆a m谩s a Dios, quien la colmaba de nuevas gracias y bendiciones. Con todo, el Se帽or escuch贸 sus l谩grimas y sus gemidos; pues cuando todos los dones con que hab铆a sido enriquecida y todas las maravillas de su vida interior iban 谩 ser el objeto de la admiraci贸n de los siglos venideros, los ocult贸 de un modo portentoso. Aunque la vida de Mariana tuvo algunas manifestaciones de la del Tabor, se puede asegurar, en general, que fu茅 escondida con Jesucristo en Dios; que ascendi贸 谩 la cumbre de la santidad, por el camino seguro de las virtudes cristianas; y que por la fe, la penitencia y la oraci贸n, medios comunes 谩 todas las almas, correspondiendo con fidelidad a la gracia de la vocaci贸n 谩 la santidad, se elev贸 谩 la m谩s perfecta uni贸n con Dios.

 

REFLEXI脫N

onsidera, oh alma, la humildad de la Beata Mariana de Jes煤s en medio de tantos favores que recibi贸 del cielo. No fueron las revelaciones y mercedes divinas las que la elevaron a la santidad; fueron las grandes virtudes que practic贸 y en especial, la humildad, que la colmaron de merecimientos en vida, y de gloria en la eternidad. ¿Qu茅 aprecio haces t煤 de la humildad? ¿La practicas? Amas ser desconocida y reputada por nada, o eres de aquellas almas que manifiestan m谩s amor por las novedades y sue帽os de cosas sobrenaturales, que por la humildad y dem谩s virtudes cristianas que conducen 谩 la verdadera santidad? Examina tu conciencia sobre el particular.

-Meditando un momento, pida cada uno, etc.

 

ORACI脫N

¡饾敀h felic铆sima Mariana! que por la profunda humildad de vuestro coraz贸n, merecisteis los dones m谩s preciosos del cielo y atravesasteis con seguro rumbo los escollos peligrosos de la vida espiritual, hasta llegar al puerto de la bienaventuranza; os ruego, por la gloria infinita que poseeis en la mansi贸n de los santos, me alcanc茅is la humildad de coraz贸n, y la preservaci贸n de las ilusiones y lazos del demonio, 谩 fin de que consiga la verdadera santidad y la posesi贸n de Dios en la eternidad. Am茅n.

 

D脥A NOVENO

CONSIDERACI脫N.

Sobre la muerte preciosa de Santa Mariana de Jes煤s, y su felicidad en la gloria.

饾攬n todos los siglos se ha cumplido la sentencia del Esp铆ritu Santo, que dice: Como es la vida es la muerte. Si la vida de Mariana de Jes煤s, como hemos visto, puede decirse que fu茅 un himno de loor y de gloria al Alt铆simo, un ejemplo digno de admiraci贸n 谩 los 谩ngeles y 谩 los santos, y un objeto de alegr铆a y consuelo para la Iglesia militante y purgante; bien se puede presumir la suprema dicha de sus postreros momentos. Pues almas como la de nuestra hero铆na, que son el punto de contacto entre el mundo ang茅lico y humano, y dejan una huella luminosa en el tiempo en su rumbo hacia la eternidad, sirven de norte 谩 los que con las mismas aspiraciones que ellas contin煤an peregrinando en la tierra y nunca se sienten 茅stos con m谩s fe, m谩s desprendimiento del mundo, y m谩s ardoroso deseo de santidad, que cuando contemplan a estos seres peregrinos, como Mariana, que en la plenitud de su juventud, en medio de este mundo pervertido que nos rodea y con los mismos medios que est谩n a nuestro alcance, se elevaron, como astros luminosos, a la m谩s sublime santidad. Acerqu茅monos 谩 Mariana en esp铆ritu, y contemplemos su preciosa muerte. En toda su vida hab铆a seguido de cerca 谩 Jes煤s hasta el Calvario; y como El rindi贸 su vida, sumido en un abismo de dolores, por sus hermanos, Mariana tambi茅n rinde su vida por su pueblo. En efecto un d铆a, oyendo 谩 un fervoroso predicador que, para aplacar el enojo de Dios por los pecados de Quito, ofrec铆a su vida; levanta su voz, inspirada del Esp铆ritu Santo, en medio de numeroso auditorio, y se ofrece tambi茅n v铆ctima por su pueblo, para calmar la Justicia divina que castigaba 谩 la ciudad. Aplac贸 al Se帽or aquella preciosa oblaci贸n; ces贸 el azote, y calmaron los temblores que amenazaban, como 谩 Ninive, la total destrucci贸n de Quito. Conoci贸 Mariana que Dios hab铆a aceptado su sacrificio; pues, no bien sali贸 del templo, cay贸 gravemente enferma: los dolores m谩s intensos de pies 谩 cabeza y un conjunto de males se apoderaron de ella. Su alma, empero, serena permanec铆a absorta en Dios; su coraz贸n ansioso de desatarse de las envolturas que lo aprisionaban, se abrasaba m谩s y m谩s en el amor a Jes煤s; y sus ojos, que no cesaban de derramar copiosas l谩grimas, estaban clavados en el Crucifijo que ella estrechaba entre sus manos. En medio de tales sentimientos recibi贸 los 煤ltimos sacramentos, con la ternura propia de los santos; cuando de repente levanta sus ojos al cielo; en su rostro reverbera un rayo de j煤bilo santo, y con supremo esfuerzo hace conocer que un coro de 谩ngeles acompa帽ando a Jes煤s y su Sant铆sima Madre, que le tra铆an una palma y una corona, ven铆an 谩 llevarla en triunfo 谩 la Jerusal茅n celeste. Los circunstantes cayeron en adoraci贸n; y pocos momentos despu茅s, mientras estrechaba contra sus labios la imagen de Jes煤s, sin agon铆a, con dulce serenidad y transportes de amor, exhal贸 su alma virginal, que como un lampo de luz, vol贸 al seno de Dios 谩 la edad de veintiseis a帽os, seis meses, veintiseis d铆as. Muerte tan preciosa no fu茅 sino el eco de su vida inmaculada y santa. Termin贸 su peregrinaci贸n en la tierra, y con ella los dolores, penas y dem谩s pruebas de la vida; ahora radiante de luz y de gloria, en compa帽铆a de los coros virg铆neos, canta y cantar谩 el c谩ntico nuevo en loor del Cordero divino, por los siglos sin fin.

 

REFLEXI脫N

onsidera, oh alma piadosa, la preciosidad del tr谩nsito de Mariana a la eternidad. En su corta vida ning煤n goce, ning煤n amor mundanal, ninguna vanidad mancill贸 su puro coraz贸n; la abnegaci贸n, el dolor, la pobreza fueron sus galas y sus delicias; en cambio la paz, el consuelo y la alegr铆a fueron los compa帽eros de su alma, en la hora solemne en que abord贸 los umbrales de la eternidad; y ahora en la posesi贸n de Dios, es por siempre feliz. ¡Oh alma m铆a! ¿no te animar谩s 谩 seguir tan hermoso ejemplo ¿Continuar谩s en las cadenas que aprisionan tu coraz贸n? ¡Resuelve, una vez para siempre, seguir las huellas de la generosa Azucena de Quito, para que como ella, tengas la dicha inefable de morir en el Se帽or, y tu suerte en la eternidad sea de los santos!

-Meditando un momento, pida cada uno, etc.

 

ORACI脫N

¡饾敀h dichos铆sima Mariana de Jes煤s! por cuya virginal pureza y dem谩s virtudes her贸icas, hizo el cielo que brotara hermosa azucena de vuestra sangre para testimonio perenne de vuestra santidad y angelical virtud; os ruego, me alcanc茅is el don de una santa muerte y que os interes茅is ante Dios, por la felicidad temporal y espiritual de mi familia y de mi patria; obtenedme la gracia de que os tenga una gran devoci贸n, que imite vuestras virtudes, os invoque en todas mis necesidades y vos siempre me escuch茅is; en fin, que persevere en la fidelidad 谩 Dios hasta el 煤ltimo aliento de mi vida, y por vuestra intercesi贸n merezca ser admitido en la eterna bienaventuranza. Am茅n.


-Colaboraci贸n de Giancarlos Chang

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