CORONACIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA DOLOROSA
o sea
DEVOTO OBSEQUIO QUE DEBE RENDIRSE A MARÍA SANTÍSIMA DESPUÉS DE LA RESURRECCIÓN DE SU HIJO
En el día del Sábado Santo, al caer la tarde, en las iglesias de la Orden de los Servitas de María se suele practicar la solemne Coronación de la Virgen Dolorosa, para conmovernos de gozo con ella, la cual, según se cree piadosamente, fue visitada en primer lugar por su Hijo Jesús resucitado.
Esta Coronación tuvo su origen en Florencia por obra de los Siete Fundadores de la citada Orden, quienes la practicaron por primera vez en el año 1239, y posteriormente se extendió a toda la Orden por decreto de los mismos Siete Fundadores.
Antes de la reforma del Misal Romano ordenada por San Pío V, por privilegio especial concedido por Calixto III a la misma Orden, se practicaba dicha función por la tarde del Sábado Santo con el canto de la Misa y con las mismas muestras de júbilo que se emplean en la mañana del mismo día, en que, según el rito de la Iglesia, se celebra la Resurrección del Señor.
A excepción de la Misa cantada, también en la actualidad se practican los mismos ritos y se distribuyen las flores bendecidas al pueblo, que en multitud acude a tan tierna función.
En dicha circunstancia se rezará la siguiente Oración, que se podrá repetir en los Sábados y Domingos del año, especialmente en el tiempo de Pascua.
ORACIÓN
Cesad, oh Virgen gloriosa y Madre amabilísima, de afligiros más. Habéis llorado bastante; es tiempo ya de enjugar las lágrimas. Vuestro divino Hijo ha resucitado. Hélo aquí, contempladlo. Él es todo majestad, todo paz, todo decoro y hermosura en su semblante, en sus llagas, en su alma santísima y en sus purísimos miembros. Él ha vencido a la muerte, ha sojuzgado al infierno y ha destruido la culpa. La milicia celestial, las huestes de los Padres liberados del Limbo, el escuadrón de sus seguidores, las devotas mujeres y la creación entera aplauden la triunfante resurrección del hombre Dios; por tanto, mucho más debéis alegraros Vos, que sois su Madre. Recibid, pues, junto con las felicitaciones comunes, también las mías. Y en este día de tanto júbilo, os ruego me alcancéis la gracia por mí tan suspirada, de romper las duras cadenas del pecado y del mundo, de vencer las tentaciones del enemigo infernal y de resurgir a la vida espiritual del alma y al amor de vuestro divino Hijo Jesús y de Vos, mi dulcísima Madre.
Regina Caeli laetare, alleluia:
Quia quem meruisti portare, alleluia,
Resurrexit sicut dixit, alleluia,
Ora pro nobis Deum, alleluia.
℣. Gaude et laetare, Virgo Maria, alleluia.
℟. Quia surrexit Dominus vere, alleluia.
OREMUS
Deus, qui per Resurrectionem Filii tui Domini nostri Jesu Christi mundum laetificare dignatus es; praesta, quaesumus, ut per ejus Genitricem Virginem Mariam, perpetuae capiamus gaudia vitae. Per eumdem Christum Dominum nostrum. ℟. Amen.
(Se rezarán las Letanías de la Santísima Virgen, etc.)

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