viernes, 31 de mayo de 2019

NOVENA AL SEÑOR DE LA ASCENCIÓN





NOVENA AL SEÑOR DE LA ASCENCIÓN DE CACHUY

Novena compuesta por el Padre Dr. Tadeo Galván, Catedrático de Vísperas y Vicerrector del Seminario de San Antonio Abad del Cuzco, e impreso en Lima en 1794 con aprobación del Obispado de Cuzco. Las meditaciones fueron tomadas del Arco Iris de Paz del Padre Fray Pedro de Santa María de Ulloa OP. Puede rezarse nueve días antes del Jueves de la Ascensión, o desde la Vigilia y durante toda la Octava.

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, mi Dios, mi Salvador, mi Redentor, y objeto de todo mi amor. ¡Qué glorioso os contempla el alma, cuando os considera subiendo por esa región celestial a recibir de mano de vuestro Eterno Padre el honor, la corona y la dominación correspondiente a vuestros méritos infinitos! Vuestro amor os hizo bajar de los Cielos y salir del seno de vuestro Padre, os hizo sufrir tantas tribulaciones, dolores, afrentas y muerte en una Cruz, para que por este medio se nos franquease la bienaventuranza, de la que habíamos sido desposeídos por el primer pecado; pero ya, mi Jesús, ha pasado el tropel de vuestras aflicciones: el amargo Cáliz de vuestra Pasión, que por nosotros bebisteis amoroso se os ha convertido ya en eternas dulzuras y glorias, y revestido de vuestra inmortalidad subís triunfante de la culpa y del Infierno, después de haber despojado de su imperio al príncipe de las tinieblas; llevaos también por despojo este mi corazón, que hasta hoy ha sido siervo del pecado, y pues no suben con Vos nuestros vicios, y ninguna cosa inmunda ha de entrar en vuestro Reino, limpiarlo de sus manchas con esa mano poderosa y llena de clemencia, que yo de mi parte quiero desde luego purificarlo por medio de mi dolor y arrepentimiento, y digo que me pesa de haberos ofendido, y de haber sido tan ingrato a vuestras finezas: muera desde ahora mi deslealtad, y reinad en mi alma solo Vos, para que así consiga subir con Vos a gozaros eternamente. Amén.
  
ORACIÓN AL PADRE ETERNO
Oh Padre Eterno, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación: vuestra infinita bondad, y el amor indecible que nos tenéis os hizo que, compadecido de nuestras miserias, nos dieseis a vuestro Unigénito Hijo, a fin de que Él nos libertase del estado lamentable en que nos hallábamos por la culpa, a costa de tantos dolores y tormentos, porque fuésemos redimidos al precio infinito de su Sangre, del cautiverio en que tenía oprimida nuestra naturaleza. ¿Con qué dones y obsequios satisfaremos, Señor, ¿tan grande amor? ¿Qué lengua, ni entendimiento, podrá acertar a daros las debidas gracias por un beneficio tan inmenso? No hay, ¡oh gran Dios!, caudal en nosotros para una digna retribución, aun cuando nos empleásemos eternamente en serviros y alabaros. Y pues no hay de parte nuestra cosa alguna con qué poder recompensaros dignamente, os ofrecemos los méritos de vuestro Divino Hijo, que son las prendas y tesoros que nos dejó para complaceros, os lo ofrecemos a Él mismo con todos sus dolores y penas, pues Él quiso ofrecerse a Vos en el ara de la Cruz por víctima para nuestra salud: os lo ofrecemos también triunfante y lleno de gloria, como lo veis subir a vuestro Divino Solio. Él va a ejercitar ante Vos el oficio de Abogado y protector nuestro, como nos lo tiene prometido, y esperamos que esos ruegos que escucháis con sumo agrado, por ser de vuestro Hijo dilectísimo, nos han de servir de defensa en las tentaciones, de aliento y vigor para poder levantarnos de las caídas en la culpa, de viático en nuestra peregrinación, y de escala para ascender a gozaros en la Gloria en donde vives y reinas con el mismo Hijo y el Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
 

DÍA PRIMERO
Considera con San Buenaventura (Meditación de la Vida de Cristo, cap. XCIX) y San Vicente Ferrer (Sermón único sobre la Ascensión) cómo en aquel último convite que refiere San Lucas en el capítulo primero de los Hechos Apostólicos en que se halló el Señor con sus Apóstoles, le declaró era ya llegado el tiempo en que volviese al que lo había enviado y dejase el mundo, el cual pasado no lo verían más con la vista corporal: que se esforzasen y avivasen la fe para verle con los ojos del alma, a cuya vista no faltaría, porque estaba siempre con ellos, aunque se iba. Habiendo oído los Apóstoles estas palabras, fue grande la turbación y susto de sus corazones, y prorrumpieron todos en un llanto muy triste, y derramando muchas lágrimas le dijeron: «Bien sabéis, Señor, que por Vos dejamos cuanto teníamos, y dimos de mano a parientes, amigos, y a cuanto podíamos esperar en esta vida, y todo esto lo hicimos con mucho gusto, porque teniéndoos a Vos, nos teníamos por dichosos y bienaventurados, pero ahora que os vais, y nos dejáis huérfanos y destituidos de vuestra presencia, ¿qué ha de ser de nosotros? ¿A dónde hemos de ir, ni a quién nos hemos de juntar, y más cuando todos nos aborrecen y desean vernos fuera del mundo? Llevadnos con Vos, y no nos dejéis en medio de nuestros enemigos». A estas quejas amorosas les repetiría el Señor aquellas palabras llenas de consuelo, que ya les había dicho la noche de su sagrada Pasión: «No se turben vuestros corazones, hijos míos, ni tengáis miedo, que no os dejo huérfanos ni desamparados, como pensáis. ¿Creéis en Dios? Creed en mí, que soy verdadero Dios, y si me creéis Dios, también debéis creer que no os puedo faltar. Voy, y vengo a vosotros, porque como ya os dije, ha de venir mi Espíritu sobre vosotros, y viniendo él, vengo Yo y viene mi Padre, y estaremos con vosotros, haremos mansión en vosotros, y en aquel día conoceréis cómo Yo estoy en mi Padre, y mi Padre en Mí. Si vosotros me amarais, os habríais de alegrar, porque voy a mi Padre, y así alegraos por ello, y juntamente por vuestro bien. Os conviene que me vaya, lo uno, porque voy a disponer y prepararos las sillas y el lugar donde habéis de descansar eternamente en mi compañía, y lo otro, porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Espíritu Consolador, mas así que Yo me vaya, os lo enviaré para que os enseñe y dé a entender la verdad, y entonces se alegrarán vuestros corazones». Estas, y otras palabras de gran consuelo y ternura les dirían a sus discípulos el Señor para confortarlos, según meditan San Buenaventura y San Vicente. Ve tú ponderando cada palabra de por sí, y conocerás el espíritu de amor, de ternura y compasión que reina en tu Dios y Señor para con los que le aman y le sirven, y enamórate de tanta bondad y ternura.

  
ORACIÓN
¡Oh Señor! ¡Oh Rey de la Gloria! Ya llegó aquel dichoso día en que vuestro Eterno Padre os llama para daros el premio infinito que han merecido vuestras Santísimas obras para exaltar vuestra Humanidad Sacratísima sobre todos los Justos y sobre todos los Ángeles. Ya llegó el día en que entréis en vuestro Reino a tomar asiento a la diestra del Padre, que este solo es el lugar correspondiente a vuestra eterna habitación. Infinitos plácemes os doy por tanta gloria que gozáis. En esta vuestra partida tan gloriosa, y de tan grande regocijo para el Cielo y para la tierra, ¿qué festejos podré haceros, Amado mío? ¿Qué himnos os cantaré? ¿Con qué obsequios podré hacer se aumente la gloria de vuestra admirable Ascensión? Pero bien sé, dulcísimo Jesús, que la gloria que queréis recibir de mi mano es el cumplimiento de vuestra Divina voluntad, mas ya sabéis, pues Vos mismo lo habéis dicho, que nada bueno podemos obrar sin Vos: dejadnos pues vuestro Espíritu, dejadme ese Espíritu de caridad, ese Espíritu de Santidad y Celador de vuestro honor, para que sepa agradaros en esta vida, y después llegue a gozaros eternamente. Amén.
  
Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri, en reverencia de los treinta y tres años que habitó el Señor entre nosotros.



GOZOS

Como águila generosa
Remontas, mi Dios, el vuelo
Al Empíreo, pues el Cielo
Sólo es tu mansión dichosa;
Puesto que el alma ansiosa
Seguirte quiere, Señor:

Llévanos a dónde vas,
Soberano Triunfador.
   
En alas de Querubines
Subes al Cielo glorioso,
Y ellos llenos de alborozo
Te hacen sagrados festines,
Gózome que así camines;
Y pues vas con tanto honor:
  
¡Qué contentos y qué ufanos
Entre gozos excesivos,
Contigo van los cautivos
¡Que libertaron tus manos!
Despojos son soberanos
De tan gran Libertador:
  
En coros muy concertados
Los Príncipes de la Gloria
Cantando ellos tu victoria
Descienden regocijados:
«Sean, dicen, alabados
Triunfos de tal vencedor»:
  
Gime Luzbel abatido,
Porque su imperio tirano
Por tu brazo Soberano
Hoy se mira destruido;
Y pues nos has redimido
Del poder de este traidor:
  
Dan voces con grande gozo
Los Ángeles, porque abiertas
Y apartadas sean las puertas
De ese Alcázar prodigioso,
Porque ha de entrar victorioso
Su Monarca y su Señor:


ORACIÓN FINAL
¡Oh Amado Redentor de mi alma! ¡Oh León de Judá! ¡Oh Señor y Rey inmortal, vencedor de la muerte y del Infierno! Ruegoos, Señor mío, por aquel glorioso triunfo con que entrasteis victorioso en vuestro Reino, me deis fortaleza para vencer a los enemigos de mi alma, perdonéis la tibieza con que celebro este admirable Misterio, atendáis a mis humildes ruegos, y me deis vuestra Santa gracia, para serviros y agradaros hasta la muerte. Amén.
 
  
DÍA SEGUNDO
Considera, que como dice San Lucas, acabado el convite que fue en Jerusalén, los sacó de la ciudad, y los condujo al monte Olivete, y aunque Tomás de Vío Cayetano dice que el Señor les mandó se fuesen ellos, no obstante uno y otro se compadece según la contemplación de San Bernardo y San Vicente Ferrer, y es que el Señor les dijo que se fuesen al monte Olivete porque allí había de ser la despedida, mas ellos con el sentimiento que tenían, puedes considerar, le dirían estas palabras: «Señor, ya ves que es cerca de medio día, y saliendo todos juntos por medio de la ciudad, nos han de ver nuestros enemigos, y quizás nos estorbarán el paso, y no os podremos ver, por lo cual os rogamos nos acompañéis, porque con Vos nada tenemos». Piensa que el Señor les concedió lo que pedían, y los ordenó su Majestad en forma de procesión, porque eran los que estaban juntos más de ciento, y así salieron del Cenáculo, yendo el Señor delante, y ellos en dos coros siguiéndole, y así pasaron por medio de Jerusalén a vista de todos sus enemigos, que como dice San Bernardino de Siena (Sermón I, art. I, cap. III), se quedaron pasmados así que vieron la Santa Compañía que pasaba por delante de ellos tan sin temor, y comenzaron a bramar de coraje y enojo contra ellos, pero el Señor les puso tan gran miedo y pavor, que se quedaron como atónitos mirándolos pasar sin atreverse a decir palabra. Pondera aquí cuán justamente temían los Apóstoles, y con cuánta razón suplicaron al Señor los acompañase. Toma tú ejemplo, cristiano, y mira que andas entre muchos y más crueles enemigos, que son los demonios, el mundo y la carne, y teme mucho andar solo. Procura andar en gracia del Señor y traerle muy presente a cualquier parte donde vayas, que así se verificará en ti lo que dijo el Espíritu Santo, que «caerán mil a tu lado, y diez mil a tu diestra, más ninguno se llegará a ti» (Salmo XC, 7), porque el Señor, que va contigo, los aterrará, y podrás decir justamente: El Señor está a mi diestra, para que no me asuste ni me perturbe: por esto se ensancha mi corazón, y la flaqueza de mi carne descansa en la esperanza de quien me ha de librar: Mas, ¡ay de ti si caminas solo!, porque si caes en manos de tus enemigos, ¿quién te librará? Sacó el Señor a sus discípulos de la ciudad y del peligro, y como dice San Buenaventura (Meditación de la vida de Cristo, al final), les dijo que prosiguiesen el camino del monte Olivete y le esperasen allí, y su Divina Majestad pasó por Betania y apareció a Lázaro y a otros amigos, y les mandó se fuesen al monte Olivete a juntarse con los demás. Pondera el amor del Señor, y cómo habiendo sacado del peligro a sus Apóstoles, mandó que prosiguiesen ellos por sí solos, para que veas cómo Él siempre está con los suyos en las tribulaciones; por eso solo se debían amar los trabajos, y abrazar cualquier género de adversidad.
 

ORACIÓN
¡Oh mi Jesús! ¡Oh sagrado dueño mío! Disponed ya la dichosa compañía de vuestros amigos, para que celebren vuestra gloriosa Ascensión: Preveníos, felicísimos Patriarcas y Profetas del Altísimo, para acompañar a vuestro libertador, que os ha sacado de la prisión en que gemíais por espacio de tantos siglos. ¡Oh, qué dicha tan incomparable la vuestra, pues salís de la cárcel a tomar juntamente con vuestro Señor la posesión de su Reino lleno de eternas delicias! Preparad los dulces himnos con que habéis de celebrar sus victorias. Preveníos también vosotros, discípulos amados, para conducir a vuestro Divino Maestro hasta el Sagrado Monte, que pues fuisteis testigos de sus tormentos, ahora quiere lo seáis de sus glorias y de su triunfo. Preveníos vos, ¡oh María!, para el inmenso gozo que tendréis al ver al Hijo de vuestras purísimas entrañas volar con grande gloria y majestad al seno de su Padre. Preveníos para ver toda la celestial comitiva y toda la pompa con que se ha de elevar a esa región sagrada del Empíreo, que a Vos como a Madre suya nada podrá ocultarse. ¿Y yo, Señor, no os acompañaré con vuestros Apóstoles? ¿No iré con Vos, Señor, a veros subir, y encomendaros mi espíritu? ¿Me quedaré con Judas, excluido de tan santa compañía? ¡Ay de mí, que así me lo asegura mi vida desordenada y perversa! ¿Qué cadenas, qué prisiones son esas, mi Dios, que me estorban el caminar con Vos? ¿Pero cuáles han de ser éstas, sino mis culpas? Vos, Señor, que tenéis tanto poder, que quebrantasteis las puertas del Infierno a pesar de satanás, ¿no habíais de romper las duras prisiones de mis delitos? Ea, amor mío: rompedlas, para que pueda seguiros con libertad; rompedlas conmigo, rompámoslas los dos, Vos con vuestro fuerte brazo, y yo con mi dolor: vamos todos a ese monte sagrado, y veréis qué himnos os he de cantar, para que algún día logre yo también la felicidad de subir a gozaros en vuestro Reino. Amén.
  Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri.

 
DÍA TERCERO
Considera el cuidado que tiene de los amigos, que si no hubiera pasado por Betania, se hubieran quedado Lázaro y los demás que estaban allí, y no le vieran en su triunfo: habíanle servido en sus trabajos, y así va el mismo Señor en persona a convidarlos para que le vean glorioso. Sírvele con la fidelidad que aquellos, que el Señor no te desamparará. Pondera el gozo que sintieron los Santos Padres al contemplar que ya era llegado el día en que habían de subir a la Gloria y tomar posesión de aquel bendito Reino eternamente. Aliéntate por esto al desprecio del mundo, y al amor de las cosas del Cielo, a las cuales te convida el Señor, si le sirves con fidelidad.
 

ORACIÓN
¡Oh Divino Redentor! ¡Oh Señor, todo caridad y clemencia! ¡Qué liberal os mostráis en convidar vuestro Reino a los hijos de los hombres, para quienes vais a preparar las sillas y las eternas mansiones! Vuestra partida a los Cielos no sólo es para gloria vuestra, es también para que nosotros la gocemos. Esa vuestra Corte Celestial no sólo la conoceremos adelante como patria, sino también como herencia nuestra, porque Vos a costa de vuestra Pasión y Muerte habéis adquirido para nosotros el derecho que no teníamos a ella, y habéis habierto sus puertas con esas manos divinas, que fueron enclavadas en la Cruz por nuestro rescate. ¡Oh caridad incomprensible! Vos habéis puesto los méritos para que sea nuestro el premio; habéis trabajado para que percibamos el fruto; habéis peleado para que recibamos la corona. ¿Qué os obligó, mi bien, a tanto amor? De parte nuestra no hay merecimiento, porque en nosotros solo se hallan ofensas e ingratitudes. Pero bien se conoce que Vos obráis como quien sois, movido solo de vuestra bondad y misericordia. Ea, alma mía, aliéntate a corresponder esas finezas, amando a un benefactor tan grande. Seamos, Señor, amigos desde hoy, dadme esa mano soberana, y jamás me desamparéis, para que jamás os deje yo hasta aquel día dichoso, en que me llegue a habitar con Vos en vuestra Gloria eternamente. Amén.
Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri.
   

DÍA CUARTO
Considera cómo habiéndose congregado los Apóstoles, Discípulos y amigos del Señor, todos como ciento y veinte con Nuestra Señora en el Monte Olivete, postrados en tierra adoraron al Señor, y aunque la alegría de verle era grande, con todo eso la pena de ver que se les iba y los dejaba les hacía derramar muchas lágrimas. En donde puedes considerar que el Señor nuevamente les consoló con tiernísimas palabras y dulcísimas razones, asegurándoles el amor que su Padre les tenía, que le pidiesen en su Nombre lo que quisiesen y se les concedería, y que les dejaba a su Santísima Madre por su Protectora, en quien hallarían ellos todo consuelo y alivio. Y en esto puedes considerar que los llamó para sí, y con grande cariño y amor los fue abrazando, dándoles a besar sus sacratísimas manos y llagas, de las cuales era tanta la suavidad, olor y fragancia que salía, que les recreó inefablemente los corazones, y confortó las almas con incomparable deleite, con lo cual se templó la pena de los Discípulos, y ellos se confirmaron más en la fe, esperanza y amor de su Divina Majestad (Venerable Padre Luis de la Puente, Meditación de la Ascensión).
 

ORACIÓN
¡Oh amorosísimo Jesús! ¡Oh Salvador amabilísimo! Caminad ya al seno de vuestro Eterno Padre, ofrecéos a Él por nosotros miserables, mostradle esas sacrosantas Llagas, cuyas señales lleváis más hermosas y resplandecientes que que el Sol, en vuestras manos, pies y costado: a presencia de ellas se aplacará toda la ira del Señor, y no vendrán sobre nosotros los rayos de su Justicia; mas no sólo esperamos alcanzar auxilios eficaces para salir del pecado, y que nos lloverá por vuestra protección un abundante rocío celestial de gracias, porque ¿qué cosa podéis pedir compasivo de nuestra miseria a vuestro amoroso Padre, que Él os la niegue, en especial cuando le representéis que fuiste enviado por Él para remediar nuestros males? ¿Ni qué podremos pedirle por Vos, que no nos lo conceda? Así nos lo prometisteis, Señor, cuando asegurásteis que no no negará cosa alguna de las que le pidamos en vuestro Nombre. Vos os presentaréis en su solio como Sumo Sacerdote, ya no ofreciéndole la sangre de los animales, sino la vuestra misma. Cuando nos opriman las tentaciones, nos acercaremos llenos de confianza al trono de vuestra misericordia con el conocimiento de que Vos tolerasteis mayores angustias y congojas que nosotros. Estas consideraciones, mi Dios, nos sirven de consuelo y nos confortan en nuestro penoso destierro. Rogad a vuestro Padre especialmente por todos los que nos hemos congregado a celebrar el Misterio grande de vuestra admirable Ascensión, para que así logremos ser participantes de vuestra gloria. Amén.
Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri. 

  
DÍA QUINTO
Considera que después de todo lo referido, elevó nuestro Señor sus manos Santísimas, como dice el sagrado texto, y dio su bendición a los Apóstoles y demás Discípulos, se elevó de la tierra, y subió a los Cielos mirándolo todos, hasta que una nube lo ocultó (Lucas XXIV; Actos I, 9). Atiende lo primero a estas palabras, «que elevó las manos y les dio su bendición». Elevó ambas manos, porque como dice San Basilio, hizo primero oración por ellos (Libro del Espíritu Santo, cap. XXXVII). Ya puedes entender que repetiría el Señor aquella que hizo antes de la Cena: «Padre Santo, guarda estos Discípulos que me diste. Cuando Yo estaba con ellos Yo los guardaba, mas ahora los dejo y vuelvo a Ti, y así te ruego por ellos: Yo vengo a Ti, y ellos quedan en el mundo, ruégote, Padre piadoso, que me los libres del mal, y me los santifiques en la verdad; y no solo te ruego por ellos, sino también por aquellos que por su predicación creyeren en Mí». Hecha la oración les dio su santísima bendición, formando sobre todos una Cruz con la mano derecha, como dicen muchos Doctores (San Gregorio Niseno, Oración sobre los Inocentes;San Jerónimo, De la vida de Moisés, etc.), o poniendo los brazos en cruz en el aire sobre todos ellos, como quieren otros, y fue para darles a entender, lo primero, que habían de cargar la Cruz, a la cual vinculaba su bendición; lo segundo, para que pusieren los ojos en sus Llagas, y con eso se les quedasen estampadas en los corazones y memorias, que es la ayuda para llevar la Cruz; y lo tercero, que poniendo sus brazos en Cruz sobre ellos, los abrigaba con las alas, como el ave a sus polluelos, para que a su sombra esperasen y confiasen en su Providencia, que no les había de desamparar ni faltar.
    

ORACIÓN
¡Oh Monarca soberano de la Gloria! Subid victorioso a ese trono de luz inmarcesible que os tiene preparado vuestro Padre, y pues os vais de nuestra presencia y os apartáis corporalmente de la tierra, ruégoos que lleveis con Vos nuestros gemidos y lamentos, nuestras súplicas y oracones, para que las presentéis ante Él, juntamente con vuestros merecimientos infinitos. Esos brazos Divinos, que mis culpas extendieron sobre el madero de la Cruz, los extiende ahora vuestro amor incomparable, olvidando mi ingratitud, para que yo conozca que jamás me ha de faltar vuestro paternal amparo, cuantas veces os busque reconocido. Gózome, amor mío, al veros el alma con tanto honor acompañado de Ángeles y Santos, Patriarcas, Profetas, Reyes, y todos los demás Justos. ¡Oh, si fuese yo tan dichoso que mereciese también acompañaros! ¡En sagrada compañía, ejércitos celestiales, contemplad reverentes a nuestro adorable Redentor, alabadlo, glorificadlo y dadle todo honor, pues es infinitamente digno de todo obsequio y veneración! ¡Oh Monte Olivete, en que mi Señor puso sus plantas Divinas, cómo pudiera poner mi corazón bajo de ellas en lugar tuyo, para que como en ti quedasen impresas para siempre sus sacrosantas huellas, que así no pudieran borrarlas ni los halagos del mundo, ni las tentaciones, ni la persecución, ni la prosperidad! ¡Oh monte dichoso! Monte enriquecido con el precioso licor de la Sangre que sudó mi Jesús en la oración: en otro tiempo fuiste el teatro de sus penas y agonía, y ahora lo sois de sus triunfos y glorias, sea mi corazón tu imitador: Imprimid, Señor, en él la memoria de vuestra Pasión Santísima, para que vean también en él los triunfos de nuestra gracia, y después merezca los eternos gozos. Amén.
Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri.

 
DÍA SEXTO
Considera y atiende a las otras palabras que nos dice el sagrado texto, «que se elevó por el aire, mirándole los Apóstoles», e iba subiendo poco a poco, dice San Bernardo (De los grados de humildad, cap. I), y era porque el amor que tenía a sus Discípulos y Amigos lo atraía de abajo, dice el Santo, y parece que lo dieron a entender los Evangelistas, porque siendo de Fe Católica que subió por su propia virtud, uno de ellos dice que era llevado (Marcos XVI), como si dijese que era asido por otro (Lucas XXIV), era el amor que tenía a los suyos vehementísimo, y este amor era como una gruesa cadena que lo detenía, y así cuando el Espíritu Santo nos da a conocer la venida del Salvador al Mundo, dice en una parte, que venía saltando de monte en monte, y de collado en collado (Cánticos II, 8); y en otra dice que corría con pasos de gigante (Salmo XVIII), esto era cuando venía a vivir entre los hombres, y ahora, que se va a vivir entre los Ángeles, va tan despacio, que aparece que lo llevaran como por fuerza (Lucas XXIV, cf. Apocalipsis XII). ¡Oh amor abrasado y encendido de nuestro Dios! ¡Oh tibieza y frialdad terrible de nuestros corazones! Cargáronlo de oprobios, afrentas y azotes, crucificándolo entre dos ladrones, y con todo no hay quien lo pueda separar de entre los hombres, y si esto pasa entre aquellos rebeldes y obstinados judíos, ¿qué pasará con las almas que le aman y le sirven? ¿Quién podrá ponderar el amor con que las asiste? Por esto dijo que sus deleites eran estar con los hijos de los hombres (Proverbios VIII). Esto pasa en aquel amoroso pecho, mas en los pechos humanos sucede muy al contrario: por nada lo dejamos, cualquier gustom aunque solo tenga la apariencia de gusto, nos aparta de Él.


ORACIÓN
¡Oh dulcísimo Esposo del alma! ¡Oh Padre amantísimo! ¿Qué es lo que os detiene para remontaros con rápido vuelo a esa región celestial? Sin duda que es el peso del amor que nos tenéis. ¿Es posible, Señor, que ni nuestras ofensas tan repetidas, ni los ultrajes que experimentasteis en vuestra adorable persona, hayan acelerado vuestro vuelo? ¡Oh amor infinito! Nosotros a porfía os agraviamos y repetimos las ofensas, ¿y Vos continuáis en amarnos, y multiplicáis finezas? Nosotros nos retiramos de esta hermosura, ¿y Vos dificultáis en apartaros de nosotros? ¡Oh corazón humano!, ¿qué haces que no te abrasas de amor? ¿Tan insensatos somos, Dios mío, que no acertamos a corresponderos? Extendidos los brazos os vemos subir, como el águila que provoca a sus polluelos a volar, alumbradnos, Maestro soberano: enseñadnos a tomar el vuelo en vuestra compañía, y esas demostraciones de vuestro amor no sean para mayor confusión nuestra en el Día del Juicio, sino para que sepamos corresponderlas. Avecillas canoras, que pobláis el aire, congregaos todas conformes a bendecir y alabar a vuestro Criador: vosotras que saludais al Sol cuando amanece, saludad acoros con dulces trinos y gorgeos al Sol de Justicia, que pasa por vuestra región. Ea Señor, llevadnos tras de Vos, correremos al olor de vuestros ungüentos, para gustar eternamente de vuestras dulzuras. Amén.
Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri.


DÍA SÉPTIMO
Considera en las otras palabras: «Que una nube lo ocultó a los ojos de los Discípulos», y esta nube, dijo Simón de Casia (Libro XIV, al final), que se puso delante de los Apóstoles, no porque el Señor la necesitase para subir, sin que como el Cielo estuviese con grandísimas ansias de recibir en sí al Señor, envió aquella nube que lo ocultase del mundo que lo atraía, y con eso entrase aprisa, y así dijo Cornelio Alápide que mientras los Apóstoles lo miraban, subía muy poco a poco, mas así que la nube se puso de por medio, subió como en un rayo, usando del dote de la agilidad, y en un instante llegó al Cielo Empíreo (Comentario en el cap. I de los Actos Apostólicos). Saca de aquí una consideración muy útil para tu alma, y es que mientras tuvieres limpios los ojos del alma y mirares a Cristo, no se apartará el Señor de ti y le tendrás, como la piedra imán detiene al acero. Por eso, habiendo el Esposo ponderado la hermosura y pureza del Alma santa, dijo que quien con más fuerza le hacía volar a su corazón era la vista de sus ojos, esta era como un escuadrón armado que lo detenía, cautivaba y no lo dejaba ir (Cánticos VI, 4). Esto acontece en el Alma pura y limpia, pero en atravesándose de por medio la nube de la culpa, entonces vuela, y como rayo se retira. La nube que ocultó al Señor era de gloria, formada de resplandores del mismo Señor, como dice Cayetano, o como otros dicen, una nube milagrosa, pura y transparente, y si esta nube de tan nobles calidades esconde al Señor, y hace que con tanta velocidad se aparte de sus Amigos cuando se pone por medio, ¿qué no hará la nube del pecado y la putrefacción del amor terreno de las creaturas corruptibles? ¿Qué no harán la gloria vana del Mundo, y los lucimientos mundanos? Mira que no te dejen cegar: arroja esas cosas, que te esconderán al Señor, y por más que apliques la vista, no lo verás ni le hallarás, porque se ausentará en no viendo tu alma limpia y pura.

  
ORACIÓN
¡Oh Soberano Maestro! ¡Oh Caudillo invencible! ¡Qué lágrimas no debíamos derramar al ocultársenos vuestra hermosura, y vernos privados de vuestra presencia corporal, pero el amor que nos tenéis no nos permite llorar vuestra ausencia, cuando por consolarnos compasivo nos aseguráis que no nos dejáis huérfanos, porque aunque os vais, también venís a nosotros con frecuencia. Caminad, Señor, a ilustrar esos Cielos: caminad, que os desean ansiosos los Ángeles para el aumento de su gloria: caminad, que ya os aguarda vuestro Padre con los brazos abiertos para recibiros, para colocaros dignamente a su diestra y daros el imperio y la dominación sobre todo lo creado, y pues nos habéis prometido vuestra asistencia, y os habéis hecho cargo de ampararnos y de remediar nuestras miserias, no permitáis que se hallen en nosotros las nubes tenebrosas del pecado que nos aparten de Vos, y nos impidan el teneros a la vista; enviadnos vuestras luces, sagrado Sol de Justicia, que así sabremos seguiros, y no erraremos vuestros caminos. Astros resplandecientes, que sois habitadores del lugar por donde ha de transitar con sus celestiales cortesanos el Rey de la Gloria, avivad vuestras luces, y adornaos con nuevos brillantes resplandores, porque ha de pasar por entre vosotros aquel Divino artífice que os dio tanta hermosura. Vosotros cuando Él expiró en el Calvario, os vestisteis de triste luto, escondiendo vuestras luces: justo es que os vistais de gala cuando se celebran sus sagradas victorias. Detended vuestro curso, y congregados salid al camino por donde ha de pasar el Hombre Dios, llevando cautiva la servidumbre, y adoralo postrados. ¡Oh Señor!, ¿y cómo pudiéramos nosotros disponer los mayores festejos y aclamaciones para celebrar dignamente vuestro triunfo? Y pues nos falta el poder para ello, recibid nuestros deseos, y llevadnos a vuestra Gloria, para que allí os festejemos eternamente. Amén.
Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri.


DÍA OCTAVO
Considera en aquel triunfal aparato y gloriosa grandeza con que sube el Señor, de que hablando en profecía el Salmista, dice que subió en un carro o carroza asistido de millares de millares de Ángeles (Salmo LXVII). Este era el carro triunfal en que subió nuestro Emperador: el acompañamiento era de innumerable multitud de Ángeles, dijo San Jerónimo, y Cayetano dice que eran los despojos de la victoria, y los prisioneros que libertó de la cautividad del mundo, los cuales dispuestos y ordenados a coros, cantaban dulcísimas alabanzas al Señor con grande júbilo y alegría inefable de todos: iba delante de todos estos escuadrones el Señor, como lo dijo por boca del Profeta Miqueas (cap. II, 3), y así que se acercó a los orbes celestiales, y como lo dice San Buenaventura (Meditaciones de la vida de Cristo, cap. C), no quedó espíritu bienaventurado alguno en la Gloria que no bajase a recibirlo. Venían todos por sus órdenes, y postrados ante el Señor con suma reverencia le adoraron, y luego juntos los que iban con los que venían, se ordenaron en dos coros, y empezó la música de voces e instrumentos, y fue prosiguiendo la más solemne, grande y gloriosa procesión que jamás vio la Corte militante ni triunfante. Ponte aquí a pensar, Cristiano, y trae a la memoria las fiestas, alegrías, regocijos, júbilos, danzas, clarines, trompetas, cajas, y cuanto pudieres alcanzar y entender de dulzura, suavidad y deleite, pompa, majestad, grandeza y aparato, tanto imagina en aquel gloriosísimo triunfo. Allí los Serafines y Querubines, los Tronos, Principados y Potestades de Cielo, todos hacen fiesta, todos cantan gloriosas alabanzas al Señor. ¡Oh, qué suavísimos ecos! ¡Oh, qué dulcísimas canciones suenan por todos esos orbes celestiales!


ORACIÓN
¡Oh Gran Señor de los Cielos y de la tierra! ¡Oh Hijo del Altísimo! Con qué grandeza y majestad entrais en vuestra Corte celestial para reinar en ella eternamente. El alma queda toda absorta y ocupada de gozo al contemplaros en tanta gloria. Digno sois, Divino Rey y Señor supremo, de recibir el honor que se os tributa, y cuando todas las criaturas se hiciesen lenguas y entonasen vuestras alabanzas, todo sería inferior a vuestro merecimiento. Ea, celestiales espíritus, pues vuestro Señor os adornó liberal de tanta Sabiduría, empleadla con especialidad en este día en admirable composición de sagrados metros, y de la más suave y armoniosa música: avivad vuestros sonoros instrumentos, que este triunfo del Salvador debe ser celebrado con la mayor solemnidad y pompa. Avivemos también nosotros nuestros afectos y entonemos alabanzas, pues nuestro Libertador entra a tomar posesión de su Reino. ¡Oh, cómo quisiera, Señor, cada uno de nosotros tener la destreza y sabiduría de todos los Ángeles, para excederlos en obsequiaros! ¡Oh Príncipes Angélicos que habitáis felices en la Corte del Altísimo!, abrid esas puertas resplandecientes de la Gloria, para que entre en ella el Rey de los Reyes y el Señor de los Señores a dominar, y a reinar sin fin. Prevenid los arcos triunfales que anuncien en todo su Reino su entrada victoriosa: adornad las hermosas calles y plazas de esa Celestial Jerusalén, para su majestuoso y sagrado recibimieto. ¡Oh Caudillo Triunfante! Hoy que es el día de vuestra coronación, lo es también de hacer mercedes: no queremos, Señor, perder tan bella vocación: concedednos la merced de vuestra gracia. Cuando los Reyes se coronan, hay indulto general para todos los reos: perdonadnos, piadoso Padre, nuestras iniquidades, para que limpios y purificados os agrademos en esta vida, y después os alabemos en vuestro Reino eternamente. Amén.
Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri.

         

DÍA NOVENO
Considera la entrada del Señor en la Corte Celestial, pero ¿qué entendimiento puede comprender, ni qué criatura puede ponderar cuán célebre, cuán gloriosa, cuán magnífica y soberana fuese? Llegó en fin nuestro glorioso Príncipe al trono de su Padre, y reconociéndose en cuanto hombre inferior, postrado a sus plantas adoró su Divinidad con suma reverencia, y puedes considerar que le dijo: «Padre Santísimo, Altísimo y amabilísimo, aquí teneis a vuestro hijo obediente a vuestro precepto. Bajé al mundo, manifesté a los hombres vuestro Santo y Divino Nombre, glorifiqué vuestra grnandeza en la tierra, consumé la obra de la humana Redención que me habéis encargado, entré en batalla con el Príncipe del mundo, lo vencí, le quité el reino y lo arrojé fuera, lo dejé desarmado y en prisiones, y le quité el despojo de sus victorias, el cual pongo a vuestras Divinas plantas, a quien se debe toda reverencia, toda honra y alabanza. Vuestro es el Reino, que he conquistado; vuestro el Imperio, que he ganado; vuestra la potestad y el poder, con que yo vencí; vuestra es la gloria, vuestro el triunfo, y vuestra la victoria». Pondera y considera la alegría, el contento y amor con que el Padre recibiría a su Hijo, y cómo le da la mano, y cómo lo abraza, ensalza y engrandece mandando que toda la Corte Celestia, celebre las gloriosas victorias de su Hijo: siéntalo a su diestra en su mismo trono sublimado y engrandecido con infinitas ventajas a todas las criaturas, luego le da la corona imperial, el cetro y el gobierno universal sobre todo lo criado: manda que todos los Cortesanos por sus órdenes y jerarquías, postrados a sus plantas le rindan la obediencia. Mira aquí, Cristiano, la humana naturaleza qué honrada es. Mira aquí la tierra sobre todos los Cielos, al hombre sobre todos los Serafines, y tu misma naturaleza sobre todos los Ángeles y soberanas jerarquías. Aprende aquí a despreciar todas estas bajezas, aprecia tu dignidad, reconócete miembro de aquella cabeza, y no quieras, degenerando de lo que eres, sujetarte a las vilezas. Mira, por último, y considera el gloriosísimo cuerpo de tu Redentor, encumbrado en aquel trono: mira aquella hermosura que alegra a todos los Ángeles, los cuales al verla tan resplandeciente y llena de luz, y absortos, y llevados del deleite y admiración, prorrumpieron sin cesar, diciendo: «Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los Ejércitos, lleno está el mundo, llenos el Cielo y la tierra de la Majestad de tu Gloria: viva, viva nuestro Rey en la altura y grandeza inaccesible de su trono», y así sucesivamente le alababan y alabarán eternamente.
  

ORACIÓN
¡Oh Rey inmortal de los siglos! ¡Oh Señor de incomprensible Majestad! Recibid la Corona, el Imperio y la Dominación sobre todas las criaturas visibles e invisibles, y el mundo todo se goce de tener un Señor justo, sabio, poderoso y benigno. ¡Qué justamente os ciñe vuestro Padre lleno de amor la Corona, y pone en vuestra Divina mano el cetro del gobierno del Cielo y de la tierra! ¡Qué premio tan bien merecido! ¡Qué corona tan bien ceñida! ¿Con qué razones os daremos el parabién de vuestra exaltación? ¡Oh dichosos hijos de Adán, alegraos en el Señor!, démonos todos recíprocamente los plácemes, pues nuestra naturaleza ha subido con Cristo a colocarse en el mismo Solio de Dios sobre todos los Ángeles. ¡Oh inefable honor del hombre! ¡Oh dicha imponderable! No la ha concedido el Señor aun a los más elevados Serafines. ¡Oh Eterno Padre, infinitas gracias os damos por tan excelsa prerrogativa, como es la que habéis otorgado a nuestro linaje! Vos, piadosísimo Dios, habéis levantado a tan sublime dignidad a nuestra naturaleza, y ya no nos queda otra cosa que emplearnos eternamente en alabaros y bendeciros por tan inmenso beneficio. Bendito y glorificado seáis, ¡oh gran Dios!, pues ya por vuestra bondad, es vuestro Hijo Unigénito nuestro hermano según la carne; y pues nos vemos tan honrados de Vos, ya desde hoy renunciamos todas nuestras inclinaciones a los bienes de este mundo, y todo nuestro anhelo lo pondremos solo en Vos, que sois todo nuestro bien y nuestras riquezas, para que así lleguemos a vivir y reinar con Vos eternamente. Amén.
 

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN
¡Oh Sacratísima María, Madre dignísima de Jesús! Infinitos parabienes os damos por el honor inmenso que goza vuestro Divino Hijo. Cuando las madres ven logrados a sus hijos, es muy crecido el gozo de su corazón, ¿cuánto sería, Señora, vuestro júbilo, ¿al ver con tanta gloria y majestad al Hijo de vuestras entrañas? Por este gozo os suplicamos, Madre amorosa, no os olvidéis de nosotros: Haced que se dilate vuestra alegría, al ver también logrados por vuestro Patrocinio a estos vuestros hijos menores, que os claman en este valle de tantas miserias, interceder por nosotros, y encaminadnos a esa Patria celestial, donde gozáis de vuestro Hijo eternamente. Amén.
Tres Padrenuestros, y tres Avemarías con Gloria Patri.







viernes, 24 de mayo de 2019

NOVENA A SAN ELESBAAN Y SANTA IFIGENIA





NOVENA A LOS SANTOS ELESBAAN, REY DE AXUM E IFIGENIA, PRINCESA DE ETIOPÍA

ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo , Verdadero , y Eterno Dios , á quien Con mis mochas culpas tengo ofendido , ahora , Señor , y desde ahora , para la hora de mí muerte, digo; que me pesa de todo corazón de haber ofendido ¿ tu inmensa Majestad , por ser quien sois, y porque sois tan digno de ser amado, sobre todas las cosas, y propongo , con su divina gracia , de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, enmendar mi vida, y hacer una buena Confesión de todos mís pecados , para conseguir por la intercesión de tus queridos Santos, San Elesbaan y Santa Ifigenia , y la de tu querida Madre y nuestra María Santísima del Carmelo, una buena muerte. Amen.



ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.
Gloriosísimos Santos Etíopes, Portentoso San Elesbaan, y Prodigiosa Santa Ifigenia , que desnudos de todo mundano afecto, os encaminasteis por lo encumbrado del Sagrado Monte Carmelo al todo Poderoso Dios , observando el instituto de su benditísima Madre, en la Monástica Religión, y que os consagraste, haciéndoos maravillosos en vuestras esclarecidas virtudes: Ruegoos , que si es para gloria de Dios , honra vuestra , y provecho de mi alma  que yo consiga , lo que deseo , y pido en esta Novena , me alcancéis esta gracia de su Divina Majestad , y si no me conviniere, que se haga su Santísima voluntad en todo. Amen.


DIA PRIMERO
Dios y Señor de los Ángeles a los cuales encomendasteis la custodia , y, guarda de los hombres  yo os ofrezco con toda humildad los merecimientos de estos Celestiales Espíritus, y los de vuestros escogidos San Elesbaan , y Santa Ifigenia; Ángeles en la pureza de sus almas, y en el guardar a los hombres con su protección , de los riesgos , y peligros de su vida, y os ruego, Señor, por ellos me concedáis la gracia de que siempre observe , y cumpla exactamente vuestros divinos preceptos , y así mi alma se vea libre de los tropiezos de la culpa, y con la perfección mas agradable a vuestros ojos el remedio de todas mis necesidades Espirituales , y temporales , y el favor que os pido en esta Novena, si es para mayor honra, y gloria vuestra, y bien de mi alma. Amen.



DEPRECACIONES
A SAN ELESBAAN
Beatísimo  y amabilísimo San Elesbaan, Etíope Emperador de los Abisinios, piadoso Protector de los que afligidos experimentan las tempestades, y peligros del Mar, honroso Campeón de las Banderas de Cristo, que militando bajo el Estandarte de la Triunfante insignia de su Santísima Cruz, derrotasteis muchas veces, las crecidas Tropas de los malditos Herejes, perversos enemigos de nuestra Santa Fé, venciendo brazo á brazo al cruel Dunaam, real caudillo , absoluto Rey de la Arabia Petrosa , hasta dejarle muerto, con vuestra misma lanza , que formaba una prodigiosa Cruz y por tan singulares victorias y mercedes, que debisteis al todo poderoso Dios, y Señor de los Ejércitos, á quien con la más profunda humildad adoro , y reverencio: Os suplico , me asistáis con vuestra poderosa Intercesión , para que venciendo las borrascosas tempestades , que padece mi alma de tantas culpas , como contra Dios he cometido , logre asegurarse en el dichoso puerto de la divina gracia, mediante un verdadero arrepentimiento de ellas, para que permaneciendo siempre en amistad de Dios, burle las asechanzas del infernal Dunaato, el Demonio, como también en aquella tremenda hora de mi muerte , en la que con más fuerza , y eficaz astucia procurara mi eterna perdición , y ruina irreparable: Intercede , Santo mío , para que la Divina conmiseración me afilia con su poder, y misericordia , y que nunca me falte el maternal amparo, y piadoso abrigo de María Santísima del Carmen, con cuya afluencia logre mi alma salir de la cárcel de este mundo, y la Patria Celestial de la Bienaventuranza de la Glorias. Amen.
Tres padres nuestros, aves marías y glorias


A SANTA IFIGENIA
Gloriosísima Santa Ifigenia Etíope, Princesa de Nubia, Poderosísima Abogada contra los incendios, invencible Amazona contra las crueldades del tirano Hyrtaco , y burladora de los volcanes que emprendió en vuestro Monasterio, para poder lograr el triunfo de vuestra castidad, que tan temprano consagrasteis á el más digno Esposo, Jesucristo 5 por tan singulares beneficios , que de su soberana mano recibisteis, os suplico, humildemente , dispongáis en mi corazón se apague todo amor , y deseo terreno , que son llamas muy perniciosas para el alma , y que solamente viva encendido en el de una perfecta Caridad, con que guarde, y observe exactamente su Santa Ley , mientras viviese en cite mundo , y que cuando mi alma se separe de mi cuerpo, consiga la dicha, por vuestra intercesión, de la soberana asistencia de la Inmaculada Virgen María Santísima del Carmen, y por los merecimientos de su Soberano Hijo Jesucristo , logre el verle , gozarle , y alabarle en la Gloria , por la eternidad de siglos. Amen.
Tres padres nuestros, aves marías y glorias

Ruegoos, Piadosísimos Santos, me alcancéis de su Divina Majestad lo que os suplico, si es para mayor honra y gloria suya y bien de mi alma. Amen.


ORACION FINAL PARA TODOS LOS DIAS
Omnipotente , Universal, y Supremo Señor, Eterno Dios y Criador de todas las cosas, a quien debo el ser  que gozo , la vida que respiro , los infantes que poseo , y todos los demás beneficios Con que engrandecéis á los hombres , yo el más desconocido de todos, el más ingrato , y el que más ciegamente ha profanado los respetos tan justamente debidos a vuestra Majestad y grandeza ofendiéndoos continuamente, postrado y arrepentido ante vuestro Divino acatamiento: llego ofreciéndoos mi corazón , mis afectos, y toda mi alma, y suplicaros me perdonéis mis culpas, que tantos castigos merecen , y rogaros que no irritéis contra mí miserable pecador , los rigores de vuestra Divina Justicia; ni permitáis , que ninguna criatura hechura vuestra , se condene, antes bien acordándoos de los méritos de los gloriosos Santos San Elesbaan y Santa Ifigenia, y de los dolores, y tormentos de vuestro Santísimo Hijo que tan gustosa, y liberalmente padeció por la salvación del género humano aplacad vuestro enojo, y resplandeced en vuestra infinita misericordia, y seáis, Señor, alabado , y glorificado por todos los siglos de los siglos. Amen.



DIA SEGUNDO
Dios y Señor de los Arcángeles los cuales encomendáis los negocios gravísimos de vuestra gloria , y utilidad de los hombres; yo os ofrezco con humildad los merecimientos de ellos diligentisimos Espíritus , y los de vuestros escogidos San Elesbaan y Santa Ifigenia, ministros potentísimos en los negocios de vuestra mayor gloria y exaltación y por la cual se han visto salir personalmente a vencer las batallas de vuestros enemigos, y os ruego, Señor, por ellos me concedáis la gracia de que sea diligente, y nada tardo en. el cumplimiento de las obligaciones de mi estado, y de vuestra Santa Ley , y que me otorguéis el favor que os pido en esta Novena, si es para mayor honra, y gloria vuestra, y bien de mi alma. Amen.


DIA TERCERO
Dios y Señor de los Principados los cuales por medio de los Ángeles y Arcángeles , alumbrando , instruyendo , y mandando ayudan a la salud de los hombres, de la conservación de los Reinos; yo os ofrezco con postrada humildad los merecimientos de estos celosísimos Espíritus, y los de vuestros escogidos San Elesbaan y Santa Ifigenia, los cuales procuraron siempre guardar sus Monarquías de los Enemigos de vuestra Católica Iglesia, para que se mantuvieran siempre con la luz  y conocimiento de vuestra Santa Fe, y os ruego Señor por ellos, me concedáis la gracia de que siempre viva asistido con el favor de vuestras soberanas luces, y conserve el reino de mí alma libre de los disturbios y ruinas de la culpa. Y también lo que deseo y pido en esta Novena si ha de ser para gloria y honra vuestra, y bien de mi alma. Amen.



DIA CUARTO
Dios y Señor de las Potestades , que tienen especial poder para refrenar Demonios:  yo os ofrezco con potrada humildad los merecimientos de estos poderosísimos Espíritus, y los de vuestros escogidos San Elesbaan y Santa Ifigenia a quienes disteis poder grande para refrenar los Demonio en las temerarias maquinaciones de los dos más crueles, Dunaam e Hyrtaco, y os ruego, Señor , por ellos, me concedáis la gracia de que refrene todas mis paflones que son contrarias a vuestro santo servicio, y también el favor que os pido en esta Novena, si ha de ser para honra y gloria vuestra y bien de mi alma. Amen.


DIA QUINTO
Dios y Señor de las Virtudes, por las cuales hacéis milagros  y prodigios propios de vuestro soberano poder: yo os ofrez.co con postrada humildad los merecimientos de estos soberanos Espíritus, y los de vuestros escogidos San Elesbaan y Santa Ifigenia, entre los cuales han resplandecido vuestras maravillas, levantándose el Mar , y franqueando paso las Naves de la Armada de vuestro Santo , en un grande estrecho, donde el enemigo tenía dispuesta una celada de una cadena, de hierro , para que en ella chocasen y rompiesen; la cual se desapareció al mismo tiempo  y disponiendo que el fuego, que emprendió en el Monasterio de vuestra Santa el tirano Hyrtaco, para lograr sus malvados fines, no solamente se apagase sino también, que bajando de la alta región otro de muy voraces llamas, fuese portentoso castigo del tirano, reduciendo a cenizas lo suntuoso de su Palacio; y os ruego Señor, por ellos me concedáis la gracia de que mi alma se vea libre de la pesada cadena de mis yerros, y del fuego que merecen mis culpas, y también el favor que os deseo y pido en esta Novena, si es para honra y gloría vuestra y bien de mi alma. Amen.



DIA SEXTO
Dios y Señor de las Dominaciones, que prefiden á todos los Espíritus inferiores, Ministros de Vuestra providencia , y estos sé sujetan á vuestra voluntad , prontos siempre para ejecutarla: yo os ofrezco con postrada humildad los merecimientos de estos altísimos Espíritus, y los de vuestros Escogidos San Elesbaan y Santa Ifigenia, que siendo Superiores dotados Con las reales coronas con que se adornaron, se sugetaron con resignada obediencia a la Voluntad de sus Superiores, reconociendo en ellos á vuestra Soberana Majestad, despreciándolas por vuestro santo respeto; y os ruego Señor por ellos, me concedáis la gracia de que mi voluntad este siempre sujeta al cumplimiento de vuestros Divinos preceptos, los que cumpla obediente sin quebrantarlos; y también el favor que os pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amen.



DIA SEPTIMO
Dios y Señor de los Tronos  en que descansad como en Trono de vuestra Gloría y aliento de vuestra Majestad: yo os ofrezco con postrada humildad los merecimientos de estos altísimos Espíritus y los de vuestros escogidos San Elesbaan  y Santa Ifigenia, Tronos de vuestra Soberanía , en quienes recidís como en vasos de elección, desatinados para vuestro aliento , porque supieron negarse a sí mismos, y arrojar de sus corazones todas las cosas de este mundo, para que solo vivieseis en ellos; y os ruego Señor, por ellos, me concedáis la gracia de que detestando, y aborreciendo mis culpas hagáis á mi indigno corazón dichoso asiento de vuestra Soberana Majestad, y también el favor que os pido en esta Novena, a mayor honra y gloria vuestra. Amen.



DIA OCTAVO
Dios  y Señor de los Querubines  que están adornados de perfectísima Sabiduría; yo os ofrezco con postrada humildad los merecimientos de estos Sapientísimos Espíritus y los de vuestros escogidos San Elesbaan y Santa Ifigenia, a quienes adornasteis con la sabiduría  y conocimiento del poco aprecio que merecen, y total despego a las vanas pompas y glorias mundanas, que en esta vida se nos proponen , y la de saber encaminarse por la segura senda , y perfectísimo camino de la virtud al verdadero fin para que creasteis al hombre  y os ruego Señor, por ellos , me concedáis la gracia de que sepa vivir desprendido , y aparrado de las vanidades de este mundo, atendiendo solamente al cumplimiento de vuestros Divinos mandatos, y al acierto dichoso de una buena muerte , y me otorguéis el favor que os pido en esta Novena, a mayor honra , y gloria vuestra, y bien de mi alma. Amen.
+

DIA NOVENO
Dios y Señor de los Serafines, que os aman con un amor ardentísimo  y excesiva caridad; yo os ofrezco con postrada humildad los merecimientos de estos abrasados Espíritus  y los de vuestros escogidos San Elesbaan , y Santa Ifigenia, que sacrificándose abrasadas victimas en las Aras de vuestro Divino amor , solo supieron vivir atentos á vuestro beneplácito, como enamorados de vuestra grandeza ; y os ruego , Señor , por ellos, me concedáis la gracia, de que siempre viva con el mas ardiente , y perfecto[N1] [N2]  amor , empleando siempre mi corazón todo en vos, y en lo que queréis que ame por vos , y juntamente el favor que os pido en esta Novena, si es para honra y gloria vuestra y bien de mi alma. Amen.

domingo, 19 de mayo de 2019

NOVENA A SAN FÉLIX DE CANTALICIO






NOVENA
A
SAN FÉLIX DE CANTALICIO
RELIGIOSO LEGO

Del Orden de los Padres Capuchinos, especial abogado de las mujeres, que están de parto, y de los moribundos en el último plazo de la vida.
Por:
Un Religioso de la misma orden.


ACTO DE CONTRICCIÓN
Señor mito Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Criador y Redentor mío, Padre amantísimo de mi alma, por ser Vos quien sois, por vuestro ser inmutable, por vuestra grandeza infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa en mi corazón de haberos ofendido; y quisiera, Señor, que perfectísimamente me pesara, solo porque la culpa es ofensa vuestra, y quisiera también haber muerto mil veces antes que haberos ofendido. Propongo firmemente de nunca más pecar, nunca más ofenderos y de amaros como á único dueño de mi alma. Espero en vuestra misericordia infinita, que me habéis de perdonar por los merecimientos de vuestra santísima Pasión y Muerte: los cuales, Señor os ofrezco en satisfacción de mis pecados, con los merecimientos de María Santísima con los del Glorioso San Félix; y todo lo que yo hiciere, que sea de vuestro agrado. Propongo de confesarme y cumplir la penitencia, que me fuere impuesta. Pequé, Señor, habed misericordia de mí. Pecamos, Señor de que nos pesa tened misericordia de nosotros.


DIA PRIMERO

Dios te salve, Santísimo Félix, cándida azucena de la más pura castidad, que, desde el punto, en que a este mundo naciste hasta el último instante de tu milagrosa vida, fuiste virgen, limpio, y puro de toda mancha de sensualidad inmunda, viviendo entre los hombres como si habitaras entre los coros de los Ángeles. Dios te salve, porque por medio de tu virginal pureza le diste en tu corazón dulce apacible asiento a aquel Señor, que como inmaculada Cordero se apacienta entre los campos de las Azucenas, que son los Vírgenes puros. Dios te salve, porque como Ángel en humana carne, siempre ignoraste lo que, aun con el pensamiento mas leve, macula la integral pureza. Doyte mil enhorabuenas, porque ahora con los Ángeles gozas el premio de tu pureza virginal.

L/: Ruesga por nosotros, San Félix mío purísimo.
R/: Para que seamos dignos de alcanzar lo que con fe pedimos.

ORACIÓN

Oh Dulcísimo y Amantísimo mío San Félix de Cantalicio; Ruégote humildemente, por aquella pureza tan grande, con que viviste en este mundo, conservando intacta la virginidad, con que naciste, que vuelvas a mi esos tus ojos misericordiosos, y que recibiéndome debajo de tu poderosísimo patrocinio
y amparo, me alcances de la Majestad de mi Dios, aquella pureza de alma y cuerpo, que ha de ser más agradable a los Divinos ojos. Pídote también, querido Santo de mi corazón, que me asistas, me ampares, me favorezcas en el trance y
agonía de mi muerte, librándome de las tentaciones, astucias, y engaños del Demonio. Suplícote, que me alcances de la Majestad de Dios, para aquella hora los Santos Sacramentos de la Iglesia, que me avives la Fé, me alientes la Esperanza, me inflames la Caridad, para que amando á mi Dios sobre todas las cosas, esperando en su misericordia el perdón de mis pecados, creyendo firmemente cuanto cree, y confiesa la Iglesia Católica Romana, tenga verdadera contrición de mis culpas, y así muera en gracia de Dios, y vaya mi alma a gozar en tu compañía de mi Señor Jesucristo, que, con el Padre, y el Espíritu Santo vive, y reina, Dios por todos los siglos de los siglos. Amen.


Bendito sea eternamente el Eterno Padre, porque le dió á San Félix el poder conservarse Virgen. Amen.  Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el Eterno Hijo, porque le dió a San Félix, el saber conservarse puro. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el Eterno Espíritu Santo, porque le dió á San Félix, el querer conservarse limpio. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendita sea eternamente la Santísima Trinidad, porque a San Félix le conservó con su gracia limpio, puro, y Virgen. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendígante, Señor Trino, y uno, eternamente todas las criaturas, y te den gloria,
magnificencia, y alabanza, por todas las gracias, prerrogativas, y favores, que le concediste á San Félix, especialmente por el don de virginidad, con que le adorna hasta.


GOZOS
Pues con abrasado amor
A Jesús estáis unido;
Ayudad Félix querido,
A quien os pide favor.

Benigno dispensó el Cielo
El pueblo de Cantalicio
El insigne beneficio
Que nacierais en su suelo.
Sois de este pueblo el consuelo,
Y el más distinguido honor.

En virtud crecisteis tanto,
Aun en vuestra edad primera,
Y vuestra piedad tal era,
Que os llamaban Niño santo.
A todos causaba espanto
Tan peregrino fervor,

El apacentar rebaños
Fue vuestro primer destino;
Del mundo ya, con gran tino,
Eludíais los engaños.
Desde vuestros tiernos años
Burlasteis a este impostor.

Al claustro os encaminasteis
Siguiendo impulsos divinos;
Y de Padres Capuchinos
El tosco sayal tomasteis.
Religioso os inmolasteis
En holocausto al Señor.

Con tormentos desmedidos
Vuestro cuerpo destruisteis,
Y en esclavitud pusisteis
Sus deseos, y sentidos.
Teniéndolos oprimidos
Por un continuo rigor.

De los aplausos huíais:
Los desprecios codiciabais:
Padeciendo, os alegrabais:
Siendo honrado, os afligíais.
Humillaciones queríais,
Y buscabais con ardor.

Ángel en la castidad
Fuisteis, o Félix dichoso,
En milagros portentoso,
Y eminente/n santidad.
Tanta inocencia en verdad
Es muy digna de loor.

Vuestro espíritu inflamado
¡Que mociones sentiría
Cuando os entregó María
¡A Jesús, su Hijo amado!
Yo os contempla arrebatado
En un éxtasis de amor.

Las mujeres afligidas
En sus partos, os invocan,
Su esperanza en Dios coloca,
Y por vos son atendidas.
Se ven sus ansias cumplidas,
Siendo Vos el mediador.

A la estéril que merece
Vuestra eficaz mediación,
Con frutos de bendición
Nuestro buen. Dios favorece
Consigue lo que apetece
El que os logra intercesor.

Ansioso el enfermo va,
De su piedad muestra haciendo,
Por el aceite, que ardiendo
En vuestro sepulcro está.
Y vuestra bondad le da
Gozo, salud, y vigor.

Tal valimiento tenéis
En la Divina Presencia,
Que no hay clase de dolencia
Que no ceda, si queréis,
Díganos ser, pues que podéis,
Nuestro común bienhechor.

El que con devoto esmero
Alabanzas os tributa
El precioso don disfruta
De vuestro afecto sincero.
En Vos halla un medianero,
Un amigo, y protector.

Poderoso valedor,
Capuchino esclarecido,
Ayudad, Félix querido,
A quien os pide favor.


L/: Rogad por nosotros ¡Oh bienaventurado Félix!
R/: Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN: Atiende Señor, benigno a las suplicas que te hacemos en la festividad del bienaventurado Félix, confesor tuyo, para que consigamos por su intercesión, lo que no nos atrevemos a esperar de nuestros merecimientos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.



DIA SEGUNDO

Dios te salve Santísimo Félix, jazmín elevado sobre todas las glorias, y deleites de la tierra, que, desde los primeros años de tu milagrosa vida, supiste despreciar, y de hecho despreciaste todo lo que el mundo aprecia. Dios te salve, porque con firmísima constancia abandonaste todo lo que en el siglo podías lícitamente gozar; abrazando solo lo que en él te podía ser motivo para alabar a tu amantísimo Criador. Dios te salve, porque ni las glorias, ni las vanidades, ni las pompas, ni los deleites de esta vida tuvieron jamás entrada en tu limpísimo corazón; antes si les cerraste las puertas tan del todo, que no les dejaste el menor resquicio, abrazando la Capuchina Religión, para estar en ella más retirado de todo lo que es mundo. Doyte mil enhorabuenas, porque ahora con los Ángeles gozas el premio de la constancia, con que despreciaste todo lo transitorio, y temporal.

L/:  Ruega por nosotros, San Félix mío, despreciador del mundo.
R/: Para que seamos dignos de alcanzar lo que con fe pedimos.

ORACIÓN

Oh querido Devoto de mi corazón, San Félix, Ruégote humildemente, por aquella constancia tan grande, con que despreciaste las pompas del mundo, las vanidades del Demonio, los deleites de la carne, y todo lo que alaga en el siglo, que vuelvas a mi esos tus ojos misericordiosos; y que, recibiéndome debajo de tu patrocinio, y amparo, me alcances de la Majestad de Dios, el que yo desprecie todo lo que en el mundo puede manchar mi alma, y que abrase solo lo que es agradable a los ojos Divinos. Pídote también, querido Santo mío, que me asistas, me ampares, me favorezcas en el trance y agonía de mi muerte, librándome de las tentaciones, astucias, y engaños del Demonio. Suplicote, que me alcances de la Majestad de Dios, para aquella hora, los Santos Sacramentos de la Iglesia: que me avives la Fé, me alientes la Esperanza, me inflames la Caridad; para que, amando a mi Dios sobre todas las cosas, esperando en su misericordia el perdón de mis pecados, creyendo firmemente cuanto cree, y confiesa la Iglesia Católica Romana, tenga verdadera contrición de mis culpas, y así muera en gracia de Dios y vaya mi alma a gozar en tu compañía de mi Señor Jesucristo, que con el Padre, y el Espíritu Santo vive, y reina Dios, por todos los siglos de los siglos. Amen.


Bendito sea eternamente el Eterno Padre, porque le dió á San Félix, el poder despreciar el mundo. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.


Bendito sea eternamente el Eterno Hijo, porque le dió á San Félix, el saber abandonar el mundo. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el Eterno Espíritu Santo, porque le dio a San Félix, el
querer aborrecer el mundo. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendita sea eternamente la Santísima Trinidad, porqué le dió á San Félix, el poder saber, y querer aborrecer, abandonar y despreciar al mundo con todas sus grandezas, pompas, deleites, y vanidades. Bendígante, Señor Trino, y Uno, eternamente todas las criaturas, y te den Gloria, magnificencia, y alabanza, por todas las gracias, prerrogativas y favores, que le concediste al Glorioso San Félix, especialmente por el don del desprecio del mundo, con que le adornaste.


DIA TERCERO

Dios te salve, Santísimo Félix, Rosa encarnada de la más ardiente devoción al Santísimo Sacramento de la Eucaristía, a quien desde los primeros pasos de tu niñez amante tan tiernamente, que el dolor de verte retirado de los Templos, done de este Sacramento se veneraba, te atravesaba, como espada de dos filos el tierno amante corazón. Dios te salve, porque ansiado siempre por este pan de vida, llegabas fervorosisimo a recibirlo, quedando transformado por amor en su Majestad, uniéndote con el Señor de modo, que te era violencia dura, de tanto lazo apartarte. Dios te salve, porque considerando en tau alto Sacramento al dulce objeto de tu voluntad, Cristo JESÚS, le adorabas y venerabas con afecto tan enternecido

L/: Ruega por nosotros San Félix mío, devotísimo del Santísimo Sacramento.
R/: Para que seamos dignos de alcanzar lo que con fe pedimos.

ORACIÓN

O gloriosísimo y Santísimo San Félix mío de mi corazón, Ruégote humildemente, por aquella devoción fervorosa, que desde niño tuviste al Santísimo Sacramento del Altar, que vuelvas a mi esos tus ojos misericordiosos, y que recibiéndome debajo de tu poderosísimo patrocinio, y amparo me alcances de la Majestad de Dios, que de tal suerte venere yo, y reciba este Sacramento Altísimo del Cuerpo y Sangre del Señor, que sienta en mí el fruto de la Redención, y que siempre con pureza de alma, y cuerpo lo reciba. Pídote, también, querido Santo mío, que me asistas, me ampares y me favorezcas en el trance, y agonía de mi muerte, librándome de las tentaciones, astucias, y engaños del Demonio, Suplicote, que me alcances de la Majestad de Dios, para
aquella hora, los Santos Sacramentos de la Iglesia, que me avives la Fé, me alientes la Esperanza, me inflames la Caridad, para que, amando a mi Dios sobre todas las cosas, esperando en su. misericordia, el firmemente cuanto cree, y confiesa la Iglesia Católica Romana, tenga verdadera contricción de mis culpas,
y así muera en gracia de Dios, y vaya mi alma a gozar en tu compañía de mi Señor Jesucristo, que, con el Padre, y Espíritu Santo vive, y reina Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Bendito sea eternamente el Eterno Padre, porque le dio a San Félix, el poder venerar al Santísimo Sacramento. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el Eterno Hijo, porque le dió á San Félix, el saber adorar al Santísimo Sacramento. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el Espíritu Santo, porque le dió á San Félix, el querer
reverenciar al Santísimo Sacramento. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 Bendita sea eternamente la Santísima Trinidad, porque con su gracia le dió á San Félix, el poder, querer, y saber reverenciar, adorar, y venerar al Santísimo Sacramento. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendígante, Señor, Trino y Uno, eternamente todas las criaturas, y te den gloria,
magnificencia y alabanza, por todas las gracias, prerrogativas, y favores, que le concediste al glorioso San Félix, especialmente, por la afectuosa devoción al Santísimo Sacramento, con que lo adornaste.


DIA CUARTO

Dios te salve, Santísimo Félix, encendido clavel del verdadero amor de Dios, que desde que despunto en tí la luz de la razón, amaneció en tu alma el Sol del Amor Divino, corriendo toda la esfera de tu milagrosa vida, siempre encendido, y fogoso, hasta que, sin ponerse en el ocaso de tu muerte, dura más vivo en la eternidad del otro mundo. Dios te salve, porque ardiente hoguera, tanto te encendía el amor de Dios, que te abrasaba Fénix, volviendo luego a nacer del mismo fuego de amor, que, sin consumirte, te encendía. Dios te salve, porque sin atender a lo criado en el mundo, todo tu amor lo colocaste solo en la Divina criadora Majestad, amando sus perfecciones, liquidándose tu corazón, como blanda cera a la activa violencia dulce del fuego más amoroso, quedaba transformado en el mismo amante objeto que tu tiernamente querías. Doyte mil enhorabuenas, porque ahora con los celestiales espíritus gozas el premio de tu amor verdaderisimo.

L/: Ruego por nosotros, San Félix mío, verdadero amante de Dios.
R/: Para que seamos dignos de alcanzar lo que con fé pedimos.

ORACIÓN

O amantísimo, y gloriosísimo devoto mío, San Feliz, ruégote humildemente, por aquel amor tan grande con que amaste en esta vida a la infinita Majestad de nuestro Dios , y por aquel con que ahora lo amas en el cielo , que vuelvas a mi esos tus ojos misericordiosos, y que recibiéndome debajo de tu poderoso patrocinio y amparo, me alcances de la Majestad de Dios, que apartando mi amor de todas las fosas visibles de este mundo, lo ponga todo en su Majestad Santísima, amándole con todo mi corazón, con todas mis potencias, y sentidos, y con todas las fuerzas de mi alma, solo por su ser inmutable, é infinito. Pídote también, querido Santo mío, que me asistas, me amparos, me favorezcas en el trance, y agonía de mi muerte, librándome de las tentaciones, astucias, y engaños del demonio. Suplicote, me alcances de la Majestad de Dios, para aquella hora los Santos Sacramentos de la Iglesia: que me avives la fé, me alientes la esperanza, me inflames la caridad; para que amando a mi Dios sobre todas las cosas, esperando en su misericordia el perdón de mis pecados creyendo firmemente cuanto cree, y confiesa la Iglesia católica romana, tenga verdadera contricción de mi culpa, y así muera en gracia de Dios, y vaya mi alma a gozar en tu compañía de mi Señor Jesucristo que con el Padre, y el Espíritu Santo vive, y reina Dios, por todos los siglos de. los siglos. Amen.


Bendito sea eternamente el Eterno Padre, porque le dio a San Félix, el poder tenerle tanto amor. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el Eterno Hijo, porque le dio a San Félix, el saber tenerle tanta caridad. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el eterno Espíritu Santo, porque le dió á San Félix, el querer tenerle tanto afecto. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendita sea eternamente la Santísima Trinidad, porque con su gracia le concedió a San Félix, el poder, saber, y querer tenerle á su Majestad Santísima tanto afecto, caridad y amor. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendígante, Señor Trino, y Uno, eternamente todas las criaturas, y te den gloria magnificencia, y alabanza, por todas las gracias, prerrogativas y favores, que le concediste al glorioso San Félix, especialmente por el incendio de amor, con que lo adornaste.


DIA QUINTO

Dios te salve, Santísimo Félix, morado lirio del más perfecto amor del prójimo, que desde la edad primera de tu vida lo tuviste muy estampado en tu corazón, amando a todos tus prójimos, como á imágenes parecidas de Dios, y viendo en cada uno de ellos una estampa de la Santísima Trinidad. Dios te salve, porque por sacarlos del estado miserable de la culpa, no te escusaste a los trabajos mayores, amonestándolos con toda afabilidad para que arrepentidos, y contritos se corrigiesen. Dios te salve, porque por darles, ya la salud a los enfermos, ya el socorro a los necesitados, ya el consuelo a los afligidos, trabajaste, abrasado en las encendidas llamas de la caridad, haciendo Dios por milagros, muchos en utilidad de tus hermanos. Doyte mil enhorabuenas, porque ahora con los Cortesanos de la Gloria gozas el premio de tu caridad.

L/: Ruega por nosotros San Félix mío, Fénix de la caridad.
R/: Para que seamos dignos de alcanzar lo que con fe pedimos.

ORACIÓN

Oh Santísimo y amantísimo devoto mío, San Félix, ruégote humildemente, por aquella caridad, que tuviste con tus prójimos viviendo en este mundo. que vuelvas a mi esos tus ojos misericordiosos, y que, recibiéndome debajo de tu poderoso patrocinio, y amparo, me alcances de la Majestad de Dios, una grande y encendida caridad, para con mis prójimos, amándolos como a hermanos míos, perdonándolos en los agravios, que me hicieron, y sufriendo con paciencia las injurias con que me agraviaren. Pídote también, querido Santo de mi corazón, que me asistas, me ampares, me favorezcas en el trance, y agonía de mi muerte, librándome de las tentaciones, astucias y engaños del demonio. Suplicote que me alcances de la Majestad de Dios, para aquella hora, los Santos Sacramentos de la Iglesia; y que me avives la Fé, me alientes la Esperanza, me inflames la Caridad, que, amando a mi Dios sobre todas las cosas, esperando en su misericordia el perdón de mis pecados, creyendo firmemente cuanto crea y confiesa la Iglesia católica romana, tenga verdadera contricción de mis culpas, y así muera en gracia de Dios, y vaya mi alma a gozar en tu compañía de mi Señor Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina, Dios por los siglos de los siglos. Amen.


Bendito sea eternamente el Eterno Padre, porque le dió á San Félix, el poder tener tanta caridad. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el eterno Hijo, porque le dió á San Félix, el saber tener tanta misericordia. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el eterno Espíritu Santo, porque le dió á San Félix, el querer tener tanta compasión. Amen.  Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendita sea eternamente la Santísima Trinidad, porque con su gracia le dió a San Félix, el poder, saber, y querer tener tanta compasión, misericordia y caridad con sus prójimos. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendígante, Señor, Trino, y Uno, eternamente todas las criaturas, y te den gloria, magnificencia, y alabanza, por todas las gracias, prerrogativas, y favores que le concediste al glorioso San Félix, especialmente por la perfectísima caridad, para con sus prójimos, con que lo adornaste.


DIA SEXTO

Dios te salve, Santísimo Félix, fragante Violeta de la humildad más profunda, que casi desde el punto en que naciste, hasta que rendiste el último aliento de tu vida, la conservaste en tu corazón, humillándote por Dios a toda humana criatura. Dios te salve, porque siendo santo purísimo, y como tal apreciable mucho en los ojos de Dios, eras en los tuyos la más despreciable criatura, y el pecador más indigno. Dios te salve, porque huyendo de las honras, que todos por tus virtudes te hacían, amabas solo el más profundo abatimiento, tanto, que te llamabas a ti propio, y querías que todos te llamasen el Jumento de los Capuchinos, siendo en la realidad digno de veneración crecida. Doyte mil enhorabuenas, porque ahora con los Ángeles gozas el premio de tu profunda humildad.

L/: Ruega por nosotros, San Félix mío, humildísimo.
R/: Para que- seamos dignos de alcanzar lo que con fe pedimos.

ORACIÓN
Oh santísimo y amantísimo San Félix mío de mi corazón, ruégote humildemente, por aquella profundísima humildad, con que viviste en este mundo, teniéndote por indigno pecador, que vuelvas a mí esos tus ojos misericordiosos, y que, recibiéndome debajo de tu poderoso patrocinio, y amparo, me alcances, de la Majestad de Dios aquella humildad cristiana, que a sus divinos ojos es agradable. Pídote también, querido Santo mío, que me asistas, me ampares, me favorezcas en el trance, y agonía de mi muerte, librándome de las tentaciones, astucias, y engaños del demonio. Suplicote, que me alcances de la Majestad de Dios, para aquella hora, los Santos Sacramentos de la Iglesia que me avives la Fé, me alientes la Esperanza, me inflames la Caridad, para que amando a mi Dios sobre todas las cosas, esperando en su misericordia, el perdón de mis pecados, creyendo firmemente cuanto cree, y confiesa la Iglesia Católica Romana, tenga verdadera contricción de mis culpas y así muera en gracia de Dios, y vaya mi alma a gozar en tu compañía de mi Señor Jesucristo, que con el Padre, y el Espíritu Santo vive, y reina, Dios por los siglos de los siglos. Amen.


Bendito sea eternamente el Eterno Padre, porque le dió á San Félix, el poder hacerse humilde. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el Eterno Hijo, porque le dió á San Félix el saber hacerse rendido. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el Eterno Espíritu Santo, porque le dió á San Félix, el querer hacerse abatido. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendita sea eternamente la Santísima Trinidad, porque con su gracia le dió á San Félix, el poder, querer, y saber hacerse abatido, rendido y humilde. Amen.  Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendígante, Señor, Trino, y Uno, eternamente todas las criaturas, y te den gloria, más las gracias, prerrogativas, y favores, que le concediste al glorioso San Félix, especialmente por la profunda humildad con que le adornaste.


DIA SÉPTIMO

Dios te salve Santísimo Félix, blanca rosa de la más fina devoción a María Santísima, nuestra Señora, que, desde la edad más tierna de tu vida, la amaste, como á Madre: la serviste, como á Señora; la obedeciste, como á Reyna; y siempre fijas en su piedad tus esperanzas, fuiste mariposa amante en las dulces apetecidas llamas de la más ardiente caridad, y amor. Dios te salve porque como amante verdadero procuraste y persuadiste a todos, a que con todo afecto la amaran y con prontitud la sirvieran. Dios te salve porque en correspondencia de tu amor, mereciste de su Majestad especialísimos cariños, siendo expresivo de todos el entregarte, para que con él te regalaras al dulcísimo Jesús, Fruto bendito de su purísimo Vientre. Doyte mil enhorabuenas, porque ahora con los Espíritus Angélicos gozas el premio de tu utilísima devoción.

R/: Para que seamos dignos de alcanzar lo que con fe pedimos.

ORACIÓN

Oh Santísimo y amantísimo devoto de mi corazón, San Félix, ruégote humildemente, por aquel amor tan grande, y devoción tun tierna, que le tuviste a María Santísima, nuestra Señora; y por los favores, que recibiste de. su Materna Piedad, especialmente cuando puso en tus dichosos brazos a su dulcísimo Hijo Jesús, que vuelvas a mi esos tus ojos misericordiosos; y que recibiéndome debajo de tu patrocinio y amparo, me alcances de la Majestad de Dios, que con toda mi alma, con todo mi corazón, con todas mis potencias, y sentidos venere, quiera, y ame a María Santísima, nuestra Señora, y que me la conceda su Majestad por la hora especial de mi muerte. Pídote también, querido Santo mío, que me asistas, me amparares y favorezcas en el trance, y agonía de mi muerte, librándome de las tentaciones, astucias y engaños del demonio. Suplicote, que me alcances de la Majestad de Dios, para aquella hora, los Santos Sacramentos de la Iglesia, que me avives la Fé, me alientes la Esperanza, me inflames la Caridad, para que, amando a mi Dios sobre todas las cosas, esperando en su misericordia, el perdón de mis pecados, creyendo firmemente
cuanto cree, y confiesa la Iglesia católica romana tenga verdadera contricción de mis culpas, y así muera en gracia de Dios y vaya mi alma a pasar en tu compañía de mi Señor Jesucristo, que, con el padre, y el Espíritu Santo vive, y reina Dios, por los siglos de los siglos. Amen.

Bendito sea eternamente el Eterno Padre, porque le dió á San Félix, el poder tener tanta devoción a María Santísima. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el Eterno Hijo, porque le dió á San Félix el saber tener
tanto cariño a la Reyna Soberana. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el Eterno Espíritu Santo, porque le dió a San Félix, el querer tener tanto amor a la Emperatriz del Cielo. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendita sea eternamente la Santísima Trinidad, porque le diste a San Félix, el poder, saber y querer tener tanto amor, cariño y devoción a María Santísima. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendígante Señor, Trino y Uno, eternamente todas las criaturas y te den gloria magnificencia y alabanza, por todas las gracias, prerrogativas, y favores que le concediste al glorioso San Félix, especialmente por el tierno amor a María Santísima, con que lo adornaste.


DIA OCTAVO

Dios te salve Santísimo Félix, disciplinado clavel de la más rigurosa penitencia, que, desde los años primeros de tu infancia, hasta el último vale de tú vida, no solo amaste, sino que ejercitaste también la penitencia más dura, pues aun siendo de siete años, te azotabas entre la espesura de las breñas, y ayunabas riguroso, cuando aún no habías aprendido a comer. Dios te salve, porque abandonando los deleites de la carne, la trataste siempre como enemigo del alma, negándole muchas veces aun lo preciso porque contra el espíritu no se revelase. Dios te salve, porque tus disciplinas, ayunos, asperezas, mortificaciones y abnegación de ti mismo, te hicieron una parecidísima imagen de la penitencia más pasmosa. Doyte mil enhorabuenas, porque ahora con los Cortesanos del Empíreo, gozas el premio de tu admirable penitencia.

L/: Ruega por nosotros, San Félix mío, penitente.
R/: Para que seamos dignos de alcanzar lo que con fe pedimos.

ORACIÓN

Oh amantísimo y gloriosísimo devoto mío San Félix, ruégote humildemente, por aquella penitencia tan dura, que por el amor de Dios y no por culpas propias, hiciste en este mundo que vuelvas a mi esos ojos misericordiosos que recibiéndome debajo de tu poderoso patrocinio y amparo me alcances de la Majestad de Dios, el que yo en esta vida haga verdadera penitencia de mis culpas, purificando con ella las torpes, y feas manchas de mis delitos. Pídote también, querido Santo de mi corazón, que me asistas, me ampares, me favorezcas en el trance y agonía de mi muerte, librándome de las tentaciones, astucias, y engaños del demonio. Suplicote, que me alcances de la Majestad de Dios, para aquella hora los Santos Sacramentos de la Iglesia: que me avives la Fé me alientes la Esperanza, me inflames la caridad; para que amando a mi Dios sobre todas las cosas, esperando en su misericordia el perdón de mis pecados, creyendo firmemente cuanto cree, y confiesa la Iglesia católica romana, tenga verdadera contricción de mis culpas, y así muera en gracia de Dios, y vaya mi
alma a gozar en tu compañía de mi Señor Jesucristo, que, con el Padre, y el Espíritu Santo, vive y reina, Dios por los siglos de los siglos. Amen.


Bendito sea eternamente el Eterno Padre, porque le dió á San Félix, el poder hacer tanta penitencia. Amen.  Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el Eterno Hijo, porque le dió a San Félix el saber hacer: tanta austeridad. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el Eterno Espíritu Santo, porque le dio a San Félix el querer hacer tanta mortificación. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendita sea eternamente la Santísima Trinidad, porque con su gracia le concedió a San Félix, el poder, saber, y querer hacer tanta mortificación, austeridad y penitencia. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendígante, Señor Trino, y Uno, eternamente todas las criaturas, y te den gloria, magnificencia y alabanza, por todas las gracias, prerrogativas y favores, que le concediste al glorioso San Félix, especialmente por la áspera penitencia con que le adornaste.


DIA NOVENO

Dios te salve, Santísimo Félix, azul Jacinto de la más Celestial contemplación, que, en lo más tierno de tu edad, aun cuando hablar no sabias, ya sabias contemplar, fijando tu sencillo corazón en aquella eterna Patria de los Justos. Dios te salve, porque como Águila generosa, afrentándote de tratar cosas de la tierra, todo en tu Dios elevado continuamente conversabas con su Majestad. Dios te salve, porque correspondiéndote el misericordioso Señor, en quien vivías, abstrayéndote de ti mismo, con admirables éxtasis, así mismo te llevaba.
Doyte mil enhorabuenas, porque ahora con los moradores del Cielo, gozas el premio de su contemplación continua.

L/: Ruega por nosotros, San Félix mío, contemplativo.
R/: Para que seamos dignos de alcanzar lo que con fe pedimos.

ORACIÓN

Oh Santísimo y queridísimo devoto mío, San Félix, ruégote humildemente, por el dónde contemplación, con que te adorno la Majestad Divina, y por los favores, que en esa contemplación te hizo, que vuelvas a mi esos tus ojos misericordiosos, y que, recibiéndome debajo de tu poderoso patrocinio, y amparo, me alcances de la Majestad de mi Dios, que sepa yo contemplar las cosas Celestiales, para que, aficionándome a ellas, desprecie y abomine las terrenas todas. Pídote también, querido Santo mío, que me asistas, me ampares y me favorezcas en el trance, y agonía de mi muerte, librándome de las tentaciones, astucias, y engaños del demonio. Suplicote que me alcances de la Majestad de Dios, para aquella hora, los Santos Sacramentos de la Iglesia, que me avives la Fé, me alientes la Esperanza, me inflames la Caridad, para que amando a mi Dios sobre todas las cosas, esperando en su misericordia, el perdón de mis pecados, creyendo firmemente cuanto cree, y confiesa la Iglesia católica romana, tenga verdadera contricción de mis culpas, y así muera en gracia de Dios, y vaya mi alma a gozar en tu compañía de mi Señor Jesucristo, que con el Padre, y el Espíritu Santo vive y reina, Dios por los siglos de los siglos. Amen.


Bendito sea eternamente el Eterno Padre, porque le dió a San Félix, el poder contemplar lo eterno. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el Eterno Hijo, porque le dió a San Félix, el saber contemplar lo Divino. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendito sea eternamente el Eterno Espíritu Santo, por qué le dió á San Félix, el querer contemplar lo Celestial. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 Bendita sea eternamente la Santísima Trinidad, porque con su gracia le dió á San Félix, el poder, querer, y saber contemplar lo Celestial, Divino y Eterno. Amen. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

Bendígante, Señor, Trino y Uno, eternamente todas las criaturas, y te den gloria, magnificencia y alabanza, por todas las gracias, prerrogativas y favores, que le concediste al glorioso San Félix, especialmente por el don de contemplación con que lo adornaste.


ANOTACIONES

Al hablar sobre la piedad popular, es referirnos a aquellas devociones que antaño se hacían en nuestros pueblos y nuestras casas, cuando se...