sábado, 30 de enero de 2021

DEVOTA SEMANA DE PASIÓN


SEMANA PASIONARIA

O SEA

MEDITACIONES SOBRE ALGUNOS MISTERIOS DE LA PASIÓN DEL SEÑOR

REPARTIDAS

POR LOS DÍAS DE LA SEMANA,

las cuales servirán principalmente, para honrar la pasión y muerte de Jesús en los días que la Iglesia tiene señalados.

 

OBRA ESCRITA POR EL PRESBÍTERO

LUIS MANRIQUE

Cura y Juez eclesiástico de Pénjamo

MORELIA. 1858.

 

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Verbo humanado, que por la salud del mundo bajasteis de los cielos a la tierra despojándoos de vuestra propia grandeza y revistiéndoos de la forma de siervo, para satisfacer cumplidamente a la justicia de vuestro Eterno Padre, altamente ofendido con nuestros pecados. Yo os adoro ¡oh Rey eterno de la gloria! y os amo con todo mi corazón, me pesa de haberos tantas veces ofendido, propongo firmemente ayudado de vuestra divina gracia, no ofenderos más. Aceptad ¡oh dulcísimo Jesús el humilde sacrificio que os hace un pobre pecador arrepentido; volved hacia él vuestras misericordiosas miradas, y con solo esta gracia me limpiaré de mis manchas, os satisfaré condignamente y seré eternamente salvo. Así lo espero de vuestra bondad infinita por los méritos de vuestra pasión y muerte y de la intercesión poderosa y eficaz de vuestra purísima Madre la Virgen María. Amén.

 

 

DOMINGO

MEDITACIÓN

De la oración de Nuestro Señor Jesucristo en el Huerto y sudor de sangre

Alma mía: mira con los ojos de la consideración al dulcísimo Jesús en el huerto de Getsemaní, postrado en tierra, confundido su bellísimo rostro con el polvo, orando fervorosa y tiernamente a su Eterno Padre: míralo, como a impulsos del gran dolor que oprime su santísima alma, desfallece, suda copiosa sangre y casi muere: ¡Dios mío! ¿El hijo eterno, engendrado de vuestra misma substancia entre los esplendores de los santos reducido a tal abatimiento? ¿Todo un Dios despojado de la grandeza y majestad de su gloria y anonadado hasta la forma de ciervo? Que cosa es ¡dulcísimo Jesús Verbo hecho carne! la que tanto os atormenta, que, siendo Dios fuerte por esencia, os hace aparecer débil y exclamar “Padre mío, si es posible, no me hagas beber este cáliz" ¡Ay dulce Jesús de mi vida! Son mis pecados, sí, mis pecados son, lo conozco y lleno de confusión lo confieso, los que os han causado tan grave pena. ¿Por qué no morí yo antes de ofenderos? ¿Y por qué después de haberos ofendido no muero de dolor? ¡Oh amabilísimo Jesús! perdón os pido de mi ingratitud, compadeceos de mi miseria; aplicadme, por vuestra bondad, los méritos de vuestra oración y de vuestra sanare derramada por mi amor, para satisfacer cumplidamente a la justicia de vuestro Padre, justamente indignada contra mí: concédeme vuestro santo amor y esto me basta.

Se medita un poco, en seguida se rezarán tres credos y luego se dirá la siguiente:

 

ORACIÓN

Señor mío Jesucristo, que en el Huerto con vuestra palabra y ejemplo nos enseñasteis orar para vencer las tentaciones: concédenos propicio, que dedicándonos constantemente a la oración merézcanlas conseguir su copioso fruto. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

 

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

Dios te salve Virgen Purísima María, Huerto cerrado, al cual en ningún tiempo Ha tenido acceso la infernal serpiente. Yo alabo ¡olí dulce Madre mía! y con todo el afecto de mi corazón doy las más rendidas gracias a la Trinidad beatísima porque os honró, ennobleció y enriqueció desde el primer instante de vuestro ser preservándoos de toda mancha de pecado, y adornándoos con todas las virtudes. Por esta gracia tan singular os suplico humildemente me alcancéis de Vuestro Divino Preservador y Redentor Cristo Jesús, el perdón de mis pecados, la constancia en la oración y una pureza de vida, que me haga digno de sus eternas caricias en la gloria. Amén.

Se rezará una salve y terminará el ejercicio repitiendo por tres veces

 

L/: María reina de los mártires

R/: Ruega por nosotros.

 

 

 

LUNES

MEDITACIÓN

De la pasión de Nuestro Señor Jesucristo

Alma mía: aprende a amar. Mira al inocentísimo Jesús, como después de haber sudado sangre en el Huerto, haber sido acusado en los tribunales de Anás, Caifás, Pilatos y Herodes, haber sufrido intolerables injurias, indecibles afrentas crueles azotes, burlas impías, es sentenciado a muerte por el más inicuo é infame de los hombres. Mira con que violencia, tropelía y algazara es conducido por fieros sayones al lugar del suplicio, sin que abra sus divinos labios para pronunciar una sola queja, semejante al manso corderillo, cuando es llevado al matadero, según la bella frase de Isaías. Mira de nuevo a este obedientísimo Isaac ya en lugar del sacrificio como ofrece espontáneamente sus divinas manos y pies para que sean clavados en el áspero leño, que es el altar preparado, donde ésta adorable víctima se ofrece a sí misma a la soberana justicia de un padre en expiación por los pecados del mundo. Ya está enarbolado el estandarte, del Supremo Rey de la gloria, ya resplandece en el Gólgota el adorable misterio de la Cruz. Contempla las crueles penas, la agonía congojosa, la muerte infame del amorosísimo Jesús, Autor supremo de la vida. Pendiente por tres lloras del árbol de la Cruz, son acerbos los dolores que padece, extrema la vergüenza que lo cubre, espantoso el abandono a que se ve entregado. Vuelve su moribunda vista a todas partes y solo encuentra objetos que lo horrorizan y lo aterren. Desgraciados que arden en un abismo de fuego, implacables enemigos que lo cercan, un diluvio de pecados que ahoga al mundo y sobre todo la inflexible justicia de su Padre, que no se dará por satisfecho hasta no haber descargado todo su vigor sobre el Eterno objeto de sus complacencias. De aquí, es tal la amargura que inunda su purísima alma, tal la pena y dolor que oprime su sensible corazón, que no puede menos de exclamar: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado…?" ¡Ay dulce y más que dulce Jesús crucificado! ¡Quien os amara tanto como vos me habéis amado! ¡Quién su vida por vos diera como habéis dado la vuestra por mi amor! Yo os amo Jesús de mi alma, os amo dueño de mi vida misericordia Señor, misericordia.

 

ORACIÓN

Señor mío Jesucristo que bajaste de los cielos a la tierra del seno de vuestro Eterno Padre, y para la remisión de nuestros pecados derramaste tu preciosa sangre: humildemente te suplicamos: que en el terrible día del juicio puestos a tu derecha merezcamos oír de tu divina boca; "venid benditos de mi Padre". Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

ORACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA

Dios te salve Virgen Purísima María, Madre verdadera del Dios verdadero. Yo os doy el parabién por la dignidad tan sublime a que habéis sido exaltada, y por ella os ruego me alcancéis de vuestro Divino Hijo muerto por mi amor, me conceda grande aborrecimiento al vicio y un grande y constante amor a la virtud, especialmente adorne mi alma con una humildad profunda, una pureza sin mancha y una caridad ardiente, a fin de que sirviéndole con perfección en esta vida goce de su amabilísima presencia por toda la eternidad en el cielo. Amén.

 

 

 

 

MARTES

MEDITACIÓN

De la corona de espinas

Alma mía: contempla con asombro al nuevo Rey Salomón coronado, con diadema de gloria, sino de ignominia, con que su madre la Sinagoga lo coronó el día de sus desposorios con la Iglesia. Mira, como desgarrado su inocentísimo cuerpo con más de cinco mil azotes, es cubierto con un vil andrajo en lugar de purpura, y por cetro empuña una débil caña. ¿Qué es esto Rey supremo de la gloria? ¿No sois vos, ante cuya terrible magostad los montes se liquidan como cera? ¿No sois vos, ante cuya adorable presencia las inteligencias celestiales cubren su rostro de respeto? ¿Pues por qué sufrís, que unas miserables criaturillas os insulten y desprecien? ¡Oh amado Jesús de mi alma! No sé, en verdad, como llamaros si dulce o cruel, por que habéis dado pruebas de ser una y otra cosa con vos mismo. ¡Ah querido dueño de mi corazón! El amor que me habéis tenido os hace dulce, y más que dulce, ¡para mí! pero este mismo amor se encruelece contra vos y os obliga a padecer tantos tormentos. Queréis que se os corone de espinas y se os vista de Rey de farsa para merecerme la corona de gloria y el rico manto de la inmortalidad. ¡Dulcísimo Jesús mío! os diré con S. Ligorio, espero que seré vuestra corona en el paraíso, salvadme por los méritos de vuestra pasión; cuando esté en la gloria alabaré eternamente vuestro amor y vuestra misericordia: cantar eternamente las misericordias del Señor. Sí cantaré eternamente.

 

ORACIÓN

Dios omnipotente, te rogamos nos concedas, que a los que, en memoria de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, veneramos en la tierra su corona de espinas, merezcamos ser coronados por él mismo de gloria y honor en los cielos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

ORACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA

¡O Virgen Purísima María, portento de la gracia, consuelo de los mortales y alegría del cielo! Yo os saludo ¡o dulce Madre mía! y con todo el rendimiento de mi alma confieso vuestra santa y perpetua virginidad. Por esta incomparable excelencia os ruego me alcancéis de vuestro divino Hijo mi Señor Jesucristo una gran pureza de corazón, una fortaleza invencible y una paciencia inalterable para soportar las pruebas a que su majestad quiera sujetarme en esta vida, a fin de que, no desfalleciendo en manera alguna, merezco entrar en el eterno descanso en la otra. Así sea.

 

 

 

 

MIÉRCOLES

MEDITACIÓN

De la preciosa sangre de Ntro. Señor Jesucristo

Alma mía: considera lo que vales en la presencia de Dios, mira cuanto te ama este Señor. Tú, por el pecado, eras enemiga de Dios, objeto de su indignación, condenada a padecer eternamente en las voraces é inextinguibles llamas del infierno. La justicia divina exigía, por tanto, de ti una reparación, completa, por los ultrajes que a su augusta soberanía y majestad le habías inferido. Mas ¿de dónde ¡criatura miserable! habías de tomar caudal para satisfacer tan grande deuda? ¡Oh bondad inefable de mi Dios! ¡Oh caridad sin límites de mi Redentor! Del tesoro mismo de su naturaleza incomprensible me franquea aquel gran Dios recursos superabundantes para pagar deuda tan crecida. Entrega por mí a la muerte a su unigénito, quien con su sangre preciosa satisface más que suficientemente a la justicia de su Padre, cancelando al mismo tiempo con su muerte la escritura de eterna reprobación, que contra mí estaba tirada. ¡Alma mía! Advierte cuanto le has costado a tu Dios y de aquí podrás inferir lo que te ama. No con tesoros terrenos ha obtenido tu libertad y tu vida, no con el oro ni la plata has sido rescatada de la ominosa servidumbre en que yacías, sino con la sangre preciosísima del cordero inmaculado Cristo Jesús, quien ofreciéndose a sí mismo en el árbol santo de la cruz, destruyó el muro de separación que había entre los cielos y la tierra y reconcilió a los hombres con su Padre. Dulcísimo Jesús, vida de mi alma, gracias os doy por tanto amor: aplicadme Redentor divino los infinitos méritos de vuestra sangre y salvadme por vuestra misericordia.

 

ORACIÓN

Omnipotente y eterno Dios, que constituisteis á vuestro Unigénito Hijo Redentor nuestro, y quisisteis ser aplacado con su sangre; te rogamos, nos concedas que de tal suerte veneremos con solemne culto el precio de nuestra salud, y seamos por su virtud defendidos de los males de la vida presente, que con el Eterno Fruto nos alegremos en el cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

ORACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA

Virgen Purísima María, vos que, al pie de la Cruz, viendo morir a vuestro Unigénito Hijo, fuisteis constituida Madre de los pecadores. Vos, que desde aquel triste momento tuvisteis la dignación de adoptar a todos los hombres por hijos vuestros en la persona del Evangelista; mostrad ahora ¡oh única esperanza de mi salvación! que sois nuestra buena Madre, alcanzándonos con nuestro Redentor Jesús una fé viva y constante una esperanza firme una caridad ardiente y una devoción grande a vuestros dolores, para que después de haberos servido como hijos fieles en esta vida, vallamos a besar vuestras soberanas plantas en la otra. Así sea.

 

 

 

 

JUEVES

MEDITACIÓN

De la lanza y clavos, que traspasaron el adorable cuerpo de Nuestro Redentor Jesús

Alma mía: tú que agitada por el torbellino de las pasiones estás inquieta, desolada y casi a punto de perecer; tú a quien implacables enemigos persiguen día y noche para darte la muerte; tu finalmente, que cual acosado y sediento ciervo, buscas con ansia la cristalina fuente para apagar la ardiente sed que te devora y para reparar tus perdidas fuerzas; mira que cerca de tí están las hendiduras de la 'Divina Peña, donde podrás guarecerte; mira que torrentes de agua viva salen de esas Divinas Fuentes, más abundantes por cierto que el pozo de Jacob, y más saludables que la famosa piscina de Siloé; contempla, por último, a tu amoroso Salvador difunto, traspasado de pies, manos y costado y anegado en un mar de. sangre, porque tú te laves de tus inmundicias y eternamente vivas. ¡O rudos clavos, o lanza cruel que así desgarráis el inocente cuerpo de mi amado! ¿Por qué tan despiadados traspasáis esas manos puras, empleadas solo en prodigar al mundo beneficios? ¿Por qué taladráis esos pies sagrados, fatigados solo por salvar al hombre? ¿Por qué rompéis, porqué destrozáis ese Corazón divino, manantial perenne de tantos y de tan generosos sentimientos? ¿Por qué, si queréis saciar vuestra cruel saña no convertís vuestro furor contra mí, monstro aborrecible de maldad y me quitáis la criminal existencia que sobre la tierra arrastro? Pero no, clavos benditos, no sois vosotros los que aprisionáis a mi Señor, no eres tú preciosa Lanza, la que traspasáis el pecho de mi difunto Dueño, mis pecados son ¡ay que los detesto! la causa de tantos sufrimientos. Perdón dulcísimo Jesús, perdón os pide un alma arrepentida, que conoce la enormidad de sus delitos: concedédselo, Dios mío, otorgádselo en vuestra misericordia.

 

ORACIÓN

Oh Dios, que, por la salud del mundo, quisisteis que vuestro sagrado cuerpo fuese traspasado con clavos y herido con una lanza, concédenos propicio que, a los que veneramos en la tierra las solemnidades de los mismos clavos y lanza, nos congratulemos en el cielo con el glorioso triunfo de vuestra victoria.  Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

ORACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA

¡Oh Corazón purísimo de la incomparable Virgen María! ¡Oh relicario preciosísimo de la Trinidad Beatísima! ¡Oh propiciatorio sacratísimo, desde donde el Eterno Rey de la gloria comunica a los hombres sus inefables y soberanas voluntades! Yo os saludo con todo el afecto de mi pobre corazón, os adoro con todo el rendimiento de mi alma, os amo con todas las fuerzas de mi vida. ¿Quién será digno de encomiar tus perfecciones ¡oh fuente de la vida y único refugio de los pecadores? Yo te amo sí, y quiero amarte hasta la muerte. Concédeme, Señora, aquel la dulce paz, que el mundo no conoce ni me puede dar y una alegría santa testimonio de la buena conciencia, para que con prontitud y gusto cumpla la ley de vuestro Divino Hijo y dé el lleno a las obligaciones de mi estado, y empleado solo en vuestro servicio durante el tiempo de mi vida os goce y alabe por toda la eternidad. Amén.

 

 

 

 

 

 

VIERNES

MEDITACIÓN

De la Santa Sábana en que fue envuelto el Cuerpo de Jesús

Alma mía: considera que, si el adorable madero de la Cruz es muy digno de nuestra veneración y de nuestro amor, ya por el contacto físico que tuvo con el sagrado cuerpo de Jesús, ya por haber sido bañado con el licor suavísimo de su sangre preciosa, y más que todo, por ser una viva representación del Salvador del mundo muerto entre los más atroces tormentos por la salud del linaje humano; no es menos digno de nuestra veneración aquel Lienzo precioso, aquella Sábana Santa en la cual fue envuelto el ensangrentado cadáver del Hombre Dios, ya por haber participado de tan preciosa é inestimable Reliquia, ya por haber servido para cubrir la ignominiosa desnudez de un Dios pobre, ya finalmente, por ser un auténtico y eterno testimonio de la muerte cruel del divino redentor de los hombres, ¡Ah! la sola presencia de esa Sábana nos recuerda al sabio autor de la vida dando la suya porque la tuviese el mundo! Ese Lienzo sagrado nos trae a la memoria al Criador del universo, ¡al Soberano Dueño de todo lo criado muriendo en el mayor abandono, abatimiento y miseria! Él nos hace presente aquella pena cruel, que desgarró el sensible Corazón de la más Santa de las criaturas, de la más pura entre las hijas de Adán, de María tierna Madre del Verbo humanado, al ver expirar a su Divino Hijo, quedando ella sumergida en la más profunda soledad. Él, por último, nos pone a la vista aquella caridad ardiente, que consumía el corazón de aquellos santos y ricos varones, que no temieron comprometer su fortuna, su reputación y aún su misma vida por ejercer uno de los más heroicos actos de misericordia con el adorable cuerpo de su adorado Maestro. ¡Oh Lienzo bendito y glorioso que tuviste la dicha de contener aquel Supremo Señor, a quien los cielos de los cielos no pueden abarcar! ¡Oh sagrada mortaja de mi difunto Dueño! Yo te adoro con todo el rendimiento de mi pobre corazón. Quisiera imprimir en Tí dulces y ardientes ósculos, que fuesen una manifestación inequívoca de mi amor, de mi respeto y de mi profunda veneración. Mas ya que esto no me es posible, concededme Vos ¡oh dulce Esposo de mi alma Dueño de mi vida, mi dulcísimo Jesús! que jamás se aparte de mi memoria el recuerdo de vuestra Pasión dolorosa y de vuestra acerva muerte, ni menos de mi corazón los constantes y tiernos afectos de mi amor.

 

ORACIÓN

Dios que nos dejaste las señales de tu pasión en la Sábana Santa, en la cual fue envuelto tu sacratísimo cuerpo bajado por José del patíbulo de la cruz, concédenos propicio que por tu muerte y sepultura seamos llevados a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

ORACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA

Dios te salve Virgen Santísima María, afligida reina, desconsolada Madre, refugio seguro de los más grandes pecadores. Vos Señora que tuvisteis el dolor de recibir en vuestros brazos y estrechar contra vuestro tierno corazón el destrozado y ensangrentado cuerpo de vuestro divino Hijo mi Dios y mi Señor, Vos que por tres días permanecisteis sumergida en la más profunda y triste soledad; os suplico me alcancéis de vuestro mismo divino Hijo, no sea mi alma abandonada al furor de sus enemigos, ni menos sienta los horrores del sepulcro infernal, sino que, por el contrario, se digne por su misericordia dispensarle los eficaces auxilios de su gracia, para que viva constantemente en su amistad y alcance por los méritos de su dolorosa pasión y por los tormentos de vuestra amarga soledad, morir por su amor, a fin de que viva eternamente con Vos en el cielo. Amén.

 

 

 

 

SÁBADO

MEDITACIÓN

De las cinco Llagas de Nuestro Redentor Jesucristo

Alma mía: ¿Qué cicatrices son esas que se advierten en los pies, manos y costado del más hermoso de los hijos de los hombres? ¿Quién es el temerario, que ha abierto esas heridas? En aquel día, había dicho el profeta Zacarías, habrá una fuente abierta para la casa de David, y para los habitantes de Jerusalén; a fin de lavar las manchas del pecador y de la mujer inmunda." Llegó, pues, este día tan deseado: esa prodigiosa fuente está abierta para todos: por cinco bocas da salida a esa agua viva, cuyos raudales saltan hasta la vida eterna. Venid, pues, los que tenéis sed á refrigeraros, los que estáis sucios a lavaros, los que estáis enfermos a curarlos.... pero ¿qué digo? Venid pecadores a justificaros, y vosotras almas justas á santificaros más. Ese licor suavísimo, que a torrentes sale por las llagas de Jesús, es el precio de vuestros pecados, el remedio de vuestros males, el sello de vuestra predestinación. Atended y ved esa divina flor de la pasión sangrienta como enrojece, en señal de la caridad más ardiente. Aquí contienden, dice San Bernardo, la pasión y la caridad; ésta queriendo ser más ardiente, y aquella queriendo ser más cruel. ¡Oh mi dulce Jesús! Vida de mi vida, Redentor de mi alma, ¡corona de mi gloria! ¿Qué es lo que os ha obligado a amarme tanto? ¡Ah Señor solo vuestra bondad que es infinita! Mas ahora ¡qué dulce confianza es la que me inspiran esas sangrientas llagas! Si, mi Dios, Vos habéis derramado vuestra sangre, habéis muerto en una cruz porque mi alma no se perdiera; no se perderá, no, si le aplicáis los méritos de vuestra dolorosa pasión. Vos me habéis preparado una morada dentro de vuestro mismo corazón para que viva seguro. Vos, finalmente todos los días hacéis presente a vuestro Eterno Padre esas cicatrices, que dejó estampadas en vuestro cuerpo el amor que me habéis tenido, para desarmar su justicia y hacérmelo accesible en su misericordia. Teniendo, pues tan buen abogado, ¿qué temeré? Si Vos, mi dulce Jesús, estáis a mi favor, ¿quién osará levantarse en mí contra? ¡Ah! nada, ya nada temo porque Jesús es mi defensor; nada, nada temo porque Jesús es mi hermano; nada, nada temo, porque Jesús es mi buen padre. Ahora sí que ya respiro, porque Jesús me da aliento; ahora sí que viviré, porque Jesús es mi vida verdadera.

 

ORACIÓN

Oh Dios, que, en la pasión de tu unigénito Hijo, y por las cinco llagas, con la efusión de sangre reparaste la naturaleza humana perdida por el pecado; concédenos te suplicamos, que los que liemos venerado en la tierra las llagas recibidas por él, merezcamos alcanzar en el cielo el fruto de su sangre preciosísima. Por el mismo Jesucristo Señor Nuestro. Amén.

 

ORACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA

¡Oh María, Reina del cielo y de la tierra! Yo os doy los más cumplidos parabienes por el sublime honor y excelsa gloria, a que habéis sido exaltada en los cielos, cuando fuisteis constituida, por la Trinidad Beatísima, Soberana Emperatriz de los cielos y la tierra. Me alegro de vuestra dicha, y os adoro como a mi Reina y Señora. Mas, ¿qué cosa podré ofreceros en señal del vasallaje que os debo? Vos, bien sabéis que nada tengo, y conocéis mi pequeñez y mi miseria. No hay en mí otra cosa que mi corazón, pero tan lleno de maldades que merece presentarse ante vuestro real y limpio acatamiento. Limpiadlo, pues, misericordiosa Reina, purificadlo ¡o mi buena y más que dulce Madre! y plantad en él un jardín hermoso de virtudes, para que Vos con vuestro Divino Esposo os recreéis en él por toda la eternidad. Amén.

viernes, 29 de enero de 2021

SEMANA DEVOTA AL CORAZÓN DE SAN JOSÉ

 


EL SAGRADO CORAZÓN DEL SANTÍSIMO PATRIARCA SEÑOR SAN JOSÉ

VENERADO EN LOS DÍAS DE LA SEMANA

 

Dispuesto por el P. Ignacio Tomay, de la Compañía de Jesús

Impreso con las licencias necesarias, por la Vda. de D. José Bernardo de Hogal.

Año de 1751

 


DOMINGO

ORACIÓN

Oh Corazón Purísimo, Erario incomparable de Santidad, pureza y dones celestiales, yo te adoro y saludo, te admiro y amo con todo el afecto de mi corazón me alegro de tus soberanas grandezas, y doy afectuosas gracias a la Divina Bondad, por haberte así engrandecido. Más ¡Oh! y como lleno de confusión y dolor, miro a mi corazón tan inmundo y asqueroso con tantas culpas y pecados. ¡Oh, y quien me diera dos fuentes de lágrimas de perfecta contrición para lavarlo de todas las inmundicias! ¡Ah! malditos pecadores, yo con infinito dolor os detesto y abomino, solamente por ser ofensas de la infinita e incomprensible Majestad y Bondad de Dios. ¡Oh Santo mío! a ti clamo, y por tu Purísimo y Santísimo Corazón te suplico, me alcances gracia tan abundante, que yo escoja mil veces hasta la muerte, antes que manche mi corazón, que es Templo vivo de Dios, con alguna culpa, y para que yo emplee todo el tiempo de mi vida en donarlo siempre más y más, con el atavío de las virtudes y de la divina gracia, como yo confiado en tu intercesión, firmemente lo propongo.

Se rezan siete padres nuestros, siete aves maría y glorias, en reverencia de los siete dolores y gozos que inundaron el purísimo Corazón del Patriarca Señor San José.

 

 

LUNES

ORACIÓN

Oh Corazón Humildísimo de mi Señor San José, yo te adoro, te saludo, te alabo y admiro en tan excelsos dones y privilegios celestiales, y quedo confuso mirando en mis tantas miserias y pecados, y tanta soberbia y altivez de mi corazón. Abre, Santo mío, los ojos de mi mente, para que claramente te conozca, que, en mí, nada tengo y nada puedo de bien, y que lo que tengo y puedo de bien, todo es de Dios, y que lo que tengo de mi no es otra cosa que una pura nada, una pura impotencia, y un abismo de miserias, pecados y malicias, y fortalece en mi corazón, para que, reconociendo todos los bienes que veo en mí, o en los otros, como puros dones de Dios, no quiera más que su sola gloria, alabanza y acción de gracias para este Señor, y para mi no otra cosa, sino lo que merece mi nada, malicia y pecados, que es la confusión y abatimiento. Óyeme, gloriosísimo Santo, por tu tan humilde Corazón, para que consiguiendo por tus méritos esta tan esclarecida virtud, merezca, según la promesa de Cristo, ser ensalzado en el cielo. Amén.

 

 

MARTES

ORACIÓN

 Oh Corazón Purísimo de mi glorioso Santo, yo te saludo, te adoro, te alabo y admiro tu más seráfica pureza, y doy humildes gracias a la Divina Bondad por haberte con ella adornado, para que fueras digno esposo de la Inmaculada Madre de Dos. ¡Oh y cuan confuso y avergonzado quedo yo, mirando mi corazón tan inmundo y tan manchado, y combatido de continuo de los estímulos de la concupiscencia! ¡Ha, que no he conocido precio de esta Angélica virtud, ni reparado en las luces de su celestial hermosura! Oh Santo mío, abre los ojos de mi alma, para que yo admire su belleza, e instila en ella un entrañable amor y aprecio de esta divina virtud, para que a costa aun de la vida, la conserve siempre pura e incontaminada en la mente, y en el cuerpo, así, firmemente lo propongo y determino, confiado en el amparo y patrocinio tuyo, ejecutarlo hasta la muerte. Amén.

 

 

MIÉRCOLES

ORACIÓN

Oh Corazón Obedientísimo de mi Señor San José, todo formado en el Corazón de Dios, yo te adoro, te saludo y alabo. Mas que puedo hacer, sino confundirme y llorar amargamente, mirando mi corazón perverso, tan contumaz en ejecutar los preceptos de mi Dios, y los ordenes de los que tienen su lugar. Ay, que he vivido a ciegas, sin considerar el rendimiento, obediencia y amor, que debo a mi Dios, Señor y Padre amantísimo, como su criatura, su vil esclavo e indignísimo hijo. A ti ahora te invoco, Oh Glorioso Santo mío, alcánzame por tu obedientísimo Corazón, tantas lágrima de perfecta contrición, que sean bastantes a borrar todas las desobediencias de mi rebelde corazón, a los amables preceptos de mi Dios, y de los interpretes de tu Santísima Voluntad, y haz con tu intercesión, que yo en adelante viva siempre obediente, rendido y sujeto, no solamente a mi Dios y Señor, y a mis superiores, sino también a toda humana criatura, por su amor, allí firmemente propongo ejecutarlo siempre con la divina gracia, que espero por tus ruegos y méritos alcanzar de la Divina Bondad. Amén.

 

 

JUEVES

ORACIÓN

Oh Corazón Santísimo de mi Señor San José, todo fuego de seráfico amor, yo te adoro, te alabo y admiro en este soberano incendio de caridad divina, y doy humildes gracias a la bondad infinita de mi Dios, por haberte con el abrazado todo. ¡Ah! Pobre de mí, que no eh sabido amar, sino la basura y asquerosidad de la tierra. ¡Ah! Que ciego fui, pues no he conocido la infinita bondad e incomprensible amabilidad de mi Dios, para consagrarle todo mi amor. Infeliz y desdichado aquel tiempo, en que yo no te amé, Dios mío, ¡Oh! y si pudiera yo hacer, aun con padecer cualquier mal, que todo tiempo de mi vida pasada lo hubiera todo, todo empleado en amarte siempre incesantemente a ti, Dios mío, solo infinitamente amable ¡Ay dolor inefable! ¡Ay tormento de mi corazón sin remedio! ¡Ay que lo que deseo y quiero no es más posible! ¿Qué puedo hacer, Dios mío? te amaré desde este instante, y por mi vida con todo mi corazón, con toda mi mente, con toda mi alma, y con todas mis fuerzas. Así lo quiero, así firmemente lo determino, Dios mío, con tu Divina Gracia. Seas tú, Oh Padre mío amantísimo, fiador de esta resolución, alcanzándome de la Divina Bondad una tan poderosa gracia, que siempre perfectamente la cumpla. Amén.

 

 

VIERNES

ORACIÓN

Oh Corazón Excelentísimo de mi Señor San José, que, con tan indecible fortaleza y amor, sufriste agudas espinas, que en esta vida siempre te hirieron y traspasaron, porque conocías que eran del agrado de Dios y de su Santísima Voluntad, que era el centro de todos tus afectos y deseos. ¡Ah! ¿Y hasta cuando yo viviré engañado, huyendo siempre de la Cruz, y el padecer, siendo estos los regalos más ricos y los dones más preciosos, que reparte la Divina Bondad a sus más queridas almas? Ilumina, te ruego, Oh gloriosísimo Santo, mi entendimiento, para que conozca el inestimable valor de la Cruz, y fortalece mi corazón, para que ardientemente la ame, y goce de estar elevado en ella con mi amantísimo Redentor y Dios, y para que juzgándome indigno, como lo soy de este favor tan grande, admire su Divina Bondad, que era tan altamente se digna de favorecer a este gran pecador. Hazlo, Santo mío, con tus ruegos, por el amor que tienes al Humanado Dios y a tu Santísima Esposa, para que, asemejándome yo en esta vida a mi Crucificado Señor, merezca serle semejante en la gloria. Amén.

 

 

DÍA SÁBADO

ORACIÓN

Oh Dichoso Corazón de mi Señor San José, Erario riquísimo de celestiales favores e inefables gozos, yo te alabo, te adoro y admiro con gran complacencia de mi corazón la inenarrable felicidad y divinos regalos de que fuiste colmado en esta vida, y ahora con sobreabundante plenitud lo eres eternamente en el Cielo. Yo de corazón me gozo de todos ellos más, que, si fueran míos, y doy humildes y afectuosas gracias a la Divina Bondad por habértelos concedido. ¡Ah! Que yo no pruebo las dulzuras y favores celestiales, porque no purifico mi corazón con los afectos terrenos, apartándole de todos los viles consuelos de las criaturas, ni sufro con humildad y amor las penalidades, con que mi Dios nuestro Señor me regala. A ti recurro, o Santo mío, concede con tu intercesión a mi corazón tan cobarde tanta fortaleza y vigor, para que desasido de las criaturas, huya constantemente, aun de los lícitos recreos de la tierra, y para que tolere con alegría y perfecta resignación todas las adversidades, con que Dios fuere servido favorecerme, para que así no me haga indigno de participar en esta vida las espirituales delicias, que fueren necesarias para el bien de mi alma, y merezca después de ella, de la Divina Misericordia, la eterna y cumplida felicidad en la Gloria. Amén.


DEVOCIÓN AL VARÓN DE DOLORES

 


DEVOTO EJERCICIO

PARA VENERAR LOS PADECIMIENTOS DE JESÚS EN EL CAMINO AL MONTE CALVARIO

Escrito por Luis Manrique, Presbítero de la Ciudad de León.

Morelia, año de 1857

 

ACTO DE CONTRICIÓN

Señor mío Jesucristo, Redentor divino de mi alma, que por la excesiva caridad que me habéis tenido os dignasteis padecer y morir por mí y así librarme de la eterna condenación que justamente merecía por mis pecados. Yo os adoro ¡oh rey del cielo! anonadado por mi amor. Os amo con todo mi corazón; deseo amaros cuanto sois amable, y por qué os amo ¡oh bondad infinita! me pesa de haberos tantas veces ofendido. Quisiera ¡dulce Jesús mío! manifestar con mi sangre mi dolor y mi arrepentimiento! Mas, de qué me serviría ¡oh mi Dios! haceros el sacrificio de mi pobre ser, ¿si vos no lo valorabais con el infinito precio de vuestra preciosa sangre? Confiado pues en esta y en los méritos é intercesión poderosa de la siempre Virgen María nuestra dignísima Madre, espero el perdón de mis pecados, gracia para perseverar en vuestro santo amor y servicio hasta la muerte y conseguir después una dichosa eternidad. Amen.

 

MEDITACIÓN

JESÚS CAMINANDO AL CALVARIO

Alma mía: ¿Quién es ese varón de dolores, llagado desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza? ¿Quién es ese hombre que camina en medio de malhechores cargado con el peso infame de un suplicio? ¿Quién es ese que presenta hoy el espectáculo más triste que han presenciado los siglos en su dilatada carrera? Es el hijo de María, que más hermoso y apacible que la risueña aurora, vio la primera luz en el portal de Belén entre las aclamaciones de los ángeles. Es el verdadero Isaac, que porta sobre sus hombros la leña para el sacrificio. Es el hombre Dios, que va a ofrecerse en holocausto por los pecados del mundo. ¡Ángeles del cielo! ¿Vuestro Rey y mi Señor reducido a tanta miseria? ¿El eterno esplendor de la gloria del Padre, cubierto hoy de confusión y de vergüenza? El que con solo una mirada hace temblar el orbe, ¿cómo es que está hoy rostro por tierra? ¿Qué es esto Dios mío, amor mío, bien mío? ¡Ah dueño de mi alma! confieso que mis pecados son la causa de tantos sufrimientos. Ya, no más pecar, Señor, misericordia mí Dios, misericordia.

 

Se medita un poco, seguida se rezarán tres credos y luego se dirá la siguiente:

 

ORACIÓN

Omnipotente y eterno Dios, que quisiste que nuestro Salvador se vistiese de nuestra carne y sufriese el tormento de la cruz, para que el linaje humano tuviese un modelo de humildad que imitar; concédenos propicio, que, así como celebramos solemnemente la memoria de su Dolorosa pasión, nos aprovechemos de los ejemplos de su admirable paciencia, y merezcamos ser partícipes de la gloria de su resurrección. Por el mismo Jesucristo Señor nuestro que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amen.

 

 

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN

Dios te salve María Santísima Reina de los mártires concebida sin la culpa original. ¿Quién sino vos ¡oh dulcísima María! puede alcanzarme el perdón de mis pecados? Vos sois la Reina y la Madre de la misericordia: usadla pues con este pecador reconciliándome con tu Santísimo Hijo, con quien he roto la amistad por mis pecados. Interpón ¡oh dulce Madre! tu poderoso valimiento en mi favor, y seré eternamente salvo. Así sea.

 

Se rezará una salve y terminará el ejercicio repitiendo por tres veces:

 

L/: María, Reina de los mártires

R/: Ruega por nosotros

 

LAUS DEO

jueves, 28 de enero de 2021

NOVENA A SANTA MARÍA DE EL PUEBLITO

 



SAGRADO NOVENARIO DE LA MILAGROSA IMAGEN

DE

NTRA. SRA. DEL PUEBLITO

DE LA SANTA PROVINCIA DE RELIGIOSOS OBSERVANTES DE S. PEDRO Y S. PABLO DE MICHOACÁN

 

Escrito por el P. Fr. Hermenegildo Vilaplana,

Predicador Apostólico del Colegio de la Sant a Cruz de Querétaro, Lector de Sagrada Teología, Calificador del Santo Oficio, Cronista General de todos los Colegio s de Menores Observante s de esta Nueva España y de la referida Santa Provincia

Dedicado al Exorno. Sr. Marqués de Cruillas

Virrey de esta Nueva España

 

REIMPRESO CON LAS LICENCIAS NECESARIAS

MEXICO TALLERES TIPOGRÁFICOS DE "EL TIEMPO"

Primera de Mesones núm. 18.

Año de 1905

 

ORACIÓN PREPARATORIA

Dulcísimo Jesús, amorosísimo Redentor Mío y Pastor bueno de mi alma: aquí tenéis a vuestros pies reconocida ya de sus errados pasos, aquella oveja perdida, que buscándola vos con tanto afán y cuidado. se ha mostrado tantas veces rebelóse al imperio con que la llamasteis á vuestro redil, y sorda a los repetidos silbos que le ha dado vuestra Deidad. En vuestra presencia estoy ya, Señor, dando tristes balidos, suspiros amargos y funestos lamentos, sin atreverme a mirar el cielo de vuestro Rostro, acordándome que he sido tan desobediente a vuestros preceptos, tan ingrato a vuestros beneficios y tan obstinado a los impulsos de vuestra clemencia. Pero merezca mi confusión, Dios mío, el que vos pongáis en mí vuestros benignísimos ojos, que sólo con que me miréis, espero que me tengáis compasión: pues yo sé muy bien, piadosísimo Salvador del mundo, que vuestra misericordia no puede ver miserias en los miserables hijos de Adán, sin que al instante nos preparéis el remedio, y que vuestra justicia, aunque tan recta, es tan dulce, que, aunque no podéis ver el pecado, os morís por el pecador. Miraste a un ciego de nacimiento, y le disteis vista: mirasteis con tribulación á Zaqueo, y le llenasteis la persona y casa de bendiciones divinas: mirasteis a tus discípulos peligrando en el mar, y les quitasteis el sobresalto serenando su riesgo: mirasteis con hambre a las Turbas, y a todos los dejasteis hartos: mirasteis aquella afligida viuda que lloraba a su hijo muerto, y resucitasteis al difunto por consolar a la madre: mirasteis a la Magdalena, y la perdonasteis: mirasteis a San Pedro, y vuestra vista lo volvió a vuestra gracia: y para abreviar, vos sois el divino Padre, que en cuanto mirasteis al pródigo desde lejos, que iba a arrojarse a vuestras sagradas plantas a pediros perdón de sus enormes excesos, se os conmovieron luego las entrañas, le salisteis al punto al encuentro. y le recibisteis sin dilación en vuestros brazos; porque en vos, lo mismo es ver miserias, que remediarlas: lo mismo es ver angustias, que socorrerlas: lo mismo es ver aflicciones, que acudir con el alivio. Como que, para perdonar agravios a los delincuentes, y para usar de misericordia con los culpados, es vuestro Corazón tan dilatado que no tiene fin, y es vuestro ánimo tan generoso que no tiene término: sabéis el oficio, y tenéis el ejercicio: os preciáis de tener la faina y hacéis alarde del uso. Pues ea. Pastor benigno y Padre amoroso, volved vuestros piadosos ojos a esta errada oveja, y mirad a este ingrato pródigo con la vista de vuestra clemencia. Arrepentido estoy de mi mala vida, y contrito de todas mis culpas, confieso que pequé contra vos, en presencia de los cielos: y para más inclinar vuestra piedad a que me perdonéis, recurro confiado al trono de la misericordia: apelo a vuestra Madre María, acordándoos que vos me la disteis por Madre par a que me reengendrase en vuestra gracia, y ella me admitió por su hijo, para que, como hijo de tal Madre, halle siempre abiertas las puertas de vuestra soberana clemencia. Misericordia, Jesús benignísimo. que a mí me pesa de haberos ofendido y propongo firmísimamente no volver más a la culpa. Misericordia. Redentor divino, pues digo con toda mi alma, que antes mil muertes, que una ofensa. Misericordia. Dios v Señor mío. para remedio de este pecador miserable, honor de tu Santísima Madre, gloria de vuestro dulcísimo Nombre y de toda la Beatísima Trinidad. Amén.

 

 

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Postrado a vuestras sagradas plantas, poderosísima Madre y clementísima Virgen María, busco vuestro patrocinio y amparo a la sombra de esta vuestra milagrosa Imagen del Pueblito, deseoso de hallar gracia en los compasivos ojos de vuestro santísimo Hijo, mediante vuestra intercesión poderosa: y haciendo recuerdo de los muchos que han implorado vuestra protección en esta vuestra prodigiosa Efigie, y han experimentado vuestro valimiento, quedando libres de varios males, y consiguiendo muchos bienes de naturaleza y gracia, os quiero presentar este memorial, haciéndoos presentes las congojas que me afligen, los males que me molestan y los cuidados que me perturban: para acordaros vuestras sagradas piedades, vuestras excelentes misericordias y vuestras nobilísimas compasiones. Yo bien sé, que aun cuando los pecadores no nos acordamos de vos, os acordáis vos de nosotros; y tan deseosa de romper los lazos de nuestra perdición, y los grillos de nuestro engaño, como de que hallemos remedio en nuestras tribulaciones, v socorro en nuestras necesidades, llamáis a todo con dulces gritos, diciendo a cada uno con voz suave: ¿hombre extraño, a dónde vas? Vasallo infiel, ama a tu Reina, siervo ingrato, sirve a tu ama, hijo perdido, busca a tu madre, busca a tu, madre si suspiras como errado por el perdón de tus yerros. Sirve a tu ama, si deseas como siervo el premio de tu servicio. Ama a tu Reina, si pretendes como vasallo estimaciones reales. Ven a mi casa si quieres como peregrino la posada más segura. Y aun cuando nuestra ingratitud es tan necia, y nuestra obstinación es tan torpe, que no nos damos por entendidos á vuestras voces, ni por avisados a vuestros gritos, con todo, no cesáis de procurar medios para avivar nuestra tibieza, ni dejáis de continuar los impulsos que despierten nuestra atención, para que volviéndonos para vos y valiéndonos de vuestro abrigo huyan de nosotros los males que nos hacen gemir en este triste destierro, y quedemos llenos de los bienes que pacifican los corazones y recrean los espíritus. Pue sea, suprema Emperatriz de los cielos, Madre admirable de los pecadores, remedio único de los mortales, amparo último de los afligidos, aquí tenéis al más afligido y al más necesitado de todos: v avergonzado de sí mismo, aunque arrepentido con vuestro auxilio, aturdido de mis necedades, aunque confiado en vuestro amor; pasmado de mis locuras, aunque esperanzado en vuestra bondad: asombrad o de mi gratitud, pero avisado por vuestra luz. os ruego que me admitáis por vuestro vasallo, por vuestro siervo y por vuestro hijo, y que me miréis como Reina, como protectora y coma Madre, que os prometo escribir en mi corazón esta deuda, para no olvidar tal fineza y esforzar mi gratitud a vuestros piadosos oficios, hasta que por vuestra intercesión llegue a cantar eternamente vuestras alabanzas con los santos y con los ángeles en a gloria. Amén.

 

Ahora se rezarán cinco Ave Marías, en memoria de los cinco Misterios del Santo Rosario.

 

 

DÍA PRIMERO

MATER DIVINA GRATIA

 

ORACIÓN

Purísima Emperatriz de cielo y tierra María, concebida sin pecado original, escogida por toda la Beatísima Trinidad para ser llena de gracia y Madre del autor de la gracia misma, enriqueciéndote para dignidad tan divinamente privilegiada, el Padre con su poder, el Hijo con su saber, y el Espíritu Santo con su amor. Y o te alabo y glorifico por estos soberanos privilegios con que te adornó y exaltó el Todopoderoso, para que los miserables pecadores hallemos en ti el medio más seguro para vencer los combates de la culpa, para conseguir los divinos auxilios, para alcanzar el perdón de los pecados y volver a la amistad de nuestro Dios. Confieso, Señora, que sólo la gracia de tu dulcísimo Nombre es muchas veces poderosa para librarnos de los peligros, para remediarnos en los trabajos, para consolarnos en las aflicciones, para curar nuestras enfermedades y para vencer las tentaciones todas, triunfando de todos los enemigos: y que sólo con pronunciarlo, no hay tentado que no consiga victoria, no hay enfermo que no halle medicina, no hay afligido que no logre consuelo, no hay perseguido que no tenga amparo, ni hay necesitado que encuentre socorro. Mas al acordarme, que luego que fuiste saludada y predicada llena de gracia por el Arcángel San Gabriel, y concebiste en tus virginales entrañas al soberano Autor de la gracia, fuiste tan liberal en comunicarla, que no sosegó tu Corazón, hasta que cruzando montes y transitando desiertos. llegaste a la casa de Zacarías para desterrar la culpa y santificar al Bautista, antes que le viese el rostro la tierra: te ruego que vengas a la pobre casa de mi alma, y me alcances de tu Santísimo Hijo que queden desterradas todas mis culpas y que me restituya a su amor y benevolencia, por medio de una confesión verdadera y de un fervoroso arrepentimiento. Muéstrame que eres mi Madre, y enséñame a ser hijo tuyo, para que halle siempre en ti el más saludable antídoto contra el pecado, el más poderoso patrocinio contra el infierno, y el norte más fijo para la gloria. Amén.

 

 

GOZOS

Si os mostráis tan piadosa

Al que á vos llega contrito,

Virgen Santa del Pueblito,

Sed nuestra madre amorosa.

 

Sois medicina del cielo

Para toda enfermedad,

Y en cualquiera adversidad

Sois nuestro amparo y consuelo

Y pues mostráis tanto anhelo

Para ser tan poderosa:

 

Todos los que con fervor

Imploran tu patrocinio,

Consiguen el exterminio

De sus males, por tu amor:

Oye, pues, nuestro clamor.

Pues sois tan maravillosa:

 

Si la lluvia se escasea,

Se sabe por experiencia,

Que acudiendo á tu clemencia

Llueve cuanto se desea:

No hay alguno que no crea,

Que sois nube milagrosa:

 

Cuando alguna tempestad

Entre las nubes se fragua,

Conviertes el trueno en agua,

Como madre de piedad:

Contra el rayo y su crueldad,

Es tu virtud prodigiosa:

 

La estéril tiene por cierto

El concebir si te implora,

Y al llegar del parto la hora,

Por ti sale con acierto;

Tiene en ti un tesoro abierto

La que os busca fervorosa:

 

Aunque la plebe se infeste

De alguna constelación,

El llevarte en procesión

Es cesar luego la peste:

Eres médica celeste,

Contra la más contagiosa:

 

Sois para el triste, alegría,

Para el pobre sois riqueza,

Para el flaco fortaleza,

Y para el ciego sois guía:

Todo mortal de ti fía

En su vida peligrosa:

 

Quien con devoción activa

Visita tu santuario.

Halla allí un gracioso erario

Para que enriquezca y viva:

Tu clemencia es quien aviva

Al alma más perezosa:

 

Una estrella refulgente

En tu rostro apareció,

Señal que el cielo nos dio,

De ser tu amparo frecuente:

A muchos hizo patente

Esa luz tan misteriosa:

 

En tu templo colocada

Dicen unos que sudaste;

Y otros dicen que lloraste

Quedando como enojada:

Mas si sois nuestra abogada

Y Reina tan poderosa:

 

Si os mostráis tan piadosa

Al que á vos llega contrito,

Virgen Santa del Pueblito,

Sed nuestra madre amorosa.

 

L/: Ruega por nosotros Santa Madre de Dios

R/: Para que seamos dignos de las promesas de Cristo

 

OREMOS: Omnipotente y Sempiterno Dios, que, con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y alma de María para que se hiciese digna habitación de tu Hijo: concédenos a los que recordamos tan dulces Misterios, ser libres por su intercesión piadosa, de los males que nos amargan y de la muerte eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

 

 

 

 

DÍA SEGUNDO

MATER AMABILÍS

 

ORACIÓN

Aurora de la mañana, Santísima Virgen María, brillante como las estrellas, hermosa como la luna v escogida como el sol. Tan bella, tan pura y tan amable, que en el instante primero de vuestra inmaculada Concepción, fuiste en el vientre de v vuestra gloriosísima Madre Santa Ana, el gozo y recreo del mismo Dios que os crió. Alaben, Señora, el cielo y tierra vuestra amabilidad soberana por el apacible genio que usas con los pecadores, y por el dulce estilo con que siempre oyes nuestros lamentos. ¡Quién hubo jamás que te invocase devotamente, que no haya experimentado las influencias de vuestro cariño! ¿Quién ha meditado alguna vez el amor con que miras a los que vivimos desterrados en esta región de llanto, que no haya quedado lleno de particulares consuelos? ¿Quién hasta ahora ha conservado en su corazón vuestra memoria, que n o haya conseguido celestiales ilustraciones y singulares dulzuras? ¿Quién ha abierto la boca para invocaros en sus necesidades y riesgos, que haya logrado prontamente el más conveniente remedio y el más oportuno reparto? ¿Quién, en fin, se ha esmerado en reverenciaros con devotos cultos, que no le hayáis vos franqueado innumerables bendiciones divinas? Bendita sea tan inefable amabilidad con que el Señor os enriqueció para robarle a su Majestad los cariños, y para hacer a los más aborrecibles pecadores, amables a sus ojos divinos. Y pues por vuestra piedad he logrado yo tiempo para valerme de vuestra clemencia, y para pedir misericordia de mis culpables excesos, experimente vuestra protección, extended a mí vuestro amor. Mostrad que sois mi Madre, y enseñadme a ser hijo vuestro, para que halle siempre en vos el más saludable antídoto contra el pecado, el más poderoso patrocinio para la gracia, el más seguro escudo contra el infierno, y el norte más fijo para la gloria. Amén.

 

 

 

DÍA TERCERO

MATER ADMIRABILIS

 

ORACIÓN

Madre admirable del amor hermoso, clementísima María, que, con pasmo de los hombres y admiración de los ángeles, trajiste a la Sabiduría Eterna desde el seno del Padre Eterno a tu castísimo vientre, para ser Madre de Dios, quedando Virgen: prodigiosa es tu maternidad, como Madre que eres de claridad inmensa, de esplendor divino y de luz de la luz increada. Pues luz de luz es vuestro Hijo Jesús, que alumbra a todas las criaturas v esplendor de la gloria del Padre, que lo da a conocer a todas las gentes y claridad que hace hermosos y resplandecientes los cielos, sin que les haga falta el sol, y sin que necesiten de luna. Bien sé que, por esta dignidad, nunca dignamente ponderada, porque siempre altamente misteriosa, no tendréis a menos el ser Madre de est e hijo de la noche, de la obscuridad y tinieblas que tenéis a vuestros pies, lleno de ceguedad, de confusión y de culpas, pues tú misma nos has asegurado, que tus delicias y gustos consisten en asistir y hacer compañía a los hombres, y por consecuencia a los que somos hijos de la maldad y pecado, y por lo mismo, para mejorar nuestra filiación nos admitiste por hijos al pie de la cruz, en cabeza del amado Benjamín, el Evangelista San Juan. Ruégote, que ejercites conmigo los piadosos oficios de benigna y tan admirable Madre, y enséñame a ser hijo tuyo, para que halle siempre en ti el más saludable antídoto contra el pecado, el más poderoso patrocinio para la gracia, el más seguro escudo contra el infierno, y el norte más fijo para la gloria. Amén.

 

 

 

DÍA CUARTO

VIRGO POTENS

 

ORACIÓN

Bendito sea el Todopoderoso, sacratísima Reina María, que a impulso del infinito amor con que os ama. os ha constituido plenipotenciaria en el cielo y en la tierra, como Hija del mejor Padre, Madre del mejor Hijo, y Esposa del mejor Esposo; no satisfecho su deseo de engrandeceros en que se os postren humilde mente los angeles, os adoren profundamente los hombres, y os doblen temerosamente la cerviz las infernales serpientes, hasta el mismo Omnipotente Dios quiso rendirse a vuestro dominio y sujetarse a vuestro imperio, queriendo mostrar con sujeción tan admirable, que es vuestro Señorío tan inmenso, y vuestro poder tan inefable, que no sólo' mandáis la tierra v cielo, a los ándeles y a los hombres, sino que parece que hasta respecto del mismo Dios, sois Señora, y que hasta en su Majestad tenéis mando. ¡Oh cuán incomprensible es vuestro poder! ¡Pero si pudiste hacer hombre el mismo Dios, qué cosa será para vos imposible? Regocíjome como hijo vuestro, de que seas tan poderosa y celebro tan gran poder de mi Madre, Y alegándoos reverentemente el derecho de mi legítima, te pido que me concedas todos los bienes que necesito, v te ruego que me libres de todos los males que me amenazan. Os suplico que séais siempre m, Madre, y que me enseñéis á ser vuestro hijo, para que halle continuamente en vos el más saludable antídoto contra el pecado, el más poderoso patrocinio para la gracia, el más seguro escudo contra el infierno y el norte más fijo para la gloria. Amén.

 

 

DÍA QUINTO

CAUSA NOSTRAE LAETITAE

 

ORACIÓN

Alegre sal indeficiente del mundo, y ciclo del mismo, cielo. María, que con felices anuncios y gloriosos vaticinios desterraste la noche de la tristeza para que empezase el día de la alegría, deseado de los Patriarcas, suspirado de los Profetas y esperado con impacientes ansias de los justos y pecadores. ¿A quién, si á vos, que toda sois gusto en los pesares, toda consuelo en las angustias y toda gozo en las penas, puedo recurrir en mis aflicciones, sobresaltos y cuidados, tan confiado, como cierto de que mi ánimo ha de quedar sereno, y mi corazón quieto y pacífico, mediante vuestra protección y abrigo? Vos sois la que con más valor que Judith, cortaste la cabeza al infernal Holofernes, para ser gloria de Jerusalén, alegría de Israel, y honor de nuestro linaje. Bástame, pues,' vuestro patrocinio, para que el enemigo común no me aflija con sus sugestiones, no me perturbe con sus ensartes, y no me confunda con sus sofismas. Vos sois la que con más prudencia que la famosa Abigail, hacéis frente a las locuras con que nos persigue el mundo, a las necesidades con que nos contristan los hombres y a la demencia con que nos intenta atropellar la malicia. Bástame, pues, vuestro amparo; para que mi confusión se convierta en paz, mi tristeza en regocijo y mi aflicción en júbilo. Vos sois la que con más gracia que Esther, hacéis suspender al divino Asuero sus iras, porque sois la alegría del cielo y también del mundo; no sólo de Dios, sino también de los hombres; no sólo de vuestro Padre, sino también de vuestros hijos. Y, en fin, Señora, vos sois la rosa que transformáis las espinas en fragancias de ámbares: mar que de la misma amargura hacéis brotar dulces aguas, y aurora que de las lágrimas desentrañáis alegres risas del día. Desterrad, pues, de mí las espinas de los peligros, las amarguras de los cuidados v las lágrimas de mis tribulaciones. Mostrad que sois mi Madre, y ensenadme a ser hijo vuestro, para que halle siempre en vos el más saludable antídoto contra el pecado, el más poderoso patrocinio para la gracia, el más seguro escudo contra el infierno y el norte más fijo para la gloria. Amén.

 

 

 

DÍA SEXTO

SALUS IMFIRMORUM

 

ORACIÓN

Arca prodigiosa del testamento, augustísima María, que encierras todos los remedios que necesitamos para todas nuestras dolencias, vara milagrosa de Moisés, obradora de maravillas para curar nuestros achaques s serpiente maravillosa de metal, a cuya vista no hay veneno que inficione, ni hay herida que atormente, piedra sagrada del desierto, de quien nacen dulces fuentes para mitigar los incendios, y para templar los ardores, piscina misteriosa de Hebrón, que a más de destilar continuas provechosas aguas para lenitivo de nuestros males, destierras la malicia de las enfermedades y nos preservas del riesgo, libro abierto en el trono del mismo Dios, lleno de saludables recetas para que curen las almas, y para que sanen los cuerpos, tú eres la salud de los enfermos, y tú misma has prometido, que cualquiera que tenga la fortuna de encontrarte, hallará salud y vida, cura, pues, medicina soberana, todos mis males corporales y espirituales, y alcánzame de tu divino Hijo los días de vida y salud que me convenga para servirlo y amarlo; y para más empeñar tu protección v patrocinio, a tus plantas pongo todas mis potencias y sentidos, para ser en adelante todo vuestro en el interior y exterior. No quiero ojos sino para mirarte, ni oídos sino para oírte, ni lengua sino para alabarte, ni manos sino para servirte, ni pies sino para buscarte: ni quiero memoria sino para acordarme de tus finezas, ni entendimiento sino para meditar tus misericordias, ni voluntad sino para amar tu grandeza. Confiado en que correspondiendo tu clemencia a mis votos, tú misma me presentarás a tu Hijo, a fin de que quede libre de toda asquerosa dolencia, y quede juntamente lleno de bendiciones inmensas, muestra que eres mi Madre, y enséñame a ser hijo tuyo, para que siempre halle en ti el más saludable antídoto contra el pecado, el más poderoso patrocinio para la gracia, el más seguro escudo contra el infierno y el norte más fijo para la Gloria. Amén.

 

 

 

DÍA SÉPTIMO

REFUGIUM PECATORUM

 

ORACIÓN

Ciudad sagrada de Refugio, benignísima María, mejor que Cadés en la tribu de Neftalí, mejor que Siquen en la tribu de Efraím, mejor que Judá en la tribu de Hebrón, mejor Besor en la tribu de Rubén, mejor que Ramoth en la tribu de Gad, y mejor que Gaulón en la tribu de Miañases, en cuya clemencia, piedad y compasión, no hay culpado que no halle asilo, no hay delincuente que no encuentre abrigo, ni hay malhechor que no logre inmunidad. No cabe en ti, Reina soberana, el ser Refugio de nuestros males, y de tenerte en los remedios; porque, aunque la culpa nos aleje de ti, tu misericordia nos alcanza: aunque el delito nos desvié de tu vista, nos sale tu benignidad al encuentro: y aunque el pecado nos obligue a ser fugitivos, tú misma nos abres las puertas de tu casa y Corazón para que puestas nuestras necesidades y miserias a tus plantas, o se conviertan en dichas, o se vuelvan resignaciones. Bien conozco que como monstruo de iniquidad no merezco refugiarme a tan divino sagrado, implorando que la divina justicia se suspenda contra mí, se aplaque el furor contra mis yerros y se quite el enojo contra mis vicios. Mas entendiendo que fuera injuria de tu amor el que se halle pecador que obligue con sus ingratitudes a poner a tu gracia excepciones, o que estanque con sus maldades la corriente de tus clemencias, o que cierre con sus pecados las puertas de tus misericordias: aunque soy un abismo de fealdad y malicia, me arrojo confiado a tus pies, me postro humilde a tu vista, y me acojo reverente a tu sombra, suplicando tu intercesión, tu amparo y valimiento. Alcánzame eficaces auxilios para una verdadera penitencia y para enmendar perfectamente mi vida. Muestra que eres mi Madre, y enséñame a ser hijo tuyo, para que halle siempre en ti el más saludable antídoto contra el pecado, el más poderoso patrocinio para la gracia, el más seguro escudo contra el infierno y el norte más fijo para la gloria. Amén.

 

 

 

DÍA OCTAVO

CONSOLATRIX AFL1CTORUM

 

ORACIÓN

Inclino de la Santísima Trinidad preexcelsa y dulcísima María, Tabernáculo de Dios con los hombres, donde nadie entra que no experimente tu amparo: Iris celestial que aplacas las divinas indignaciones y anuncias a los mortales las deseadas bonanzas : Columna soberana de nube, que mitigas los ardores del sol de justicia Cristo para que no abrase a los pecadores: Arca misteriosa de Noé es tu templo del Pueblito, donde las fieras más inicuas se vuelven mansas, los ánimos más rebeldes quedan pacíficos, y los corazones más obstinados se mueven al arrepentimiento. para merecer con ternuras alivios de tu fineza, para negociar con suspiros favores de tu piedad, y para interesar con lágrimas mercedes dé tu misericordia. No hay triste que allí no halle alegría; no hay enfermo que allí no halle salud: no hay pobre necesitado que allí no halle socorro, ni hay afligido que allí no halle consuelo. Pues ¿a dónde si no a tu templo, hemos de acudir los infelices en las aflicciones que nos confunden, en las necesidades que nos atormentan, en las penurias que nos martirizan, en las enfermedades que nos molestan v en las tristezas que nos acongojan? ¿A dónde sino en tu casa, podemos buscar más seguramente la alegría, la salud, el remedio, el socorro y el consuelo? Compañero es tu Corazón del de tu Hijo Jesús, del cual nos dice San Pablo: que de su mismo padecer aprendió la compasión. Habiendo sido, pues tú el mar de las amarguras, cifra de todas las penas y el centro de las aflicciones. no puede haber aflicción, ni es posible que haya pena, ni es dable que haya amargura, que, a tu vista, en tu templo y en tu casa, n o quede compadecida, aliviada y remediada: y pues son tantos los afligidos que gimen en este destierro, y que claman por el consuelo que pende de tu poder, inclina tu favor a todos y a cada uno en la desgracia que llora, o bien sea de alguna fragilidad humana, o bien sea derivada de la permisión divina. Mas puesto que ves en mí tantos y tan tristes males unidos, concédeme el alivio y el remedio de todos ellos. Muestra que eres mi Madre, y enséñame a ser hijo tuyo, para que halle siempre en ti el más saludable antídoto contra el pecado, el más poderoso patrocinio para la gracia, el más seguro escudo contra el infierno y el norte más fijo para la gloria. Amén.

 

 

 

DÍA NOVENO

REGINA SANTORUM OMNIUN

 

ORACIÓN

Reina de inefable imperio, majestuosa y afabilísima María llena de gracia, dones, tesoros, privilegios y excelencias: maestra graciosa de santidad, que teniendo con Dios el parentesco de Madre, tienes sobre todos los demás Santos incomprensibles excesos de piadosa, benéfica, poderosa, santa y gloriosa. De ti adquirió Rebeca la piedad, Sara la compasión, Rahab la misericordia, Raquel la ternura y María, hermana de Moisés, la clemencia. De ti heredaron los ángeles el fervor, los apóstoles el celo, los mártires la constancia, los confesores el espíritu y las vírgenes la pureza. Por ti no hay vicio que no se venza ni hay virtud que no se alcance, no hay mérito que no se adquiera, no hay maldad que no se renuncie, ni hay santidad que no se consiga. Después de Dios, tú tienes el mayor amor, tú tienes la mayor sabiduría y tú tienes el más absoluto poder. Y como el Divino Señor no te ha tratado ni te trataría jamás con escasez y miserias, no sólo sabes todo lo que puedes, sino que puedes todo lo que quieres. Así lo han experimentado innumerables devotos tuyos, que han solicitado tu intercesión y han implorado tu patrocinio á vista de tu milagrosa imagen del Pueblito, venerada para mayor esperanza nuestra y para mayor gloria tuya, por un continuado prodigio, por una frecuente maravilla, por un portento de piedad y por un milagro de devoción. Hazme, pues, participante de tus virtudes. Enciende mi corazón helado, inflamad mi tibio espíritu, y disponme para merecer y recibir los favores y beneficios que te he pedido en esta novena, haciendo juntamente, que sean para mayor bien de mi alma, para mayor honra tuya y para mayor gloria de Dios. Muestra que eres mi Reina, mi Patrona y Madre, y enséñame a ser hijo, esclavo y vasallo tuyo, para que siempre halle en ti el más saludable antídoto contra el pecado, el más poderoso patrocinio para la gracia, el más seguro escudo contra el infierno y el norte más fijo para la gloria. Amén.

 

 



ANOTACIONES

Al hablar sobre la piedad popular, es referirnos a aquellas devociones que antaño se hacían en nuestros pueblos y nuestras casas, cuando se...