domingo, 28 de julio de 2024

NOVENA AL SEÑOR DE LA BUENA ESPERANZA


NOVENA AL SEÑOR DE LA BUENA ESPERANZA


Que se venera en la Iglesia de San Saturnino de Chile. 


Cuyo sagrado Original se venera en la Recoleta Agustina de Quito, Ecuador.


ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Al considerar, oh Dios y Señor mío, vuestra grandeza infinita y vuestras infinitas perfecciones y la inexplicable ceguedad con que os he ofendido, me duele y arrepiento hasta lo más infinito del alma y humildemente os pido perdón. Si de una parte mirase solo los inmensos beneficios de que me habéis colmado y me colmas a cada instante y de otro, mi loca y grande ingratitud, no podría sino temblar ante vuestra augusta Majestad; pero mi Dios, al arrodillarme en vuestra presencia, os ofrezco en satisfacción de mis pecados los méritos infinitos de Jesús vuestro Hijo. Por mí padeció, por mí fue crucificado y derramó hasta la última gota de su preciosísima sangre; es mi Redentor y mi Padre y Vos habéis aceptado su mediación y mi rescate. Él me llama, me dice que confíe y bajo la Dulcísima advocación del Señor de la Buena Esperanza, se presenta ante Vos como divino fiador. Perdonadme, pues, oh Dios mío y fortaleced mi alma, para no volver a ofenderos. Amén.

  

ORACIÓN INICIAL

Oh Señor Jesús, que con la advocación de la Buena Esperanza, hacéis repetidos y tiernísimos llamamientos al corazón de los pecadores, vedme postrado ante vuestra imagen. Oh Señor, os complacéis en prodigar beneficios, favores y gracias a los que a Vos acuden. Yo os amo, creo en Vos, y en Vos confío. En esta Novena vengo a pediros protección, a mostraros mis necesidades y a recordaros Vuestra Promesa; en mérito de vuestro Valiosísimo Nombre. ¿Por qué desconfiar cuando sois la Buena Esperanza? ¿Qué desgracia, qué padecimiento, qué peligro será capaz de amilanarme si Vos, Infinito en Poder, Os dignáis alentar mi confianza? ¡Oh, Señor Jesús, en Vos confío, Sed mi Protector y mi Guía! ¡Oh Divino Rey del Cielo y la tierra, Perdón y Misericordia! Oh Señor, mi alma en Vos confía, con Vos no tengo asechanza. Sois, Buen Señor Jesús, mi Esperanza, Sed mi Sostén y mi Guía.

  

DÍA PRIMERO

ORACIÓN 

Amabilísimo Señor Jesús de la Buena Esperanza, que por mi amor os dignasteis vivir en la tierra 33 años, a fin de dejarme en toda circunstancia divinos ejemplos; concluid vuestra obra y fortalecedme para que sepa aprovechar esas preciosísimas lecciones. Que tenga siempre a la vista vuestras obras como altísimos ejemplos que debo empeñarme en imitar en todas mis actuaciones; que la meditación constante en vuestra vida y en vuestra sagrada Pasión sea la reforma y la satisfacción de la mía. Así tendré la dicha de haberos servido en la tierra y de ir a daros gracias en la eternidad. Amén.

   

-Al terminar la oración de cada día se hace la petición.

  

HIMNO

Siempre mi alma en Vos confía,

Con Vos no temo asechanza:

Sois buen Jesús, mi esperanza;

Sed mi sostén y mi guía.

  

Es vuestra vida modelo

Desde el pesebre a la muerte:

¡Dichosa el alma que acierte,

Fija la mirada al Cielo,

En riesgo, tristeza y alegría,

A no olvidar su enseñanza!

  

Nacido en pobre portal,

Os miro hollando riquezas

Y engañadoras grandezas

Caras al hombre carnal,

Para mostrarme la vía

De la bienaventuranza.

  

En Nazaret vida oscura

Os apartó por treinta años

De los demás. Los engaños

Manifestáis, y la locura

Del que infeliz sólo ansía

La mundanal alabanza.

     

Lejos de todo lo humano,

En el desierto ayunando

Señor, estáis; mas yo ando

Cual si no fuera cristiano,

¡Con ceguedad casi impía,

En pos de goces y holganza!

  

Por doquier favor,

Gracia, perdón, beneficio,

Derramáis siempre propicio.

Estos tres años de amor

Son mi formal garantía

Y de ventura mi fianza.

  

Sudor de sangre, Dios Santo,

De mi alma os cuesta el rescate;

Mi corazón no dilate

Lavar sus culpas con llanto,

Y encuentre en vuestra agonía

Con el dolor la confianza.

  

El cetro, soga y corona

En vuestra Imagen venero,

Mi pecho fuese de acero

Si dejase de aprisionar

Vuestra Cruz, que presta energía

Y enseñanza de amor sin mudanza.

  

Ya del sepulcro glorioso

Os levantáis Vencedor:

Vence a la muerte el Amor,

Nadie cual Vos poderoso,

Todo es fulgor, la lozanía

De la Nueva Alianza.

  

Es vuestra gloria mi gloria,

Oh Dios, mi Padre y mi Hermano.

Sois de grandeza el arcano,

Mi grande prez de victoria,

Honra, fiador, gallardía,

Luz y contento y pujanza.

  

Siempre mi alma en Vos confía,

Con Vos no temo asechanza:

Sois buen Jesús, mi esperanza;

Sed mi sostén y mi guía.

  

SÚPLICA AL SEÑOR DE LA BUENA ESPERANZA

Oh Jesús de la Buena Esperanza, amabilísimo Redentor de nuestras almas, Señor de los cielos y tierra, vengo a Vos atraído por vuestro paternal amor. ¿Quién, sino Vos, podrás curar mis dolencias? Me acerco pues a vuestro santo templo como a la piscina de vuestras bondades; favorecedme con vuestros auxilios; purificadme con una mirada, como lo hiciste con Pedro, cabeza de la Iglesia; sanadme de las mortales heridas que el pecado ha causado en mi pobre alma. Yo bien sé, oh Jesús de la Buena Esperanza, mi Señor y mi bien, que todos los que os han solicitado favores ante vuestra imagen, han sido socorridas; no hay, ¡oh Jesús de la Buena Esperanza!, mi Señor y mi bien, una sola que no haya experimentado vuestras misericordias. ¿Y por qué he de salir desconsolado de las súplicas que hago? Lleno de la mayor confianza os pido, Señor, dirijáis una mirada compasiva sobre vuestra Iglesia: miradla, Señor, tan perseguida por tantas impiedades que se han levantado contra ella. Oíd la súplica que en particular os hacen estos vuestros hijos: dad descanso a las Almas del Purgatorio, especialmente a las que han sido más devotas del precio de nuestra redención y de los dolores de vuestra Santísima Madre María. Amén.

 

Jesús de la Buena Esperanza: Ten misericordia de nosotros.

  

ORACIÓN FINAL

Dios mío, no dudo que escucharéis mi plegaria, pues deseo serviros fielmente lo que me resta de vida. Mientras mayor ha sido mi tardanza para darme del todo a Vuestra Merced; tanto así más mezquino he sido en corresponder a Vuestro Infinito Amor. Mayor es mi voluntad de seros generoso en adelante, de no amar sino a Vos y de santificar otro cualquier afecto, posponiéndolo al Vuestro y dirigiéndolo a Vuestra Majestad. Sí Jesús, Señor y Dios mío, mediante el auxilio de la Gracia ése va a ser todo mi empeño y anhelo. Corran los mundanos en su desdicha tras la riqueza y los honores, que yo no quiero seguir sino Vuestras Huellas, recorrer el camino que me habéis trazado, ir siempre en pos de Vos, que sois mi Contento, mi Riqueza y mi Gloria. Amén.

  


DÍA SEGUNDO

ORACIÓN 

Humildísimo Señor Jesús de la Buena Esperanza, que al venir al mundo, despreciando cuanto los hombres ambicionan, quisisteis nacer pobre y en un abandonado Pesebre, dad luz a mi alma para que descubra las sublimes enseñanzas de la Gruta de Belén. Que aprenda a buscar Vuestra Grandeza y Gozo; despreciando los deleites y los placeres mundanos, y amando lo que el mundo desprecia. Movedme, ¡oh Señor!, a ser humilde según vuestra Inefable Humildad; a pisotear las riquezas, abrazando la absoluta pobreza en la que nacisteis, y a buscar lejos del aplauso de los hombres las únicas alabanzas verdaderas, las que al anunciar Vuestro Nacimiento entonaron los Santos Ángeles, cantando: “Gloria a Dios en las alturas”. Amén.

  

DÍA TERCERO

ORACIÓN 

Oh Señor Jesús de la Buena Esperanza, divino modelo, dadme gracia para consideraros en el retiro de Nazaret. Venías a convertir al mundo y pasasteis treinta años oculto, lejos de él. La sabiduría de los hombres habían llamado locura lo que hacías con divina sabiduría. Me mostrábais con vuestro camino que para nada debo guardarme por el respeto humano, que debo pisotearlo rechazando por Vos, ¡oh Jesús mío!, los placeres del mundo con sus pompas, vanidades y perniciosas doctrinas; y que para mis acciones, me inspire solo en vuestras divinas enseñanzas, consiguiendo formar en el fondo de mi corazón un escondido retiro, dulce soledad en vuestro Sagrado Corazón; en donde solamente Vuestra Majestad sea escuchado, obedecido y tiernamente amado. Amén.

   

DÍA CUARTO

ORACIÓN 

Señor Jesús de la Buena Esperanza, permitidme consideraros hoy en el desierto, donde Os preparasteis para la Vida Pública con cuarenta días de soledad y de ayuno. Me enseñáis con vuestro ejemplo que la mortificación de los sentidos y la penitencia comunican al alma fuerzas para vencer, ayudada de la gracia, las tentaciones de sus enemigos, que allí debe ir el cristiano a prepararse para la lucha y la victoria. Haced, Señor, que no lo olvide. Dominaré así al peor de mis enemigos, mi propia carne, y siguiendo las huellas que me habéis trazado, tendré al fin la dicha de ir a haceros compañía en la Eterna Bienaventuranza. Amén.

  

DÍA QUINTO

ORACIÓN 

¡Ay, cuánto tengo que mirar y agradecer, Jesús, Dios mío, en los tres años de vuestra vida pública! Haced que durante mis aflicciones, dudas y angustias, Os encuentre al dar una mirada en ella: divina Luz, inefable Consuelo y seguro Guía. Así como entonces pasasteis por doquiera haciendo el bien y nunca quedó desconsolado quien a Vos acudió, así ahora prodigáis vuestros beneficios a cuantos Se empeñan en seguiros y no seros ingratos. ¡Oh Señor, contadme en ese número! Desde lo íntimo de mi alma Os agradezco vuestro infinito Amor, suplicándoos me concedáis la Gracia para corresponderos con generosidad. Amén.

  

 DÍA SEXTO

ORACIÓN 

Cuando Os considero, oh dulcísimo Señor Jesús de la Buena Esperanza, en vuestra angustiosa Oración del Huerto, que Os llevó al punto de que un copioso sudor de vuestra Preciosísima Sangre bañase la tierra, estando desde ese instante sacrificado, no puedo menos de estremecerme al recuerdo de mis culpas, porque ellas fueron, Señor, las que amargaron el Cáliz que por mí bebisteis. Pero, mi Dios, infinitamente mayor que la gravedad de mis pecados es el mérito de Vuestra Preciosísima Sangre. Por Ella os pido perdón y misericordia, por ella os pido la gracia para cumplir hasta la muerte el propósito que hago de amaros con todo mi corazón. Amén.

  

DÍA SÉPTIMO

ORACIÓN 

En esta venerada Imagen os veo, mi Buen Señor Jesús de la Buena Esperanza, revestido de las insignias de la Pasión Sacrosanta: Al cuello lleváis la soga con que los crueles sayones Os ataron y arrastraron, y ella recuerda también la afrentosa e inhumana flagelación; adornan vuestras sienes la Corona de espinas, que las taladró en atroz suplicio; en una de vuestras Manos sosteníais la caña que como rey de burlas Os pusieron, ¡oh Señor de mi alma, Rey del Cielo y de la tierra!; en la otra, en fin, muestra la Cruz: instrumento de Vuestro Suplicio y de mi Redención. Haced que al contemplarlas en Vuestra Sagrada Imagen, nunca olvide hasta qué extremo Os ha llevado Vuestro Infinito Amor, empeñándome en seros agradecido. Amén.

  

DÍA OCTAVO

ORACIÓN  

Oh Señor Jesús de la Buena Esperanza, Vencedor del infierno, cuyo poder destruiste con Vuestra Preciosísima Sangre; Vencedor del mundo, cuyas falsas máximas y engañosas doctrinas confundisteis mostrándoos en la tierra, ¡oh Eterna Verdad!; Vencedor de la muerte, que resucitasteis por vuestra propia virtud. Estas tres victorias son el fundamento de mi dicha y mi esperanza; pues las obtuvisteis para librarme del infierno, darme fuerzas contra el mundo, y para dominar mis pasiones. ¡Bendito seáis, Misericordioso Señor Jesús de la Buena Esperanza! Los Ángeles que celebran Vuestro Triunfo y los Santos que en él se gozan, alaben por mí Vuestra Munificencia y Bondad. Amén.

  

DÍA NOVENO

ORACIÓN 

Colocado en la Diestra del Altísimo, Señor Jesús de la Buena Esperanza, no dejéis nunca de favorecer a los que en esta vida de prueba y lucha, corren el peligro de ser vencidos. ¡Oh Señor, Medianero entre Dios Padre y los hombres; que Le presentáis Vuestras Sagradas Llagas, la Preciosísima Sangre, y Vuestros Padecimientos, para alcanzarnos el perdón de los pecados! Oh Señor, jurado Mercedario, Salvador y Redentor mío; en verdad Vos sois mi Esperanza, pues a más de ser mi Mediador, en el Cielo me preparáis como a hijo un trono inmortal. Siendo así, dadme gracia para vivir en la tierra de tal modo que logre ir a ocupar ese trono y cantar in ætérnum Vuestras Alabanzas en el Cielo. Amén.  


domingo, 23 de junio de 2024

SEMANA DE N. S. DEL PERPETUO SOCORRO


 SEMANA DEL SIERVO DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO 

Tomada del libro “Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Historia, Maravillas, Oraciones.”


Compuesta por el Rev. P. J. Dunoyer, CSR. 

Año de 1898


DOMINGO

ORACIÓN 

¡Heme aquí, oh Madre de Dios! aquí a tus pies está un miserable pecador, un esclavo del infierno, que recurre a ti y que en ti pone su confianza. Ya no merezco ni una de tus miradas. Pero no ignoro que, ante la mera visión de tu Hijo, que murió para salvar a los pecadores, sientes un deseo soberano de acudir en su ayuda. ¡Oh Madre de misericordia, contempla mi miseria y ten piedad de mí! Escucho que de todos lados te llaman Refugio de los pecadores, Esperanza de los desesperados, Auxilio de las almas abandonadas. Eres, pues, mi refugio, mi esperanza y mi alivio, eres tú quien, por tu intercesión, debe salvar mi alma. ¡Por el amor de Jesucristo, ayúdame! Extiende tu mano al desventurado que, habiendo caído en el abismo, se encomienda a Vos. Sé que te deleitas en ayudar al pecador siempre que puedes. ¿Puedes hacerlo hoy? ven en mi ayuda, Os lo suplico. Por mis pecados perdí la gracia divina, perdí mi pobre alma. Ahora me pongo en tus manos. Dime qué tengo que hacer para recuperar la gracia de mi Dios. Quiero obedecerte sin demora. Es Dios quien me envía a Vos para que podáis ayudarme.  Quiere que recurra a tu misericordia; y lo quiere, para que no sean sólo los méritos de tu Hijo, sino también tus oraciones las que contribuyan a salvarme. Así que recurro a Ti. ¡Oh tú que oras por tantos otros, ruega también a Jesús por mí! Dile que me perdone y me perdonará. Dile que deseas mi salvación, y él me salvará. Sí, muestra al mundo cómo sabes hacer el bien al alma que en ti confía, esta es mi esperanza. Amén.

-Se rezan tres Salves.


LUNES

ORACIÓN 

¡Oh Reina del Cielo! si tuve la desgracia de ser esclavo del diablo en el pasado, hoy me entrego a ti para siempre. Siempre quiero ser tu servidor; Por el resto de mi vida, me comprometo a servirte y honrarte. Dígnate recibirme. No me alejes como merezco. ¡Oh Madre mía! es en ti donde he puesto todas mis esperanzas; de ti espero todo mi bien. Bendigo a Dios y le doy gracias por haber querido, en su misericordia, inspirarme tanta confianza en Vos; porque considero que esta confianza es para mí una preciosa garantía de salvación. ¡Ah! Desdichado, si en el pasado caí en pecado, es porque no recurrí a ti. Ahora espero que los méritos de Jesucristo y vuestras oraciones hayan obtenido mi perdón. Pero puedo volver a perder la gracia de Dios. El peligro no ha cesado; el enemigo no duerme. ¡Cuántas tentaciones me quedan aún por superar! ¡Ah! mi muy dulce Soberana, protégeme, no permitas que vuelva a ser esclavo de mis pasiones, dadme vuestro Perpetuo Socorro. Puedo contar, lo sé, con vuestra asistencia y con la victoria, si os invoco fielmente. Pero aquí me apodera un miedo: temo precisamente no invocarte cuando estoy a punto de caer; cuál sería mi pérdida. He aquí, pues, la gracia que te pido: consigue que, en los asaltos del infierno, recurra siempre a ti, repitiendo: ¡Oh María, ven en mi ayuda! ¡Oh mi buena Madre, no permitas que pierda a mi Dios!

-Se rezan tres Salves.


MARTES

ORACIÓN 

Oh María, ¿cuál será mi muerte? De ahora en adelante, cuando considero mis pecados, cuando pienso en este momento terrible que decidirá mi salvación o mi pérdida eterna, cuando pienso en este último suspiro, en este juicio de Dios, tiemblo de miedo y quedo confundido, Oh mi dulcísima Madre, la sangre de Jesucristo y tu intercesión son mi única esperanza. ¡Oh consoladora de los afligidos! no me abandonéis en esa última hora, no dejéis de consolarme ni un momento en esta gran angustia. Si ahora ya me provocan tales temores el recuerdo terrible de mis pecados, la incertidumbre del perdón, el peligro de recaída y los rigores de la justicia divina, ¿qué será de mí en ese momento supremo? Sin tu ayuda, estoy perdido. ¡Ah! Virgen Santa, antes de que la muerte venga a golpearme, obtén para mí un gran dolor por mis pecados, un verdadero cambio de vida y la gracia de ser fiel a Dios por el resto de mis días. Y luego, cuando llegue el último término de mi existencia aquí en la tierra, oh María, esperanza mía, ven en mi auxilio en las terribles angustias de las que luego seré presa. Fortaléceme, para que la vista de mis pecados, cuyo cuadro el diablo me trazará, no me desconcierte desesperado. Obtén para mí la gracia de invocarte entonces más a menudo que nunca, para que expire pronunciando tu dulcísimo nombre con el de tu adorable Hijo. Voy más allá; ¡Oh mi augusta Reina! perdóname mi audacia. Antes de dar mi último suspiro, ven tú misma, ven y consuélame con tu dulce presencia. Esta gracia la has dado a muchos de tus siervos; Yo también lo quiero para mí y lo espero. Sólo soy un pecador, es verdad; no merezco tal favor; pero te amo, te amo y tengo gran confianza en ti. Entonces te estoy esperando; ¡Oh María! no me privéis de este consuelo. Al menos, si no soy digno de tan grande gracia, asistidme desde el cielo , para que muera amando a mi Dios, y amándote a ti, para luego ir a amarte eternamente al Paraíso.

-Se rezan tres Salves.



MIÉRCOLES 

ORACIÓN 

¡Oh mi amada Soberana! Os agradezco. Cuantas veces por mis pecados he merecido infierno, como tantas veces me has librado de él. ¡Desgraciado de mi! hubo un tiempo en que Dios ya me había condenado a esta prisión eterna, cuando quizás ya estaba decidido que un pecado más me precipitaría al abismo; pero tú, por compasión hacia mí, viniste en mi ayuda. Sí, sin siquiera pensar en invocarte, movido sólo por tu bondad, detuviste el curso de la justicia divina; luego, triunfando sobre la dureza de mi corazón, lo hiciste tan bien que gané confianza en ti. Y desde entonces... ¡ay! ¡En qué pecados habría caído, entre todos los peligros que me asaltaban, si no te hubieras dignado, oh Madre llena de amor, protegerme de esta desgracia, por medio de las gracias que me has obtenido! ¡Ah! Mi augusta Reina, continúa velando por mí, para que no caiga en los infiernos. ¿Y de qué me servirán vuestra misericordia y los favores con que me habéis colmado, si llego a condenarme? Si hubo un tiempo en que no os amaba, ahora, después de Dios, os amo sobre todas las cosas. Por favor, no permitas que te abandone a ti y a este Dios de bondad, que a través de ti tantas veces me ha mostrado misericordia. No, oh amablisíma Soberana, no permitas que vaya a odiarte y maldecirte eternamente en el infierno. ¿Soportarías ver entre los condenados a uno de tus sirvientes que te ama? ¿Pero qué escucho? ¡Oh María! Me condenaré, dices, si te abandono. ¡Ah! ¿Quién tendría aún el valor de abandonarte? ¿Quién podría olvidar un amor como aquel con el que me amaste? ¡Oh Madre mía! Ya que has hecho tanto para salvarme, termina tu trabajo. Continúe tu asistencia. ¿Lo quieres? ¿quieres ayudarme? ¡Pero qué digo! Mientras ni siquiera pensaba en ti, me colmaste de gracias; ¿Cómo no esperarlo todo de ti, ahora que te amo, ahora que te invoco? No, el que a vosotros se encomienda no está perdido. Sólo aquellos que no te rezan están perdidos. ¡Ah! Madre mía, no me abandones a mí mismo; sería mi pérdida. Déjame recurrir siempre a ti. ¡Sálvame, oh María, esperanza mía! sálvame del infierno y, en primer lugar, del pecado, que es el único que puede arrojarme al infierno.

-Se rezan tres Salves.


JUEVES

ORACIÓN 

¡Oh Reina del Paraíso! ¡Oh tú que, elevada por encima de todos los coros de ángeles, estás sentada en el trono más cercano a la divinidad! desde el fondo de este valle de lágrimas, te saluda, este pobre pecador; y te ruego que vuelvas hacia mí esas miradas compasivas, que, dondequiera que caigan, esparcen bendición. ¡Dígnate considerar, oh María! los peligros que me rodean y que me rodearán mientras esté en la tierra: peligros de perder mi alma, de perder el Paraíso, de perder a mi Dios. Es en ti, oh gran Reina, donde he puesto todas mis esperanzas. Os quiero; Anhelo la dicha de verte pronto y alabarte en el cielo. ¡Ah! ¡María, cuando llegue el día en que, viéndome por fin salvado, estaré a tus pies, contemplando en ti a la Madre de mi Redentor, mi propia Madre, tan generosamente entregada a mi salvación! ¡Cuándo podré besar esta mano que tantas veces me rescató del infierno, que tantas veces me ha dispensado las gracias de Dios, mientras mis pecados me habían granjeado el odio y el abandono del mundo entero! ¡Oh María! He sido muy desagradecido contigo durante toda mi vida. Pero si voy al Paraíso, allí ya no seré ingrato; allí, con todo mi poder, te amaré sin interrupción por toda la eternidad; allí repararé mi ingratitud, bendiciéndoos, agradeciéndoos por siempre. Doy soberanas gracias a mi Dios, porque me ha inspirado tanta confianza en la sangre de Jesucristo y en tu protección, que, espero firmemente, me salvarás, me librarás de mis pecados, me salvarás. Dadme fuerzas y luz para hacer la voluntad de Dios, y tú finalmente me conducirás al puerto de la salvación. Ésta ha sido la esperanza de todos tus siervos, y ninguno de ellos ha sido engañado: ni yo tampoco. ¡Oh María! no puedes rechazarlo; sálvame. Pídele a tu Hijo (y yo mismo se lo pido por los méritos de su Pasión), pídele que conserve, que aumente cada día esta confianza en mi alma, y seré salvo.

-Se rezan tres Salves. 



VIERNES 

ORACIÓN 

¡Oh María! Ahora lo comprendo: eres la más noble, la más sublime, la más pura, la más encantadora, la más caritativa, la más santa y, en una palabra, la más adorable de todas las criaturas. ¡Ah! si te conociéramos, ¡oh gran Reina! si te amamos como te mereces! Pero me consuelo pensando en estas almas afortunadas que, en el cielo y en la tierra, viven enamoradas de tu bondad y de tu belleza. Lo que más me da alegría es saber que Dios mismo te ama, a ti sólo, más que a todos los hombres y a todos los ángeles juntos. ¡Oh misericordiosa Soberana! Yo también, miserable pecador, te amo; pero te amo muy poco. Necesito un amor más vivo y tierno; y este amor que tienes, consiguelo para mí, porque amaros es una gran señal de predestinación; es una gracia que Dios sólo concede a aquellos a quienes quiere salvar. ¡Yo también veo, oh Madre mía! qué obligaciones tengo para con tu divino Hijo; Veo que merece un amor infinito. Oh, que no tenéis otro deseo que verlo amado, esto es lo que sobre todo espero de vuestras oraciones hechas: amar mucho a Nuestro Señor. Obtienes de Dios todo lo que deseas; Obtén para mí la gracia de estar tan encadenado a su santa voluntad, que nunca más tenga la desgracia de separarme de ella. No vengo a buscar cerca de Vos los bienes de la tierra, ni los honores, ni las riquezas. Lo que te pido es lo que tu corazón más desea darme: quiero amar a mi Dios. ¿Es posible que te niegues a satisfacer un deseo que tanto te agrada? ¡No! Siento que ya me estás ayudando, que ya estás orando por mí. ¡Así que ora, ora! no dejéis de orar, hasta verme en el Paraíso, a salvo de todo peligro de perder a mi Dios, y seguro de amarlo para siempre, de amaros también a Vos, ¡oh mi querida Madre!

-Se rezan tres Salves.



SÁBADO 

ORACIÓN 

¡Oh Madre mía Santísima! Veo cuántas gracias me has obtenido; pero también veo que eh sido muy desagradecido. El ingrato no es digno de otros nuevos. beneficios. A pesar de esto, no quiero desconfiar de tu misericordia; porque supera toda mi ingratitud. ¡Oh mi poderosa Abogada, ten piedad de mí! Tú eres la dispensadora de todas las gracias que Dios nos concede a nosotros, pobres pecadores; y si este Dios te hizo tan poderosa, tan rica y tan buena, es para que nos ayudes en todas nuestras miserias. ¡Por favor, oh Madre de Misericordia! no me abandones en mi pobreza. Los pecadores más miserables, más abandonados, en cuanto acuden a ti, encuentran en su abogada. Por tanto, hazte cargo también de mi defensa, ya que me encomiendo a ti. No me digas que mi causa es difícil de ganar. Las causas más desesperadas, cuando te haces cargo de ellas, siempre triunfan. Por tanto, pongo en tus manos mi salvación eterna; en tus manos pongo mi pobre alma; su pérdida estaba asegurada, tu intercesión la salvará. Quiero ser incluido entre tus más fieles servidores; no me alejes. Te vemos yendo en busca de los desafortunados para aliviarlos; Por tanto, no abandonéis al pobre pecador que recurre a vosotros. Ruega por mí, Jesucristo hace todo lo que le pides. Tómame bajo tu protección y eso me basta. Sí, porque si me proteges, no tengo nada más que temer. Ya no temo mis pecados: obtendrás reparación del daño que me han causado; Ya no temo a los demonios: tú eres más poderosa que todo el infierno; Ya no temo ni siquiera a Jesucristo mi juez, basta una sola de tus oraciones para apaciguarlo. Sólo temo una cosa, y es ser tan descuidado como para dejar de invocarte; porque entonces ese sería mi fin. Oh Madre mía, obtén para mí el perdón de mis pecados, el amor de Jesucristo, la santa perseverancia, la buena muerte y finalmente el Paraíso. Pero en particular, obtenme la gracia de encomendarme siempre a ti. Estoy de acuerdo, estas gracias son favores demasiado grandes para mí que no las merezco; pero no es demasiado para Vos, que sois tan amada por Dios, y que por eso obtenéis de Él todo lo que pedís. Sólo necesitas decir una palabra y el Señor te lo concederá todo. Así que ruega a Jesús por mí; dile que soy tu protegido; entonces nunca dejará de tener lástima de mí. ¡Esta es mi esperanza, oh Madre mía! es gracias a esta esperanza que puedo vivir en paz; y es con esta esperanza que quiero morir. Que así sea.

-Se rezan tres Salves.


ORACIÓN COTIDIANA A NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO

Santísima Virgen María, que, para inspirarnos una confianza ilimitada, quiso tomar el dulce nombre de Madre del Perpetuo Socorro, te ruego que me ayudes, socórreme en todo momento y en todo lugar: en mis tentaciones, después de mis caídas, en mis dificultades, en todas las miserias de la vida y especialmente en el momento de mi muerte. Dame, oh Madre caritativa, el pensamiento y la costumbre de recurrir siempre a Ti; porque estoy seguro que si yo llamo fielmente, serás fiel para ayudarme. Obtenme entonces esta gracia de gracias, la gracia de orar constantemente y con la confianza de un niño, para que, en virtud de esta fiel oración, obtenga tu Perpetuo Socorro y la perseverancia final. Bendíceme, oh Madre tierna y servicial, y ruega por mí, ahora y en la hora de mi muerte. Amén


lunes, 27 de mayo de 2024

NOVENA A SANTA MARIANA DE JESÚS

 

NOVENA A SANTA MARIANA DE JESÚS 

VIRGEN DE LA TERCERA ORDEN DE SAN FRANCISCO

 

Tomada del Manual de los Terciarios Franciscanos

QUITO ECUADOR

Edit. “Fray Jodoco Ricke”

1960

 

Por la señal, etc. Señor mío Jesucristo, etc.

 

ORACION

Oh Bienaventurada Mariana de Jesús, Azucena incomparable, que hermosa te levantas en medio de la maleza de nuestras culpas; mira a tu desgraciada patria cuyos peligros tan hondamente te hirieron cuando vivías, mírale cómo gime bajo el peso de sus prevaricaciones, y pide a tu divino Esposo perdón y misericordia; sírvanos de salvaguardia tu preciosa vida sacrificada en aras del amor que nos tuviste, y que esa misma vida nos sirva de estímulo para convertirnos, de ejemplo para santificarnos, y sea nuestra prenda de eterna salvación. Amén.

(Récense nueve Avemarías en honor de Santa Mariana pidiéndole la gracia que se desea)

 

ORACIÓN

Oh dichosísima Marianita de Jesús, por cuya virginal pureza y demás virtudes, hizo el cielo que brotara hermosa azucena de vuestra sangre, para testimonio perenne de vuestra angelical virtud; os ruego me alcancéis el don de una santa muerte y de que os intereséis ante Dios por la felicidad temporal y espiritual de mi familia y de mi patria; obtenedme la gracia de teneros una gran devoción y de imitar vuestros ejemplos, os invoque en todas mis necesidades y vos siempre me escuchéis; en fin que persevere en la felicidad de Dios hasta el último aliento de mi vida, y por vuestra intercesión merezca ser admitido en la eterna bienaventuranza. Amén.

 

(Estas preces deben repetirse todos los días de la Novena).

 

PRECES EN HONOR DE LA BIENAVENTURADA MARIANA DE JESUS

-Mariana de Jesús, esposa muy amada del Divino Corazón. R/: Ruega por nosotros.

-Amante apasionada de Jesús Sacramentado.

-Mártir de amor por Jesús Crucificado.

-Hija amantísima de Maria,

-Escogida violeta de humildad,

-Azucena de pureza angelical,

-Virgen de modestia sin igual,

-Ejemplar de pobreza evangélica,

-Maestra de perfectísima obediencia,

-Apóstol de la infancia desvalida,

-Dulce protectora de las Misiones,

-Modelo incomparable de la juventud,

-Gloria inmarcesible de la Tercera Orden Franciscana,

-Víctima de la caridad por tu Patria,

-Salud y sostén de tu pueblo,

-Mariana de Jesús, Azucena de Quito.

 

ORACIÓN

Bienaventurada Mariana de Jesús, defiende la inocencia de nuestra niñez, la pureza de nuestra juventud, la moralidad de nuestros hogares; condúcenos hacia los amantísimos corazones de Jesús y María; haz de nosotros almas eucarísticas, y amantes apasionados del Señor Crucificado. Hija predilecta del Serafín de Asís, ruega por la inmensa familia franciscana, y suscita en muchos corazones el anhelo de ceñir como tú la librea de Francisco, para que tu espíritu haga florecer en nuestro suelo los dones celestiales de Paz y de Bien. Mártir de caridad por tu Patria, alcánzanos su renovación espiritual, la concordia, la verdadera paz que nos trajo Jesucristo, y el reinado social de su Evangelio en este su pueblo consagrado a la gloria de su divino Corazón. Así sea.

 

-Colaboración del Hno. Félix Becerra OFS.

ANOTACIONES

Al hablar sobre la piedad popular, es referirnos a aquellas devociones que antaño se hacían en nuestros pueblos y nuestras casas, cuando se...