martes, 11 de julio de 2023

LOS SIETE MANANTIALES DEL CONSUELO


 

LOS SIETE MANANTIALES DE CONSUELO

 Tomado del Manual de la Archicofradía de Nuestra Señora del Consuelo


Por la señal de la Santa Cruz...

 

ACTO DE CONTRICIÓN

Por muy dichosa me tengo,

Virgen, madre, esposa, reina,

Que en Ti mi esperanza goce

Felicidades eternas.

 

Ruega á Dios que me perdone,

Pues nos muestra su grandeza,

Que haberte hecho Madre suya

La causa ha sido mi ofensa.

 

Y pues tan dichosa he sido,

Por Tí goce vida eterna

Una alma tan pecadora

Que te adora y te venera.

 

Que aunque frágil pecador,

Te pido que no te ofendas

De que tenga atrevimiento

De ponerme en tu presencia.

 

Tu bondad, Señora mía,

Es la causa que me atreva:

Que no me atreviera yo

Si Tú no fueras tan buena.

 

Dame licencia, Señora,

Para que con tu licencia

Te pida misericordia,

Pues eres la Madre de ella.

 

No permitas que mis culpas

Sean causa de que yo Vuelva

Tan pobre como llegue

A tu sagrada presencia.

 

¿Quién de los que te conocen

Vendrà á pedir tu clemencia,

Que desconsolado bulla,

Aunque mil pecados tenga?

 

No mires que por mi culpa

Perdí la primera herencia

Que costó sangre á tu Hijo

De sus soberanas venas.

 

Ni el poco dolor que traigo,

Puesto que mi alma desea

Tener nn pesar que legue

A contrición verdadera.

 

Sólo mira que por mí

Vino del cielo á la tierras

A redimir mi pecado

Tomando en Ti carne nuestra.

 

¡Quién nunca hubiera pecado!

¡Ay, mi Dios! y quién tuviera

Tal dolor que de él muriese

¡Por las pasadas ofensas!

 

Y si á pecar me incitare

La miserable flaqueza,

Dame tu auxilio eficaz

Porque luego me arrepienta.

 

Pues gustas te llame Madre

Por librarme de la pena,

Estoy en la obligación

De que por Madre te tenga.

 

Y las Madres, con sus hijos

En ocasión es que tengar,

Hacen empeño en librarlos,

con el fin de que no se pierdan.

 

¡Oh dulce Madre amorosa!

¡Oh preciosísima perla!

¡Oh manantial de virtudes!

¡Oh belleza de bellezas!

 

Espero el remedio en ti

Que no es posible que quieras

Con tu corazón piadoso,

Que para siempre me pierda.

 

¿A quién pediré el socorro,

Virgen, si Tu me desechas?

Y si no quieres oírme,

A quien iré con mis quejas.

 

Del todo desamparado

Quedaré, si Tú me dejas,

Sin consuelo, sin remedio,

Del cielo ni de la tierra.

 

Y pues siempre los amparas

A los que á Tí se encomiendan,

A Tí me encomiendo y pido

Perdón, amparo y defensa.

 

Ruega por mí, Madre mía,

Para que en la vida eterna

Las intercesiones tuyas

Eternamente agradezca.

 

Gloria al padre, etc.

Donde á gloria de tu Hijo,

Por siempre vives y reinas,

Cuyos infinitos bienes

Yo me alegro de que poseas. Amén.

 

Meditemos con atención los siete dolores de la Virgen Santísima, que son como siete fecundísimos manantiales de aguas Purísimas de gracia con que podemos saciar la sed de nuestro espíritu, ávido de refrigerio en su travesía por el ardoroso desierto de la vida.

 

I.

Meditemos el gran dolor que sufriría la Santísima Virgen al escuchar la profecía de Simeón.

-Padre nuestro, Ave María, etc.

 

¡Consuelo de los afligidos!

Ruega por nosotros (siete veces).

Gloria al Padre, etc.

 

¡Madre del Consuelo! en nuestras penas dadnos á beber la purísima agua del manantial que hizo brotar de Tí el Santo Profeta Simeón cuando, con la espada de la Profecía que anunciaba la Pasión y muerte de tu Santísimo Hijo, hirió hondamente tu Corazón.

 

II.

Meditemos el Profundo dolor que sufrió la Santísima Virgen con la pérdida del Niño Jesús

Padre nuestro, Ave María.

 

¡Consuelo de los afligidos!

Ruega por nosotros (siete veces).

Gloria al Padre, etc.

 

¡Madre del Consuelo! derrama sobre mí una poca de esa agua purísima del manantial que hizo brotar de tu Corazón el duro golpe que recibió con la pérdida de tu Santísimo hijo por tres días; para que se regenere mi corazón, incéndialo con el devorador fuego de mis pasiones.

 

III.

Meditemos el profundo dolor que sufrió la Santísima Virgen con la prisión de Jesús.

Padre nuestro, Ave María, etc.

 

¡Consuelo de los afligidos!

Ruega por nosotros (siete veces).

Gloria al Padre, etc.

 

¡Madre del Consuelo! el grande amor a tu inocente Hijo prisionero hizo brotar de tu corazón un manantial de aguas de consuelo, que en cristalinos arroyuelos atravesaban los muros de la prisión hasta llegar a Él; yo también estoy aprisionado por mis culpas. ¡Dame por Caridad a beber del agua de ese manantial purísimo, que desfallezco abrasado!

 

IV.

Meditemos el dolor que sufriría la Santísima Virgen al ver a su amadísimo Hijo con la pesada cruz sobre sus hombros.

Padre nuestro, Ave María.

 

¡Consuelo de los afligidos!

Ruega por nosotros (siete veces).

Gloria al Padre, etc.

 

¡Madre del Consuelo! ¡cuánto no sufrirías al ver al inocente amado de tu alma, cargado con el afrentoso suplicio que iba á servirle de ara santa! ¿Cuáles son mis sufrimientos al lado de éste que desgarra nuevamente tu Corazón, para hacer manar nuevos torrentes de gracias? ¡Señora, cuando sufra yo rudos golpes en la vida, dame á saborear el agua de ese manantial, que me tornará fuerte como á ti!

 

V.

Meditemos el dolor que sufriría la Santísima Virgen al ver a Jesucristo clavado en la cruz.

Padre nuestro, Ave María.

 

¡Consuelo de los afligidos!

Ruega por nosotros (siete veces).

Gloria al Padre, etc.

 

¡Madre del Consuelo! al pié de la Cruz recibiste de la infinita Misericordia tal número de gracias que hicieron brotar otro manantial abundante de tu Corazón: manantial que corre siempre puro y fresco al pié del Árbol de la redención. Haz, Señora, que mi alma se lave en esas santas aguas, para que purificado, pueda aprovecharme del fruto de la sagrada Pasión.

 

VI.

Meditemos el dolor que sufriría la Santísima Virgen al ver atravesar con la lanza el costado de Jesucristo.

Padre nuestro, Ave María.

 

¡Consuelo de los afligidos!

Ruega por nosotros (siete veces).

Gloria al Padre, etc.

 

¡Madre del consuelo! la lanza que hizo brotar del costado de Jesús la catarata de inmensos beneficios hirió también tu corazón purísimo ¡herida que mana con abundancia, ternura y amor! Hiere, Señora, mi corazón, para que pueda penetrar en él algo de la abundancia de ternura y amor del tuyo.

 

VII.

Meditemos el dolor que sufriría la Santísima Virgen al sepultar a su Santísimo Hijo y quedarse en la mayor soledad.

Padre nuestro, Ave María.

 

¡Consuelo de afligidos!

Ruega por nosotros (siete veces).

Gloria al Padre, etc.

 

¡Madre del Consuelo! faltaba que brotara un manantial para que, reunido con los otros, viniese á formar una anchurosa fuente de Consuelo. En tu soledad se reunieron todos los sufrimientos de tu vida santa, por esto allí se mezclaron todos los manantiales de tu corazón. ¡Oh fuente de gracia, muestra siempre tus

Vivificadoras aguas a este miserable enfermo que, sediento, ¡camina ansioso en pos del albergue preparado en los límites de este destierro!

 

 

Saludemos a la Santísima Señora como Hija de Dios Padre, diciéndole:

-Dios te salve Reina y Madre, etc.

 

Saludaremos a la Santísima Señora como Madre de Dios Hijo, diciéndole:

-Dio te salve, etc.

 

Saludaremos a la Santísima Señora como Esposa de Dios Espíritu Santa

-Dios te salve, etc.

 

Señor, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, óyenos.

Jesucristo, escúchanos.

 

Padre celestial, que eres Dios, ten piedad de nosotros.

Hijo Redentor del mundo, que eres Dios, ten piedad de nosotros.

Espíritu Santo, que eres Dios, ten piedad de nosotros.

Santísima Trinidad, que eres Dios, ten piedad de nosotros.

 

Santa María,

Santa Madre de Dios,

Santa Virgen de las vírgenes,

Madre de Jesucristo,

Madre de la divina gracia,

Madre purísima,

Madre castísima,

Madre Virgen,

Madre inmaculada,

Madre amable,

Madre admirable,

Madre del buen Consejo,

Madre del Creador,

Madre del Salvador,

Virgen prudentísima,

Virgen venerable,

Virgen laudable,

Virgen poderosa,

Virgen misericordiosa,

Virgen fiel,

Espejo de justicia,

Trono de la eterna sabiduría,

Causa de nuestra alegría,

Vaso espiritual de elección,

Vaso precioso de la gracia,

Vaso de verdadera devoción,

Rosa mística,

Torre de David,

Torre de marfil,

Casa de oro,

Arca de la alianza,

Puerta del cielo,

Estrella de la mañana,

Salud de los enfermos,

Refugio de los pecadores,

Consoladora de los afligidos,

Auxilio de los cristianos,

Reina de los ángeles,

Reina de los patriarcas,

Reina de los profetas,

Reina de los apóstoles,

Reina de los mártires,

Reina de los confesores,

Reina de las vírgenes,

Reina de todos los santos,

Reina concebida sin la culpa original,

Reina del santísimo Rosario,

Reina de la paz.

 

Cordero de Dios que quitas los pecados

del mundo. Perdónanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecadas

del mundo. Escúchanos, Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Ten piedad de nosotros.

 

DEPRECACIÓN

¡Madre mía queridísima! ansío como el cansado caminante, como el calenturiento enfermo tomar de Tí, fuente pura, las refrigeradoras aguas de tus gracias. Mírame, abatido por el sufrimiento, no puedo dar un paso; cansadas están ya  mis débiles fuerzas, Es muy amargo pan de este destierro; pan que diariamente como, mojado por mis lágrimas. Las fuentes de mis ojos están casi secas de tanto llorar; porque en mis días, siempre nublados, las contrariedades me siguen por doquiera. No hay lugar donde vuelva mis ojos que no tropiece con humillaciones, desprecios y desengaños. No encuentro ya en mi vida miserable ni la más pequeña ilusión, ni el más pequeño atractivo. Si eres fuente de consuelo, en pos de Ti vengo para alcanzarlo; si Madre eres del desterrado, contigo vengo á llorar mi destierro; si eres refugio del perseguido, huyendo del mundo vengo para que en tu regazo me escondas: si eres salud de los enfermos ¿quién más enfermo que yo de alma y cuerpo? A Tí vengo. Señora, pues sé que no se extravía quien te sigue; ni desespera quien te ruega; ni yerra quien en Tí piensa... Más... ya respiro: hoy mismo comenzaré a sentir la paz de espíritu que había pedido: me levantaré, estoy seguro de tu presencia, consolado, y al partir, no me seguirá ya el amargo dolor del que me quejo. De hoy en adelante, sí, será Un muro inexpugnable, porque cuando se levanten contra mí los tempestuosos Vientos de las pasiones; cuando caiga en el escollo de las tribulationes, á Ti volveré mis ojos, á Ti invocaré, María. Y si fuere arrebatado por las negras ondas de la soberbia, de la ambición, de la difamación o de la envidia; veré mis ojos, te invocaré, María. Si desgraciadamente cayere en las redes de la avaricia ó en las feas pasiones de la carne, te llamaré en mi ayuda, María. Y si llegare, en fin, á estar turbado con la idea del crimen, confundido con el hedor de mi corrompida conciencia, aterrorizado con el horror del juicio, y en medio de la tristeza, de la desesperación, próximo tal vez á ser absorbido por los insaciables antros del infierno, en Tí pensaré, María, á Tí, fortaleza del débil, invocaré en mi auxilio.  Mujer pura como la luna, hermosa como el sol, terrible como formidable ejército puesto en orden de batalla; compadécete de mí, no me olvides, que yo te juro jamás borrar ni de mi corazón tu efigie, ni de mi mente tu memoria.

 

ORACIÓN

Dios, en cuya pasión la espada del dolor, según la profecía de Simeón, traspasó la dulcísima alma de la gloriosa Virgen María, tu Madre; concédenos por tu bondad, que los que con veneración celebramos la memoria de tu pasión, y crucifixión consigamos los frutos dichosos de tu pasión por los gloriosos méritos é intercesión de todos los que fielmente asistieron al pié de la cruz. Hazlo Tú que vives y reinas con el Padre en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Así sea.

 

Reina Augusta del dolor,

Haz que el nombre de tu Hijo,

Con el tuyo, siempre fijo

Lo lleve en el corazón.


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-Colaboración de Iván Arellano

TRIDUO A NUESTRA SEÑORA DEL CONSUELO


 

TRIDUO A NUESTRA SEÑORA DEL CONSUELO

 Tomado del Manual de la Archicofradía de Nuestra Señora del Consuelo

-Por la señal, etc.

Acto de Contrición: Señor mío Jesucristo, etc.

 

SALUTACIÓN

¿Cómo Señora, empezaré a hablarte? ¿Seguiré, por ventura, el ejemplo del Arcángel diciéndote reverente: AVE, Dios te salve, gózate, alégrate? ¿o te hablaré como pobre, como reo, como necesitado de tu patrocinio, como deseoso de servirte y seguir los pasos de tu Hijo, y como favorecido tuyo, que no olvidas, en medio del mar de tus grandezas, á los pequeñuelos, que vivimos. en este mar de desdichas y miserias? No, no quiero hacer injuria á tu piedad, revistiéndome de un temor servil; que no cuadra tal estilo a tu estupenda dignación inmensa. Quiero hablar contigo con afecto y reverencia de hijo, porque te pagas mucho de tal confianza. Por eso busco tu sombra, dulce Madre mía, luz mía, consuelo mío, refugio mío, para tratar contigo de la salud de mi alma y restauración de mi perdido espíritu. Aquí me tienes á tus venerables y augustas plantas, deshecho en tristes suspiros, aradas mis mejillas con las lágrimas que corren hasta la tierra y oscurecidas las niñas de mis ojos con los nublados de mí misma congoja y turbación. Dame licencia, Señora, y alcánzame de tu precioso Hijo pureza de corazón, para que más dignamente hable contigo.

 

DÍA PRIMERO

SÚPLICA

Madre mía, yo recuerdo que un amante siervo tuyo ha dicho, que nadie que hasta ahora haya ocurrido á Tí con fé, ha salido desairado. Yo me acuerdo de algunos de tus hijos, como Bernardo, Domingo, Ildefonso, Gerardo, Gertrudis, Matilde, Estanislao, que de solo oírte nombrar se derretían en suavísimas lágrimas. Yo me acuerdo que muchos de ellos con el eco de tu nombre se les partía el corazón, en gozosísimos sentimientos. ¡Oh Jesús! Hijo de Dios vivo, Hijo de María, romped la roca de este pecho, deshaced el hielo de este corazón, desterrad las tinieblas de esta alma, para que acierte á portarme como hijo de tal Madre, y como hermano de tal Hijo. ¡Oh Madre admirable! ¡Oh Madre de Gracia! ¡oh Tálamo de Dios! ¡Oh Esposa! ¡Oh hija! ¡Oh Templo del Divino Amor! ¡oh atrio del Cielo! ¡Oh Estrella de la mañana! ¡oh Aurora! ¡oh Lirio hermoso de los Valles! Acógeme debajo de tu manto: hazme partícipe de tus admirables dulzuras: llévame de la mano y reconcíliame con tu Santísimo Hijo, para conseguir la gracia y salud que deseo.

-Dios te salve... Gloria. 

Consuelo de afligidos, Ruega por nosotros.

 

Feliz quien en Ti confía

En sus penas y dolores;

Madre eres de pecadores,

¡Consuélame, Madre mía.

Dios te salve... Gloria.

Consuelo de afligidos, Ruega por nosotros.

 

Eres luz y eres guía.

Fuente de toda esperanza;

Feliz quien tu amparo alcanza

¡Consuélame, Madre mía!

Dios te salve... Gloria.

Consuelo de afligidos, Ruega por nosotros.

 

Mi amor, mi santa alegría,

Mi paz, mi dulce reposo,

Mi solo y único gozo, 

¡Consuélame, Madre mía!

Dios te salve... Gloria.

Consuelo de afligidos, Ruega por nosotros.

 

-Se hace mentalmente la petición y en seguida se reza la «Oración final para

todos los días» 

 

DÍA SEGUNDO

SÚPLICA

Resplandezca tu gran misericordia, ¡oh fuente de perenne suavidad! en sacar de tantos riesgos y peligros á este pequeño hijo tuyo. Gloria tuya es, y honra de tu inestimable caridad el no permitir mi perdición, ¡Crecerá tu gloria, ¡oh María! porque sea más extremada mi ruina o será de menor lustre á tu honor, que resplandezca en tu corona este nuevo tachón brillante á influjos de tu gran misericordia? O por ventura se acreditará más tu piadoso y dulce nombre, desamparando à este pobre, y dejándolo abatido y humillado entre los negros horrores de su ignominia y eterna confusión ¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! ¡Oh Reina mía! ¡oh luz de mis tinieblas! ¡Oh centro de mis esperanzas! ¡oh Polo y Estrella faustísima en mis peligros y Ta bla segurísima en mis naufragios! no me desampares, no me desprecies, no te cansen mis importunos ruegos, No sea yo el más desdichado e infeliz, que desmerezca tu intercesión poderosa; espero de tu bondad mi remedio.

-Dios te salve, Gloria y lo demás como el primer día.

 

DÍA TERCERO

SÚPLICA

¡Oh Tú la más hermosa de las mujeres! ¡oh Tú la más bizarra de las hijas de Adán! ¡oh Tú la más ataviada de todas las criaturas! ¡Lirio cándido en el valle de la Divina Trinidad! ¡Luna gloriosa sin menguantes, triunfadora de las nocturnas sombras! ¿Qué día hay para mí si no veo nacer sobre mi cabeza los dorados rayos de tu sol? Todo es noche para mí; y no veo delante de mis ojos, ni reinar en mi triste fantasía sino sombras y confusiones. ¡Oh suerte mía infeliz! ¿Qué delito cometí? ¿Cómo sufre mi desconsuelo tu amoroso pecho? ¿Cómo sufre mi soledad tu amante corazón? ¿Por qué no alumbras mis tinieblas? Y si hieren tu corazón tus hijos con sus amorosas flechas ¿dónde las mías? ¿Dónde los tiernos suspiros que llegan a tu trono envueltos en seráficos ardores? Oh Madre mía, dulcísima, amabilisima, precordialisima, toda hermosa, toda bella, toda agraciada, amparo mío; Consuelo mío, Refugio mío, Puerto mío, oh, quién nunca se olvidará de ti ¡Oh quién siempre se acordara de Tí hechos sus ojos dos fuentes de dulcísimas lágrimas! Señora, auxiliadora nuestra, refugio en nuestros peligros, no arrojes de Tí la rendida súplica de este tu siervo e hijo que clama á Tí con voz grande y clamor vehemente en el tiempo de la tribulación.

 

-Todo lo demás como el primer día.

 

ORACIÓN FINAL

¡Oh gran Señora, tú eres el arco iris a cuya vista se serenan los cielos y los nublados de las eternas iras se convierten en blancas y lucidas nubes de apacibles misericordias! Tú eres el Iris á cuyo brillante aspecto mirando el Altísimo con, atenciones notabilísimas, hace se conmuten sus justos rigores, merecidos de la humana ingratitud, en lluvias de piedades para que puedan respirar los pecadores. ¡Oh gran mujer! ¡Oh Cielo animado! Que bien dijo el que afirmó que, aunque no hubiera otro Cielo, que el de tu belleza, ni otro premio de las virtudes, que el mirar tu rostro, se debieran sufrir con gozo por adquirirlo y conseguir este bien, cuántas penalidades y espinas en sí abraza este destierro. ¡Oh Cielo hermosísimo, en quien Dios tiene sus mejores delicias! Miro una santidad tan eminente en Ti, tan abundante tan grande, que merece tener en sí el retrato del mismo Dios ¡Oh Virgen suavísima, dulcísima, amorosísima, quisiera mi alma rendirse toda entera a tu hermoso y melifluo amor! Quisiera, como mariposa, sacrificarse a tus ardientes y dulces llamas. Abre, Madre de piedad la puerta de tu benignísimo corazón a los suspiros míos, a mi profundo llanto, á mis clamores continuos. ¡Oh María, María, María, consuelo mío, esperanza mía, bienaventuranza mía y mil veces Madre mía! Tú que haces elocuentes las lenguas de los niños, instruye mi lengua é infunde en mis labios la gracia de tu bendición para que mientras vivo en este destierro non cese mi alma de elogiarte con aquella perfección con que se hace en la patria Celestial. Alábente los Cielos, la tierra, los abismos y todas las criaturas, alábete yo sin fin y ofrezca á tu altar continuamente el sacrificio de alabanza; y puesto que eres auxiliadora nuestra, consuelo en nuestras penas y refugio en nuestros peligros, no arrojes de Ti la rendida súplica de este tu siervo é hijo que clama á Ti con clamor vehemente en el tiempo de la tribulación, Así sea.

 

ORACIÓN

Jesucristo, Señor Nuestro, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo; concede propicio que así como llenos de alegría celebramos en la tierra á tu Santísima Madre la Virgen María, bajo el título del Consuelo, merezcamos gozar perpetuamente de Su compañía en el cielo: en donde vives y reinas, Dios, por todos los siglos. Amén

 

-Colaboración de Iván Arellano

DEVOCIÓN DE LAS TRES SALVES A NUESTRA SEÑORA DEL CONSUELO

 

PEQUEÑA DEVOCIÓN DE LAS TRES SALVES A NUESTRAS SEÑORA DEL CONSUELO, PARA REZARLA LOS VIERNES, O SIEMPRE QUE SE TENGA UNA AFLICCIÓN.

 Tomado del Manual de la Archicofradía de Nuestra Señora del Consuelo

ORACIÓN

¡Con cuánta confianza me postro a tus plantas, Reina y Señora! ¡Con qué satisfacción pronuncian mis labios tu encantador nombre: ¡María! ¡con qué amor, con qué fé te llamo Madre! Madre mía, Madre del huérfano desterrado en el valle de lágrimas que nos legó nuestro primer Padre. Vengo, Señora, a llorar contigo, vengo á contarte mis sufrimientos, porque sólo Tú, Sacrosanta Reina de los mártires, del dolor y del infortunio, sólo tú podrás comprender las amarguras que á mi Corazón oprimen, porque Tú que tanto sufriste, puedes comprender al que sufre tanto. Sufro, sí, Señora, pero... ¿que amargura es comparable con la tuya?... ¿Qué lirio ha sido más combatido por el desencadenado huracán? ¿ni qué palmera más gallarda ha sido tan fuertemente azotada por el deshecho vendaval? La faz argentada de la luna nunca ha sido nublada con tan negra tempestad; ni el más delicado rosal de Jericó ha visto palidecer tanto sus purpurinas flores al viento abrasador del torbellino. Ni Raquel, que al perder á sus hijos hace estremecer al desierto con el desgarrador acento de sus gemidos y enmudecer á los vientos con los ayes de su dolor, ni David, a quien la pérdida de su hijo Absalón le hace prorrumpir en gemidos lastimeros: ¡Hijo mío Absalón! hijo mio! quién me điera morir por ti! ni la heróica madre de los Macabeos que ve despedazar a sus siete hijos por la mano del verdugo, como destruye la embravecida tempestad hermosa y delicada corola de las tiernas flores; ni todos los mártires juntos, todas las madres que han velado inconsolables junto al ataúd de sus hijos y van á llorar todos los días sobre la fría losa de sus tumbas, han sufrido nunca como Tú. Señora, vengo á derramar la rebosante copa de mi amargura en el insondable piélago de la tuya. ¡Ilumina mi fé entibiada enmedio de las revueltas de la vida: vigoriza mi desfallecida esperanza, para sufrir con gusto, como Tú sufriste por amor solo de Dios; enfervorece mi caridad, casi extinguida por el ardiente fuego de mis pasiones! ¡Alienta mi vida miserable; fortaléceme en mi quebranto; llévame de la mano por el oscuro y tortuoso sendero de mi existencia! Manda el consuelo á mi atribulado espíritu; alcánzame esa santa alegría que tu bendito Hijo sabe conceder á los justos, en medio de los mayores tormentos! Enjuga con tu maternal mano las ardientes lágrimas que brotan copiosas por las angustias de un corazón que sufre, y corren impetuosas abrazando mis mejillas y abatiendo mi espíritu; dame fuerza para que no desfallezca más enmedio de mi carrera, bajo el angustioso peso de la cruz que gravita sobre mis cansados hombros! Soy reo ante tu Santísimo Hijo, bien lo comprendo; pero me alienta saber que nadie hasta ahora que con fé haya implorado tu socorro, ha sido por Ti desamparado. Tiende, hermosísima Madre tu mirada hacia nosotros tus hijos: mira el llanto de la Iglesia que, angustiada ve levantarse contra ella á sus hijos descarriados. Ilumina á los esposos cristianos, que han abandonado sus religiosos deberes y hasta olvidado tu encantador nombre María! que sus padres les enseñaron á balbutir cuando apenas daban los primeros pasos. Alcánzales a las esposas cristianas el don de prudencia y comunícales tu espíritu de sufrimiento y de resignación santa. Vela sobre las doncellas cristianas para que no caigan en el dificilísimo paso de la vida al elegir el estado en que han de servir á Dios, Muestrate decidida protectora de los señores Obispos, Sacerdotes y Religiosos, sosteniendo, aumentando y vigorizando su fe. Particípales algo de tu fortaleza á las vírgenes que, á manera de mártires, se sacrifican en aras del retiro, como holocausto al Dios tres veces Santo. En fin, queridísima Madre mía, conoces mi corazón, puesto que á tí lo he consagrado; penetra hasta lo más recóndito de él; mira allá en el fondo la afflicción, la necesidad que ahora le oprime: remédiala, te lo suplico, y si no fuere esta la voluntad de Jesucristo, dame almenos la paz, y así me levantaré de tus plantas consolado. Amén.

 

OFRECIMIENTO DE LAS TRES SALVES.

 

PRIMERA SALVE.

Mensajeros celestiales, querubines, ángeles y serafines, recibid la pequeña ofrenda de esta Salve con que obsequiamos á vuestra Reina y Señora, nuestra amorosa Madre. Presentádsela como testimonio de nuestro amor, y pedidle que con nuestro Ángel de guarda nos envíe las gracias que alcance de Dios para nuestra tranquilidad y la paz de nuestro hogar.

Dios te Salve...

 

SEGUNDA SALVE.

Coros angélicos del celestial Empíreo, acompañad con vuestros melodiosos cantos está Salve, á fin de que armoniosa llegue hasta el trono de María. Sed mensajeros también de las gracias que de Dios obtengamos para nuestra fortaleza en las terribles luchas de la vida.

Dios te Salve...

 

TERCERA SALVE

Apóstoles, mártires, confesores, vírgenes, todos los santos, acompañad esta Salve, que por conducto del Castísimo Patriarca San José, enviamos à su cara Esposa la Purísima y sin par María, Rogámoste, Señora, unidos con todos los ángeles y santos, que al volar á la eternidad, nos tomes de la mano para no caer en el profundo y eterno abismo.

Dios te Salve, etc.

 

ORACIÓN PARA TERMINAR.

¡Cuán hermosa eres, criatura la más perfecta que hasta ahora haya salido de las manos del Omnipotente! ¡Cuán hermosa eres Hija predilecta del Eterno Padre, Madre tiernísima del Hijo y Esposa muy amada del Espíritu Santo! ¡Cuán hermosa eres, purísima doncella, preservada de toda mancha desde la eternidad, desde antes que brotara la primera flor sobre la tierra, antes que los astros brillaran sobre la espléndida bóveda del cielo, antes que el perfume de las flores embalsamara las brisas de la mañana y la aurora disipara las sombras de la noche, antes que el lirio fuera engalanado con su blanco ropaje y las aves fueran ataviadas con brillantes bellas plumas! Hermosísima Raquel, valerosa Judit, agraciada Ester, prudente Abigail, purísima María, hermosa, santa, inmaculada, piélago de virtudes, mar de gracias, fuente de beneficios, ¿qué elogios te podré decir que no sean menos de lo que Tú mereces? Todo cuanto pueda decirse te diré con decirte María, melodioso nombre que endulza mis labios al pronunciarlo, que destierra mis temores y alienta mis esperanzas. Jamás dejaré de pronunciarlo, para recordar siempre que yo soy un abismo de maldades, mientras tú eres un abismo de misericordias, y conducto inagotable de gracias y piedades. Amén.

 

JACULATORIA.

L/: Reina augusta del dolor,

Haz que el nombre de tu Hijo

 

R/: Con el tuyo siempre fijo,

Lo lleve en el corazón.

 

INDULGENCIAS.

El Exomo, y Revmo. Sr. D. Nicolás Averardi, Arzobispo de Tarso y Visitador Apostólico de México, concedió cien días de Indulgencia á las personas que recen esta pequeña devoción, 80 días el Ilmo. Sr. Arzobispo de México. 40 días el Ilmo. Sr. Obispo de Léon. 40 días el Ilmo. Sr. Obispo de Tulancingo. 40 días el Ilmo, Sr, Obispo de Aguascalientes. Cada uno para su respectiva Diócesis.

 -Colaboración de Iván Arellano

ANOTACIONES

Al hablar sobre la piedad popular, es referirnos a aquellas devociones que antaño se hacían en nuestros pueblos y nuestras casas, cuando se...