viernes, 5 de junio de 2020

NOVENA A SAN ONOFRE



PIADOSA NOVENA EN HONOR DEL GLORIOSO ANACORETA SAN ONOFRE

Sacada a la luz por un devoto del Santo

México, 1808

El Ilmo. Sr. Arzobispo de México, D. Francisco Javier de Lizana y Beumont, concede 80 días de indulgencia, a quien rezare esta devoción.


ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Oh Dios mío, por tu infinita bondad hago dulce memoria del penitente anacoreta San Onofre ¡Oh buen Jesús! Por este beneficio seáis eternamente alabado en la gloria. Con amorosa providencia, dispusisteis que vuestro siervo, el abad Pafnuncio, penetrara los desiertos de Egipto, y con los trabajos imponderables, caminara por aquella soledad, diez y siete días, para buscar y hallar a nuestro amado Onofre, cuando ya se le acercaba su muerte, dejando esto, en público testimonio de su vida mortificada, os suplico humildemente por los méritos de este gran santo, me hagáis participante de los favores que prometéis a vuestros devotos, en cuya poderosa intercesión hallan remedio los pecadores, de costumbres y envejecidos en sus vicios, y vos, Padre mío San Onofre, cuya presencia en el desierto confortó el espíritu del Santo Abad Pafnuncio, le borró la memoria de los trabajos padecidos en tan larga peregrinación, le llenó de gozo su amable visita y conversación, y se tenía por el más dichoso entre los mortales por solo el haberos visto y hablado ¿Cuál será mi felicidad si el Señor me concede la gracia de ser siempre vuestro devoto y amante? ¡Oh, quien os hubiera conocido antes, Santo mío! Jamás me olvidaré ya de vos, confío hallar alivio en mis trabajos, consuelo en mi alma, y echar de mi los malos pensamientos y deleites de la carne, según la promesa que hiciste en el desierto diciendo al Santo Abad Pafnuncio: “cuando vuelvas a Egipto, dirás a los siervos de Cristo, que el que hiciere memoria de mí, será libre de tentaciones, porque así lo he pedido al Señor, y su bondad me lo ha concedido” ¿dejaré yo de elegiros por mi defensor en las tentaciones, cuando el mismo Dios ah concedido esta particular gracia para vuestros devotos? Desde ahora, santo mío, os elige por su patrón e intercesor, mi pobrecita alma, con la segura confianza que, viviendo a vuestra sombra, guardaré los divinos preceptos, me mantendré firme y constante en la amistad con Dios, y por desgracia la perdiere, me alcanzareis un fervoroso dolor para arrepentirme, y morir antes que ofenderos. Amén.



DÍA PRIMERO

ORACIÓN

¡Oh Gloriosísimo San Onofre! dulce abogado mío, a cuya presencia viene mi alma, atraída de la bondad divina, que se complace viéndoos buscar el socorro de nuestras miserias en sus amigos y privados, que ha prometido grandes favores a los que se acogieren a vos, admitid mi súplica y oídla compasivo, confío dijiste, Santo mío, que hará el Señor muchas mercedes a los que te tomaren como intercesor: Santo mío, yo confío alcanzarlas todas por vos, porque son muchas las necesidades de mi alma, sin número son las gracias que el Señor os ha prometido, distinguiéndoos entre los santos, porque fue vuestra virtud distinguida entre los demás, elegiste por amor a Dios y por imitar a San Juan Bautista, una vida que careciese de todo alivio y consuelo terreno, permaneciste en ella sesenta años continuos, y hubieras preservado cuantos siglos hubiera ordenado la Divina Providencia ¿Quién podrá penetrar la grandeza de vuestro mérito ni el aprecio que mereció vuestra penitencia en la aceptación del Señor? Alcánzame, Santo mío, de la Divina Bondad, que os venere con piadoso afecto, con solo esto me prometo observar una vida cristiana, confesar todos mis pecados, y corregir mis costumbres, apártame de los riesgos y peligros de perder la gracia, ser fiel a Dios en adelante, correspondiendo con obras a las palabras que le he dado, para que, perseverando en gracia, os acompañe en el cielo por toda la eternidad. Amén.

Se reza un credo al Señor, y se pide al santo lo que cada uno necesite conseguir en esta novena.


GOZOS

Pues el poder infernal

Tiembla a tu nombre elevado:

Sednos Onofre sagrado,

Protector universal.

 

Al primer golpe del cielo,

Burlaste al mundo engañoso,

Buscando amoroso

Con insaciable desvelo,

Pues en un claustro tu celo

Hizo vida angelical:

 

En vigilia y oración

A los mojes excediste

Y en breve de todos fuiste

Ejemplo y admiración,

Si granjeo tu corazón

Tan abundante caudal:

 

Un designio soberano

Te sacó del monasterio

Y de una luz al imperio

Se te reveló el arcano,

Negado al comercio humano,

Fuiste todo celestial:

 

En el yermo te escondiste

Y acendrando tu inocencia

En austera penitencia,

Sesenta años consumiste,

Si amoroso resististe,

A toda la ira infernal:

 

El pan de tribulación

Con lágrimas amasado,

Fue tu plato regalado

Y toda tu ocupación,

Lograste en tal refección,

Gran aumento espiritual:

 

Ya no humano parecía

Tu espíritu, pues se humana

Un ángel cada semana

A darte la Eucaristía,

Que efecto en ti no haría

Tal divino panal:

 

A tan eminente grado

De perfección arribaste,

Que varias veces lograste

Ser por Ángeles tomado,

Y en el cuerpo y alma elevado

A ver al Dios inmortal:

 

Varias veces arrobando

Con Dios tu espíritu uniste,

Con cuyos raptos viviste

Como bienaventurado,

Oh galardón ajustado

A virtud tan especial:

 

Cuando Dios determinó

Premiar sus austeridades,

A tan hondas soledades

A un santo Abad dirigió,

Tus virtudes le mostraron

Justo como liberal:

 

Le ofreciste al abad Santo,

Su parte en el reino eterno,

Y para el devoto tierno,

Tu auxilio en todo quebranto,

Sea tu nombre, por tanto

El remedio a todo mal:

 

De Dios tú mismo

Al morir, le aseguraste

Que no puede hacer contraste

A tu poder el abismo

¡Oh ejemplo! ¡oh heroísmo!

¡Oh amor el más maternal!

 

En tranquilidad dichosa

El espíritu exhalaste

Que a tu Dios encomendaste

En oración fervorosa,

Procedió a tu hora gloriosa

La más brillante señal:

 

De la luz inmensos raudales

Cercaronme en dulce calma,

Y recibieron tu alma

Con músicas celestiales,

Pues miras ya sin cendales,

La misma luz esencial:

 

No niegues pues tu asistencia

Al devoto que afligido,

De tu poder persuadido

Invocase tu clemencia,

Pues espera en tu influencia

Socorro todo mortal:


L/: Ruega por nosotros ¡Oh San Onofre!

R/: Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN: Padre mío San Onofre, yo se que todo lo que pidas al Señor, lo alcanzarás `por la fidelidad y pureza en servirle sesenta años en el desierto, dadme vuestra bendición y pedid al Señor, que, así como me ah concedido veneraros en esta vida, me conceda también gracia para acompañaros eternamente en la gloria. Amén.



DÍA SEGUNDO

ORACIÓN

¡Amabilísimo protector mío y glorioso Padre San Onofre! la confianza que alienta mi espíritu de lograr por vos, verdaderas luces para conocer cuales deban ser mis principales cuidados, es mi único consuelo. Estos son sin duda oír las santas inspiraciones con que Dios me llama a mejorar mi vida. He oído hasta aquí los engaños del mundo, y los halagos de la carne, y los eh seguido con ceguedad, más ¡Oh Santo mío! Ya quiero practicar desde hoy las lecciones que vos me dais para que oiga, y siga las voces de Dios y sus santas inspiraciones. Quiso el Señor que dejarais la casa de vuestros padres, y renunciarais las delicias con que os brinda el mundo, y fuiste tan pronto en ejecutarlo, que el oír y obedecer fue una misma cosa. Os llamó el Señor a un monasterio donde le esperaseis como siervo fiel, y desde allí os intimó otra vida más perfecta, y como oveja del Pastor divino, oísteis su voz, la obedecisteis. Os inspiró el mismo Señor que emprendieras la imitación de Elías y el Precursor de Cristo en la soledad de un desierto, y ese robusto corazón que fortaleció con la gracia, nunca supo temer la flaqueza, obedeció con tal presteza, que, sin esperar la luz del día, os sacó del claustro aquella noche, y caminasteis, por aquellos yermos llenos de gozo y consuelo, y el Señor acreditó el agrado que tenía vuestra pronta obediencia, dándoos por guía una luz del cielo. ¡Oh Santo mío! A vista de vuestra docilidad me cofunde mi tardanza. He oído muchas veces las voces con que Dios me llama a dejar el mal, y obrar el bien, y eh resistido con tal dureza, que no eh buscado, ni apetecido lo bueno, ¡ay de mí! ¡Y cuán lejos estoy de imitar vuestros ejemplos! Os llama Dios a una vida la más amarga y repugnante a los sentidos, y se llena vuestro corazón de una dulzura más que la miel, según que vos lo dijisteis ¿y a mí me amarga el llamamiento a confesión dolorosa? No sea así, Santo mío, antes os ruego, me alcancéis una verdadera luz que ilumine mi corazón, y una gracia que me compela a hacer una confesión clara, verdadera y dolorosa, y que no halle reposo hasta hacerla, que conozca la gravedad y malicia de mis pecados y los deteste tan eficazmente que alcance de Dios el perdón, y después la vida eterna. Amén.



DÍA TERCERO

ORACIÓN

¡Oh dulcísimo protector mío y glorioso Padre San Onofre! En cuya alma depositó el Señor, tesoros de las más relevantes virtudes, oíd los ruegos de la mía, que se presenta a vos, pobre y desnuda. Os sacó el Señor de la compañía de aquellos virtuosísimos monjes, y os guio a la soledad para que empleaseis el resto de vuestra vida, sin conocer criatura humana. Sesenta años habitasteis en aquella solitaria gruta, donde abierta la puerta a toda penalidad, disteis claro testimonio de esta vuestra voluntad unida con la de Dios, y desasida de todo lo humano. El calor, el frío, la desnudez, las lluvias que acabaron con vuestra pobre ropa, ¿Qué penalidad no causarían a vuestra inocente carne? Y vuestro purísimo corazón cuanto no padecería en tantas batallas, como os presentó el común enemigo, viéndoos solo y sin humano auxilio, ¿con que furia acometería? ¿Qué medios formaría para convertir vuestra constancia al ver en vos tan altas virtudes? Vos mismo lo asegurasteis pocos momentos antes de morir, al santo anacoreta Pafnuncio, diciéndoles estas palabras: “créeme hermano, que fue tanto lo que padecí, que muchas veces llegué a punto de perder la vida”. Pero todo lo padecisteis por la gracia de Dios con tanta alegría, que diste a bien a entender, que vuestro amante corazón no tenía otro movimiento que la voluntad divina, y que erais el siervo fiel que tenias siempre los ojos en las manos de su Señor, por eso mirando siempre a la mano que los enviaba, os eran los trabajos más dulces que la miel. Preparad pues, Santo mío, este mi pobre corazón para que nada quiera, ni obre, que no sea conforme a la divina voluntad. Haced con vuestra intercesión, que siempre reconozca y venere la divina mano que lo ordena todo, en cuanto a cosas prósperas o adversas me sucedan, para que, recibiéndolas como venidas de tan soberana mano, me resigne en la divina voluntad, para que, imitándoos en la penitencia, logre mi alma acompañaros eternamente en el cielo. Amén.



DÍA CUARTO

ORACIÓN

¡Oh amantísimo protector mío, gloriosísimo San Onofre! Por quien suspira mi alma, deseando vivir a vuestra sombra, para que con vuestro amparo se prepare a recibir fructuosamente a mi Dios y Señor Sacramentado. En sábado o domingo os traía un ángel del cielo la sagrada Eucaristía, y de su angélica mano pasaba el Señor a vuestro seráfico pecho ¿Cuánto ardor de amor divino se encendería en vuestro pecho, al uniros con todo un Dios hecho víctima de amor? Lo evidencia, Santo mío, vuestra perfectísima vida, porque en vuestras obras nada aparecía de las flaquezas de los hijos de Adán, y más parecías Ángel que hombre vestido de carne. El beneficio singularísimo que acabáis de recibir ocupaba vuestras potencias, y os era preparación para la otra comunión, y según que estas se repetían, se aumentaban los deseos de vuestro espíritu, y vuestra fiel correspondencia a beneficio tan señalado, echando más profundas raíces la humildad, creciendo en caridad, y suspirando continuamente por el más alto ejercicio de heróicas virtudes, imitabais al santo Job, que suspiraba antes de comer, porque vuestra preparación para recibir el pan del cielo eran ardientes suspiros, enseñándonos con vuestro ejemplo, que para recibir dignamente este divino manjar, es necesario suspirarlo y tener hambre espiritual, Santo mío, acogedme a vuestra sombra, que en ella se apagarán los ardores impuros, para conseguir efectos de ese pan divino que sustenta a los Ángeles. Santo mío, aunque muchas veces lo he recibido, ha estado mi alma flaca y sin devoción, hay en mi corazón mucho del mundo, y por eso me aprovecha este celestial alimento. Rogad pues Santo mío, al Señor, que me aparte del mundo cuanto sea posible, que cierre las puertas de mis sentidos, para que no entren por ellas tantos objetos nocivos que asaltan mi corazón, para que, con este retiro, me disponga a recibir a mi Dios Sacramentado con ardientes y humildes deseos, y que, manteniéndole en mi corazón con vuestra asistencia, le adore con vos eternamente en la gloria. Amén.



DÍA QUINTO

ORACIÓN

¡Oh dulcísimo protector mío, gloriosos Padre San Onofre! En quien depositó la Santísima Trinidad los tesoros más preciosos de virtudes admirables, admitid esta pobre alma a vuestros benditos pies, cuyos pasos nos dejaron tantos testimonios de vuestro grande amor. Poco será que yo os compare a los abrasados serafines, siendo cierto como es que estos sublimes espíritus, por haber sido criados exentos de las miserias y pensiones a que está sujeto el cuerpo animal y terreno, no tienen peso que los retraiga, ni objeto que les embarace el noble ejercicio del amor, pero vos siendo hijo de Adán, sujeto a un cuerpo corruptible y de barro, combatidos siempre de enemigos, supiste emular a los serafines en los incendios de amor, y las batallas con los enemigos solo servían para aumentar las llamas del amor divino, y crecieron tanto estos incendios, que fue necesario un desierto para desahogar el volcán de vuestro amante corazón sin embarazo de criaturas. El amor a Dios os despojó de todo afecto terreno, del amor natural a vuestra sangre, y hasta de la pobre ropa que cubría vuestro cuerpo, y os hizo renunciar el comercio humano, reducido a ser compañero de las fieras en un desierto, pero todo esto os lo hizo el amor a Dios más dulce y sabroso que la miel, porque, aunque era amargo a los sentidos, era dulcísimo a vuestro enamorado espíritu. Así Santo mío, nos ensañasteis que el yugo del Señor es suave, y su carga muy ligera. Mirad compasivo esta pobre alma, tan tibia y helada en el amor Divino Amor, que ni aun se si alguna vez he pensado en este amor, ni en pedirlo, ni en considerar la necesidad que de él tengo, sin este amor ¡Oh Santo mío! Es preciso que yo me pierda ¿Cómo pues podré conseguirlo, si no interponéis con el Señor lo grande vuestro mérito? Me robó el mundo todos los cuidados, y no he conocido otro amor que el interés y el deleite, los he amado tan ciegamente, que no eh vivido, porque faltándome el amor a Dios, verdaderamente eh estado muerto, y pues debo a vuestra mediación este conocimiento, continuad vuestra intercesión para que sea fructuoso y operativo. Ayudadme protector mío, para que saque de mi corazón tantos y tan malos pensamientos, y me ocupe todo en amar a Dios, para empezar a vivir una vida espiritual, y continuando en la sombra de vuestro amparo, logre acompañarlos en amar a Dios eternamente en la gloria. Amén.



DÍA SEXTO

ORACIÓN

¡Defensor y protector mío, gloriosos Padre San Onofre! En quien confío encontrar cuanto necesito para salvarme, haced que yo tenga siempre a la vista vuestra prodigiosa vida, para que en la mía no entre jamás la vanidad y la soberbia, por lo humilde que fue la vuestra. Dejasteis las conveniencias con que el mundo os lisonjeaba, y elegisteis ser abatido en la casa del Señor sirviendo a unos pobres monjes. Resplandecían allí vuestras virtudes, como astros en el firmamento, y para ocultaras os retirasteis a la soledad de un desierto, donde viviendo desconocido, solo pudieran ser testigos de vuestras heróicas virtudes los Ángeles del cielo, y agradar solo a Dios, lejos de humanos aplausos. ¡Oh humildísimo Onofre! Veías los tesoros de la naturaleza y gracia que en vos había depositado la bondad inmensa del Creador, no podías ignorarlo, pero no tenías ojos para mirar como vuestro, este precioso depósito, veías Santo mío las gracias, y por último que lo eran las reconocidas dádivas de aquella mano liberal, que os dejaba mas obligado, cooperabais fielmente a los designios de Dios, y aún esa cooperación la contabais como efecto de la divina bondad, y nueva deuda a su amor. Tan pobre y desnudo os considerabais, que solo os juzgabais digno de ser compañero de las fieras e indigno de habitar entre los hombres, por eso quiso el Señor que ensalza a los humildes, y les comunica sus gracias, que no se ignorase en el mundo vuestra portentosa vida, ni el poder que os concedió a favor de vuestros devotos, ejercitadlo pues, Santo mío, a favor de mi pobre alma que tanto lo necesita, compadeceos de este corazón tan pobre y desnudo de humildad verdadera, rogad al Señor que me abra los ojos para conocer mis muchas miserias, suplicadle que por vuestros méritos me conozca bien a mí mismo, reconozca las culpas que eh cometido contra un Dios de infinita grandeza, siendo yo criatura vilísima, y que este conocimiento me conduzca a una confesión clara, humilde y dolorosa, para que alcanzando el perdón y la verdadera humildad, merezca algún día alabarle en vuestra compañía en la gloria. Amén.

 

 

DÍA SÉPTIMO

ORACIÓN

¡Oh glorioso patrón y abogado mío San Onofre! A quien deseo buscar con ansia por la suma necesidad que tengo de vuestro amparo, acometido frecuentemente por el infernal Asmodeo, que pretende abrasarme con el sucio fuego de la livianidad y torpeza, ¡a cuantos Santo mío, ha sumergido la lascivia en eternas llamas! Ella es un fuego devorador que ha reducido a cenizas a los que eran columnas fortísimas de relevantes virtudes ¿Cómo pues Santo mío, dejaré yo de temerle siendo como soy, flaco y débil, y asegurándome el gran Agustín que la guerra es continua y terrible, y muy rara la Victoria? Si tan grande es el peligro y yo aprecio la divina amistad, ¿Cómo vivirá mi alma sin temor de perderla en tan fuerte combate? El mayor enemigo es mi sucia carne ¿y será difícil que tropiece y caiga, siendo un barro tan resbaladizo, y viéndose acometido con tantos alicitivos como a cada paso se le presentan? Vos Santo mío, temisteis y buscasteis la seguridad de vuestra alma en un desierto, para que no lo ensucie ese lodo, ni la asaltasen los halagos de lisonjeros objetos, temisteis a vuestra carne, sin embargo, la domasteis hasta representar un cadáver con perpetuas maceraciones, y tan escaso y tosco alimento que apenas alcanzaba para poder subsistir ¿y yo Santo mío, viviré sin temor y sin defensivo alguno de los que me enseñasteis con vuestro ejemplo? Sepa yo temer, Santo mío, para asegurar mi alma de tan grande riesgo, y tenga siempre a mi favor vuestra poderosa intercesión, que siempre se ha señalado en apagar el fuego de la torpeza, no son pocos los devotos vuestros, que agradecidos, alimentándose con solas yerbas silvestres, confiesan haber debido a vuestro favor, sentir mudada su carne, antes combatida con tentaciones, que los obligan a gemir, temerosos de caer, y después tan fortalecida que parecía de bronce o piedra. Sea yo contado, Santo mío, entre ese dichoso número de vuestros favorecidos, ayudadme para que, huyendo de tan mortal enemigo, no prevalezca la tentación contra mi pobre alma. Alcanzadme del Señor os tenga estrecha devoción, para huir de la llama impura, y que no me suceda la desgracia que, a la infeliz mariposa, que, dando vuelos en la cercanía de la llama, muera lastimosamente. Santo mío, prometo la fuga de la ocasión, y así os alabaré eternamente en la seguridad de la patria celestial, que es la gloria. Amén.



DÍA OCTAVO

ORACIÓN

¡Oh amabilísimo protector mío, glorioso Padre San Onofre! Cuya intercesión confío me ayudara mucho para salvarme, humildemente os suplico me alcancéis desapego de las cosas terrenas, y que mi alma vuele a su criador, considerando las cosas eternas. Muchas veces os llevaron los Ángeles con mucho contento suyo a recrearos en el cielo, cuando aún vivía vuestro espiritual vestido de la carne mortal, os trataban como a ciudadano de la celestial Jerusalén, porque vuestro corazón estaba desprendido de la tierra en que habitabas como pasajero, y vuestra mente y consideración siempre habitaba en el cielo, donde era hermoso espectáculo ver a un hombre en carne mortal, tan parecido en el obrar  a las espirituales inteligencias, todo encendido en el amor divino, y libre del peso de la carne, transformación que en vos habían hecho el amor a Dios, y a la profunda humildad, y que habían facilitado el subir a las alturas, porque el fuego naturalmente aspira a subir a lo alto, y vos eras todo fuego de amor: rogad pues, Santo mío, al Señor, que desocupe yo mi corazón de las cosas de la tierra, y que encendía mi alma en el fuego santo del amor divino, acompañado de profunda humildad, sea por la consideración, habitador del cielo en este mundo, para que después consiga habitarlo con vos eternamente. Amén.

 


DÍA NOVENO

ORACIÓN

¡Oh singularísimo favorecedor de las almas en la hora de la muerte! A cuyo tiempo dispara enfurecido el demonio todas sus máquinas infernales, asistidme en este lance tan tremendo, para que no peligre en aquel expuesto punto. El Señor, que tan solo os quiso en la tierra, no fue así cuando llegó el tiempo de salir de ella, quiso que se hallara presente un santo monje para que os diera testimonio a los mortales de lo que en vos había visto y oído, y también para que publicase por el mundo, la gracia que habías de alcanzado para los que os aman y os veneran. Este fue el abad Pafnuncio, a quien dijisteis con semblante dulce y placentero: “este día acabo mi administración, me voy al reino por una eternidad de los siglos”. Y seguidamente le disteis cuenta de vuestra vida, y disteis a fin de ella con las siguientes palabras: “en vuestras manos Señor, encomiendo mi espíritu”. Así Santo mío, disteis fin al destierro y principiasteis a gozar del eterno descanso. Apenas dejó el espíritu a vuestra carne, vió esta el abad Pafnuncio rodeada de clarísimas luces, y luego oyó un grande golpe de música con que celebraron los ángeles tu tránsito a la gloria. Te subieron, Santo mío, muy contentos y festivos los Ángeles, porque subían contigo un singular abogado a favor de los pecadores. Te subían muy alegres y contentos porque serias el iris que desvanecería los divinos enojos. Te subían en rápido vuelo a la gloria, porque serías un eficacísimo consolador de todos los afligidos y trabajos en la tierra. Te subían cantando aromosísimos motetes porque con vuestra intercesión, habían de lograr las almas, triunfos muy singulares, triunfos del horrible y asqueroso fuego de la lujuria, en el cual perecen nuestras tantas miserable almas. Ea pues, santo mío de mi alma, no me olvidéis porque ya sois ciudadano del cielo, y yo miserable morador de este mundo. Me complazco, Santo mío, de vuestra grande gloria y de vuestro grande poder para alcanzar a vuestros devotos cuanto necesitan. Si estando, Santo mío, en la tierra, alcanzasteis para vuestros devotos tan singularísima gracia ¿Qué dejareis de lograr en el cielo, si fue tal vuestro valimiento estando en el mundo? Acordaos pues, Santo mío, de este pobre que, quedando en este mundo, está muy expuesto por tan flaco y miserable. Rogad por mí, Santo mío de mi alma, y alcanzadme la gracia singular de que os venere con todo mi corazón, en lo que me resta de vida, pues estando a vuestra sombra, confío que no me perderé, y que os alabaré en el cielo por toda una eternidad. Amén.

1 comentario:

  1. Muy agradecido por la labor que hacen en las devoción a los santos.

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