lunes, 16 de julio de 2018

DEVOCIÓN DE LAS CATORCE AVES MARÍAS





SALUTACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA
EN MEMORIA DE SUS SIETE ALEGRÍAS DURANTE SU VIDA MORTAL


Oh Virgen inmaculada,
Del paraíso delicia,
Dignaos serme propicia:
A mi alma desconsolada
Alentad, Virgen sagrada:
Y por vuestros gozos santos
Libradme de eternos llantos:
Dadme victoria en la guerra
Con que el demonio me aterra,
Y en la que ha vencido a tantos.

¡Oh María llena de gozo en la Anunciación del Ángel!  haced que este devoto celebre con júbilo la inefable dicha que tenéis de ser Madre del mismo Dios. Ave María.

Grande fué, Virgen sagrada,
La alegría que tuvisteis,
Cuando en Nazaret oísteis
Del Arcángel la embajada:
Con gozo os visteis llamada,
Oh Virgen, de gracia llena:
Yo os doy grata enhorabuena,
Al ver que, según Gabriel,
Virgen Madre sois de Aquel
Que destierra culpa y pena.


¡Oh María, llena de gozo en vuestra visitad santa Elizabet! haced que este devoto sepa imitar las machas virtudes que nos enseñasteis en aquella ocasión. Ave María.


Del Rey y Señor del cielo
Al vero madre, o Señora,
Placentera y bienhechora,
Cual ave con raudo vuelo,
Volasteis a dar consuelo
A vuestra prima Isabel,
De quien os dijo Gabriel,
Que en sus entrañas llevaba
Al que Dios predestinaba
Por precursor de Emanuel.


¡Oh María llena de gozo en el parto! haced que este devoto alabe con todas las criaturas la prodigiosa unión de vuestra Maternidad con la Virginidad que nunca perdisteis. Ave María.


Oh siempre virgen María,
¡Bella Madre del Dios Hijo!
Cuan celestial regocijo,
Gozo, placer y alegría
A vuestra alma inundaría
En el dichoso momento,
En el que sin detrimento
De la pureza, a luz disteis
Al que pura concebisteis
Con milagroso portento.


¡Oh María llena de gozo en la Adoración de los santos Reyes! haced que este devoto con el beneplácito de vuestro santísimo Hijo, os ofrezca también de buena voluntad su corazón. Ave María.


  
Una estrella nuevamente
Bellísima ha aparecido,
Que el corazón ha movido
De los Beyes del Oriente:
Muy apresuradamente
Gaspar, Melchor, Baltasar
Vienen con gozo a adorar
Al Hijo a quien Vos tenéis
En los brazos, y a quien veis
Oro, incienso y mirra dar.

¡Oh María, llena de gozo cuando a vuestro unigénito Hijo le hallasteis entre los doctores! haced que este devoto no le pierda nunca: antes bien le halle siempre en el templo santo, en el sacramento de la Penitencia y en el maravilloso de su divino Cuerpo y Sangre. Ave María.


Tras nocturna oscuridad
Mas bello es el sol del día:
Y así para Vos, María,
Tras la cruda tempestad
Brilló con más claridad
Jesús, sol bello y divino,
Que á alumbrar el mundo vino;
Al cual en el templo hallasteis,
Y antes ausente llorasteis
Sin consuelo en el camino.



¡Oh María, llena de gozo en la Resurrección gloriosa de vuestro dulcísimo Hijo! Haced que este devoto resucite de su vida tibia é imperfecta a una vida santa y fervorosa. Ave María.




Si cual fué vuestro dolor,
Fué vuestro gozo, o María;
No hubo en el mundo alegría,
Ni menos la habrá mayor,
Que aquella con que el Señor
Allá en su Resurrección
Con manifiesta visión
Terminando vuestro duelo,
Os llenara de consuelo
Con su alegre aparición.



¡Oh María, llena de gozo en la admirable Ascensión de vuestro Hijo! haced que este devoto more continuamente con El y con Vos en los cielos, ofreciéndoos de corazón todas sus potencias y sentidos. Ave María.


Y quien podrá comprender
El gozo que Vos tuvisteis,
Cuando el Hijo de Dios visteis
Los aires alegres hender,
Y al alto Empíreo ascender
Para allí alegre reinar,
Y a los santos coronar
Que habiendo su ley guardado,
A Vos de virtud dechado
Han procurado imitar.










SALUTACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA
EN MEMORIA DE SUS SIETE ALEGRÍAS QUE TIENE EN LA GLORIA


¡Oh María, me gozo con Vos de que después de la santísima Trinidad y de la Humanidad sacrosanta de vuestro Hijo tengáis una honra la más preeminente, superior a la de toda otra criatura! ¡ojalá que os alaben todos los seres por tanta dignidad! Ave María.

En el cielo coronada
Ya os veis ¡o virgen María!
Sin cotejo es la alegría,
Con que sois de Dios honrada,
Y eternamente exaltada
Sobre toda criatura.
Yo os tributo, o Virgen pura,
Mil alegres parabienes
A mi alma llenad de bienes,
Dadnos paz, gozo y ventura.


¡Oh María, me gozo con Vos, de que con la aureola de vuestra intemerada Virginidad os aventajáis a todos los coros de los Ángeles y Santos! ¡ojalá que yo en la gloria juntamente con ellos pueda alabar con júbilo inmortal esta vuestra preeminencia! Ave María.


Dice un santo esclarecido,
Que a los justos en piedad
Y al ángel en puridad
Habéis, Señora, excedido.
Por esto gozo cumplido
Gozáis en la eterna Sion,
En cuya bella mansión
Dios de la pureza amante
Os dió aureola brillante
En vuestra coronación.


¡O María, me gozo con Vos, de que la luz de vuestra gloria sea tan grande, que como segundo sol ilustra toda la Corte celestial! ¡ojalá que ilumine también a todos los mortales con una luz tan preciosa! Ave María.


Espejo de santidad,
Santa María, sois Vos,
Y después de la de Dios
Vuestra excelsa caridad
Jamás tuvo paridad:
Por esto de Dios amada,
Gloria muy aventajada
Tenéis, divina Señora,
A quien cielo y tierra adora
Por su Reina inmaculada.


¡Oh María, me gozo con Vos de que todos los bienaventurados os veneren como a Madre de Dios! ¡ojalá que como Madre de Dios y madre nuestra os veneremos también todos los cristianos. Ave María.


Madre de Dios sois, Señora,
Y querida madre mía;
Por madre de Dios, María,
Todo el Empíreo os adora:
No tenéis competidora
En tan alta dignidad;
Pues vuestra maternidad
Sobre toda criatura
Os eleva, Virgen pura,
Con casta fecundidad.


¡O María, me gozo con Vos de que vuestro Hijo os haya concedido el poder alcanzar cuanto le pidáis! ¡ojalá que nos alcancéis verlo a él y a Vos en la mansión de la gloria! Ave María.



¡Oh Virgen bella sin par!
Nuestro Dios, vuestro Hijo amado,
Liberal os ha otorgado
Una gracia singular:
Y es la de poder lograr
Cuanto le pidiereis Vos.
Alcanzadnos, pues, de Dios,
Subir ¡oh Madre amorosa!
A la morada dichosa,
Donde os alabe a los dos.


¡O María, me gozo con Vos, de que viviendo en el mundo os fué concedida una gracia singularísima, y de que a vuestros devotos les tiene vuestro Hijo aparejada muy colmada gloria! ¡ojalá que pertenezcamos todos a ese dichoso número de vuestros devotos! Ave María.


Dicen los santos Doctores,
Que la devoción sincera,
Fiel, constante y verdadera
A Vos, a vuestros loores,
Gozos, glorias y dolores,
Para el alma temerosa
Es señal nada dudosa
De la predestinación:
Dadme, pues, la devoción
Que haga a mi alma dichosa.




¡Oh María, me gozo con Vos, de que vuestra honra y gloria cada día vaya creciendo y crezca hasta el día del juicio! ¡ojalá que también nosotros tengamos el dulce consuelo de aumentarla! Ave María.


Eternamente loado
De todo querube y hombre
Sea vuestro santo nombre,
Y por todos respetado,
Y siempre glorificado:
A Vos toda criatura
Os alabe, Virgen pura;
Y todos siempre os amemos,
Y después con Vos gocemos
Gloria en la celeste altura.



ORACIÓN
Omnipotente y eterno Dios, que enriquecisteis a mi dulcísima madre, la santísima virgen María, con gracias singulares, y la colmasteis de gozos inefables, conceded a los que con devoción celebramos aquellas gracias y gozos, que tengamos por último el consuelo de gozar eternamente de Vos, en su amable compañía, en las inefables delicias de la gloria. Interceded, Reina soberana, pues que os lo pido por aquellas mismas gracias y glorias, á Vos que sois Madre dulcísima de Jesús y mía ¡o amabilísima María! Amen.


Hay concedidos 320 días de indulgencia por los RR. SS. Obispos a cada Ave María de las catorce alegrías.







viernes, 13 de julio de 2018

DEVOCIONES A NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD







PESAME
A LA SANTÍSIMA VIRGEN DE LA SOLEDAD

Virgen gemebunda, Madre de las tribulaciones, cuán inmenso es tu dolor. Lloraste toda la noche y no hubo quien te consolara. Tu manto de luto, tus ojos llenos de lágrimas, tu rostro ensombrecido por el pesar, tus manecitas juntas en
actitud de plegaria, todo tu ser me revela el suplicio incomparable que torturó tu corazón. Fuiste madre, y te arrancaron al Hijo de tus entrañas, viste morir al
que fuera tu vida, tu delicia y tu encanto. Quedaste abandonada en el desierto sombrío de las tristezas, víctima de amarguras sin igual. ¿A quién te compararé, ¡oh Hija de Jerusalén! ¿Quién se asemejaría a tí Mártir sublime y Reina de todos
los mártires?
Recibe, Madre querida, la condolencia filial de nuestras almas. Venimos a darte el pésame, sentimos la pérdida irreparable que abrió en tu corazón profunda herida y que te hizo llorar en el desamparo, huérfana y viuda, sin consuelo y sin protección. Estamos cerca de tí para hacerte compañía, queremos enjugar tus lágrimas, acariciar tu frente, derramar bálsamos curativos en tu corazón atribulado.
Si perdiste a un Hijo Santísimo, puro y divino, tienes a tus plantas hijos pecadores, maliciosos e ingratos, es verdad; pero que, confusos y arrepentidos, te prometen ser bueno practicar la virtud, servirte toda la vida y amarte con todo el corazón. Mira, Madre clemente y piadosísima, la sinceridad con que te hablamos. Queremos regar con el llanto de nuestros ojos las baldosas de esta Iglesia, queremos llegar hasta tí para llorar el desamparo tremendo que sufriste, al morir Jesús y al ausentarse de tí.
Soledad te rodeó durante muchos años, en tu peregrinación por este valle de tribulaciones. Sola, sin él Hijo que era t u encanto, sin la Luz que alumbró tus caminos, sin el Dios Redentor que te llenó de gracias; sola, sin consuelo, apurando el cáliz de la amargura, llegaste hasta la cumbre del dolor inconcebible. Virgen del infortunio, doliente Madre mía, acepta nuestra filial condolencia; acuérdate que lloramos contigo, extiende tus fúnebres vestiduras
para arroparnos con ellas, guarecernos allí, permanecer místicamente identificados contigo y servirte y amarte, durante nuestra vida para merecer el premio de la eterna bienaventuranza por los siglos de los siglos. Amén.




CORONILLA

Por la señal. Acto de contrición.

L/: Abre, Señor, mis labios
R/: Y publicará mi lengua tus bondades.

L/: Ven, ¡oh Dios! en mi ayuda.
R/: Apresúrate a socorrerme.

L/: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
R/: Como era en el principio, sea así, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

 (Un Padre Nuestro, cinco Ave Marías y Gloria al Padre).


JACULATORIA

Divide, Virgen, tus penas al ver tu Hijo llagado con este pobre humillado que te da su corazón.
(Padre Nuestro, cinco Ave Marías, tres veces).

L/: Ruega por nosotros, ¡oh Virgen de la Soledad!
R/: Para que seamos dignos de los merecimientos de Cristo.

OREMOS: Oh María, Reina de todos los mártires, te suplicamos, por los dolores de tu soledad, que nos alcances merecer los frutos de la Redención de tu Hijo Santísimo que, después de morir, vive y reina con Dios Padre y el Espíritu Santo en unidad perfecta por los siglos de los siglos. Amén.









DIA DIECIOCHO DE CADA MES


ORACIÓN
Vengo a tí Madre querida, con el corazón lleno de tristeza. Me conmueven tus lágrimas, me compadezco de tus dolores, la aflicción que te hiere, me hiere también con crueldad y fiereza. Virgen de la Soledad, ¿quién podrá medir tu desamparo? Quedaste sola en el mundo cuando murió Jesucristo que era para tí hijo muy amado, maestro y protector.
Su vida fue tu vida; su hermosura, tu satisfacción; sus altísimos misterios, el objeto de los tuyos, sagrados también y maternales. Pero, al bajar Jesús al sepulcro, al ocultarse después en los esplendores del cielo, sufriste penas torturadoras he inenarrables. Me lo dicen tus ojos inflamados por el llanto, tu frente angelical que eclipsaron mil infortunios, tus vestidos de luto que simbolizan el dolor.
Parece que oyes todavía el feroz alarido de las multitudes deicidas y que miras aún el vaivén de los verdugos que crucificaron a Cristo. Parece que asistes a la tragedia del Calvario y que contemplas la desaparición de los sacratísimos despojos, devotamente enterrados por los piadosos varones.
La Cruz, el sepulcro, el adiós postrero se renuevan en tu mente y ponen en tu corazón tristezas funerarias que no es posible comprender. Soledad te rodeó cuando, por veinticuatro años, apuraste, hasta las heces, el cáliz de la amargura; soledad inclemente y fiera, destrozó tu corazón de madre que ansiaba estar al lado del Hijo único y querido; soledad taladró tu espíritu perfectísimo, al no hallar en la tierra compañías que supieran comprenderte. Soledad interior, mística, completa soledad soportaste como ninguna criatura.
Por eso la Iglesia, al recordar tus pesadumbres, te invoca y te venera con el nombre significativo y dulcísimo de la Soledad. Augusta Madre mía, quiero beber tus lágrimas, consolar tus aflicciones, estar en tu compañía.
No te abandonaré, ¡oh Reina de los Mártires! no te dejaré sola.  Aquí siento tus caricias maternales, cerca, de tu altar hay paz y quietud, santa alegría, místicos fervores que no hay en otra parte. Cuántos hijos tuyos han venido a este santuario. Cuántos han recibido salud y protección.  Son innumerables, forman legiones que te alaban y glorifican. Uno mi pobre voz a la de los mil que te bendicen, mi plegaria va con la plegaria de los que te aman, con la plegaria de la Iglesia que te honra.
No me dejes, Madre mía, no me dejes solo. Asísteme en la tentación, defiéndeme en los peligros y consuélame en mis dolores. Quiero vivir en gracia y perseverar en ella hasta la muerte. Esto te pido para mí y para mis padres, amigos y parientes. Madre de la Soledad, sé tú mi refugio, sé mi guía, consígueme la felicidad eterna. Amén.







viernes, 6 de julio de 2018

NOVENA A SAN LUIS DE TOLOSA






NOVENA A SAN LUIS DE TOLOSA, OBISPO
 SACADA A LA LUZ UN DEVOTO DEL SANTO


ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, prenda de mi alma: Dios y Hombre verdadero, solo por ser Vos quien sois, tan bueno, tan amable, tan afable, por ser Vos mi Dios, mi Redentor, mi Salvador, y mi Señor amantísimo y porque os amo más que a mi vida, más que a mi alma, más que a todas las cosas criadas: Digo que me pesa de todo corazón, con toda mi alma con todas mis fuerzas haberte ofendido. Quisiera que todos los poros de mi cuerpo se convirtieran en fuentes de lágrimas para llorar mis enormes culpas, y que el corazón se me dividiera de pena por haber cometido contra tu bondad un pecado solo, por ser ofensa tuya. Tengo firme propósito, Dios mío, de nunca más ofenderos, aunque perdiera mil vidas, y aunque viviera un millón de años: no más ofenderte Señor, no más pecar. Compadeceos de mí según vuestra gran misericordia: y según la multitud de tus miseraciones, apartad tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades con vuestra preciosísima Sangre, que fue derramada para remisión de los pecados. confío de vuestra infinita piedad, que me daréis gracia, y que por vuestra bondad me llevareis a la gloria, y cantaré vuestras misericordias eternamente. Amen.



ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Excelentísimo y Gloriosísimo Padre San Luís, cuyo especioso nombre os denota Sol maravilloso que colocó el Altísimo en el Cielo de la Iglesia Militante, para comunicar celestiales luces de las Divinas Escrituras, y doctrinas sanas y engendrar con los ardientes rayos de amor de Dios, que ardía en vuestro nobilísimo pecho, ricos metales, y vistosas flores de. virtudes en la tierra de los corazones de tus devotos: luz que nació a ser claridad de su origen, siendo este fecundo mineral, ò Oriente de majestuosos, y brillantes resplandores: hermoso Pimpollo, que brotó à ser Corona de un Árbol, que es vuestra Genealogía, que no solo se corona de frutos, sino que da por frutos coronas, añadiéndose á Vos diademas de inmortales glorias sobre las temporales coronas de la tierra: Azucena mística por su pureza cándida, por su santidad flagrante: juventud anciana, en quien se admira una primavera, nada flores para la vanidad, todos frutos para la virtud y que en breve tiempo llenó muchos lustros de raras virtudes: majestad humilde, que cubrió con las cenizas del Sayal de nuestro Serafín Padre San Francisco las encendidas brasas de su Real Purpura: Príncipe en la inteligencia: Infante en la sencillez: Hombre Ángel, que vivió en carne como si fuese todo espíritu: Obispo Serafín, porque de celo, y amor Divino fue un incendio. A Vos Santo mío, que sois vernante Rosa de Divina Caridad, pide, y suplica postrado con rendimiento tu humilde devoto Siervo, os dignéis interceder con Dios para que merezca por vuestro valimiento, que se encienda mi voluntad en el Divino amor: A vos Ínclito Padre mío, que sois Lirio de virginidad, que exhaláis honestísimos alores de pureza, os pido me la alcancéis del Señor, que se alimenta en el huerto de azucenas purísimas; A Vos que sois estrella Refulgentísima  y fija del firmamento de la Gloría, os suplico, y ruego me consigáis luz del Cielo, para que acierte con las sendas seguras de la Eterna Bienaventuranza: A Vos amoroso Padre mío que sois vaso de santidad, interpone mi devoto afecto, para que me alcancéis de su Majestad, me constituya en el dichoso número de sus escogidos. Merezca yo, Patrón, y Abogado mío, ofrezcáis al Señor mis humildes ruegos, y que sean aceptables, y bien oídas mis peticiones, mediante vuestro elevado patrocinio, si han de ser a mayor gloria de Dios, y conformes a su santísimo beneplácito. Amen.



DIA PRIMERO
Glorioso Protector mío San Luís, que, inspirado del Divino Espíritu, supiste descender del monte eminentísimo de las estimaciones, y Reales aplausos de la tierra al valle profundo de la humildad, y negación de Vos mismo, hecho perfecto imitador del Rey Soberano, que del monte de la Gloria descendió al limo del profundo de nuestra tierra para universal remedio de las gentes: Suplícote, Santo mío, por esta excelencia que te hizo tan elevado en el Reyno de Dios y por los demás dones, y gracias que recibiste de su infinita liberalidad, me alcancéis del Señor con vuestro poderoso ruego, aparte de mí el amor al mundo, y à sus vanidades y que descendiendo yo al conocimiento de mi nada, solo ame a Dios que da a sus fieles siervos dulzura, Reyno y corona eterna: y juntamente el favor, y gracia que os pido en esta Novena, si es agradable al Señor. Amen.
Después se dicen los gozos que están a continuación:


Quien es este que entre flores
Es Azucena en su Cuna
Es Luis y que à Sol, y Luna
Admiran sus resplandores.

De ilustres Reyes nacido,
Con Santos emparentado.
De la hermosura dechado.
De la gracia poseído:
Luz que alumbra en el partido,
Y -Cielo de los Menores.

El Joseph en continencia.
El Moisés en la piedad,
David en severidad,
y Salomón en la ciencia:
El Juan en la Penitencia,
Y Jacob campo de olores.

Como bálsamo oloroso,
Como la Palma encumbrado,
Como la Vid fructuoso,
Como Plátano agraciado,
Como Proteo endiosado.
Con variedad de colores.

Es oro entre los metales.
Es un Sol entre los Soles,
Nube de las Celestiales,
Bordada con arreboles;
Fuente de muchos canales,
Y Vino entre los licores.

Cual Carbunclo entre las piedras
Preciosas, cual Lirio hermoso,
Y como Nardo oloroso,
Que da divinos Aromas,
Es la Flor de tres coronas,
Y es la Rosa flor de flores.

El elegido entre miles.
Aplaudido en los Cantares,
El mejor de los Achiles,
El huerto de amenidades,
Etna de fogosidades,
Zarza de puros ardores.

El Esdras que penetró
Las Sagradas Escrituras,
El Iris que serenó
Las conciencias más obscuras,
El Rayo que quebrantó
Diamantinos Corazones.

Astro benigno que da
Feliz parto a las mujeres.
Es el maná que se ha
A querer de los quereres;
El que, como claro está.
Libra de todos dolores.

Azote de los herejes,
Asilo de pecadores.
El Santo de los favores,
Y que llena todas preces.
El que ha muerto muchas veces
A Venus, y à sus Cultores:

Vergilías à porfía
lucen en su Cielo hermoso,
con todas gracias gracioso,
que alista su compañía;
y por eso yo decía,
que el Santo de los fulgores:

L/:  Ruega por nosotros ¡Oh Padre San Luis!
R/: Para que seamos dignos de las promesas de Cristo

ORACIÓN: Concédenos, Dios todopoderoso, que imitemos el ejemplo de san Luis, obispo, que antepuso el reino de los cielos al poder temporal y, como él se distinguió en la virtud de la castidad y en el amor a los pobres, así nosotros usemos debidamente de las cosas de este mundo para ganar el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.



SEGUNDO DIA
Piadoso Padre mío, Señor San Luís, qué encendido en llamas de caridad, servías personalmente, y de rodillas à los pobres de Cristo, con tanto deleite como si sirvieses al mismo Señor del Cielo os ruego humildemente, Santo mío, uséis de vuestra piedad y misericordia conmigo, que habiendo disipado la substancia de la Divina gracia por la culpa, me hallo pobre, y desvalido: más ahora reconociendo mis yerros, y desaciertos, recurro à vuestro patrocinio interponiendo vuestra intercesión con Dios, para que me reciba à lo menos en el número de sus Jornaleros ya que no soy digno de llamarme hijo suyo y que me haga participante de las celestiales migajas, que caen de la soberana mesa, que edificó la eterna Sabiduría: os pido, Padre mío, me alcancéis la pobreza de espíritu, y virtud de la misericordia junto con la gracia que espero conseguir en esta Novena. Amen.



TERCERO DIA
Amantísimo Padre mío San Luís, por el amor tan excelente, que tuviste al Señor, del cual te nacía amar, y ejercitar con tanta perfección las virtudes de la mortificación, y penitencia, os suplico me alcancéis del Cielo ferviente deseo, y eficaz resolución à esas virtudes, para que mortificando mi cuerpo y sujetando las rebeldías de la carne, viva ésta rendida al dulce imperio de la razón y del espíritu: y según sus leyes viva yo retirado del bullicio del mundo, huyendo el plato del mortal veneno de la murmuración, y deslices de la lengua. Juntamente os pido me otorguéis la gracia que espero en esta Novena. Amen.


CUARTO DIA
Purísimo Padre San Luís, que Basilisco Celestial contra la lujuria matabas à esta infernal bestia con solo mirarla, por tu Divina candidez y pureza, que te hizo vistosísima Azucena de Dios, colocada en los Altares para la admiración, ejemplo, y provecho de los hombres, te ruego logre yo Santo mío, el favor de que pongáis en mí la vista con el deseado feliz efecto de matar al Demonio Asmodeo de la impureza, y enfriar los desordenados deseos de la carne rebelde, Ángel de Satanás, que estimula y acocea, alterando las serenidades de la razón, y causa abominables imaginaciones: y asimismo me concedáis la especial gracia, que con confianza os pido en esta Novena. Amen.



QUINTO DIA
Religiosísimo Padre San Luís, que cual Moisés, en comercio con el Señor, en el monte de la altísima contemplación, era tu sustento el Divino coloquio, dando tu rostro testimonio de los refulgores que bañaban tu alma; por los consuelos, y favores que de Dios recibiste, te suplico, Abogado mío, merezca yo mediante tu ruego, subir al Monte eterno de la Gloria, donde sea testigo de vista de tus admirables transfiguraciones y mientras durare este destierro, camine tu siervo los estadios de la perfección, subiendo por las cuestas ásperas de la penitencia, y por las vías de las virtudes todas; y asimismo la gracia, y particular merced que espero conseguir en esta Novena. Amen.



SEXTO DIA
Celosísimo Padre mío S. Luis, que de la rica mina de las Escrituras Sagradas sacabas abundantes caudales de Celestial doctrina con que dotabas tu entendimiento, y enriquecías à las Almas Cristianas: os pido Santo glorioso por el ardiente Divino celo, que ardía en tu pecho, me alcances instrucción à mi rudeza, dándome à entender la saludable sabiduría para provecho de mi alma, y luz de las Almas redimidas: y asimismo la particular gracia, y favor que os suplico en esta Novena, si es para gloria de Dios. Amen.



SEPTIMO DIA
Milagrosísimo Padre San Luís, cuyo poder comunicado de obrar portentos, y maravillas, se descubrió, y siempre se manifiesta en los felices efectos que sienten tus devotos: suplícote, Santo mío, que consigas que resucite mi alma de la muerte de la culpa à la verdadera vida de la gracia, en la cual persevere hasta el fin de este destierro para que os agradezca este beneficio en la eterna Patria: y juntamente alcanzadme el favor que os pido en esta Novena, si es à gloría de Dios nuestro Sr. Amen.



OCTAVO DIA
Poderoso Padre mío San Luís, cuyo favor experimentan tus devotos à quienes sacas de los últimos riesgos de la vida à tus pies está postrado tu humilde Siervo, constituido en muchos peligros de perder no solo la vida del cuerpo, sino también la del alma, por la fiera invasión del Oso infernal del vicio: y pues sois tan favorecedor, y poderoso, merezca yo por tu intercesión, ser librado del peligro especialmente de perder la gracia, saliendo triunfante de mis enemigos capitales mundo, demonio, y carne y juntamente la gracia que os pido en esta Novena. Amen.



NOVENO DIA
Graciosísimo Padre mío San Luís, cándido, y rubicundo elegido entre millares, y el más florido, y especioso Lirio del Valle místico de la Religión de N. Padre San Francisco, más resplandeciente que el Sol, y en quien como en Cielo de Dios se hallan juntas las siete Vergilias, comunicando milagrosos destellos de Celestiales luces: os pido Santo mío, por todas las gracias, favores, prerrogativas y dones que tan vistosamente os adornan, y hacen singular entre los amigos de Dios, me concedáis viva yo a tu imitación, hecho verdadero devoto tuyo, y como à tal me miréis, asegurándome en tu poderosísima tutela, defendiéndome de mis enemigos ahora y en la hora de mi muerte: y asimismo, el favor que os tengo pedido en esta Novena, à mayor gloria de Dios Eterno, que vive, y reina por todos los siglos de los siglos. Amen.


martes, 3 de julio de 2018

NOVENA AL SEÑOR DEL NOVICIADO









SAGRADA NOVENA A LA PORTENTOSA IMAGEN DE JESÚS CRUCIFICADO, QUE SE VENERA EN EL CONVENTO DE SANTO DOMINGO DE MÉXICO

CONOCIDO COMO

SEÑOR DEL NOVICIADO

Compuesta por el Rev. Fray Ignacio Zavala
1844



ACTO DE CONTRICIÓN
Dios Santo, Dios eterno, Dios justo, Dios de clemencia y de bondad, Dios que te dignaste hacerte hombre para redimirnos del pecado: ved aquí postrado ante vuestros ensangrentados pies al mayor de los pecadores, al más traidor de los hombres, a la más ingrata de todas las criaturas. Con cuanto rubor y confusión
me presento ante vuestra Sagrada Majestad á implorar el perdón de todas mis iniquidades: mi culpa me cubre de oprobio; pero vuestra misericordia me lleva
de esperanzas. Si me confundo, también me aliento, y si mis pecados me espantan, esa vuestra inmaculada sangre me da todo consuelo. ¡Ay de mí! yo os la hice derramar en la cruz; la habéis derramado porque os he ofendido. Pero, Señor, apiadaos de mí, pues de todo corazón me pesa y arrepiento: mis lágrimas
borren mis enormes ingratitudes. Pequé, Dios mío, pequé atrevido delante de tí: más sea Sangre tan abundantemente vertida ¿no es suficiente para borrarlas todas? ¿esos brazos divinos no están abiertos para recibir al pecador arrepentido? ese sagrado rostro ¿no está inclinado para escucharme? ¿no está igualmente abierto y patente ese amoroso costado para mi asilo y remedio manando de él los Sacramentos de nuestra reconciliación? Luego con razón me acerco a tí lleno de confianza, pues sois tan piadoso y bueno: yo os protesto amaros con todo mi corazón, obedecer vuestros divinos mandamientos y serviros en santa penitencia; para que purificándome vos con esa vuestra preciosísima Sangre, persevere en vuestra amistad y gracia hasta el fin de mi vida» Amén.



ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS.
Padre Eterno, gracias te doy, porque te dignaste enriquecernos con vuestro precioso Hijo Unigénito, para que hecho hombre por nuestra redención y salud,
padeciera y muriera en el árbol Santo de la Cruz. Os repito las gracias porque se cumplió aquel plazo tan deseado en que enviaste a este gran caudillo, para que, triunfando con su pasión y muerte, del príncipe de las tinieblas, lo despojase de la soberanía que se había arrogado sobre todo el mundo. Pero, Padre bondadoso, concédeme la gracia necesaria para que le acompañe y siga sus ensangrentadas huellas, pues él es el camino, la verdad y la vida. Sí, mi amorosísimo Jesús, quiero acompañarte, quiero seguirte: donde quiera que estuvieres, sudando en el huerto de Getsemaní, o atropellado y preso entre furiosos y crueles soldados, o abofeteado en casa de Anás, silencioso en casa de Caifás, o sufriendo injurias en el palacio de Herodes, o recibiendo azotes en el pretorio de Pilatos, o coronado, de espinas, o cargando la pesada Cruz, o moribundo en el monte Calvario, y en fin en cualquiera lugar que estés, allí tendrás a tu siervo, siendo en todo cuanto padecieres, no un indiferente espectador, sino un solicito y tierno imitador que con constante fidelidad obedecerá aquella dulce y penetrante voz con qué nos invitas diciendo: el que quisiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues ayudadme,
Señor, ayudadme por vuestra preciosa Sangre, para así practicarlo hasta la conclusión de mi vida. Amén.



PRIMER DÍA
¡Oh atribuladísimo y tierno Jesús mío! qué puesto en agonía en el huerto oraste más prolijamente, proponiéndote allí la viveza de tu imaginación de un modo perfectísimo la atrocidad de todos los tormentos que habías da padecer desde esa tristísima noche, y lo que, es más, la ingratitud horrenda con que habíamos de corresponder a tu pasión y muerte cruel que ibas a sufrir al día siguiente; lo que conmovió con tal vehemencia tu amoroso corazón, que la sangro que con la fuerza del temor había acudido para corroborarlo, retrocedió con la fuerza del amor, y rompió los poros todos de tu cuerpo hasta derramarse sobre la tierra. ¡O verdadero varón de Sangre! esa Sangre que con tanto amor derramaste en precio de nuestra redención: esa sangre que sudaste exprimida de tus venas sacratísimas, y que corre por todo tu cuerpo, nos lave, purifique y conforte, para que podamos cantar con los escogidos aquel cántico: Redemistenos, Dios, con tu Sangre. Amen.


Se rezarán tres Credos en memoria de las tres horas que su majestad estuvo pendiente en le Cruz; y al fin de cada uno se dirá: Adorámoste Cristo, y bendecímoste, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo. Amén.

Luego se dirá la oración a la Santa Cruz:


ORACIÓN A LA SANTÍSIMA CRUZ
Salve Madero Sacrosanto, buscado con tantas ansias, esperado por tantos siglos, apetecido con tantos votos. Tú, oh Cruz, fuiste divinamente elegida en el altísimo consistorio de la Trinidad Beatísima para ser el ara en que este Sacerdote grande y Pontífice Sumo Jesucristo ofreciese la cruenta hostia por la redención del mundo: para ser el candelero sobre el cual se pusiese la luz que alumbrase a todos los que están en las tinieblas del pecado; y para ser la espada
con que el hijo de Dios triunfase de todos los enemigos, y con la que también nosotros podamos defendernos de ellos, si la tomamos en nuestra mano. Vedme, pues aquí, oh mi Jesús y Redentor de mi alma, postrado hasta la tierra para recibir tu Cruz, para tomarla y cargarla: ve aquí extendidas mis manos para recibirla, abiertos mis brazos para abrazarla, prontos mis labios para besarla, é inclinados mis hombros para llevarla. La llevaré hasta el fin para salvarme; pues el que como tú perseverare en la cruz hasta el fin, será salvo. Viviré llevando la cruz: moriré abrazando la cruz; y no dejaré tu cruz hasta que entregue en tus manos mi espíritu. Así sea.



DIA SEGUNDO
ORACION
¡O mansísimo Cordero! con qué humildad y paciencia te dejaste aprisionar de aquellos crueles sayones que, con tanta rabia, furor é ímpetu ataron tus sacratísimas manos a la espalda, oprimieron tu hermoso cuello con una argolla de hierro, ligaron con una cadena tu delicado cuerpo, y con un largo cordel tus benéficos brazos, conduciéndote aquella infame caterva con golpes, silbidos y malos tratamientos, hacia la ciudad en medio de la noche entre el espantoso estruendo de las cadenas, el pavoroso ruido de las armas, el clamor de los ministros, y el alboroto y rizadas de los perversos judíos: arrastrándote por sitios
llenos de escabrosas piedras, de matorrales horribles, y de arduas y difíciles subidas: desamparado de tu Eterno Padre, abandonado de tus discípulos, y entre,
gado por otro de ellos. ¡O cuanto debería ser nuestro dolor y compasión al ver el furor de los hombres ¡cuánta nuestra admiración y ternura al ver tu humildad
y silencio! pero ¡cuánta nuestra desventura y desgracia si no nos sabemos aprovechar de tu pasión santísima! pues no te será menos dolorosa nuestra ingratitud y traición, que lo fué la del pérfido Judas que te entregó en manos de tus enemigos. Sí, benignísimo Jesús mío, me reconozco por más traidor que Judas que te entregó cuando eras mortal, ofendiéndote yo ahora que has padecido muerte y resucitado por mí Grande es mi pecado, mi maldad es horrible. Mas, Señor, vuestra misericordia es mayor; y así en ella espero, en ella confío. Haced, mi dulce Jesús, que en recompensa del ósculo traidor y engañoso que te dio el perverso Judas, llegue yo ahora con un corazón contrito y humillado a besar y abrazar una y muchas veces esos vuestros ensangrentados pies clavados en la cruz, sin apartarme de ellos hasta conseguir la absolución de mis ingratitudes, y con ella vuestra santa y dichosa amistad. Amén.




DIA TERCERO
ORACIÓN
¡O hijo de Dios vivo, resplandor de su gloria, y figura de su substancia! ¿Quién imprimió en tu divino rostro una señal tan detestable? ¿quién tan ignominiosamente ha herido ese hermoso rostro en quien desean mirarse los Ángeles? ¿ese semblante formado por el Espíritu Santo? ¿cómo es que tu justicia divina vengadora do los delitos se halla lánguida y entorpecida? ¿cómo
no fué al instante consumido con fuego del cielo, tragado por la tierra, y caído vivo en el infierno el hombre perversísimo entre los más perversos que cometió
tan sacrílego atentado? ¿dónde están tus rayos y truenos? ¿cómo no llueven sobre Jerusalén azufres e incendios? ¡Pero ah!  que cuando yo así provoco a la
venganza tu Justicia divina, me parece que oigo, me dice tu divina misericordia: el hijo del hombre no vino a perder las almas, sino a salvarlas: aprende de mí
que soy manso y humilde de corazón: yo sufrí por ti sin vengarme esta bofetada, para que tú sufras por mí con paciencia y sin vengarte las injurias que te hagan
tus prójimos. ¡Pues, oh! Redentor de mi alma» haz que siempre tenga en la memoria esta afrenta, que por mi amor recibiste de la mano de un malvado y atrevido criado, y concédeme la gracia necesaria, para que sepa yo practicar exactamente la doctrina, que con tu vida y ejemplo me has enseñado, y quo aprovechándome de ella merezca ir a ver ese rostro divino por mi causa herido, y le vea no por espejo en enigma, como dice el Apóstol, sino rostro á rostro claramente en el cielo. Así sea.




DIA CUARTO
ORACIÓN
Pacientísimo Jesús mío: ¡qué espectáculo tan horroroso se presenta a nuestra consideración, capaz de hacer salir de los ojos raudales de agua y fuentes de lágrimas! Anás lo envía como reo do muerte, siendo tú el autor de la vida, a casa de Caifás Pontífice sumo y Juez inicuísimo, en donde se congregan los escribas, los fariseos y los ancianos en nombre de Satanás, buscando testigos falsos, que declarasen contra tu inocencia para perderte, para obscurecer tu gloria y confundir tu Majestad, y finalmente para derramar tu sangre inocentísima. Mas a las necias acusaciones solo respondes con el silencio, el silencio es la apología que opones a todos los falsos crímenes que contra tí objetan los malvados. Pero impaciente ya el Pontífice de tan prolongado silencio quiere saber de tu misma boca, si tú eres Cristo hijo de Dios bendito: entonces sí rompiste ya el silencio, y respondiste con prontitud y claridad: tú lo has dicho, esto es, yo soy. ¡O sabiduría infinita! con esta celestial doctrina, con
este ejemplo nos enseñas, que, si debemos sufrir y callar en causa propia, cuando se trata de Dios debemos confesarlo públicamente, y defender con valor su honor y gloria hasta derramar la última gota de nuestra sangre. Y ¿por esto Redentor de mi alma, se te acusa de blasfemo, y se te declara reo de muerte? Yo soy, Señor, el reo de muerte, porque te he ofendido: yo el reo de innumerables delitos: yo el que ha merecido no solo la muerte temporal, sino la muerte eterna por mis iniquidades: si tú eres reo de muerte, porque eres Salvador de los pecadores; yo soy reo de muerte, porque soy pecador. Pero antes que como reo sea yo juzgada en el tribunal do tu justicia, me acerco al trono de tu misericordia: allí gimo, allí suspiro, allí hiero mi pecho, derramo lágrimas, lloro mi maldad, é imploro tu divina clemencia, la que espero conseguir por medio de tu sangre preciosísima. Amén.



DIA QUINTO
ORACIÓN
Inocentísimo Jesús mío: ¿qué aun no bastan los ultrajes, y excesivos padecimientos que has tolerado en tu prisión tumultuosa, en la casa de Anás, y en la de Caifás, sino que también remitido a Pilatos eres enviado por éste a casa del cruel Herodes? Este es el hijo del degollador de los niños inocentes: éste es el sanguinario y vicioso que había dado muerte a tu primo Juan Bautista; a tal hombre te presentan, Cordero inmaculado; ante éste réprobo, incestuoso y tirano Rey, quien porque enmudeciste á cuanto te preguntaba; porque no respondiste a sus impertinentes, vanas e inútiles preguntas; porque no satisficiste a su criminal curiosidad, te desprecia, te califica de estólido é insensato, te burla y manda poner una vestidura blanca, para que todos te tengan por fanático, loco y necio; y siendo el objeto del escarnio y de las injurias fuiste arrebatado por las calles públicas de Jerusalén, y conducido segunda vez a la casa del injusto y cobarde Pilatos, Pero ¡o mi Jesús amoroso, no es solo Herodes y los judíos los que te escarnecen y desprecian, yo también te he tenido en poco y he despreciado pues te he ofendido! ¡Qué atrevimiento tan criminal el mío! me avergüenzo, me confundo, mi rostro se llena de rubor, y no me atrevo a levantar la vista para verte. Yo bien conozco, Señor, que no merezco el perdón; pero ¿no te dejaste conducir alado por las calles y plazas, para satisfacer por los malos y perversos pasos, que en el discurso de mi vida he dado caminando por el camino de la perdición, y para desatarme de los lazos del pecado? pues esta tu gran misericordia me llena de esperanzas, en ella confío, y por ella me has de libertar de la servidumbre de la corrupción; para que caminando por el camino de vuestros santos mandamientos, y perfecta observancia de mi estado, pase a la libertad de los hijos de Dios cantar con el Profeta: rompiste mis cadenas: te sacrificaré hostia de alabanza; é invocaré tu Santo nombre. Así sea.




DIA SEXTO
ORACIÓN
¡Oh llagado Jesús mío! No pudiendo Pilatos libertarte ni testificando tu inocencia, ni delegando tu causa á Herodes, ni por la costumbre de libertar a un
preso por la Pascua, ni por los demás medios que había meditado, temando azotar creyendo que con el castigo de los azotes se amansaría la fiereza de los judíos, y quedaría satisfecha su obstinación y venganza. ¿Quién jamás pensaría que habían de caer azotes en las espaldas de Dios? ¿Qué cosa hay más distante
do la grandeza del Señor de cielos y tierra que los azotes? Aquí enmudece la lengua, se horroriza el entendimiento, tiembla el cuerpo todo, y desfallece el espíritu al considerar aquel encarnizamiento con que aquellos bárbaros verdugos llenaron la medida de su crueldad. Te llevan al Pretorio, desnudante, ¡oh Joven precioso en hermosura sobre los hijos de los hombres! amarrante poseídos de rabia y furor de pies, manos y cuello en una columna, y ensangrientan, dilaceran, despedazan tus delicadas espaldas con varas espinosas, nudosos cordeles, punzantes disciplinas, y con cadenas de hierro, hasta arrancar con garfios tu piel y carne sacratísima. Inocentísimo Cordero, ya casi espiras a la vehemencia del dolor, y ¿nosotros al considerarlo, no arrojamos siquiera algún suspiro? corre la sangre copiosamente hasta derramarse sobre la tierra, ¿y no sale ni una sola lágrima de nuestros ojos? abrense por todas partes disformes heridas, ¿y nosotros ni una sola vez herimos nuestro pecho? ¡O Jesús bondadoso, cuánto más dolorosa te será nuestra insensibilidad y dureza que los crueles azotes que recibiste por mí, por mi amor, por redimirme del pecado! Si, Redentor mío, por mí has sido desnudo y atado a la columna; pues ten misericordia de mí. Por mi amor quisiste ser no solo herido, sino casi destrozado: pues ten misericordia de mí. Por mi salvación derramaste toda cuanta sangre tenías en tus sacratísimas venas: pues ten misericordia de mí, y exclamaré con el Santo Rey David: Señor, redímeme, y ten misericordia de mí. Así sea.



DIA SEPTIMO
ORACIÓN
Humildísimo Jesús mío: debiendo el mundo reconocerte por legítimo, verdadero y único Rey de los Reyes y Señor de los Señores, y por consiguiente coronarte con una diadema adornada con las más exquisitas rosas, con las más hermosas perlas y piedras preciosas, y con el oro más puro; lo que previene la barbarie y crueldad de los hombres es una horrorosa corona llena de agudísimas puntas y duras espinas que taladran tu delicadísima cabeza, abriendo nuevas heridas, que hacen correr tu sangre preciosa por todo el rostro, ojos y boca, verificándose que desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza no se encuentra en tí parte sana. No solo esto: sino que dice el Evangelista, que pusieron una caña en tu diestra, é hincando la rodilla ante tí, te escarnecían diciendo: salve, Rey de los judíos, y escupiendo tu rostro bello tomaban la caña y golpeaban tu cabeza. ¡Qué paso éste tan tierno y lastimoso! Pues como puedo yo meditarlo con tanta frialdad e indiferencia, habiendo sido yo quien por mis pecados clavé aquellas espinas tan profundamente en tu sagrada cabeza: yo quien abrí tan inhumanas heridas; yo quien saqué toda la sangre de tu santísimo cuerpo. Permíteme, Jesús mío, levantar la vista, que, al ver ese rostro tan desfigurado, tan lleno de sangre, tan maltratado, tan sucio y asqueroso con las inmundas salivas de los soldados no puede menos mi corazón que partirse de dolor y arrepentimiento. Reconóceme pues, Señor, por tu siervo, que yo te reconozco por mi único Rey y Señor. No, no has de permitir que se pierda en mí el fruto de tus padecimientos. Yo espero por esa sangre divina, que algún día seré admitido en tu reino celestial para poseerte, adorarte y alabarle eternamente en compañía de tus escogidos. Amén.



DIA OCTAVO
ORACIÓN
Cumplióse por fin aquel vaticinio: el hijo del hombre será entregado, para ser burlado, azotado y crucificado. Pilatos temeroso del pueblo, y de perder la amistad del César da contra tí, oh inocentísimo Jesús mío, la más injusta sentencia de muerte, para que seas clavado en una cruz. Entre tanto aquellos voracísimos lobos, aquellos rabiosísimos leones presentan apresuradamente a tu vista todos los instrumentos de aquel cruel; aparato: la cruz, los clavos, martillos, cordeles, barrenas, tenazas, escalas y cuanto pertenecía a la crucifixión. Y tú, mi adorado Redentor, atado con cordeles, coronado de espinas, anegado en lágrimas, lleno de llagas, todo ensangrentado, el cuerpo despedazado, exhausto de fuerzas, agobiado, sin poder respirar de desaliento recibes en tus delicadísimos y quebrantados hombros aquella pesada cruz de quince pies de largo, cargando en ella el enorme peso de todos nuestros delitos y pecados. Resuena el ronco sonido del clamoroso clarín, se forman los ministros de justicia, los soldados, los sayones, y tú inocente y mansísimo Cordero, caminas por medio de ellos, y entre dos ladrones, para obrar en medio de la tierra toda nuestra salud. Desde que te hiciste hombre deseaste ardientemente llevar esta cruz; pues prosigue, mi Jesús amado, tu amargo y doloroso camino hasta llegar con ella al monte en que debes ser exaltado, a aquel monte en que consumarás la obra de nuestra redención. ¿Quién subirá al monte del Señor, preguntaré con el Santo Rey Profeta, o quien estará en su lugar santo? Sube, pues, al monte Calvario, Jesús misericordiosísimo; sube, para que yo arrepentido de todas mis iniquidades que has cargado sobre tus hombros, ejercitándome en las virtudes, y aprovechándome de tu superabundante redención, consiga subir al monte santo de la gloria. Amén.



DIA NOVENO
ORACIÓN
Dolorosísimo Redentor mío: ¿cómo tengo aliento para levantar mi delincuente vista, y ver tu sacrosanto cuerpo todo ensangrentado, denegrido, desfigurado, desencajados todos tus huesos, rotos los nervios y venas, desnudo a la presencia de un innumerable pueblo, renovadas tus llagas, y hechas otras nuevas en tus manos y pies con los toscos clavos con que fuiste tan bárbaramente fijado en la cruz? ¿Cuál deberá ser nuestro dolor al ver, que, muriendo a manos de tantos, tan crueles y excesivos tormentos, tu desmayado cuerpo no tuvo sobre que apoyarse sino sobre los mismos clavos, tus despedazadas espaldas sobre la dureza del madero, tu lastimada cabeza sobre las mismas espinas? No tuviste descanso ni consuelo: los inhumanos sayones y verdugos, lejos de consolarte en tus agonías, no cesaron de vomitar contra tí, y en tu divina presencia, blasfemias, injurias y afrentas. Jesús inocentísimo, ¿qué delitos, cometiste para sufrir tan atroces, espantosos é inauditos castigos? mis iniquidades, mis pecados todos que cargaste sobre tí para redimirme de ellos. Ay de mí sí, yo he sido la causa de tu dolorosísima pasión: yo mismo, cometiendo las culpas, he sido quien te entregó a tus enemigos: mis manos fueron las que te maniataron y abofetearon: yo quien te acusó y burló: mis brazos los que te azotaron; mis dedos los que tejieron la corona de espinas: mi lengua la que te condenó: mi boca la que te escupió: yo quien puse la pesada cruz sobre tus hombros: yo quien
te clavé en ella; y, por último, mis pies fueron los que pisaron tu sangre preciosísima. Pero, Redentor misericordiosísimo, en el mismo lecho del dolor dirigiste tus ensangrentados ojos a tu Eterno Padre pidiéndole, que perdonase a aquellos de quienes recibías tamañas injurias; pues esta bondad alienta mi corazón, y fortalece mi esperanza: allí mismo perdonaste al ladrón, que arrepentido clamó á tí reconociendo tu inocencia, y confesándote públicamente único y verdadero Rey de los cielos; pues yo me arrepiento, clamo a tu misericordia, y te confieso y reconozco por mi único Rey, Señor, y Redentor de todo el mundo. Mi buen Jesús, constituido con la agonía de la muerte, y ya para
pasar de este mundo al Padre, nos señalaste por Madre nuestra a tu misma Madre Santísima diciéndola: Mujer, ahí tienes a tu hijo; y en la persona de San Juan dijiste a cada uno de nosotros y a la Iglesia toda: «es ahí a tu Madre. ¿Quién, pues, no se llenará de confianza teniendo por Madre a tan poderosa Protectora, a la que es llena de gracia Madre de los pecadores, Madre de las misericordias y corredentora nuestra? En medio del horror y de las tinieblas que
cubrían toda la tierra, pendiente del fiero é ignominioso patíbulo, cuando por todas partes te oprimía la grandeza y muchedumbre de los dolores, volvías por
todos lados tus moribundos ojos para ver si había quien te consolase; pero ni en hombres, ni en ángeles, ni en cielo y en tierra encontrabas consuelo alguno, por
lo que cerca de la hora de nona exclamaste con grande voz. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Sí, Jesús mío, fuiste desamparado, para que tú no nos desampares: te desampara el Padre, para que tú no desampares a los hijos tus escogidos. Ansioso aun de padecer más por nuestro amor, exclamaste con voz lamentable diciendo: Sed tengo: no solo la natural, sino por nuestra salud y salvación de todos Pues ¿quién dará agua a mi cabeza, clamaré con Jeremías, y fuentes de lágrimas a mis ojos, para refrigerar la lengua de mi Salvador? Señor, astas lágrimas te ofrezco por bebida: con este llanto apagaré tu sed, para quo en el último día consiga oír de tu boca aquellas deseadísimas palabras: tuve sed, y me disteis de beber. Casi en aquel último momento de tu vida, y ya para dar el último suspiro, repasaste en tu ánimo, examinaste todo cuanto había sido figurado de tí en la antigua ley por los Patriarcas, vaticinado por los Profetas, prescrito por tu Padre, expresado por el Espíritu Santo, y hallando que todo lo habías ya observado exactamente, volviéndote a tu Padre la dijiste: Consumado es: ya está completamente redimido el hombre; ya he satisfecho enteramente por todos sus pecados. Pues qué otra cosa te resta, piadosísimo Redentor mío, sino que, habiendo entregado tu cuerpo en manos de los judíos, para que, a su arbitrio, empleando toda su crueldad te destrozasen, te hiriesen, te martirizasen, entregues ya tu espíritu en ¿as manos de tu Eterno Padre. Muere, pues, o vida nuestra, muerte; pero una sola cosa te pido, que cuando yo exhale mi espíritu, salgan de mi boca llenas de fervor y de confianza aquellas mismas palabras que de la tuya al espirar; Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Por último, inclinaste, Clementísimo Jesús tu cabeza para escuchar nuestras peticiones, y nosotros levantamos la nuestra para pedirte, que el fruto principal de esta novena, sea el que mientras vivamos en esta vida mortal y miserable, jamás se borre de nuestra memoria tu santísima pasión; para que, aprovechándonos de ella mediante tu divina gracia, y poderosa intercesión de María santísima nuestra Corredentora y Madre, merezcamos ir purificados y lavados con tu sangre preciosísima a alabar tus misericordias a la gloria eterna. Amén Jesús.

ANOTACIONES

Al hablar sobre la piedad popular, es referirnos a aquellas devociones que antaño se hacían en nuestros pueblos y nuestras casas, cuando se...