Nuestra misión es rescatar la tradición y la piedad católica, contenida en las formas de expresión hacia Cristo, María, los Angeles y los Santos: Las Novenas, Triduos, Quinarios y aquellas devociones que enriquecen nuestra fe.
jueves, 27 de febrero de 2025
domingo, 9 de febrero de 2025
ORACIÓN Y LETANÍAS A SANTA APOLONIA
Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
Jesucristo, óyenos.
Jesucristo, escúchanos.
Dios Padre, del Cielo, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, en un solo Dios, ten piedad de nosotros.
Santa María, Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Santa Apolonia, digna Esposa del amoroso Jesús, RUEGA POR NOSOTROS
Tú, que fuiste fruto de gracia y bendición,
Tú que fuiste El honor de tus padres,
La gloria de Alejandría,
La luz de Egipto,
El prodigio de tu siglo,
Un espejo de pureza,
Un modelo de humildad,
Un ejemplo de paciencia,
Un milagro de fortaleza,
Una ilustre morada del amor divino,
Un vaso de elección y santidad.
La enemiga declarada del mundo y del pecado,
Gloriosamente triunfante sobre la idolatría,
Trabajadora incansable para extender la gloria del Altísimo,
Un intrépido Zelote de Jesucristo y de su Santo Evangelio,
El refugio de los que sufren,
El consuelo de los afligidos,
Una eficaz Patrona contra el dolor de muelas,
Formidable con los demonios,
Bondadosa con los ángeles,
El esplendor de Vírgenes y mártires
Sé propicio a nosotros, perdónanos Señor,
Por intercesión de Santa Apolonia.
De todos los males del cuerpo y del alma, presérvanos Señor.
De todo pecado, presérvanos Señor.
Del poder de los demonios, presérvanos Señor.
Del dolor de muelas y de todo malestar excesivo, protégenos Señor.
De todo peligro de fuego en este mundo y en el próximo, presérvanos Señor.
Por los méritos de Santa Apolonia, escúchanos, Señor.
Por su ardiente amor por ti, escúchanos Señor.
Por su celo por la conversión de los paganos, escúchanos, Señor.
Por su deseo efectivo de Martirio, escúchanos, Señor
Por su invencible paciencia al sacarse los dientes, escúchanos, Señor.
Por su magnánima valentía en medio de las llamas, escúchanos, Señor.
En el día del juicio, escúchanos, Señor.
Escúchanos Señor, nosotros que somos pecadores te pedimos humildemente que por favor nos inspires verdaderos sentimientos de penitencia, y verdadero dolor por nuestros pecados, escucha nuestras oraciones.
Que por favor enciendas siempre más y más en nuestras almas el fuego de tu Divino Amor y lo conserves allí hasta la muerte,
Que nos hagas partícipes de la intercesión y de los méritos de Santa Apolonia,
Que por favor conserves y aumente en este país la devoción a Santa Apolonia,
Que concedas salud de cuerpo y alma a todos aquellos que recurren a Santa Apolonia,
Dígnate, por la protección de Santa Apolonia, concédenos la gracia de crecer en virtudes,
Dígnate colmar de bendiciones a todos los que imploran tu ayuda por los méritos de Santa Apolonia,
Dígnate preservarnos del dolor de muelas en la vida presente, y de su rechinar en la vida futura,
Dígnate concedernos mucha paciencia en nuestros sufrimientos temporales y una vida feliz por toda la eternidad,
Señor Dios, dígnate escucharnos.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros Señor.
Padre nuestro. Ave María.
ANTÍFONA. Señor, me probaste con fuego y no encontraste en mí iniquidad.
V. Escúchame y consuélame, Señor.
R. En el rechinar de mis dientes y el fuego.
V. Santa Apolonia, Virgen y mártir, ruega por nosotros.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Jesucristo. Amén.
ORACIÓN. Poderoso y eterno Dios, que has inspirado en Santa Apolonia Virgen y Martí tan ardiente amor por vuestra infinita Majestad que prefirió dejarse arrancar todos sus dientes, y perder la vida en las llamas, que renunciar a vuestra amistad, por favor protégenos, por su intercesión del dolor de muelas, y no permitáis nunca que ni nosotros, ni nuestros bienes y posesiones seamos devorados por las llamas fatales: sino haced Padre de las misericordias que nuestros corazones estén siempre encendidos con el fuego de vuestro Santo Amor para que podamos amaros constantemente a lo largo de los tiempos y de la eternidad, por Nuestro Señor Jesucristo, vuestro Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo a lo largo de todos los siglos. Que así sea.
(Tomado del Libro “Dévote Association Pour L'adoration Perpétuelle Au Très-adorable Et Très-sacré Coeur De Jésus Christ, avec quelques considérations et prières”, Ediciones Brepois, Turnhout, Bélgica, Año 1801).
ORACIÓN A SANTA APOLONIA
¡Oh santa virgen Apolonia! que dedicaste toda tu vida a la virtud y al ejercicio de los deberes de la santa religión; Tú que por esta misma virtud y religión sufriste los más dolorosos tormentos, la rotura de dientes y la dura muerte por fuego de tus crueles enemigos, y así entraste en la gloria de tu Dios con la doble corona de la virginidad y el martirio: conviértete en mi bondadosa abogada ante el Todopoderoso, para que pueda caminar piadosa y cristianamente según tu ejemplo. ¡Sostenme, oh virgen piadosa! que yo, como tú, no me dejo llevar por el ejemplo de un mundo equivocado y la corrupción de costumbres; que más bien sirvo a mi Dios con noble sencillez y con tierno corazón y lo amo sinceramente; que por él soporto voluntariamente las adversidades de esta vida y no dejo que decaiga mi confianza en él, aunque me ponga las cosas difíciles; que actualmente desempeño mis deberes con honesta lealtad y cuidado, edificando mi alma cada vez más firmemente en la virtud y la perfección cristiana, y esforzándome siempre por tener dentro de mí una conciencia feliz y buena.
¡Ruega también por mí, oh Virgen gloriosa! que la Misericordia eterna, hasta donde su santísima voluntad lo permite, me libre de todos los males del cuerpo y del alma, me proteja de todas las enfermedades dolorosas, especialmente de los dientes, y me dé la gracia de poder servirle tranquilamente y poder practicar como un niño. Amén.
V. Ruega por nosotros, oh santa virgen Apolonia.
R. Para que podamos participar de las promesas de Cristo.
ORACIÓN.
¡Por los méritos y la intercesión de tu santa virgen y mártir Apolonia, concédenos la gracia, oh Dios! que estemos protegidos de enfermedades y dolores del cuerpo, especialmente de los dientes; y luego concédenos, por tu bondad eterna, que podamos seguir el hermoso ejemplo de sus virtudes y, mediante una vida recta y firme, merecer un día morir en paz y ser recompensados por ti con el cielo. Amén.
(Tomado del libro “Die betrübte und nach ihrem Geliebten seufzende Turteltaube oder die bußfertige christliche Seele” (La tórtola afligida que suspira por su amado o el alma cristiana arrepentida). Impreso en Seidel, Nuremberg. Alemani
a. Año 1806.)
jueves, 6 de febrero de 2025
ORACIÓN A SANTA DOROTEA
ORACIÓN A SANTA DOROTEA.
¡Virgen Gloriosa y Mártir de Jesús! Con corazón humilde y confiado te pido tu intercesión para que Dios me conceda la gracia de seguir tu piadoso y generoso ejemplo de virtud y servir a mi Dios fiel y sinceramente. Desde tu más tierna juventud te esforzaste en todo momento por mantener tu corazón puro e inmaculado y por cumplir las leyes de la santa religión con el más piadoso celo. La noble cuna que te distinguió, la riqueza que te rodeó, la belleza de tu educación, todas las alegrías y ventajas de esta tierra, fueron nada a tus ojos; pero la virtud, la inocencia del alma, la confianza en el Todopoderoso lo eran todo para ti.
Nada valoraste más que la felicidad y la gloria de ser llamada y considerada ser una cristiana pura. Y es por eso que tu Dios te encontró digna, que con tu muerte diste testimonio del honor, de Ia fe y de la verdad de la santísima religión. Los perseguidores del cristianismo intentaron quebrantar vuestra firmeza mediante las más crueles torturas; tu sangre fluyó bajo sus golpes, pero tu gran corazón permaneció firmemente unido al Eterno; podrían asesinarte, pero no podrían separarte de Jesús. Como virgen y mártir, ahora brillas entre las huestes de los santos amigos de Dios y eres eternamente bendecida. Oh, sé también mi amiga, ora por mí para que pueda llegar a ser piadoso y justo como tú. Ayúdame a que la gracia de mi Padre celestial me anime a vivir pura y santamente delante de él; soportar todas las adversidades de la vida con piadosa paciencia y así llegar a ser digno de una muerte feliz.
V. Ruega por nosotros, oh Santa Dorotea.
R. Para que nuestra oración sea aceptable al Señor.
ORACIÓN.
¡Oh Dios, lleno de bondad y misericordia! escúchame por la intercesión y los méritos de tu santa virgen y mártir Dorotea; Protégeme en mi vida de todo mal de cuerpo y alma; guíame y dirígeme en tus santos caminos, ayúdame a cumplir correctamente todos mis deberes, a prepararme correctamente para mi última hora; y cuando llegue ese día, entonces envíame tu gracia, para que pueda partir de esta vida en tu amor, y mi alma te alabe en la patria de la paz. Amén.
(Tomado del libro “Die betrübte und nach ihrem Geliebten seufzende Turteltaube oder die bußfertige christliche Seele” (La tórtola afligida que suspira por su amado o el alma cristiana arrepentida). Impreso en Seidel, Nuremberg. Alemania. Año 1806.)
Colaboración de Carlos Villaman
NOVENA A SANTA DOROTEA, VIRGEN Y MÁRTIR
miércoles, 5 de febrero de 2025
LA SAGRADA COMUNIÓN EN COMPAÑÍA DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO
LA SAGRADA COMUNIÓN
EN COMPAÑÍA DE NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO
Por Un Padre Redentorista
Octava edición
EDIT. EL PERPETUO SOCORRO
Manuel Silvela, 14.
Madrid, 1944.
I. - ANTES DE LA COMUNIÓN
1.- ACTO DE FE
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Dentro de breves momentos voy a recibir en mi alma a Jesús, vuestro divino Hijo. Venid Vos misma a prepararle en mi corazón una digna morada. Vedme postrado de rodillas ante vuestra sagrada imagen, para mirarla con devoción y meditar los misterios que encierra. Quiero contemplarla como preparación a la sagrada Comunión, y acción de gracias después de tan grande beneficio. ¡Qué escena tan divina! María estrecha dulcemente a Jesús contra su corazón, y Jesús descansa amorosamente en el regazo de su madre ¿No es esto una hermosa figura de la sagrada Comunión? Sí, porque yo también estrecharé dentro de poco a Jesús contra mi corazón, y en él vendrá a morar mi dulce Redentor... Yo lo creo, Madre mía; pero ayudad mi fe, demasiado lánguida Veo resplandecer en vuestra frente una estrella luminosa. Que vengan a posarse en mi mente algunos de sus rayos, para que, iluminada de vivo fulgor, comprenda la sublimidad y grandeza de este pensamiento: ¡Un Dios quiere venir a mí! ¡Jesús Sacramentado quiere morar dentro de mí!
2.-ACTO DE ESPERANZA
Con sólo pronunciar vuestro nombre, ¡oh Madre del Perpetuo Socorro! se despierta en mi corazón vivísima confianza. Si sois Perpetuo Socorro, ¿no debo esperar que, en esta Comunión me alcanzaréis de vuestro divino Hijo imnumerables gracias? ¿Y no es vuestra imagen una prenda de esperanza? Jesús contempla a su derecha al Arcángel San Miguel, que le presenta la lanza y la esponja empapada en hiel; a su izquierda ve al Arcángel San Gabriel que le muestra la cruz y los clavos que han de atravesar sus pies y manos. Jesús se horroriza ante la visión terrible, se arroja, tembloroso, en vuestros brazos, como buscando refugio en vuestro seno, y sus manecitas aprietan fuertemente vuestra mano derecha. Pero ya entiendo el misterio. También yo, a imitación de Jesús, quiero buscar refugio en Vos, para acercarme al sagrado banquete con menos indignidad. Como Jesús, también quiero poner entre vuestras manos las mías, descansar confiado en vuestro seno y acercar mi corazón al vuestro. Y viendo Jesús la confianza que en Vos tengo, antes que mi indignidad, mirará vuestros méritos, y se dará a mí por entero con todos sus tesoros.
3.-ACTO DE AMOR
¡Oh Dios mío! ¡Cuán dulce amor abrasaba el corazón de María al estrechar a Jesús contra su pecho! ¡Qué arrebatos de amor en aquellos tiernos abrazos! ¡Qué deliquios en aquellos besos de madre! Quisiera, Madre mía, sentir en mí una chispa siquiera de ese incendio sagrado. Al tener a Jesús dentro de mí quisiera decirle que le amo sobre todas las cosas, dándole al mismo tiempo un beso de amor. Pero, ¡ay, cuán frío es mi corazón! Vos, Madre mía, habéis de abrasarlo con la llama de vuestra caridad. ¡Qué! ¿me negaréis esta gracia? No es posible, porque me amáis demasiado; veo pintado este amor en vuestra imagen. Veo, en efecto, que vuestros ojos se dirigen hacia mí más bien que hacia Jesús. Parece como si, olvidada de vuestro Hijo, me quisierais decir con ese dulce mirar: «Nada temas, pobre alma, porque pienso en tí, y te daré socorro y amor.»
4.-ACTO DE DOLOR
¡Cuán dulce esperanza y amor me inspira vuestra mirada! Pero, ¡ay de mí! ¿Qué es lo que veo? Flota sobre ella indecible tristeza, y parece que una lágrima se asoma a vuestros ojos. Ya os entiendo, Madre mía. Es que lloráis al ver a los Angeles que presentan a Jesús los instrumentos de la Pasión, y entonces vuestra mirada se dirige hacia mí para reprenderme. Sí lo comprendo. Yo soy el que con mis pecados he crucificado a Jesús; yo el que le he dado a beber hiel y vinagre; yo el que he traspasado su corazón. Perdonadme, Jesús mío, pues me arrepiento con todo mi corazón de haberos ofendido a Vos, bondad infinita, y tomo la firme resolución de no volver a ofenderos en lo porvenir. También de Vos, ¡oh María!, imploro perdón y misericordia, porque si mis pecados han traspasado el corazón de Jesús, también han herido el vuestro.
5.-ACTO DE DESEO
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Ha llegado la hora dichosa de recibir a vuestro Hijo bendito en la morada de mi corazón. Un instante, no más, y vuestra dicha será, en parte, mi ventura. Porque así como os veo con Jesús en los brazos, también yo lo recibiré en mi pecho, y me abrazaré con él estrechamente, para no scr sino una sc- la cosa con él. Venid, pues, Dios mío; venid pronto a mi corazón. Es verdad que está sucio y manchado; pero me da confianza la Virgen del Perpetuo Socorro. No miréis mis pecados, sino más bien los méritos y súplicas de vuestra Madre ¡Oh María Santísima! Quiero recibir a Jesús de vuestras manos, como lo recibieron un día los Pastores y los Santos Reyes Magos. Decidle que os amo y os entrego mi alma, que así él me mirará con más cariño ahora que va a venir a mi corazón.
II. - DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
ORACIÓN A JESÚS CRUCIFICADO
Vedme aquí, benigno y dulcísimo Jesús, postrado de rodillas en vuestra presencia. Os ruego y suplico con todo fervor de mi alma, que imprimáis en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y amor, junto con un firmísimo propósito de enmendar mis culpas; mientras con grande afecto y dolor mío considero y contemplo mentalmente vuestras cinco llagas, teniendo presente lo que de Ti, oh buen Jesús, dijo el profeta David: "Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos."
ANIMA CHRISTI
Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti. Para que con tus santos te alabe. Por los siglos de los siglos. Amén.
CORONA EUCARÍSTICA
Oh Virgen del Perpetuo Socorro, por la alegría que experimentó tu corazón, cuando tu Hijo divino te reveló el misterio de la Eucaristía, haz que mi alma salte de gozo, cuando Jesús me abra las puertas del sagrario y me invite a su banquete de amor.
-Ave María.
Oh Virgen del Perpetuo Socorro, por aquella inmensa caridad con que te complaciste en que tu Hijo divino nos diera el cuerpo sagrado que de tí recibió, y permaneciera en el tabernáculo, prisionero de amor, concédeme la gracia de que sea mi cuerpo por la pureza, santuario de su divinidad y mi corazón por la humildad, víctima de su caridad.
-Ave María.
Oh Virgen del Perpetuo Socorro, por aquellos deliquios celestiales que sintió tu corazón, cuando por vez primera viste la hostia santa y abriste tus labios y la recibiste en tus purísimas entrañas, dadme la gracia de que mi alma salte de gozo santo en este momento en que va a tener la misma dicha que tuviste tú.
-Ave María.
Oh Virgen del Perpetuo Socorro, por aquel fervor inefable con que todos los días recibías la Sagrada Comunión, haz que todos los días venza yo la pereza de mi carne, la vana opinión del mundo y la vanidad de los negocios terrenales y venga a asistir al sacrificio del Altar y alimentarme de la divina Eucaristía.
-Ave María.
Oh Virgen del Perpetuo Socorro, por la paz celestial que inundó tu espíritu, cuando herida de la caridad y próxima a salir de este mundo, recibiste a tu Jesús que venía a consolarte y a darte la última gracia con el sagrado viático, concédeme la gracia de que, cuando llegue mi última hora, tenga el consuelo de recibir también a Jesús y que El con el viático de sus consuelos y de su amor me lleve de los brazos de la muerte al trono del cielo.
-Ave María.
JACULATORIA FINAL
Bajó mi Jesús del cielo al seno de María.., del seno de María a sus brazos santísimos... Y ahora, Madre del Perpetuo Socorro, me lo das, porque me amas... me lo ofreces para que sea mi divino socorro... Es el mejor don de tu socorro perpetuo... Jesús y tú, Madre del alma, tenéis los ojos puestos en mí, y yo no lo quiero poner más que en estos dos divinos amores... Ángeles que contempláis a Jesús en los brazos de María, acompañadle ahora que viene a mí, y, como celestiales centinelas, poneos a la puerta de mi corazón para que no entren pensamientos terrenales... Jesús dentro de mi corazón. Corazón mío, ábrete... Madre mía, mírame... Jesús mío, ven... Que esta santa Comunión bajo la mirada de mi Madre del Perpetuo Socorro, guarde mi alma para la vida eterna... Así sea.
ACORDAOS
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos. Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benigna mente. Amén.
jueves, 30 de enero de 2025
TRIDUO DEL ENFERMO A NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO
TRIDUO DEL ENFERMO A NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO
Con la debida licencia
PP. Gerardo Duque
Manuel García Blanco
Tercera Edición
Tirada: 50,000 ejemplares
Librería Gerardo Mayela
Emiliano Zapata 60-B
06060-México, D.F.
Tel. 522-55-56
MONCION
SENTIDO DEL DOLOR
"Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis" Luc. 6,21. Cristo es nuestro Salvador. El nos libra no sólo del pecado y de los males morales, sino también de todo otro tipo de mal: su salvación es integral y se extiende a todo lo negativo que pudiera haber en el hombre. Y sin embargo también El ha dicho: Bienaventurados los que sufren, los que lloran, los pobres.. Y es que el sufrimiento tiene una misión en nuestra vida, lo mismo que en la de Cristo; por él glorificamos al Padre, dejamos caer la gotita de nuestra cooperación en el torrente de la Redención y, unido al de Cristo, expiamos y merecemos por nosotros y por los demás. Jesús nos librará del dolor siempre que esa liberación, en el plan de su Providencia, contribuya a nuestro mayor bien. Por eso quiere medicamentos para curarnos; por que usemos de la ciencia y de los eso quiere que acudamos a El para sanarnos; por eso sobre todo ha puesto a la vera de nuestro camino a la Enfermera Celestial, a su Santísima Madre y Madre de toda la Iglesia, para que nos dé la salud del cuerpo, si nos conviene y si no, consuelo en nuestra enfermedad y fortaleza cristiana para sobrellevarla.
Por la señal, etc.
Acto de contrición
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, celestial Enfermera y Médica divina de los que sufren! tú conoces las miserias y enfermedades de la Humanidad doliente y los dolores de mi existencia. A ti acudo lleno de confianza: soy un enfermo apenado por el sufrimiento de la dolencia que me aqueja, y humilde me postro ante tus maternales plantas. La mano del Señor me prueba con esta enfermedad; las sombras del dolor me envuelven por todas partes, y no sé a qué puertas llamar en mi desconsuelo. Porque los hombres son impotentes para remediar mi mal; no me entienden, me olvidan y abandonan. Los elementos y las medicinas no me sanan, no alivian mis sufrimientos. Tu Hijo Jesús, que llevas en los brazos, al mirarme me dice que a ti me llegue con la esperanza de tu consuelo. El puso en tu Corazón los tesoros de su bondad, y en tus manos las riquezas de su poder. Por eso, Jesús aprieta tus manos, para hacerte Madre del Perpetuo Socorro nuestro, depositando en ellas su poder y su misericordia. Eres, pues, oh María, mi Socorro y mi segura protectora, porque eres Madre de Dios y Madre compasiva y buena, que quiere mi salvación. Descienda de tus manos bondadosas el bálsamo del alivio y de la curación sobre mi cuerpo dolorido, o el consuelo espiritual sobre mi alma, si el dolor sigue purificando mi vida. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!, porque eres la salud de los enfermos, socórreme; porque eres la Dispensadora de todas las gracias, ayúdame; porque eres el Consuelo de los afligidos, consuélame en mi tribulación. Amén.
DÍA PRIMERO
CONSIDERACIÓN
Eres Madre, ¡oh Virgen del Perpetuo Socorro! Madre de Jesús, Madre de la Iglesia y Madre mía. Que eres Madre de Dios, me lo dicen esas letras misteriosas que están al lado de las mejillas del precioso Niño que descansa en tus brazos, y que es Jesucristo, el Hijo de Dios vivo, que murió en la Cruz para salvarnos. Que eres Madre de la Iglesia y Madre mía, me lo dice esa tu mirada bondadosa que diriges hacia todos y hacia mí en particular. Y porque eres Madre de Dios y lo puedes todo, a ti acudo en demanda de protección. Sin más títulos que mis miserias, me atrevo a presentarme ante tu solio poderoso. Aquí te traigo escrito con lágrimas y con sangre el memorial de todas mis amarguras espirituales y temporales. Si se desvanecieron todas las esperanzas humanas, sólo me quedas tú. Ten, pues, piedad de mí, Señora y Madre de Jesús. Y porque eres la Madre de la Iglesia deja experimentar tu poder sobre ella y en particular sobre este miembro dolorido que a ti se acerca. Al tiempo de la Encarnación del Hijo de Dios, fuimos por Ti engendrados, y en el dolor y el amor nacimos al pie de la Cruz. Ahora, Madre, me miras compasiva; y si no tienes brazos donde puedas llevarme, déjame que arrime mi frente a tu Corazón maternal y te cuente mis penas y te diga mis terribles males. Pero los hijos no necesitan emplear muchas palabras para que las madres se den cuenta de los dolores que los agobian y de las penas que los ahogan. Mira, pues, Madre mía, a este hijo tuyo, a quien las lágrimas han arrastrado hasta Ti. Mírame y verás en mis ojos la honda tristeza que tengo por los males y sufrimientos que me da esta enfermedad. Nunca con más razón que hoy te digo: Madre mía, Tú sola después de Jesús eres quien me puede curar. ¡Oyeme y cúrame! En tus manos y en las manos de tu divino Hijo pongo mi salud y mi enfermedad.
(Tres Avemarías).
CURADO INSTANTÁNEAMENTE DE LA GARGANTA
Eran las nueve de la noche cuando siente mi yerno que se le obstruía la garganta y cada vez se ponía peor. La angustia del enfermo al ver que a cada momento tenía más dificultad para respirar se juntaba con la nuestra. Era una muerte lenta, pero al mismo tiempo una de las más dolorosas. Las horas iban pasando y a medida que pasa- ban se iba agravando el enfermo y todos comprendimos que se moría sin remedio. Todo era llanto en la casa y era de ver a sus hijos cuya pena traspasaba el alma. Llamamos al doctor, pero con su visita lejos de aliviarse se empeoró. Nada nos dijo, pero comprendimos que en lo humano nada había que esperar. En aquel momento mi pensamiento voló hasta mi Madre del Perpetuo Socorro. ¡Le debo tantos favores! ¿Por qué no me iba a hacer también aquél? Caí entonces de rodillas ante su Cuadro y con gemidos del alma le pedí no dejara a mis nietos sin papá, que tanto lo necesitaban. Sentir la asfixia del enfermo me partía el alma de dolor; y el imaginar a aquellas pobres criaturas sin padre, duplicaba mi confianza en el socorro de mi Madre del cielo. Y pedía yo y seguía pidiendo con una confianza, que bien sabía no podía dejar de ser atendida por la más cariñosa de las madres. Y así fue. Al punto fueron escuchadas mis plegarias y el enfermo desde aquel momento pudo hablar y se alivió completamente. Y no hubo más medicina. Todo lo había hecho Ella, mi Virgen del Perpetuo Socorro.
Gracias amorosa Madre.
INVOCACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Eres la Abogada de todos los que sufren; Reina y Madre de los enfermos. En estas horas de mí dolor vuelvo hacia ti mis ojos suplicantes para depositar en tus manos misericordiosas mi cuerpo dolorido y mi alma atribulada. Eres mi Esperanza en la enfermedad que me aqueja, ¡mi dulce Socorro! Aquí me tienes, cargado con el dolor; te llamo en mi desconsuelo. Tú sabes lo que son penas y cómo punzan las espinas del sufrir. ¡Si eres tú la Madre de los Dolores! Contemplando tu santa imagen, me veo en tus ojos tristes de tanto penar: porque tienes delante la Cruz y los instrumentos de la Pasión de tu santísimo Hijo, y porque ves los sufrimientos de tus hijos, los pobres enfermos, y te compadeces de sus dolores. Lloras tú, Madre mía, cuando oyes el ¡ay! de mis labios por los sufrimientos de mi dolorido cuerpo. Lloras, cuando ves cómo asoman a mis ojos las lágrimas, que suben de mi corazón convertido en mar de profundas tristezas. Lloras, cuando mis miembros se estremecen entre las garras del dolor, cuando la muerte me amenaza con su fría presencia. Por eso, a ti acudo y te llamo en estas horas de mi dolor. Oye mis súplicas, que salen de un corazón que te ama y en ti confía. ¿No eres tú la que va por el mundo derramando las maravillas de tus milagros y el consuelo de tus misericordias? ¿No eres tú la madre en quien Jesús encontró consuelo cuando los ángeles le recordaban los tristes días de la Pasión? A ti Madre buena, Médica divina, Enfermera celestial, levanto mi voz y te digo. Ayúdame.
PRECES LITÁNICAS
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!, en las largas horas de mi dolor y en las noches interminables de mi tribulación.
R/: ¡Madre del Perpetuo Socorro, ayúdame!
En los momentos amargos en que la ciencia duda y el dolor aprieta.
En las horas inquietantes de operaciones graves.
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!, cuando la fiebre consuma mi cuerpo y lo deje extenuado, sin fuerzas y tiemble ante la muerte.
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!, para que la enfermedad con sus dolores desaparezca ante tu presencia y sienta pronto el bálsamo de la salud.
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!, para que sienta el consuelo de tu mirada y la dulzura de tus besos de Madre buena.
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!, para que en la salud y en la enfermedad te llame Madre y me acuerde siempre de ti.
¡Oh Madre del Perpetuo Socorro!, para que por todos los que sufren: seas proclamada Madre y Consuelo de los enfermos.
SÚPLICA FINAL
¡Oh María, Virgen del Perpetuo Socorro! Por tu bondad maternal, escucha y consuela a tus enfermos, que son tuyos por el dolor.
¡Madre del Salvador! Ruega por nosotros.
¡Dulce Corazón de María! Ayúdame a salvarme.
¡Salud de los enfermos! Ruega por nosotros.
Por los triunfos gloriosos de tu Inmaculada Concepción, protégenos, ayúdanos, sálvanos.
¡Oh María!, Consoladora de los afligidos, ten misericordia de nosotros.
¡Madre del dolor, Madre del amor! Muestra que eres mi Madre.
¡Santa María! Líbranos de las penas de la enfermedad y del dolor.
DÍA SEGUNDO
CONSIDERACIÓN
Eres Socorro, ¡oh Virgen Santísima!, como tú misma te dignaste llamarte al revelar tu nombre a aquella niña en Roma, cuando te apareciste para pedir expusieran tu imagen santa a la veneración de los fieles. Socorro del mundo, porque por disposición divina eres Dueña de todos los bienes y Dispensadora de todas las gracias. Con tu gran siervo San Alfonso María de Ligorio exclamaré: "Todo lo bueno que de Dios recibimos, lo recibimos por la intercesión de María"; y con el santo Pontífice Pío X: "Confesemos que es María Madre de misericordia, porque todos los bienes y todas las gracias que Dios concede a los hijos de Adán, dispuso la divina Providencia que pasaran por las manos de la Virgen Santísima". Por eso, vengo a tus plantas a suplicarte, ¡oh Virgen compasiva!, que me concedas el milagro que te pido con las lágrimas de mi corazón; cura, ¡oh Señora!, mis dolores, remedia mis penas. Mira que el cáliz de mi corazón rebosa de amargura por los sufimientos de la enfermedad que me aqueja noche y día. ¡Socórreme! ¡Oh, si yo pudiera decir: Por la Virgen del Perpetuo Socorro me vinieron todos los bienes de la gracia y la salud y la vida. Si todas las puertas se me cierran, la puerta de tu Socorro se me abre para introducirme en los infinitos tesoros de tu poder y misericordia. Es verdad que tengo momentos en que la tristeza y la desesperación me ahogan; pero confío en tu Socorro ¡ Madre buena! Descienda sobre mí el rayo de tu poder y el bálsamo de tu misericordia; que se acaben los amargos dolores de mi enfermedad. ¡Socórreme, Virgen mía!
(Tres Avemarías).
CURA EL CUERPO Y SANA EL ALMA
Una vez más la Virgen había mostrado con hechos que Ella es Perpetuo Socorro del cuerpo y del alma. Aquel niño de seis años se moría en la ciudad de Puebla. Una calentura de 40° le estaba llevando al sepulcro. El niño deliraba en el ardor de la fiebre y el doctor no conseguía de ninguna manera que se le retirara. Yo, como socia del Perpetuo Socorro, en Ella tengo puestos siempre mis amores y mis esperanzas. Comprendí que Ella o nadie le salvaba la vida y su mamá estaba de acuerdo conmigo. Entonces caí ante su bendito Cuadro y poniendo en mis plegarias toda la fe de que fui capaz, pedía a mi bendita Madre, que hiciese ese milagro. Y lo hizo. Al amanecer del día siguiente el niño a quien dábamos como perdido, estaba bueno. El milagro era manifiesto y tanto que su mamá, alejada como vivía de Dios, se convirtió al verlo y volvió al buen camino. También esto fue obra de la Reina del cielo que todo lo puede. Sólo me resta decirte, oh Madre, una palabra de lo íntimo del corazón: Gracias.
DÍA TERCERO
CONSIDERACIÓN
Eres Perpetuo Socorro de la Humanidad, porque eres Madre de Dios y Madre de los hombres. Todos, al nacer, levantan los ojos y ven en ti a la Madre querida, que aplastó la cabeza de la infernal serpiente; y triunfadora, eres causa de bendición para todas las generaciones. Eres Perpetuo Socorro en todos los tiempos desde que, predestinada para ser Madre nuestra, todos los días y en todos los instantes tus manos benditas van dejando caer sobre el mundo la lluvia de gracias divinas y favores celestiales, hasta que, terminado este mundo, tu nombre sea alabado y bendecido por los bienaventurados del Cielo. Eres Perpetuo Socorro en todas las edades de la vida, porque niños y ancianos, hombres y mujeres, en sus afanes y en sus luchas, en sus inquietudes y trabajos, sienten tu protección segura al invocarte. Eres Perpetuo Socorro en las penas de la vida, cuando el cuerpo siente las mordeduras del dolor en la enfermedad, o de la tribulación el espíritu débil y atemorizado. Por eso, acudo a ti, oh Madre del Perpetuo Socorro, para que me socorráis presto en la enfermedad que me acongoja. Una y mil veces clamaré por tu Socorro hasta que al fin oigas compasiva mi angustiosa voz. Tres días he venido a reclamar Socorro, ¿quedaré desconsolado? Sólo tú me puedes consolar. Si es voluntad de Dios, cúrame, sáname. Que no se diga que tu Perpetuo Socorro no se ha compadecido de mis sufrimientos. ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro! Para gloria de tu nombre, que llena el mundo y ha consolado a tantos desgraciados y a tantos enfermos curado, mírame y sálvame. Soy un enfermo que en ti confía.
(Tres Avemarías).
LA VIRGEN LIBRA DE LA CEGUERA A UNA RELIGIOSA
Es una religiosa la que lo cuenta.
Gracias doy a la Virgen del Perpetuo Socorro porque Ella fue la médica celestial que me curó en mis dolencias. Un peligro grave me amenazaba y era de lo más triste que podía pasarme en la vida, ya que de un momento a otro podía quedarme ciega. Si es verdad que todas las dolencias son penosas, ninguna como la ceguera. Yo me imaginaba en mi convento sin poder dar un paso por mí misma, siendo molesta a todas las que me rodeaban, aunque la caridad sin duda ninguna dulcificaría mi situación. ¿Qué había sucedido? Me habían operado de cataratas y después de la operación me vino un fuerte derrame. Los médicos me comunicaron el triste presentimiento y comprendiendo yo que pocas esperanzas me quedaban en lo humano y pensando en el triste porvenir que me aguardaba, puse toda mi confianza en mi Madre del Perpetuo Socorro. La llamé con la plena seguridad de que Ella no me abandonaría. ¡Madre mía! le repetía en mi angustia, aunque poco, pero que no deje de ver; Tú lo puedes remediar. Sentí que la Virgen me oía. En efecto, ha pasado el peligro. No fue obra de la ciencia fue milagro del cielo. Fue mi Madre la que una vez más se mostró espléndida en sus bondades con su hija, que cada día quiere amarla más en prueba de agradecimiento eterno.
ORACIÓN DEL ENFERMO
(Expresión tradicional)
Tú que del triste mortal
eres salud y esperanza,
de tu Hijo, Virgen, alcanza
la curación de mi mal;
y si este bien temporal
no conviene al alma mía,
dame paciencia, oh María,
hasta que llegue el momento
en que de males exento
goce de eterna alegría.
Colaboración de Leo Olguín Calderón
viernes, 24 de enero de 2025
ORACIONES A NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO
I.
Mira, oh Madre del Perpetuo Socorro, a tus pies a un miserable pecador, que se acuerda de ti y confía en ti. Oh Madre de la misericordia, ten piedad de mí. Todos te llaman el refugio y la esperanza de los pecadores; sé, pues, también mi refugio y mi esperanza. Te ruego por la caridad de Jesucristo; ven en mi ayuda; extiende tu mano a un pobre caído, que se encomienda a tu protección y se consagra para siempre a tu servicio. Doy gracias al Señor y exalto su misericordia, que me haya dado tanta confianza en ti, confianza que considero como una prenda segura de mi eterna salud. ¡Ah! ¡Demasiado a menudo he caído en el pasado, porque no he recurrido a ti! Sé que con tu potente asistencia siempre venceré; sé también que tú quieres ayudarme, si te invoco; pero temo de trascurarlo cuando esté en peligro, y de precipitarme por ello en mi eterna ruina. He aquí, por tanto, la gracia que te pido, y de la cual te suplico cuanto sé y puedo: que en todas las tentaciones, en todos los asaltos del demonio, yo recurra a ti, y exclame: ¡Oh María, asísteme! ¡Oh Madre del Perpetuo Socorro, no permitas que yo pierda jamás a mi Dios!
Cinco Ave María.
Rogad por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos hechos dignos de las promesas de Jesucristo.
ORACIÓN
Oh Dios omnipotente y misericordioso, que quisiste que la Madre de tu Unigénito Hijo fuese el perpetuo socorro de los hombres, concédenos, te lo rogamos, por su intercesión, la gracia, que podamos evitar todos los influjos diabólicos, y atender con ánimo sincero a servirte. Por los méritos del mismo Señor nuestro Jesucristo. Amén.
II.
Oh Madre del Perpetuo Socorro, concédeme el favor de poder invocar siempre tu poderoso nombre, pues es mi escudo y mi salvación en vida y en muerte. Oh purísima y dulcísima María, haz que tu nombre sea el aire que me da vida. No tardes, oh Reina celestial, en acudir a mi llamado, pues en toda tentación, necesidad o dificultad, quiero seguir llamándote y repitiendo tu nombre sin cesar. ¡Qué consuelo, qué dulzura, qué confianza y qué devoción siento cuando pronuncio tu nombre y pienso en ti! Agradezco a Dios por darme un nombre tan dulce, tan amado y tan poderoso. Pero no basta con pronunciar tu nombre; quiero hacerlo con amor y que ese amor me recuerde siempre llamarte mi Madre del Perpetuo Socorro.
Cinco Ave María, y la oración, como antes.
III.
Oh Madre del Perpetuo Socorro, tú eres quien distribuye las gracias que el Señor nos concede a nosotros, tan miserables; y Él quiso que fueras tan poderosa, tan rica y tan bondadosa para que nos socorrieras en nuestra miseria y pobreza. Tú eres la protectora de los pecadores, los más miserables y abandonados, que acuden a ti buscando refugio; ven en mi ayuda también a mí, que imploro tu misericordia. En tus manos pongo mi salvación eterna y te entrego mi alma. Dignate incluirme entre tus siervos especiales y protégeme bajo tu amparo, nada más te pido. Si estás a mi lado, nada temo. Mis pecados no me asustan, porque tú me obtendrás el perdón; tampoco temo a los espíritus del infierno, pues tu poder los vence a todos; ni siquiera temo a mi Juez Jesucristo, porque una sola palabra tuya lo aplacará. Solo temo dejar de invocarte y así, por mi negligencia, perderme. Oh mi Reina, te ruego que me obtengas el perdón de mis pecados y el amor a Jesucristo.Cristo, la perseverancia final y la gracia de buscar refugio siempre en Ti, que eres la Madre del Perpetuo Socorro.
Cinco Ave María, y la oración, como arriba.
Pío IX, con Decreto del 17 de Mayo de 1866, enriqueció cada una de estas oraciones, con una indulgencia de 100 días, a ganarse una vez al día, y que puedan aplicarse también a las almas de los difuntos.
ORACIONES A LA MADRE DEL PERPETUO SOCORRO POR DIVERSAS NECESIDADES
ORACIÓN LAS POR NECESIDADES ESPIRITUALES
Oh Madre del Perpetuo Socorro, con la mayor confianza, nos presentamos ante tu sagrada imagen para invocarte. Tú has visto las heridas que Jesús ha recibido por nosotros; has visto la sangre de tu Hijo derramada por nuestra salvación; sabes cómo tu Hijo desea aplicarnos los frutos de su redención. Por eso, nos postramos a tus pies y te pedimos que obtengas para nuestras almas las gracias que tanto necesitamos. Oh, María, la más amorosa de todas las madres, obtén de Jesús, fuente de todo bien, estas gracias (menciona aquí las gracias específicas). Oh, Madre del Perpetuo Socorro, tú deseas nuestra salvación mucho más de lo que nosotros mismos podemos imaginar. Tu Hijo te ha dado a nosotros como nuestra Madre; tú misma has elegido ser llamada Madre del Perpetuo Socorro. Nosotros no confiamos en nuestros méritos, sino en tu poderosa intercesión; confiamos en tu bondad; confiamos en tu amor maternal. Oh Madre del Perpetuo Socorro, por el amor que le tienes a Jesús, tu Hijo y nuestro Redentor; por el amor a tu gran siervo Alfonso; por el amor a nuestras almas, obtén para nosotros las gracias que te pedimos. Amén.
Tres Avemarías.
ORACIÓN POR LAS NECESIDADES TEMPORALES
Oh Madre del Perpetuo Socorro, innumerables devotos rodean continuamente tu sagrada imagen, todos implorando tu misericordia. Todos te bendicen como la ayuda segura de los afligidos; todos experimentan el beneficio de tu protección maternal. Con toda confianza, nos presentamos ante ti en nuestra miseria. Mira, querida Madre, los muchos males a los que estamos expuestos; mira cuántas son nuestras necesidades; las pruebas y los sufrimientos a menudo nos agobian; los reveses de fortuna y las privaciones a menudo traen miseria a nuestras vidas; en todas partes encontramos la cruz. Ten piedad de nosotros, compasiva Madre, de nosotros y de nuestros seres queridos, especialmente en esta nuestra necesidad (menciónala aquí). Ayúdanos, querida Madre, en todas nuestras enfermedades; líbranos de todos nuestros males; o, si es la voluntad de Dios que sigamos sufriendo, concédenos la gracia de soportarlo todo con amor y paciencia. Confiamos en obtener estas gracias de ti, porque tú eres nuestra Perpetua Ayuda. Amén.
Tres Avemarías.
ORACIÓN PARA PEDIR LA PROPIA CONVERSIÓN
Oh Madre del Perpetuo Socorro, ya demasiado tiempo he nutrido en mi corazón el secreto pensamiento: “Me convertiré más tarde”; y difiero de día en día el reordenamiento de mi vida. Y debía confesarse a sí mismo que postergar la penitencia era sumamente peligroso y perjudicial. ¿No podría ser que este tiempo para cambiar de vida se me escapara? La muerte llega sin previo aviso, como un ladrón en la noche. Y aunque el tiempo no me faltara, ¿quién me asegura que tendría la gracia necesaria para arrepentirme? Porque quien abusa de la misericordia de Dios, cae en manos de su justicia. Y yo, precisamente, oh Santísima Virgen, atrapado en esta terrible ilusión, estoy al borde del abismo, a punto de caer en cualquier momento. ¡Oh! mi querida Madre María, no permitas que, condenado al fuego eterno, maldiga por siempre junto a los demonios a tu divino Hijo y a ti misma. Por lo tanto, concédeme primero la iluminación divina, para que comprenda cada vez más el peligro y las consecuencias de no arrepentirme. Luego, concédeme también la fuerza de voluntad necesaria, para poner fin rápidamente a esta vida de pecado y reparar mis errores haciendo una verdadera penitencia. Oh Virgen del Perpetuo Socorro, hazme el favor de no retrasar más mi conversión, sino que me guíes hacia una mejor decisión. Así sea.
ORACIÓN EN TIEMPOS DE ENFERMEDAD
Amorosísima Madre del Perpetuo Socorro, estoy sufriendo mucho, y este sufrimiento es constante... La enfermedad física afecta también mi espíritu, y ya no tengo fuerzas ni para orar... Nada me reconforta... Ni siquiera las visitas y el cariño de mis amigos me alivian... Mi ánimo empieza a decaer; la impaciencia y la tristeza están a punto de dominarme... Sin embargo, pongo toda mi confianza en ti, oh gran Virgen. Tu corazón compasivo tendrá misericordia de mí. No me abandones, oh Madre amorosa, a mí, tu pobre y desamparado hijo. Consuélame y dame la fuerza para aceptar estos sufrimientos con paciencia cristiana y resignación, para recibirlos de manos de Dios y así alcanzar la salud de mi alma. Si es tu voluntad, Señor, permite que continúe sufriendo por mucho tiempo, o que esta enfermedad llegue a su fin Oh Reina del Cielo: aquí estoy, listo para mi partida, sometiéndome a la voluntad divina, confiado en que Tú me darás la fuerza para aceptar de buen grado el sacrificio que Tu Hijo me pide. Oh Virgen poderosa, oh Madre del Perpetuo Socorro, haz que yo pueda alcanzar la completa sanación o, si no es posible, que tenga la fortaleza para soportar mi enfermedad por amor a Jesús. Amén.
ORACIÓN POR LA CONVERSIÓN DE UN FAMILIAR CERCANO
Oh Virgen del Perpetuo Socorro, Tú conoces perfectamente el inmenso valor de un alma. Sabes lo que significa que cada alma fue comprada con la sangre de Tu Hijo. Por eso, no rechazarás mi súplica y me concederás la conversión de este pecador que se dirige rápidamente hacia la condenación eterna. Se trata de... (menciona el nombre de la persona); Tú conoces bien su vida alejada de Dios... Recuerda que Tú eres el refugio de los pecadores; que el Señor te ha otorgado el poder de convertir incluso a los pecadores más endurecidos. Te suplico con todas mis fuerzas que intercedas por él. Oh Madre del Perpetuo Socorro, mira a tus pies a uno de tus hijos, que vive en una gran pobreza y que quisiera contarte todas sus dificultades. Con el sudor de mi frente y el trabajo de mis manos, apenas consigo el pan diario. Por eso, a veces me siento muy triste, especialmente cuando veo que muchos otros viven en la riqueza y la abundancia. Los esfuerzos de su familia por ayudarlo no han tenido ningún resultado... Si Tú no le brindas tu ayuda, él seguirá empeorando cada día. Concédele, por favor, una gracia poderosa que lo sacuda y lo haga volver a Dios. Mándale, si es necesario, alguna dificultad temporal, para que reflexione y cambie su vida. Tú has convertido, oh graciosísima Señora, por las oraciones de su madre, a San Agustín; compadécete ahora de mis súplicas y convierte a este pobre pecador. Madre del Perpetuo Socorro, ten misericordia de él; te lo suplico con todas las fuerzas de mi alma. Amén.
ORACIÓN DE UN POBRE
Oh Madre del Perpetuo Socorro, a tus pies se postra uno de tus hijos, sumido en una gran pobreza. Quiero mostrarte toda mi miseria. Con el sudor de mi frente y el trabajo de mis manos, apenas consigo el pan de cada día. Por eso, a veces me siento muy triste, sobre todo cuando pienso en otros, mis hermanos, que viven en la abundancia. Lo único que me consuela es pensar que incluso Jesucristo, mi Maestro y ejemplo, abrazó voluntariamente la pobreza, sin reservarse ni siquiera un lugar donde recostar la cabeza. ¡Ay! Enséñame, oh Virgen bendita, a despreciar, siguiendo el ejemplo de Jesús, todas las cosas terrenales y a poner mi mirada en las cosas del cielo. Oh mi querida Madre María, concédeme ser rico solo en dones espirituales, en gracia santificante, en amor a Dios, en paz interior y en una paciencia constante ante los sufrimientos de esta vida. Estos son los bienes celestiales que te pido y que deseo acumular. De los bienes terrenales, solo pido lo indispensable para vivir. Oh Madre, dame, en medio de la pobreza, la paz, y seré más feliz que los ricos que no conocen el amor de Dios. Amén.
ORACIÓN POR LA IGLESIA Y EL SUMO PONTÍFICE
Oh Madre del Perpetuo Socorro, en este preciso instante en que los malvados lanzan su ataque más feroz contra la barca de Pedro, te suplicamos que acudas en nuestra ayuda. Ven, oh Madre, a la capital de la cristiandad, y con tu poderosa intercesión, repele las fuerzas del mal. Tú, por tanto, eres justamente saludada como nuestra Madre del Perpetuo Socorro, protectora de la santa Iglesia. No permitas, sin embargo, que esta esperanza de tus hijos se convierta en decepción. Defiende los derechos de la Iglesia de Jesucristo, frustra las maquinaciones sacrílegas de los malvados. Une más estrechamente a los fieles a sus obispos, y a los obispos a su Sumo Pontífice. Fortalece la Cátedra de Pedro en la santa ciudad de los Papas, y no permitas que la injusticia y la iniquidad la venzan. Oh Inmaculada Madre de Dios, tú debes ayudarnos... y tú nos ayudarás... Y si, a pesar de todo (que Dios lo aleje), la Iglesia católica fuese perseguida aún más, y el Sumo Pontífice estuviese angustiado en mayor medida, nosotros no dejaremos de esperar de ti, poderosa Reina, la victoria final, y de poner siempre en ti una confianza ilimitada. ¡Oh, ayúdanos siempre, oh María!
ORACIÓN POR LA PAZ EN EL HOGAR
Oh Virgen del Perpetuo Socorro, si es deber de todos vivir en armonía y amor con nuestro prójimo, ¡cuánto más deben hacerlo los miembros de una misma familia! Concédenos, oh Madre, esta hermosa unión, esta paz celestial que edifica a las personas y que tanto agrada a Dios. Somos todos hijos de un mismo Padre y de una misma Madre, ¿por qué entonces buscarnos las heridas con discusiones y peleas? Que la hermana tenga paciencia con los defectos de su hermano, y que el hermano compadezca las debilidades de su hermana. Así cumpliremos la voluntad divina. Oh, María, guárdanos en la amistad de Dios y en el amor mutuo hasta el final de nuestros días, para que, al final de esta vida, todos, padres e hijos, podamos unirnos a aquella familia celestial que tú formaste con tu Hijo por toda la eternidad. Amén.
ORACIÓN DE UNA MADRE
Oh Madre del Perpetuo Socorro, en estos tiempos sombríos, muchas madres como yo acudimos a ti, suplicando por nuestros hijos. Temblando por su futuro, te pedimos que los protejas con tu amor maternal. Tú conoces las trampas de este mundo y cómo tienta a los jóvenes con falsas promesas. ¡Oh, mejor de las madres, danos la fuerza para educar a nuestros hijos con amor y ejemplo! Y haz que ellos siempre estén dispuestos a escuchar nuestras sabias palabras. Por la sangre de Cristo, libéranos de todo mal. Que no escuchen palabras que los corrompan; que los escándalos que vean no los afecten; que comprendan el gran valor de la inocencia y el regalo de la gracia divina. Que sientan repugnancia por los placeres mundanos y las malas compañías; que amen la piedad y la virtud; que sean cariñosos con sus padres, para que, encontrando toda su felicidad en el hogar, bajo una obediencia filial y cristiana, eviten la ruina a la que tantos jóvenes se enfrentan hoy en día. Que no pierdan, al mismo tiempo, su inocencia, su alma y la felicidad en esta vida y en la eterna. Así sea.
ACTO DE CONSAGRACIÓN MENSUAL A NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO
Oh Santísima Virgen María, que con toda confianza has querido tomar el dulce nombre de Madre del Perpetuo Socorro, yo, [...], reconozco que mis pecados me hacen indigno de ser contado entre tus hijos predilectos. Sin embargo, deseoso de disfrutar de tu misericordia, me postro humildemente a tus pies y, con todo respeto, te consagro mi entendimiento para pensar siempre en tu amor; mi lengua, para proclamar siempre tus sublimes prerrogativas y propagar devoción hacia ti; mi corazón, para que, después de esta vida, me una a ti. Oh mi soberana Señora, digna de recibirme entre tus hijos predilectos, protégeme y ayúdame en todas mis necesidades, tanto espirituales como materiales, especialmente en la hora de mi muerte. Oh Madre del Perpetuo Socorro, sé que me amas más de lo que yo puedo amarme a mí mismo. Por eso, te encomiendo todos mis intereses y posesiones; dispón de mí y de todo lo que me pertenece según tu voluntad. Oh mi Madre, bendíceme y, por tu poderosa intercesión, fortalece mi debilidad para que, habiendo sido fiel en servirte en esta vida, pueda alabarte, amarte y agradecerte eternamente en la vida venidera. Oh María, Madre del Perpetuo Socorro, ruega por mí. Amén.
A LA MADRE DEL PERPETUO SOCORRO
Oh Madre del Perpetuo Socorro, tú eres quien distribuye todos los bienes que Dios concede a los pobres pecadores; y, por esta razón, Él te ha hecho tan poderosa, tan rica y tan bondadosa, que tú puedes ayudarnos en nuestra miseria. Tú eres la abogada de los más desdichados y abandonados pecadores que recurren a ti; por eso, Madre mía, yo me encomiendo a ti. En tus manos pongo mi salvación eterna, y a ti te confío mi alma. Cuéntame entre tus siervos más devotos; protégeme bajo tu protección, y con eso me basta; porque si tú me proteges, querida Madre, no temo nada; ni a mis pecados, porque tú obtendrás para mí el perdón de ellos; ni a los demonios, porque tú eres más poderosa que todo el infierno junto; ni siquiera a Jesús, mi Juez mismo, porque con una sola oración tuya, Él se aplacará. Pero tengo un miedo: que en la hora de la tentación, pueda olvidarme de invocarte y así perecer miserablemente. Obtén para mí, entonces, el perdón de mis pecados, amor a Jesús, perseverancia final y la gracia de recurrir siempre a ti, oh Madre del Perpetuo Socorro.
Tres Ave Marías.
ANOTACIONES
Al hablar sobre la piedad popular, es referirnos a aquellas devociones que antaño se hacían en nuestros pueblos y nuestras casas, cuando se...
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